martes, 29 de diciembre de 2009

Pearl Jam - Black

Pocas veces una canción desprendió tanto.


Se me encoge el alma con este tema.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Diálogos de cine (III) El Secreto de tus Ojos. Pasión.

El tipo pudo hacer cualquier cosa para ser distinto. Pero hay una cosa que no puede cambiar, ni el ni vos ni yo, ¡nadie!

Mirame a mi, soy un tipo joven, tengo un buen laburo, una mina que me quiere. Y como decís vos, me sigo cagando la vida viniendo a tugurios como este. Más de una vez me dijiste, ¿por qué estás ahí Pablo? ¿Qué haces ahí? Y ¿sabes porque estoy Benjamín? Porque me apasiona, me gusta venir acá. Ponerme en pedo, cagarme a trompadas si alguien me hincha las pelotas, me gusta.

Y vos lo mismo Benjamín, vos no podés… no hay manera de que te puedas sacar de la cabeza a Irene. Y la mina tiene más ganas de casarse que Susanita. Debe tener más de 37, revista de trajes de novia arriba del escritorio, se comprometió con fiesta y todo… Pero vos, seguis esperando el milagro Benjamín, ¿por qué?

(...)

¿Te das cuenta Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión.

El secreto de tus ojos, de Juan José Campanella.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Piedras

- Follas bien.

Me miró. No entendía mucho español, pero si el suficiente.

- Soy puta.
- No lo jures.
- ¿Qué?

Me encendí un cigarrillo, formé anillos y los miré hasta que se disolveron en el viciado aire de la habitación.

- No te voy a pagar.
- ¿Qué?
- Ésto si lo has entendido.
- ¿Cómo que no pagar tú? Yo follar, tú pagar. Ese es trato.

Estaba claro, no entendía nada. Nada de nada, como tampoco entendió que la pegara un bofetón, que me pusiera los pantalones mientras la miraba de manera amenazadora y lo que dije:

- Confórmate con que no te mate.

Lloriqueaba asustada, le sangraba la nariz. Quizá fuera la coca, pensé para no sentir demasiado cargo de conciencia. Me pondría una raya, pero no es el momento, hay que saber mantener la cabeza fría a veces.

- La última se tuvo que conformar con menos.

Se encogió todo lo que no se había encogido mientras follábamos, la verdad que daba un poco de pena, pero no podía permitirme desperdiciar la pedrea del sorteo de Navidad, los podía aprovechar en invitar a mi mujer a cenar mañana.

domingo, 20 de diciembre de 2009

La sonrisa de Dasha (VI)

El ulular del viento es el sonido que más escucho. Sopla entre las piedras, se cuela por cada rendija, llega cortante hasta mi rostro y silbando melodías de muerte, me acompaña. Es mi único acompañante.

Han pasado muchos meses ya… No sé muy bien, exactamente es imposible. Desfilan días y desfilan noches, incontables. A veces ni llego a ver la luz traspasar las pequeñas rendijas de mi escondite, las nubes grisáceas o el humo negro de los fuegos en la ciudad se interponen, es imposible llevar la cuenta. A veces intento contar días, pero me pierdo, y termino sumando las veces que el viento aúlla y ruge, hasta que me doy cuenta y paro, lloroso. No quiero volverme loco, pero es imposible, sé que será imposible no trastornarme, aquí, sólo, a oscuras, sin hablar, procurando no hacer ruido para que no me descubran, el viento es terrible, es constante, más que los bombardeos. Siempre está aquí, y no tengo armas para luchar contra él. Mi única esperanza es que mi pequeña Dasha lo escuche como yo, y le lleve hasta donde esté el aroma de mi amor, porque a mi no me llega nada, pero no quiero ser pesimista, me muero si dejo de pensar en que ella está ahí fuera, esperándome.

Fuera, hay disparos a cada rato; he aprendido a diferenciar de qué bando provienen, si son escaramuzas o fusilamientos, ráfagas preventivas, si son pistolas, rifles o ametralladoras… Realmente es fácil, sobretodo los fusilamientos, que son repentinos, a veces son tan cerca que oigo hasta las voces de quien ordena abrir fuego. Se me hiela la sangre cada vez que sucede. Si me descubren, seré yo uno de los próximos fusilados.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

¿Dónde queda la libertad?

Impedir un alzamiento de voces críticas.
Proteger a quien no merece tal consideración.
Llenar de violentos guardianes las calles.
Encarcelar a quien reclama cambiar el modelo.
Detener masiva y PREVENTIVAMENTE.
Tiene cojones.

¿Podemos seguir así?

Copenhague se ha convertido en una gran cárcel. Cualquier manifestación es reprimida con gases lacrimógenos, millares de miembros de las fuerzas de (in)seguridad han tomado las calles, se detiene a diestro y siniestro a gente cuyo delito es manifestarse contra los poderosos, los que mandan y los que rigen nuestras vidas con mano firme.

