Y yo hace un año no sabía que a 18 de noviembre de 2010, iba a estar a apenas 24 horas de comenzar a filmar mi primera película.
Yo, junto con dos inseparables amigos generamos el proyecto, y hemos conseguido formar un equipo humano inimaginable cuando hace 4 meses aterricé en Buenos Aires. En estas 17 semanas se ha ensayado mucho, se ha trabajado día si día también (salvo esos 10 días de viaje por el sur argentino), se ha conocido muchísima gente que nos ha ayudado, hemos conseguido un mínimo presupuesto (muy mínimo) para equipos técnicos, y hemos logrado miles de cosas inmateriales, imposibles de explicar, que no voy a olvidar en la vida.
Mañana 19 de noviembre será un día a recordar durante toda mi vida.
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jueves, 18 de noviembre de 2010
viernes, 17 de septiembre de 2010
Desahogo
Y me cuesta hablar de mi día a día.
Este espacio es un desahogo, un lugar donde volcar pensamientos, mil ideas que me dan vueltas y vueltas pero que no expreso abiertamente porque no me sale, por carácter o personalidad me guardo tantas cosas que hacia algún lugar tengo que canalizarlas, y suele ser ésta la tubería por la que salen a chorro y se pierden en un océano infinito de palabras blogosféricas que pululan a millones cada día...
Estoy en Buenos Aires hace dos meses, me quedan tres por delante. El trabajo va in crescendo cada día y no le llamaría agobio a lo que siento, sino una sensación que no conocía que es mezcla de estrés y sintonía conmigo mismo. Algo raro, extraño. No lo entiendo. Van surgiendo problemas en la producción de la película, cada vez nos vamos enredando más y más según avanzamos, y los pasos que pensábamos que eran hacia delante han sido hacía atrás y de repente después hemos encontrado atajos para solucionar cosas, que a la vez plantean más problemas, pero no dejamos de avanzar. Es muy probable que vayamos dejando agujeros negros por nuestro camino, y que éstos se reproduzcan más adelante, pero el objetivo es tan claro que no podemos pararnos porque no tenemos tiempo.
Supongo que es eso a lo que me refiero con estrés, esos problemas continuos que van surgiendo y que vamos resolviendo o apartando, para seguir andando, pero que están en la cabeza trastocando cosas... A la vez el trabajo que estoy desarrollando me realiza 100%, me encanta el proyecto, trabajar en él desde el principio, contar con la gente que estamos contando para él y conocer gente que se va sumando y aportando granitos de arena del tamaño de montañas. Tenemos la plena convicción que la película va a salir adelante, sea con 6.000 o con 50.000€, pero estamos poniendo todo en el asador para que haya la mayor cantidad de recursos posibles para que la factura técnica sea impecable, ya que la parte artística de los actores está más que copada.
Muchos no tendréis ni idea de qué hablo, pero realmente es la primera vez que explico medianamente lo que estoy haciendo en Buenos Aires, así que no os preocupéis, realmente ni yo entiendo muy bien el cúmulo de sensaciones que tengo en el cuerpo. Sólo necesitaba el desahogo que me permite este rincón, y que tan pocas veces uso para esto... Disculparme.
Este espacio es un desahogo, un lugar donde volcar pensamientos, mil ideas que me dan vueltas y vueltas pero que no expreso abiertamente porque no me sale, por carácter o personalidad me guardo tantas cosas que hacia algún lugar tengo que canalizarlas, y suele ser ésta la tubería por la que salen a chorro y se pierden en un océano infinito de palabras blogosféricas que pululan a millones cada día...
Estoy en Buenos Aires hace dos meses, me quedan tres por delante. El trabajo va in crescendo cada día y no le llamaría agobio a lo que siento, sino una sensación que no conocía que es mezcla de estrés y sintonía conmigo mismo. Algo raro, extraño. No lo entiendo. Van surgiendo problemas en la producción de la película, cada vez nos vamos enredando más y más según avanzamos, y los pasos que pensábamos que eran hacia delante han sido hacía atrás y de repente después hemos encontrado atajos para solucionar cosas, que a la vez plantean más problemas, pero no dejamos de avanzar. Es muy probable que vayamos dejando agujeros negros por nuestro camino, y que éstos se reproduzcan más adelante, pero el objetivo es tan claro que no podemos pararnos porque no tenemos tiempo.
