jueves, 11 de diciembre de 2008

Sin nombre (II)

Sin nombre (I)

El frío me hiela las pestañas y el viento me corta las mejillas, pero camino despacio. Solo, claro. Las manos en los bolsillos, la mirada al frente, perdida, mis pasos, largos y firmes, mienten marcando un camino inexistente. He llamado a la oficina, he dicho que me sentía mal y que no iría, después he arrojado el móvil a una papelera. No me he duchado esta mañana y mientras respiro el aire contaminado, recuerdo que no he dejado abierta la ventana de casa. Otro día será.

Me cruzo con la gente, que no me ve, que corre de un sitio a otro, y yo si les veo. Hoy lo veo todo. Corren al trabajo, a la compra, al médico, a casa desde el trabajo, desde la compra, desde el médico. Algunos esperan el autobús, o bajan de uno. Me detengo delante de una tienda de animales, y en el escaparate veo varias jaulas de cristal transparentes, que contienen en su interior a varios cachorros cada una, gatos y perros, que juguetean ajenos al resto. Encerrados, condenados a llevar un chip en su cuello, pero felices de tener un plato de comida y uno de agua, y tiempo para jugar, sea en esa jaula o en su futuro hogar, donde les prohibirán cagar o mear, y donde un ladrido a deshoras provocará una paliza. En el fondo les envidio.

El cielo torna de gris a negro y empieza a llover. La gente corre más deprisa aun. Algunos me pegan con sus paraguas, y en la décima de segundo que me miran a los ojos dicen que lo sienten. Que humanidad. Pienso en que las noticias de la televisión hablarán de las inundaciones que ha provocado la tromba de agua, lo que me lleva a recordar que tenía que comprar pilas. Me meto en la primera tienda de chinos que veo y compro un paquete de cuatro. El chino me intenta colocar un paraguas, a lo que respondo con una mueca de aceptación, mientras miro a la calle. Pago y guardo las pilas en el bolsillo de mi gabardina, agarro el paraguas y salgo. Las calles están casi vacías por la gran lluvia que sigue cayendo, pero yo sigo caminando, mirada al frente, perdida,
mis pasos, largos y firmes, que mienten marcando un camino inexistente, y una mano en el bolsillo, la otra, sujeta a un paraguas cerrado. Me apetece un pitillo.

9 comentarios:

  1. Pues a fumar!
    A mí también me apetece, la verdad. No me lo recuerdes¬¬
    Oye! y a mis compañías no les pasa nada, o insinúas que a mí me pasa algo!EH?
    EH?
    EEEH?
    EH????????
    EN fin... xD

    Vanity es dios, o algo así; el jesucristo del nosequé decía él mismo hoy. Adora y odia a todo el mundo. Pura Vanidad:)

    Jajajaja


    Un beso!

    ResponderEliminar
  2. Que mítica esa imagen del madrileño ajetreado...! Me encanta observar a la gente en el metro o en la calle...

    ResponderEliminar
  3. Si la cosas es esa, si nos incluyen a nosotros en la crítica, siempre nos va a joder, y punto. A no ser que se sea rarito y esas cosas.

    Un beso!

    ResponderEliminar
  4. me encanta pasear por la calle y que nadie me vea, pero yo verlos a todos.
    Pararme y pensar lo que estoy haciendo.
    Me siento así más viva que el que corre de un lado a otro. Ambos sin saber a donde vamos.
    Lo del corto podria ser rollo serie b, asi el matiz cutresco quedaria hasta bien jaja

    ResponderEliminar
  5. Cuando paseo por las ramblas y veo esos puestos con jaulas y en ellas cachorros de perro, conejxs, etc ahogandos con tanto sol se me hace un nudo indescriptible en las entrañas.

    Lo mismo que me pasa con el resto cuando les veo en una tienda. Me digo "no pueden ser felices en ese pequeño ataud lleno de tiras de periódico, y si lo són es porque no han conocido nunca nada mejor". Entonces me doy cuenta de que lxs humanxs no somos tan distintxs.

    Aiiii :)

    ResponderEliminar
  6. Soy una negada en todo esto de la tecnologia y quería pedirte ayuda.. x)

    ¿Cómo se sube música al blog?

    Un abrazo :)

    ResponderEliminar
  7. pues nada, a fumarse el cigarrito! que estrés

    ResponderEliminar

Opina, critica, aporta.