Detención preventiva es una expresión acuñada en estos días, cuyo significado, sinceramente, me da verdadero pánico. No quiero valorarlo porque me asusta realmente a que extremos estamos llegando.

Y no entro tampoco a valorar lo que se debate en esa "cumbre", ni el motivo por el cual se quejan los manifestantes; abrí este rincón prometiendo que no dejaría entrar aquí ni un sólo debate político, y no va a ser menos. Tan solo quiero expresar este miedo, esta sensación de nerviosismo ante estos tiempos difíciles, ante estos tiempos en el que las libertades van en claro retroceso.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Diálogos de cine (II) Paris, Texas. Peepshow.



(Cabina de un peepshow. Travis y Jane. Una mampara les separa. Él la ve a ella, pero ella a él no.)

Jane - Hola.
Travis - Hola.

(...)

T - ¿Puedo contarte una cosa?
J - Claro, lo que quieras.
T - Es un poco largo.
J - Tengo tiempo de sobra.

(Travis gira su silla para no verla)

T - Conocí a unas personas.
J - ¿Qué personas?
T - Una pareja. Estaban muy enamorados. La chica era muy guapa, unos 17 o 18 años. Él era bastante mayor, un poco salvaje y rebelde. Ella era muy guapa, ¿sabes?
J - Si.
T - Y juntos convirtieron todo en una aventura. A ella le gustaba, incluso ir al supermercado se convertía en una aventura. Siempre reían por tonterías. A él le encantaba hacerla reír, y no se preocupaban por lo demás, porque lo único que querían era estar juntos. Siempre estaban juntos.
J - Parece que eran muy felices.
T - Si, lo eran. Eran muy felices, y él la quería más de lo que creía posible. No soportaba estar lejos de ella durante todo el día cuando iba a trabajar. Dejaba los trabajos por estar con ella en casa, y buscaba otro trabajo cuando se terminaba el dinero, y lo volvía a dejar. Al poco tiempo, ella empezó a preocuparse.
J - ¿Por qué?
T - Por el dinero, supongo. Por no tener suficiente, por no saber cuando llegaría el próximo ingreso.
J - Ya, conozco esa sensación.
T - Él empezó a destrozarse por dentro.
J - ¿Qué quieres decir?
T - Pues tenía que trabajar para mantenerla, pero no soportaba estar separado de ella.
J - Comprendo.
T - Cuanto más tiempo estaba lejos de ella, más loco se volvía. Pero después empeoró, se volvió loco de verdad. Empezó a imaginar cosas extrañas.
J - ¿Cómo qué?
T - Pensó que veía a otros hombres cuando él no estaba. Cuando volvía a casa, la acusaba de pasar el día con otro. Gritaba y rompía cosas en la caravana.
J - ¿La caravana?
T - Si, vivían en una caravana.
J - Perdona, ¿estuviste aquí el otro día? No quiero ser pesada...
T - No.
J - Por un momento, creí reconocer tu voz.
T - No, no era yo.
J - Sigue por favor.
T - Después, empezó a beber, y a llegar tarde para ponerla a prueba.
J - ¿Qué quiere decir ponerla a prueba?
T - Ver si se ponía celosa.
J - ¡Jaja!
T - Él quería que se pusiera celosa y no lo conseguía. Se preocupaba por él y eso le desesperaba.
J - ¿Por qué?
T - Porque pensaba que si ella nunca se ponía celosa era porque realmente no le importaba. Entonces, una noche le dijo que estaba embarazada. Estaba de 3 o 4 meses y él ni siquiera lo sabía. Todo cambió de repente, dejó de beber y consiguió un trabajo fijo. Estaba convencido de que sí le amaba, porque llevaba un hijo suyo. Él pensaba dedicarse a formar un hogar para ella. Pero empezó a ocurrir algo raro.
J - ¿Qué pasó?
T - Ni siquiera lo notó al principio, pero ella empezó a cambiar. Desde que nació el niño se irritaba con todo lo que la rodeaba, se enfadaba por todo. Incluso el niño le parecía una injusticia. Él seguía intentando que todo fuera bien para ella; la compraba cosas, la sacaba a cenar una vez por semana, pero nada parecía satisfacerla. Durante 2 años, luchó por volver a estar unidos como al principio. Pero, al fin, supo que eso no resultaría. Así que volvió a la bebida, pero esta vez en serio. Cuando llegaba tarde a casa ella ya no estaba ni preocupada ni celosa, sólo enfurecida. Le acusaba de tenerla atada por haberle hecho un hijo. Le dijo que soñaba con escaparse.

Sólo soñaba con una cosa: escapar.