Supongo que es eso a lo que me refiero con estrés, esos problemas continuos que van surgiendo y que vamos resolviendo o apartando, para seguir andando, pero que están en la cabeza trastocando cosas... A la vez el trabajo que estoy desarrollando me realiza 100%, me encanta el proyecto, trabajar en él desde el principio, contar con la gente que estamos contando para él y conocer gente que se va sumando y aportando granitos de arena del tamaño de montañas. Tenemos la plena convicción que la película va a salir adelante, sea con 6.000 o con 50.000€, pero estamos poniendo todo en el asador para que haya la mayor cantidad de recursos posibles para que la factura técnica sea impecable, ya que la parte artística de los actores está más que copada.
Muchos no tendréis ni idea de qué hablo, pero realmente es la primera vez que explico medianamente lo que estoy haciendo en Buenos Aires, así que no os preocupéis, realmente ni yo entiendo muy bien el cúmulo de sensaciones que tengo en el cuerpo. Sólo necesitaba el desahogo que me permite este rincón, y que tan pocas veces uso para esto... Disculparme.
sábado, 14 de agosto de 2010
The Take (La Toma)
La dignidad de las personas en su máxima expresión. El nudo en la garganta durante todo el metraje de este documental y las lágrimas en los ojos cada vez más grandes según se desarrolla.
Si tuviera que resumir en una palabra lo que he podido ver, lo tengo claro: DIGNIDAD.
Todo aquel que tenga interés por la situación argentina en los últimos años, y una mentalidad preocupada por problemas sociales de corte universal debería ver este documental, además de estar abierto a otras formas de actuar y de solucionar los problemas que los políticamente correctos, o los socialmente aceptados.
Si tuviera que resumir en una palabra lo que he podido ver, lo tengo claro: DIGNIDAD.
Todo aquel que tenga interés por la situación argentina en los últimos años, y una mentalidad preocupada por problemas sociales de corte universal debería ver este documental, además de estar abierto a otras formas de actuar y de solucionar los problemas que los políticamente correctos, o los socialmente aceptados.
viernes, 23 de abril de 2010
Jestem z powrotem
Pues eso, que he vuelto, que gracias al Eyjafjalla mis vacaciones han durado 4 días más, que he podido disfrutar de 1 semana entera en Cracovia, que me he tragado enteros los funerales del Presidente polaco y su esposa, que me reincorporo al trabajo el viernes cuando tenía que haberlo hecho el martes, que estoy feliz, que he descansado y dormido de lujo, y a la vez me he pegado palizas enormes andando y moviéndome de un lado a otro, que vengo con las pilas llenas y agotado a la vez, que ya estoy pensando en el próximo viaje, que quería volver pero soñaba con que siguieran cancelando vuelos para quedarme, que la comida polaca está riquísima, que me tomaría una sopa Zurek antes de irme a dormir y unos Pierogi para comer, y sobretodo, que repetiría el mágico momento del desayuno cracoviano que me he creado, esas tostadas con quesitos y mi zumo de naranja sentado a la ventana...
¡Grande Polska!
miércoles, 11 de marzo de 2009
Escribir
Estoy escribiendo un guión. Es mi primera vez, y me refiero a que no parte de una idea mía que puedo manejar dándole vueltas a mi antojo y pensarla y repensarla. Esta vez un buen amigo me ha pasado una escaleta de una idea suya -bastante buena, por cierto- y me ha encargado la tarea de guionizarla.
Me encanta escribir desde siempre, y no será el primer guión que elabore, aunque luego ninguno haya salido de mi ordenador ni lo haya mostrado por ahí, los tengo y quizá, algún día, intente rodar alguno. Pero el caso es que llevo 10 días trabajando sobre esa escaleta, y joder, que complicado es a veces trasladar las ideas de los demás, y a la vez como engancha. Tomar la idea como propia, intentar entender de cabo a rabo las motivaciones del que ideó la historia, poner todo el empeño en crear psicologías adecuadas a cada personaje, estructurar claramente la historia dándole la fuerza necesaria a cada pasaje. Es un trabajo minucioso y que se ha de revisar incontables veces. Además, he pasado una primera versión al que tuvo la idea, y la verdad que le ha gustado, aunque me he desviado un poquito de su intención, el camino trazado es bueno. Hay que cambiar cosas, mejorar diálogos, cortar por aquí y por allá lo que sobra, pulir situaciones, trabajar y definir aun más cada personaje...
