Este finde ha sido el fin de la gira de Extremoduro, que se ha tirado muchos meses recorriendo el país de punta a punta en la que -como siempre- puede ser su última gira. El concierto en el Palacio de los Deportes de Madrid era para el sábado, pero se vendió todo el papel tan rápido que tuvieron que habilitar una nueva fecha para los que nos habíamos quedado sin entradas, así que el viernes fue el nuevo día de concierto.
Y la primera en la frente fue que voy a comprar mi entrada y ¡oh, sorpresa! ya no hay para pista. mecagoentoloqsemeneacienveces y me tengo que conformar con entradas en grada, sin pogos, sin bailar descontrolado, sin saltar entre cientos de personas que también saltan descontrolados cantando al unísono las canciones. Me tengo que conformar con una jodida butaca y medio metro de espacio que como me descuide me caigo rodando de fila en fila por toda la grada.
Y la segunda en la frente, estamos apaciblemente bebiendo un poquito de calimocho pegaditos al Palacio de los Deportes, concentrados a las puertas, resguardándonos del frío que caía sobre madrid, y llega la amable Policía Municipal y nos invita a marcharnos con nuestra bebida a otra parte. La solución creo que fue peor, ya que de tener a 300 o 400 personas juntas y controladas a las puertas del Palacio, a tener a todos desperdigados por el Barrio de Salamanca, barrio adinerado donde los haya y supongo que poco acostumbrados a tener en sus calles a gente bebiendo calimotxo y con pinta de guarros. En fin, peor para ellos, yo me terminé mis cartones...
Y la tercera en la frente, en pleno concierto, tras iniciar con Deltoya y ser un auténtico orgasmo colectivo, Extremoduro fundió los plomos del Palacio de los Deportes y el sonido se cayó por dos veces en pleno apogeo general. En fin, el habitual descanso que se toma la banda de 15 minutos -vete tú a saber lo que deben inhalar en esos 15 minutos- se convirtió casi en media hora desesperante.
Eso si, desde el regreso con Papel Secante, hasta el final con Autorretrato, fue un éxtasis continuado que incluyó temas míticos como So Payaso, Jesucristo García, Ama ama y ensancha el alma... Vamos, buen sabor de boca general, una afonía completa que aun perdura un poco, y un sentimiento agridulce de haber presenciado dos conciertos de Extremoduro tan buenos este año, pero pensando que quizá no los vea más.
Si me encierro, ven a verme; un vis a vis...
Caí preso dentro de mí, dentro, muy dentro de mí.
Si me escapo, ve a buscarme cualquier día,
donde quede alguna flor..., donde no haya policía.
¡Grandes!