Ella se veía a si misma corriendo por la noche desnuda por una carretera atravesando campos y cauces de río, siempre corriendo. Y siempre justo cuando estaba a punto de conseguirlo, él aparecía y siempre la atrapaba. Aparecía justo para atraparla.

Y cuando le contó esos sueños, él los creyó.

Sabía que tenía que atraparla o le dejaría para siempre. Así que ató una campanilla a su tobillo para poder oírla por la noche si se levantaba de la cama. Pero ella aprendió a silenciarla con un calcetín. Poco a poco consiguió escurrirse de la cama y salir al exterior. Una noche la descubrió cuando se cayó el calcetín, y la oyó intentar correr hacia la carretera. La cogió y la arrastró a la caravana, la ató a la cocina con su cinturón, la dejó allí y volvió a la cama. Se tumbó a oírla gritar. Entonces, oyó gritar a su hijo, sorprendiéndose porque no sentía nada. Todo lo que quería era dormir.

Y por primera vez, deseó estar lejos de allí.

Deseó estar perdido en un vasto país donde nadie le conociera, algún sitio sin gente, ni calles. Soñó con ese sitio sin conocer su nombre, y cuando despertó, estaba ardiendo. Había llamas azules quemando sus sábanas. Corrió a través de las llamas hacia las únicas personas que amaba.

Pero se habían ido.

Sus brazos estaban ardiendo, se lanzó fuera y rodó sobre el suelo mojado. Luego corrió. Nunca miró atrás hacia el fuego. Sólo corrió. Corrió hasta que el Sol salió, y no pudo correr más. Cuando el Sol se ocultó, corrió otra vez. Durante 5 días corrió así, hasta que todo signo humano desapareció.

J - Travis...
(Travis gira de nuevo su silla, esta vez para ponerse cara a cara con ella. Él la ve, pero ella sigue sin verle)
T - Si apagas la luz ahí dentro, ¿podrás verme?
J - No lo sé, nunca lo he probado.
(ella apaga, se ven ambos)
T - ¿Puedes verme?
J - Si.
T - ¿Me reconoces?
J - Oh, Travis.
T - He traído a Hunter conmigo. ¿Quieres verle?
J - Si... (ella está muy emocionada) Deseaba tanto verle que incluso no me atrevía a imaginármelo. Anne siguió mandándome fotos suyas, hasta que le pedí que no lo hiciera. No podía soportar el dolor de verle crecer y echarle de menos.
T - ¿Por qué no se quedó contigo, Jane?
J - No podía, Travis. No tenía lo que él necesitaba. No quería utilizarle para llenar mi vacío.
T - Te necesita, Jane. Y además, quiere verte.
J - ¿De verdad?
T - Si, te está esperando.
J - ¿Dónde?
T - En la ciudad, en un hotel. El Meridian. Habitación 1520. Mil quinientos veinte. (Travis va a colgar y marcharse)
J - No te irás, ¿verdad? (Jane golpea la ventana desesperada)
T - No puedo quedarme, Jane.
J - No te vayas. No te vayas... (Jane es la que se gira ahora, dando la espalda a Travis) Después de que te fuiste solía soltarte unos discursos muy largos. Solía hablarte a todas horas, aunque estuviera sola. Durante unos meses estuve hablándote. Ahora no sé qué decir. Era muy fácil cuando sólo te imaginaba, incluso imaginaba que me contestabas. Teníamos largas conversaciones. Los dos. Era casi como si estuvieras allí.

Podía oírte, verte, olerte. Podía oír tu voz.

A veces, tu voz me despertaba. Me despertaba en medio de la noche como si estuvieras en la habitación conmigo. Después, eso se desvaneció. Ya no pude imaginarte nunca más. Intenté hablar contigo en alto como solía hacerlo, pero no había nada.

No podía oírte.

Entonces, me di por vencida, todo se paró. Tú... desapareciste. Ahora trabajo aquí... Y oigo tu voz todo el tiempo. Todos los hombres tienen tu voz.

T - Le diré a Hunter que irás a verle.
J - Travis...
T - ¿Si?
J - Estaré allí.
T - Bien...
J - Hotel Meridian.
T - Si. Habitación 1520. (Travis cuelga y se va. Jane llora)

Paris, Texas de Wim Wenders.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Últimos besos

Por último, decirte que siento no haber conseguido que tu felicidad haya trascendido el tiempo, y se vea destruida en estas circunstancias. Me destroza pensar en ello.

Te envío los besos más grandes, como sólo pueden serlo los últimos.

Te quiero.


Las lágrimas desgarradas de ella fluían por su rostro como un río salvaje, erosionando su piel lechosa; caían rabiosas, corriendo la tinta del papel, fusionándose el dolor de ella con las letras de él.