Cualquiera que haya leído algún libro relativo al guión, o se haya puesto un día a escribir uno, sabe que se debe reescribir una y mil veces. Es la tarea más ardua y más exigente a la hora de realizar un guión (ya sea para un cortometraje o un largometraje), y se debe de hacer todas las veces que se necesite, hasta que el guión esté preparado para ser rodado. Aun estoy en una fase incipiente, y de la primera versión que ya tengo hasta la última -si es que llegamos ahí- para ojalá poder rodarlo, queda tiempo y trabajo.
Me hace ilusión este proyecto la verdad, no porque vaya a ganar nada material con él, salvo quizá un DVD con el corto -¡ojalá!- pero la experiencia y lo que se aprende practicando lo que se ha estudiado o leído, no tiene precio. Ojalá de aquí a unos meses pueda mostrar orgulloso el trabajo realizado, y como belalugosi, colgar el corto en el blog.
Me encanta escribir desde siempre, y no será el primer guión que elabore, aunque luego ninguno haya salido de mi ordenador ni lo haya mostrado por ahí, los tengo y quizá, algún día, intente rodar alguno. Pero el caso es que llevo 10 días trabajando sobre esa escaleta, y joder, que complicado es a veces trasladar las ideas de los demás, y a la vez como engancha. Tomar la idea como propia, intentar entender de cabo a rabo las motivaciones del que ideó la historia, poner todo el empeño en crear psicologías adecuadas a cada personaje, estructurar claramente la historia dándole la fuerza necesaria a cada pasaje. Es un trabajo minucioso y que se ha de revisar incontables veces. Además, he pasado una primera versión al que tuvo la idea, y la verdad que le ha gustado, aunque me he desviado un poquito de su intención, el camino trazado es bueno. Hay que cambiar cosas, mejorar diálogos, cortar por aquí y por allá lo que sobra, pulir situaciones, trabajar y definir aun más cada personaje...
Cualquiera que haya leído algún libro relativo al guión, o se haya puesto un día a escribir uno, sabe que se debe reescribir una y mil veces. Es la tarea más ardua y más exigente a la hora de realizar un guión (ya sea para un cortometraje o un largometraje), y se debe de hacer todas las veces que se necesite, hasta que el guión esté preparado para ser rodado. Aun estoy en una fase incipiente, y de la primera versión que ya tengo hasta la última -si es que llegamos ahí- para ojalá poder rodarlo, queda tiempo y trabajo.
Me hace ilusión este proyecto la verdad, no porque vaya a ganar nada material con él, salvo quizá un DVD con el corto -¡ojalá!- pero la experiencia y lo que se aprende practicando lo que se ha estudiado o leído, no tiene precio. Ojalá de aquí a unos meses pueda mostrar orgulloso el trabajo realizado, y como belalugosi, colgar el corto en el blog.
hablo de
belalugosi,
cine,
cortometraje,
escribir,
guión,
trabajo
martes, 3 de marzo de 2009
Historias de la taberna
Inspirado en un hecho real...
Domingo fuerte en la taberna, como todos. Maldito rastro que está a 500 metros y con el Sol en lo alto la gente camina a paso de procesión, para después querer comer y beber como cerdos, llenando cualquier local con una barra y algunas vasos. Es lo que hay. Son las 14:35 y estamos en momento crítico, mesas repletas y local plagado de gente de pie. Ni un alfiler entra, el calor agobia, los ventiladores echan humo, las cervezas atraviesan las gargantas, las tostas son devoradas con ansia. Es misión imposible intentar una expedición a las mesas más alejadas de la barra para un camarero al que le llaman, abrirte paso entre decenas de personas que a su vez tienen poco margen de maniobra, y que además llevan cuatro cañas encima es tarea complicada.
-¡Perdón! ¡Disculpa! ¡Paso! ¡Mancho! ¡Grrrr!
Es algo así como la oración que has de ir recitando en el asalvajado camino. Pero en una de estas expediciones para aventureros de la mejor pasta posible, a la mitad del recorrido, me encontré a mi compañero Carlos, un argentino bastante majete que lleva mucho más que yo en la taberna, y que había iniciado la peligrosa ruta al interior de la marabunta un poco antes que yo. En esas, le veo que la chica a la que va a atender le sonríe ampliamente.
-¡Oh! Sos argentino vos, ¡qué rebueno! Viste, ¿y de qué parte sos?
-Bueno...
-Que bueno, yo soy del mismo Buenos Aires, fijate.
-Bien, ¿y qué van a tomar, chicas?
-¿De dónde sos? ¿De dónde sos?
