lunes, 29 de diciembre de 2008

Sin nombre (IV)

En capítulos anteriores...
Sin nombre (I)
Sin nombre (II)
Sin nombre (III)

He bajado todas las persianas. No quiero que entre la maldita luz. Me taladra la retina y me desborda la impaciencia de verla siempre ahí, recordando que nos da la vida, y que no piensa marcharse. Se que está detrás de la persiana, que espera el momento en el que ceda mi voluntad y vuelva a permitir que penetre, que inunde mi existencia de esa vida, pero hoy, al menos hoy, no.

Hoy soy yo y nada más. Enciendo una vela, y las sombras temblorosas irrumpen con fuerza. Me dirijo al baño, donde bajo la tenue luz me miro en el espejo, o mejor dicho, en lo que queda de él. Asustado, salgo del baño y me voy a mi habitación, donde apago la vela antes de dejarme caer en la cama. Siento que las energías me han abandonado, que es en vano lo que pueda hacer hoy. Y todo es culpa de esa puta luz que lo impregna todo, y que noto se cuela por las rendijas de cada ventana y cada puerta. Me levanto de la cama otra vez.

Con la vela de nuevo en la mano, voy agarrando todo lo que encuentro por el medio: toallas, una camiseta, calzoncillos, jirones de antiguas ropas, y cuando creo que es suficiente, inició mi plan. Hueco por el que noto entrar a ese puto mal que es la luz, allí que deposito una prenda, tapando cualquier indicio luminoso. Me lleva un rato concluir con éxito mi propósito, siempre me dejaba algún pequeño agujero o movía sin querer un calcetín que me hacía revisar cada punto de la casa en busca de errores. Tras repasar concienzudamente toda la casa, siento que el esfuerzo ha merecido la pena. Ni un sólo atisbo de luz se deja ver, tan sólo el suave resplandor de mi vela. Sonrío.

Me siento en el sillón, estiro el brazo para coger la botella de coñac y un vaso, y lo lleno. Cuando me lo llevo a la boca, noto el abrasador gusto en mi paladar y termino de un trago el vaso. Sirvo otro, este lo saborearé mejor, pienso. Dejo la botella y me llevo la mano al bolsillo, saco un pitillo y me lo enciendo con la vela. Noto el picor del humo mezclado con el sabor del coñac, y me siento alegre. Con una mano sujeto el vaso y con la otra el pitillo y la vela. Algo sobra. Devuelvo el cigarrillo a la boca, dando una gran bocanada, y acerco la vela. Soplo fuertemente y con el humo apago la débil llama.

Bebo un trago. Fumo otra calada. Dejo pasar las horas.

11 comentarios:

  1. Isra.. me gustò toda la conexiòn entre la vela y el cigarro, para prenderlo ella, para apagarlo èl... muy bueno.. este hombre que busca tanto la oscuridad.. que tal es su vida? sale fuera? creo que tengo que leerme los demas capìtulos, interesante! un beso, Vero.

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  2. Yo para dormir, pongo ropa en la ranura de la puerta, porque sino me molesta la luz que entra...
    Tal vez sea por eso, pero me ha gustado mucho.

    Por cierto, no he vuelto loco a mi profe-guapo, es que era el cumple de su mamá:)


    Muas!

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  3. Sí tio, lo que está pasando es una verguenza. Da puta verguenza vivir aquí. En fin

    Gracias por pasarte tio, ya lo habías hecho hace tiempo y me prometí ir yo y firmarte y al final siempre se me pasa.

    Te agrego directamente así no se me olvida. :)

    Un saludo

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  4. q va tío, el libro está en catalán, pero gracias igualmente por el interés xD
    me leeré mañana tres últimos "sin nombre". recuerdo que el primero me gustó bsatante.

    un abrazo tío

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  5. y va naciendo una historia de esas q espero q duren, con capítulos hasta saciar de hombres saciados!

    No me leí el libro, pero recuerdo q lo mencionaste en algún post tuyo creo...el caso es q ya tengo más ganas de leerlo!

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  6. Estas nominado!pasate por mi blog, un besote!

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  7. Isra, no se bebe solo, esperate al 5 aunque sea!
    Deberias volver a subir lo de recuerdos, era un punto
    Y pasalo bien en nochevieja, no chupes demasiados cristales
    :P

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  8. brindo por la oscuridad su secretismo y su magia

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  9. bien bien, acabo de leer los cuatro "sin nombre".
    geniales, una sensación de vacío y de apatía que me encanta.
    peeeeeeero, molaría más si fuera todo de golpe. terminaríamos todos con un autotiro en la cabeza.
    y si ya le pones un título adecuado eres el puto amo.

    un abrazo

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