No había remedio, ni para las noticias que traía la carta, ni para la locura desesperante que atacó a la muchacha, haciendo saltar por los aires su sistema nervioso. Temblaba, gritaba y lloraba. Su mente era una niebla confusa plagada de rabia e impotencia, una impotencia insostenible y abrumadora.

Al menos no tuvo que sufrir el verle a él escribir sus últimas palabras con un lápiz del tamaño de una uña, a la luz ínfima que se colaba por una hendidura de la puerta, en un estado penoso de delgadez extrema, donde sus huesos eran salientes picudos, y su piel amoratada se resquebrajaba con soplarla.

No vio como los guardias lo levantaron del helado frío de su celda, y lo arrastraron inhumanamente hasta el patio, donde lo arrojaron al lado de otros prisioneros infectos como él.

No vio como los colocaron en fila delante de un grupo de jóvenes soldados con la mirada asesina de un viejo lobo.

No vio como un capitán bien trajeado y con la panza llena dio la orden.

No vio como los viejos lobos con uniformes militares apretaban los dientes y soltaban ráfagas de ametralladora contra los escombros humanos que tenían delante.

No tuvo que ver como el cuerpo de él recibía con sacudidas y espasmos las balas.

No tuvo que ver como la sangre brotó a chorros de su cuerpo.

Ni siquiera tuvo que ver como, inerte y sin vida, su cuerpo se desplomó contra el árido suelo.


Pero llora, grita y tiembla de pensarlo.

Lee y relee sin parar su última frase: "Te envío los besos más grandes, como sólo pueden serlo los últimos".

Y llora más, grita más alto y tiembla más fuerte.

sábado, 5 de diciembre de 2009

¡Vive!

¿Y qué más da?
Al final todo se reduce
a lo mismo
-sentencias-.
Verdad
a medias,
falso
la verdad.
No llegas
o te pasas,
que te quedas corto,
y te da igual.
Basta ya,
de llorar
por rincones y gritar
en balcones.
Para de decir
que no hay razón
o motivo,
-siempre están-
que da igual,
que tú a lo tuyo.
Es verdad,
no falsees
lo que quieres
y no alcanzas,
lo que añoras
y no abrazas,
lo que amas
y no sientes.

Corre, busca, encontrarás.
Pon de ti,
es lo único valioso que posees,
recuerda,
tu y tu corazón,
siente,
sin mentiras,
sin escudos
autofabricados,
que solamente dañan,
con esa indiferencia procreada
desde la falsedad.

Rienda suelta,
al galope,
aprieta los dientes
y vive
¡vive!
(seguro que puedes)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La sonrisa de Dasha (V)


Huele a polvo, a escombros, a pólvora...

El olor del caos, la destrucción y la muerte me rodea. No veo, todo es negro. ¿Dónde estoy? ¿Qué hago en medio de todo ésto? "¡Lyuda!" ¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy? "Dasha, amor de mis ojos, acércate". Sólo, nadie me responde. Me siento aturdido, aunque creo recordar que estaba en la cama, Lyuda a mi lado, "¿verdad, cariño?", ni idea de dónde se habrán metido. No sé si hablo o pienso, no me oigo, sólo escucho un zumbido muy molesto y algo así como el crepitar de unas llamas lejanas. No hay voces, no hay gritos, parece haberse esfumado toda la gente.

Recuerdo a mi Dasha, con su eterna sonrisa en esta ocasión perdida, asediarme a preguntas sobre la barbarie de la guerra, que según los diarios que llegaban a nuestras manos era inminente.

- Papá, ¿qué es la guerra?
- ...Verás, Dasha, cariño, es un...
- Pero, ¿ahí la gente se muere?
- No... Si, si. Se muere gente.
- No quiero que la guerra entre en Rusia, papi.
- Yo tampoco hija, yo tampoco lo quiero.

Desperté de mi letargo producido por el recuerdo de esa conversación, en su momento intenté no darle mayor importancia a las noticias que llegaban sobre los movimientos de tropas alemanas muy cerca de los puestos fronterizos, pero parece que... ¡Están a las puertas de Stalingrado! En tan pocos meses...

Frustración mezclada con aroma a muerte. Me da igual mi suerte, la de Lyuda ha sido echada ya... Las lágrimas revientan dentro de mi, pero mi Dasha está en juego. No puedo permitir que apaguen su sonrisa a bombazos.

- ¡Dasha! ¡Hija mía! ¿Dónde estás?

lunes, 30 de noviembre de 2009

Diálogos de cine (I) Eva al desnudo. Teatro.

- Así que se va a Hollywood.

- ¿Por qué?

- Sólo me lo preguntaba.

- ¿Te preguntabas qué?

- ¿Por qué?

- ¿Por qué, qué?

- ¿Por qué tiene que irse allí?

- No es que deba, es que quiero.