-Mmmm, como dirían en mi tierra, yo soy del coño de mi vieja.
Amplia sonrisa de la chica que se transformó en mirada de sorpresa y de no-me-puedo-creer-que-me-hayas-dicho-eso. Mientras, Carlos las miraba fijamente, parsimonioso, sin inmutarse, con la libreta y el boli preparado para anotar lo que quisieran pedir.
-Grosero, ¿cómo te permitís?
-Yo vení a atender, trabajo, ¿entendé vos?
-Mal educado pendejo, no podés tratar así, viste.
-Yo anoto lo que me piden, lo traigo y lo cobro, sin más, no me venga con falsedades. ¿A quién carajo le importa de donde es el camarero? ¿A vos? No me vengás con boludeces cheta de las pelotas.
Ahí ella se levantó contrariada, agarrando fuertemente el bolso y mirando con odio a su compatriota. Él aguantó la mirada con una leve sonrisa que irritó aun más a la argentina, que agarró el servilletero que reposaba en la mesa y se lo lanzó a Carlos, que lo esquivo, con lo que fue a parar a un grupo de chicas que tomaban unas cervezas detrás, y he dicho tomaban, porque el servilletero hizo que tres de esas cañas se cayeran al suelo, provocando un estruendo considerable de cristales rotos. Las miradas de las tías se dirigieron fulminantes a la argentina.
Yo pensé, ancha es Castilla y me escaqueé del revuelo hacía el que era mi destino cuando vi que los insultos empezaron a volar, para que a continuación lo hicieran más servilleteros, y por último el campo aéreo se vio inundado de taburetes, vasos, platos... Las mesas pesan mucho, así que nadie intentó moverlas. Desde un rincón contemplé entre divertido y asustado la escena. Tengo que decir que la diversión se me quitó cuando después tuve que limpiar la sangre del suelo, pero en fin, son gajes del oficio.
Domingo fuerte en la taberna, como todos. Maldito rastro que está a 500 metros y con el Sol en lo alto la gente camina a paso de procesión, para después querer comer y beber como cerdos, llenando cualquier local con una barra y algunas vasos. Es lo que hay. Son las 14:35 y estamos en momento crítico, mesas repletas y local plagado de gente de pie. Ni un alfiler entra, el calor agobia, los ventiladores echan humo, las cervezas atraviesan las gargantas, las tostas son devoradas con ansia. Es misión imposible intentar una expedición a las mesas más alejadas de la barra para un camarero al que le llaman, abrirte paso entre decenas de personas que a su vez tienen poco margen de maniobra, y que además llevan cuatro cañas encima es tarea complicada.
-¡Perdón! ¡Disculpa! ¡Paso! ¡Mancho! ¡Grrrr!
Es algo así como la oración que has de ir recitando en el asalvajado camino. Pero en una de estas expediciones para aventureros de la mejor pasta posible, a la mitad del recorrido, me encontré a mi compañero Carlos, un argentino bastante majete que lleva mucho más que yo en la taberna, y que había iniciado la peligrosa ruta al interior de la marabunta un poco antes que yo. En esas, le veo que la chica a la que va a atender le sonríe ampliamente.
-¡Oh! Sos argentino vos, ¡qué rebueno! Viste, ¿y de qué parte sos?
-Bueno...
-Que bueno, yo soy del mismo Buenos Aires, fijate.
-Bien, ¿y qué van a tomar, chicas?
-¿De dónde sos? ¿De dónde sos?
-Mmmm, como dirían en mi tierra, yo soy del coño de mi vieja.
Amplia sonrisa de la chica que se transformó en mirada de sorpresa y de no-me-puedo-creer-que-me-hayas-dicho-eso. Mientras, Carlos las miraba fijamente, parsimonioso, sin inmutarse, con la libreta y el boli preparado para anotar lo que quisieran pedir.
-Grosero, ¿cómo te permitís?
-Yo vení a atender, trabajo, ¿entendé vos?
-Mal educado pendejo, no podés tratar así, viste.
-Yo anoto lo que me piden, lo traigo y lo cobro, sin más, no me venga con falsedades. ¿A quién carajo le importa de donde es el camarero? ¿A vos? No me vengás con boludeces cheta de las pelotas.
