martes 10 de noviembre de 2009

Paseando



Volvería mañana

jueves 5 de noviembre de 2009

Cabaret, de Bob Fosse

Nunca un musical había llegado tan lejos, ni nunca ha existido otro que se le acerque.

Cabaret marcó una época (tiene 37 años) y aun hoy su mensaje perdura.

Es, sin duda, el mejor musical de la historia del cine, con la prodigiosa actuación de la bellísima y desaprovechada
después Liza Minelli, que en esta película conquista la pantalla como pocas mujeres lo han conseguido, y un
"nohaypalabraparadefinirlo" Joel Grey, que con su surrealista participación logró realizar una de las actuaciones más
logradas de siempre.

Que pocas veces una puesta en escena fue tan magistral, y consiguió además (mucho más importante) que los números
musicales no fueran trabas al argumento, sino una pieza de las claves en el propio desarrollo del filme. Escenas que
forman parte ya de la memoria cinematográfica, con una chispa que abrasa, con una dirección firme y casi perfecta de Bob
Fosse, con un espectacular montaje y una fotografía maravillosa como poquitas veces se ha logrado en musicales.

Película que bien vale los 8 Oscars que recibió, en un año en el que compitió con El Padrino. Director, actriz principal,
secundario, sonido, montaje, dirección artística, fotografía y banda sonora, además del BAFTA y Globo de Oro a mejor
película.


Inicio espectacular, ¿quién podrá olvidar el "Willkommen, Bienvenue, Welcome..."?

Liza Minelli en pleno apogeo, genial.

Magistral escena que pone los pelos de punta, poco que añadir...

Historia, Minelli y Grey haciendo historia para el cine.

Y por si faltaba algo para redondear la película, toma.


Grande.

lunes 2 de noviembre de 2009

Donosti (III) Peinando el viento


Peinando el viento, manejándolo o al menos eso intento. Persiguiendo apaciguar la tempestad que me acosa y me derriba. Solo, descorazonadamente solo, en este vendaval que todo arrastra con él.

miércoles 28 de octubre de 2009

La sonrisa de Dasha (IV)


Las sirenas atronaron en la noche.

Al poco, los temidos bombarderos alemanes estaban rugiendo encima de la ciudad y descargando todo su arsenal de bombas sobre la población. Polvo, humo, fuego, muerte, destrucción, caos.

"¡¡Dasha!! ¡¡Lyuda!!" No sé donde piso, todo son escombros, cascotes. No veo nada, sólo el fulgor de las explosiones permite ver algo de vez en cuando, la luna está escondida tras los centenares de aviones nazis que surcan violentamente el cielo. "¿¿Dónde estáis??" No siento temor por mi vida, porque esto no puede representar la vida, no, no puede ocurrir esto en lo que llamamos realidad, no puede existir lo que está ocurriendo esta noche, y no imagino que pueda ser cierto lo que bajo la luz del día de mañana -si es que vuelve a salir el Sol- se pueda ver.

El ruido de los motores y las bombas es ensordecedor, me mantengo a duras penas en pie"¡¡hija!! no tengas miedo, ya se van los aviones, ¿dónde estás?", percibo entre las tinieblas reinantes que mi casa está destruida, tropiezo continuamente con todo lo que antes formaba un hogar. Más bombas, más... "¡¡Lyuda!! Por favor, ¡responde! ¡¡Lyuda, Dasha!!" Todo tiembla, esto debe ser lo más parecido al fin del mundo. Me acurruco como puedo, y de repente la veo. "No, no no no ¡no no no! Querida, ¡¡¡no!!! Lyuda... ¿Por qué?" El llanto me ahoga.

Dejo de oír las bombas aunque siguen cayendo, dejo de ver fuego aunque hay por todos lados, dejo de pensar en todo para ver únicamente en mi mente la sonrisa de Dasha. "Tengo que encontrarla, es lo único que me queda en la vida".

lunes 26 de octubre de 2009

Insomnio (II)

Duermo.