- ¿Es por el dinero?

- El 80% se me irá en impuestos.

- Entonces, ¿por qué? Cuando es el director joven con más éxito del teatro.

- El teatro, ¡el teatro! ¿Dónde pone que el teatro exista sólo en unos feos edificios apiñados en dos kilómetros cuadrados de Nueva York? ¿O de Londres, París o Viena? Escucha, jovencita, y aprende. ¿Quieres saber que es el teatro? Un circo de pulgas. También es ópera y rodeos, carnavales, ballets, danzas tribales, guiñol, un hombre orquesta: todo es teatro. Donde haya magia, fantasía y público, hay teatro. El Pato Donald, Ibsen y el Llanero Solitario. Sarah Bernhardt y Poodles Hanneford, Lunt y Fontanne, Betty Grable. Rex el caballo salvaje, Eleonora Duse: todo es teatro. No los entiendes a todos. No te gustan todos. ¿Por qué iba a ser así? El teatro es para cualquiera, incluida tú, pero no en exclusiva. Así que no lo apruebes ni desapruebes. Quizá no sea tu tipo de teatro, pero , en algún sitio, para alguien lo es.

- Sólo he hecho una sencilla pregunta.

- Y yo me he disparado. Nada personal, jovencita. Es sólo que hay tanta tontería en este camerino de marfil al que llaman teatro que a veces se me atraganta.

- Pero Hollywood… No debe quedarse allí.

- No es más que una película.

- Muy pocos vuelven.

- …

- Leo a George Jean Nathan todas las semanas.

- También a Addison Hewitt.

- Todos los días.

- No hacía falta que me lo dijeras.


Eva al desnudo, de Robert Mankiewicz

viernes, 27 de noviembre de 2009

Italia (III) Mil y una noches de Luna

Tras dos milenios, ni las amenazas divinas rompen la magia de divisar Roma desde las alturas...

martes, 24 de noviembre de 2009

Barras torcidas

Saben dónde estamos, qué hacemos, cuánto gastamos, qué vemos, con quién vamos, lo que nos interesa y lo que no.

Somos un dato, un número, un código de barras.

Nada más lejos de la realidad, que nadie se asuste. Sabemos que lo saben y nos gusta, estamos de acuerdo en ello. Implantar cámaras en las calles, el móvil avisa cuando lo enciendes para que nadie te de por incomunicado, fichamos para entrar a trabajar y pronto lo haremos al entrar en una tienda o en nuestra propia casa.

Nos engañan con espejos por un camino estrecho, nos hacen ver un ancho espacio donde los metros cuadrados escasean, y no hablo de un hogar. Nuestro código está vinculado a la información, a esta sociedad de la (mega)información en la que una base de datos recopila nuestros pasos, añade nuevas barras al código, decodificando nuestro ser, escaneando cada movimiento físico y casi mental que realizamos.

Saluda a cámara, hay más de mil(millones) que velan por tu seguridad. ¿Por tu libertad? Esto... Saluda, que te ven.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Arte y libertad

"Un mundo sin arte estaría ciego en si mismo. Estaría encerrado entre los límites de reglas simplistas. Por eso, cuando surgen, los totalitarismos censuran, prohiben y queman. De este modo logran separar la mirada del pensamiento, del sueño, de la memoria y de la expresión de las diferencias.

La tierra en la que nacen los artistas."
Bohemios - Dan Franck, 1999.


Amén.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Un poco de Fantasía

Pues eso, que nunca viene mal fantasear un poco, y yo escuchando a esta chica (se que soy pesado con ella...) no paro de sentirme en un mundo de Fantasía...

¡Que falta hace siempre!


Buen finde para todos.


PDT: Este vídeo es mío, se ve pequeño y malamente, pero bueno la camarita que llevé era doméstica. Es del concierto que dio hace un par de semanas en un Auditorio en Leganés. Otra gran experiencia con ella.

martes, 10 de noviembre de 2009

jueves, 5 de noviembre de 2009

Cabaret, de Bob Fosse

Nunca un musical había llegado tan lejos, ni nunca ha existido otro que se le acerque.

Cabaret marcó una época (tiene 37 años) y aun hoy su mensaje perdura.

Es, sin duda, el mejor musical de la historia del cine, con la prodigiosa actuación de la bellísima y desaprovechada
después Liza Minelli, que en esta película conquista la pantalla como pocas mujeres lo han conseguido, y un
"nohaypalabraparadefinirlo" Joel Grey, que con su surrealista participación logró realizar una de las actuaciones más
logradas de siempre.

Que pocas veces una puesta en escena fue tan magistral, y consiguió además (mucho más importante) que los números
musicales no fueran trabas al argumento, sino una pieza de las claves en el propio desarrollo del filme. Escenas que
forman parte ya de la memoria cinematográfica, con una chispa que abrasa, con una dirección firme y casi perfecta de Bob
Fosse, con un espectacular montaje y una fotografía maravillosa como poquitas veces se ha logrado en musicales.

