viernes, 14 de noviembre de 2008

Odio (III)

No lo aguanto más, todo me martillea, me siento asfixiado. El agobio se apodera de mí a cada paso, no me puedo controlar, mi cerebro rebota contra las paredes del cráneo, el dolor en mi interior es insufrible. ¿Por qué dejarle vivir? Es repugnante, no vale nada y no lo soporto. Tantos años viviendo con él, tirando mi existencia por la borda.

(20 minutos después, sentado en el sofá, recapitulando)

Lo he pateado, escupido y aporreado. No podía parar, la sangre brotaba y salpicaba los tabiques. El charco rojo se hacía cada vez más grande; realmente, la visión era absolutamente repulsiva, pero jóder, era incapaz de detenerme. Proseguí indefinidamente con la paliza, me sentía liberado, la tensión comenzaba a abandonarme, el agobio empezaba a desaparecer; pero allí seguía, despedazando a golpes el vil cuerpo del inmundo ser con el que había compartido los peores años de mi vida.

Ahora, sentado en el sofá, siento que soy otra persona, me he desahogado, por fin me he librado de la maldita carga que significaba para mi. Las pesadillas ya no me atormentarán, descansaré. La verdad que me asombra lo mugriento que se encuentra ahora mi salón. La sangre decora las paredes, los muebles, el suelo… Algunos pedazos de carne se disponen sin orden alguno por la estancia, es un poco dantesco.

¡Puto perro!

4 comentarios:

  1. para ser alguien que odia poco se te ha pirao la pinza un pelin tio
    xD

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  2. jajajajajajajja

    Voy a llamar a la protectora!xDDD


    Muas

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  3. mejor el perro que no tu cerebro

    aunque bueno, tendrías que haber pegado como una nenaza para poder apreciar el destrozo después de la paliza, si hubiera sido contra él



    ^^

    muy bien descrito

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