viernes, 16 de noviembre de 2012

Actos de fe

A veces escribir es un acto de fe.

Tropezando como siempre pero sin hacerlo público me he sentido extraño. Más de cuatro años expulsando mi mierda en este rincón para acabar sintiendo la violencia de la falta de intimidad, o de la exposición de las debilidades mejor dicho, y de repente apartarme de todo eso. Aislarme, algo que no me es desconocido, pero aislarme, al fin y al cabo.

Decía que a veces escribir es un acto de fe, una obligación, un entregarte en las manos de "otro", un otro que no es nadie más que tú mismo, pero quizá sea más fácil sentir que esas letras surgen de otras manos, de otra mente, que ese sentimiento no es tuyo, que esa sensación terrible que te martillea en la sien es de un tercero, un ser invisible que es -por llamarlo de alguna manera- un contenedor de escombros personales. Pero cuando te vas a dormir te das cuenta que de repente todo eso vuelve a caer a granel sobre tu cabeza, a modo intruso, arramplando con la supuesta tranquilidad que creías lograda tras volcar la consabida mierda en ese falso retrete que no es más que un boomerang de eterno retorno. 

En fin, que empezaba queriendo hablar sobre una cosa y he acabado hablando sobre nada en realidad. A veces pasa, me pasa. 

Cosas de mi confusión mental.

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