Película que bien vale los 8 Oscars que recibió, en un año en el que compitió con El Padrino. Director, actriz principal,
secundario, sonido, montaje, dirección artística, fotografía y banda sonora, además del BAFTA y Globo de Oro a mejor
película.


Inicio espectacular, ¿quién podrá olvidar el "Willkommen, Bienvenue, Welcome..."?

Liza Minelli en pleno apogeo, genial.

Magistral escena que pone los pelos de punta, poco que añadir...

Historia, Minelli y Grey haciendo historia para el cine.

Y por si faltaba algo para redondear la película, toma.


Grande.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Donosti (III) Peinando el viento


Peinando el viento, manejándolo o al menos eso intento. Persiguiendo apaciguar la tempestad que me acosa y me derriba. Solo, descorazonadamente solo, en este vendaval que todo arrastra con él.

miércoles, 28 de octubre de 2009

La sonrisa de Dasha (IV)


Las sirenas atronaron en la noche.

Al poco, los temidos bombarderos alemanes estaban rugiendo encima de la ciudad y descargando todo su arsenal de bombas sobre la población. Polvo, humo, fuego, muerte, destrucción, caos.

"¡¡Dasha!! ¡¡Lyuda!!" No sé donde piso, todo son escombros, cascotes. No veo nada, sólo el fulgor de las explosiones permite ver algo de vez en cuando, la luna está escondida tras los centenares de aviones nazis que surcan violentamente el cielo. "¿¿Dónde estáis??" No siento temor por mi vida, porque esto no puede representar la vida, no, no puede ocurrir esto en lo que llamamos realidad, no puede existir lo que está ocurriendo esta noche, y no imagino que pueda ser cierto lo que bajo la luz del día de mañana -si es que vuelve a salir el Sol- se pueda ver.

El ruido de los motores y las bombas es ensordecedor, me mantengo a duras penas en pie"¡¡hija!! no tengas miedo, ya se van los aviones, ¿dónde estás?", percibo entre las tinieblas reinantes que mi casa está destruida, tropiezo continuamente con todo lo que antes formaba un hogar. Más bombas, más... "¡¡Lyuda!! Por favor, ¡responde! ¡¡Lyuda, Dasha!!" Todo tiembla, esto debe ser lo más parecido al fin del mundo. Me acurruco como puedo, y de repente la veo. "No, no no no ¡no no no! Querida, ¡¡¡no!!! Lyuda... ¿Por qué?" El llanto me ahoga.

Dejo de oír las bombas aunque siguen cayendo, dejo de ver fuego aunque hay por todos lados, dejo de pensar en todo para ver únicamente en mi mente la sonrisa de Dasha. "Tengo que encontrarla, es lo único que me queda en la vida".

lunes, 26 de octubre de 2009

Insomnio (II)

Duermo.

Y observo sus párpados cerrados, y acaricio con mi mirada sus facciones, cada poro de su piel es una aventura, un deseo, un placer. Ardo, su boca, abierta una rendija, expulsa un aire cálido, tibio, respiro su ser. Sus manos, sobre las sábanas revueltas, cansadas. Mi recorrido es ilimitado, va y viene, da mil giros y hace piruetas, así es, no puedo parar, suspiro por no actuar. Me trago el deseo, intento frenar mi corazón, latiendo a la velocidad de la luz, esa que entra por la ventana e ilumina tu cuerpo dorado y lo hace resplandecer, o quizá sea al revés.

No duermo.

Y sus ojos atraviesan la ventana, y se posan allá, en la infinita lejanía de la nada. Su palidez se intensifica con la tenue luz de la luna que llega hasta su cama, una luz blanquecina, triste, apenas un mal reflejo del pasado. Su cuerpo, desnudo y solitario, espera y espera, quien lo valore, lo sepa cuidar y lo ahogue en una noche de desmedida pasión y lujuria, y sabe quién es, y dónde está, y las lágrimas brotan, una vez más.


Y me muevo en mi cama, una y otra vez, una y otra vez... Intento dormir, quiero dormir, volver a ver sus párpados cerrados...

sábado, 24 de octubre de 2009

Anochecer


¿Será perpetua esta sensación continua de anochecer?

Como apartar de mi,
este sino,
que me indica
a la vez
que me estruja el pensamiento,
un camino
borroso,
al que miro
confuso
y miedoso.

Anochecer, aléjate
deja paso a la luz,
lo suplico,
caen tus sombras
como dagas
se hunden
en la carne blanda
de mis entrañas.

domingo, 18 de octubre de 2009

Ratatatatatata

Desde mi escondite en Bélgica, sólo quiero añadir un poco emocionado

¡PORQUE LA VIDA PUEDE SER MARAVILLOSA!