Y observo sus párpados cerrados, y acaricio con mi mirada sus facciones, cada poro de su piel es una aventura, un deseo, un placer. Ardo, su boca, abierta una rendija, expulsa un aire cálido, tibio, respiro su ser. Sus manos, sobre las sábanas revueltas, cansadas. Mi recorrido es ilimitado, va y viene, da mil giros y hace piruetas, así es, no puedo parar, suspiro por no actuar. Me trago el deseo, intento frenar mi corazón, latiendo a la velocidad de la luz, esa que entra por la ventana e ilumina tu cuerpo dorado y lo hace resplandecer, o quizá sea al revés.

No duermo.

Y sus ojos atraviesan la ventana, y se posan allá, en la infinita lejanía de la nada. Su palidez se intensifica con la tenue luz de la luna que llega hasta su cama, una luz blanquecina, triste, apenas un mal reflejo del pasado. Su cuerpo, desnudo y solitario, espera y espera, quien lo valore, lo sepa cuidar y lo ahogue en una noche de desmedida pasión y lujuria, y sabe quién es, y dónde está, y las lágrimas brotan, una vez más.


Y me muevo en mi cama, una y otra vez, una y otra vez... Intento dormir, quiero dormir, volver a ver sus párpados cerrados...

sábado 24 de octubre de 2009

Anochecer


¿Será perpetua esta sensación continua de anochecer?

Como apartar de mi,
este sino,
que me indica
a la vez
que me estruja el pensamiento,
un camino
borroso,
al que miro
confuso
y miedoso.

Anochecer, aléjate
deja paso a la luz,
lo suplico,
caen tus sombras
como dagas
se hunden
en la carne blanda
de mis entrañas.

domingo 18 de octubre de 2009

Ratatatatatata

Desde mi escondite en Bélgica, sólo quiero añadir un poco emocionado

¡PORQUE LA VIDA PUEDE SER MARAVILLOSA!



Hasta siempre, ¡jugón!

miércoles 14 de octubre de 2009

Destino: escapar

A las 7:50 sale un avión...

Charleroi
Bruselas
Lieja
Amberes
Lovaina
Malinas
Luxemburgo
Amsterdam
Utrecht
Maastricht
Delft
Haarlem

Mucho a elegir.


¡Hasta pronto!

viernes 9 de octubre de 2009

Insomnio (I)

5:00 am.

Tumbado en mi cama, con los ojos en el techo, comiéndomelo. Y no, no he tomado cocaína, al menos hoy no. Me siento hipersensible esta noche, todo lo percibo y todo me alcanza, no me deja dormir. A mi alrededor hay oscuridad y silencio, pero cada objeto desprende una luz que sólo yo veo y unos gritos que sólo yo oigo, me atacan la corteza de mi cerebro, punzándola, manteniéndome en un vilo irritante, insoportable. Siento ganas de morder, de golpear, de encauzar mi ira hacia lo que me pueda permitir caer inconsciente unas horas. Morfeo no me acoge y ni siquiera me deja quedarme en las puertas de su reino, bajo su influencia, no; me arroja a patadas, lejos, fuera.


5:15 am.

La calle está desierta, ni siquiera hay gente todavía que vaya hacia su trabajo. Las farolas iluminan con ese amarillo tibio que ni es luz ni hostias, y yo aprovecho la soledad para mear entre dos coches. Los semáforos pasan de rojo a verde, y de éste a ámbar para volver a rojo sin que nadie se guíe por sus indicaciones, por lo que me siento tan libre que camino por el medio de la calzada, arrastrando los pies uno tras otro, sin rumbo. Sin mirar a más de 3 metros por delante.


5:25 am.

Cruzo un puente saliendo de mi barrio, y veo el primer tren de cercanías detenerse en la Estación Central, recogiendo a una docena de don nadies que debieron esquivar mi camino, porque no les había visto. El convoy siguió su camino rompiendo el silencio de la noche bajo mis pasos. Malditos, se creerán desafortunados por despertarse tan temprano...

Ya quisiera yo despertarme.