Hasta siempre, ¡jugón!

miércoles, 14 de octubre de 2009

Destino: escapar

A las 7:50 sale un avión...

Charleroi
Bruselas
Lieja
Amberes
Lovaina
Malinas
Luxemburgo
Amsterdam
Utrecht
Maastricht
Delft
Haarlem

Mucho a elegir.


¡Hasta pronto!

viernes, 9 de octubre de 2009

Insomnio (I)

5:00 am.

Tumbado en mi cama, con los ojos en el techo, comiéndomelo. Y no, no he tomado cocaína, al menos hoy no. Me siento hipersensible esta noche, todo lo percibo y todo me alcanza, no me deja dormir. A mi alrededor hay oscuridad y silencio, pero cada objeto desprende una luz que sólo yo veo y unos gritos que sólo yo oigo, me atacan la corteza de mi cerebro, punzándola, manteniéndome en un vilo irritante, insoportable. Siento ganas de morder, de golpear, de encauzar mi ira hacia lo que me pueda permitir caer inconsciente unas horas. Morfeo no me acoge y ni siquiera me deja quedarme en las puertas de su reino, bajo su influencia, no; me arroja a patadas, lejos, fuera.


5:15 am.

La calle está desierta, ni siquiera hay gente todavía que vaya hacia su trabajo. Las farolas iluminan con ese amarillo tibio que ni es luz ni hostias, y yo aprovecho la soledad para mear entre dos coches. Los semáforos pasan de rojo a verde, y de éste a ámbar para volver a rojo sin que nadie se guíe por sus indicaciones, por lo que me siento tan libre que camino por el medio de la calzada, arrastrando los pies uno tras otro, sin rumbo. Sin mirar a más de 3 metros por delante.


5:25 am.

Cruzo un puente saliendo de mi barrio, y veo el primer tren de cercanías detenerse en la Estación Central, recogiendo a una docena de don nadies que debieron esquivar mi camino, porque no les había visto. El convoy siguió su camino rompiendo el silencio de la noche bajo mis pasos. Malditos, se creerán desafortunados por despertarse tan temprano...

Ya quisiera yo despertarme.

martes, 6 de octubre de 2009

Piedras

Partido en dos,
desahuciado,
intento recomponerme
pero no encuentro
mis pedazos
por el suelo.

Lamentable estado de nervios,
desquiciado,
intento recuperarme
pero no consigo
una cama
donde tenderme.

Penosas agujetas del corazón,
desangrado,
no intento nada,
no sé hacer nada,
quiero amarte y besarte,
quiero y quiero
pero no puedo,
no llego,
un océano me lo impide,
no de agua salada,
sino de piedras amargas,
ya no estás tú,
ya no te veo
no te siento.

¿Dónde estás?
Quiero saber,
la necesidad aprieta,
mi pecho es estrecho
y no me llega
no puedo respirar,
me asfixio, me ahogo,
arranco las piedras
pero son infinitas,
no hay lugar
que me calme.

Desahuciado, desquiciado y desangrado.
Aquí sigo,
entre piedras.

sábado, 3 de octubre de 2009

Quizá será mejor marcharse...


Y al respirar propongo ser quien ponga el aire,
que al inhalar me traiga el mundo de esta parte.
Y respirar tan fuerte que se rompa el aire,
aunque esta vez quizá será mejor marcharse.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Tiembla...



Esto ve mi corazón, por todos lados y en todos sitios.

Lugares a donde está vetado el paso, con formas retorcidas, y que le recuerdan sus mejores momentos, cuando otro corazón palpitaba cerca suyo, tan mezclados entre si como 2 alambres. Pero ya no, ahora están oxidados, cayéndose a pedazos por el precipicio del alma, al pozo negro sin fin y sin retorno que es y al que tanto teme.

Tiembla, sigue temblando.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Vértigo

Una vida vacía, así es. Completamente repleta de nada. Hueca. Insípida.

Dejar un abrazo atrás...
Perderlo,
para siempre.
Lágrimas.

Sentimiento doloroso, insufriblemente punzante, casi asesino.

Echo de menos tantas cosas...

¿Quién me las va a devolver?
Nadie sabe hacerlo en este mundo,
no ha nacido aun igual, que frustración...

Doliente transeúnte de cabeza gacha, y orejas mudas.
Cierra los ojos,
no abras la boca,
camina,
no lo olvides nunca,
siempre adelante, con esperanza
aunque no exista.

Fiable el momento,
ninguno lo es,
¿cómo cruzar ese puente? Tengo vértigo,
y se tambalea,
de un lado a otro, de un lado a otro.
Acecha salvaje el peligro, sin cuerda
ni arnés.
Dale, dale
inténtalo una vez.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

No stop

Sentado en un andén,
-cualquiera-
bajo un frío Sol de verano,
no aguanto la luz,
daña mis ojos cerrados.
Despojado de ánimo
escaso de voluntad,
aquí,
espero un tren sin paradas
que debe llegar,
puntual,
y con las ventanas tapiadas.
No tendrá puerta,
más que de entrada,
y en mi bolsillo están,
todos los billetes;
nadie más me acompañará
en este viaje,
sin principio
parto
y sin final
presiento.

Ardo por irme lejos,
más allá de la distancia
que alcanza mi -sin-razón,
que busca y no encuentra,
ni por aquí ni por allá,
el vivir,
de forma acorde y concorde
a mi pálpito interior.
No es latir lo de mi corazón,
es que tiembla,
por marchar.
Pondré kilómetros de escudo,
dejaré todo detrás,
en este lugar caliente,
que deja frío mi interior,
frío que hiela,
que abrasa
dejándome vacío,
sólo esqueleto, armazón.

Eso acarreo en mi viaje,
en este tren,
que dicen no para,
que espero no pare,
que pita y se acerca,
que llega
que llega
que llega
...

lunes, 21 de septiembre de 2009

Donosti (II) Abrazo al mar


Me gustaría tanto volverte a ver...


jueves, 17 de septiembre de 2009

Frío

Al norte y al sur,
mil pasos.
Al este o al oeste,
mil pasos.
Llámalo huir,
o de necesidad morir
sino lo hago.
Ahogado:
¿dónde hay O2?
Lo busco,
y no está,
no aparece
ni Google sabe,
así que yo...
Soy una foto antigua
en un arcón,
amarillenta
y raída,
ansiando salir,
ver la luz del Sol,
entre las nubes
pasar
y alcanzar
donde posar los pies
en este frío criminal
que me asesina
cada día.
Barrotes de hielo
alrededor,
apenas a 2 pasos
me cierran,
y quería mil...
Jodido.
No llego a tocarlos,
queman,
no puedo pensar en romperlos,
ni siquiera mirarlos puedo,
me asustan.
Engordan a cada segundo,
cierran sobre mi
sus paredes blancas,
húmedas
y amargas;
me agarrotan
de pies a cabeza.
¡Quiero escapar!
Dentro de mi,
el grito,
pero fuera:
terror.
Vencer al frío,
a la oscuridad;
desterrarlos de aquí,
o desterrarme yo,
no sé qué será mejor.

martes, 8 de septiembre de 2009

¿Quién da más?

No somos nadie.

Almas nebulosas, grises, con la mirada perdida en un horizonte inexistente, que vagamos meditabundas a toda velocidad por aceras corrompidas de pasos -y palos- de ciego, sin objetivos, sin sueños ni deseos propios.

Todo prestado, todo copiado y aprendido, necesitados de hábitos mal educados, fabricados en lujosos despachos, a la sombra de grandes persianas que tapan grandes ventanales, en grandes edificios que dan a grandes avenidas, donde potentes coches con lunas tintadas rugen sobre el asfalto corrupto de una ciudad mermada, obsoleta e ignorante.

Estamos perdidos, manejados, salen hilos de nuestras muñecas y tobillos, y una soga de nuestro cuello, pero no importa, seguimos dando pasos, creando círculos cerrados de donde no salimos, un dos tres un dos tres, ¿qué más da? Dan Gran Hermano, todos al sofá, que felicidad.

Nada cambia, ni lo hará. Un status quo se apodera de todo y de todos, la revolución es una quimera, pensar en ser diferente no tiene sentido para nadie, esto es un cajón cerrado, y la llave nadie sabe donde está.

Un dos tres un dos tres...


viernes, 4 de septiembre de 2009

Inoperancia

No voy a negarlo, ¿para qué?

Intuía que lo haría, intuía que iba a hacerlo. Tarde o temprano, pero lo sabía. ¿Qué iba a hacer yo? Nada. ¿Qué podía hacer? Nada, no podía hacer nada. Y no me siento culpable, de ninguna manera, ni ahora ni antes. En la vida las cosas no siempre vienen como las queremos, a veces vienen mal dadas y uno no puedo lamentarse continuamente por ello, es lo que hay, y es para todos. Ese era parte de su gran problema, no sabía aceptar la vida, no sabía que no siempre se ganaba.

Además, su habilidad enfermiza para fabricar dentro de su mente películas en la que todo el que le rodeaba salía más que mal parado, era terrible. Era muy difícil estar a su lado, aguantar, todo lo que imaginaba en su cabeza le hacía más y más daño, mucho más que la verdadera realidad. Eso provocó todo. Acabó con él. No lo podía soportar, no podía...