Ahí ella se levantó contrariada, agarrando fuertemente el bolso y mirando con odio a su compatriota. Él aguantó la mirada con una leve sonrisa que irritó aun más a la argentina, que agarró el servilletero que reposaba en la mesa y se lo lanzó a Carlos, que lo esquivo, con lo que fue a parar a un grupo de chicas que tomaban unas cervezas detrás, y he dicho tomaban, porque el servilletero hizo que tres de esas cañas se cayeran al suelo, provocando un estruendo considerable de cristales rotos. Las miradas de las tías se dirigieron fulminantes a la argentina.
Yo pensé, ancha es Castilla y me escaqueé del revuelo hacía el que era mi destino cuando vi que los insultos empezaron a volar, para que a continuación lo hicieran más servilleteros, y por último el campo aéreo se vio inundado de taburetes, vasos, platos... Las mesas pesan mucho, así que nadie intentó moverlas. Desde un rincón contemplé entre divertido y asustado la escena. Tengo que decir que la diversión se me quitó cuando después tuve que limpiar la sangre del suelo, pero en fin, son gajes del oficio.
lunes, 16 de febrero de 2009
El Sol apaga la crisis
¿Quién dijo crisis?
Eso debieron de pensar las miles de personas que ayer por la mañana acudieron al rastro de Madrid, para después trasladarse a La Latina a comer y a beber como si llevaran sin hacerlo desde que la crisis dijo que aquí estaba, porque lo que los pobres camareros que allí sudamos la gota gorda para poder sacar adelante el trabajo sufrimos, nadie lo sabe...
Parece que fue ver el Sol y la gente olvidar el paro, la crisis, y toda clase de problemas, porque yo sólo atendía clientes que se reían, que reclamaban otra ronda, que pedían más comida, que no dejaban de entrar aunque vieran que no había sitio, que los que encontraban una mesa quedaran escondidos entre las decenas de personas que bebían de pie, que nosotros, pobres camareros, no pudiéramos ni pasar a las mesas del fondo o a las pobres cocineras, que se les acumulaban las notas en la pizarra, y no daban a basto.
Después de un inicio de año flojito, la verdad que este fin de semana los dueños de los locales de La Latina se han debido de frotar las manos pero bien, comprobando las ganas de marcha que tiene la gente en cuanto el invierno ha dado una mínima tregua... No sé la caja que se pudo hacer ayer, pero debió ser cojonuda, a nosotros eso si, nadie nos sube el sueldo, que le vamos a hacer.
No podemos beber ni comer ni pasarlo bien como el 98% de los que están por el céntrico barrio, y encima currando como bestias. Encima, ¡rompí mi primer vaso! Aunque bueno, después de 4 meses allí, no está mal... jajaja.
En fin, que me tenía que desahogar, que acabé muuuuy cansado, para encima luego ir a ver al Atleti al estadio y ver otro espectáculo de circo más, pero eso es otra historia...
Eso debieron de pensar las miles de personas que ayer por la mañana acudieron al rastro de Madrid, para después trasladarse a La Latina a comer y a beber como si llevaran sin hacerlo desde que la crisis dijo que aquí estaba, porque lo que los pobres camareros que allí sudamos la gota gorda para poder sacar adelante el trabajo sufrimos, nadie lo sabe...
Parece que fue ver el Sol y la gente olvidar el paro, la crisis, y toda clase de problemas, porque yo sólo atendía clientes que se reían, que reclamaban otra ronda, que pedían más comida, que no dejaban de entrar aunque vieran que no había sitio, que los que encontraban una mesa quedaran escondidos entre las decenas de personas que bebían de pie, que nosotros, pobres camareros, no pudiéramos ni pasar a las mesas del fondo o a las pobres cocineras, que se les acumulaban las notas en la pizarra, y no daban a basto.
Después de un inicio de año flojito, la verdad que este fin de semana los dueños de los locales de La Latina se han debido de frotar las manos pero bien, comprobando las ganas de marcha que tiene la gente en cuanto el invierno ha dado una mínima tregua... No sé la caja que se pudo hacer ayer, pero debió ser cojonuda, a nosotros eso si, nadie nos sube el sueldo, que le vamos a hacer.
No podemos beber ni comer ni pasarlo bien como el 98% de los que están por el céntrico barrio, y encima currando como bestias. Encima, ¡rompí mi primer vaso! Aunque bueno, después de 4 meses allí, no está mal... jajaja.
En fin, que me tenía que desahogar, que acabé muuuuy cansado, para encima luego ir a ver al Atleti al estadio y ver otro espectáculo de circo más, pero eso es otra historia...
miércoles, 21 de enero de 2009
Trabajos gratis
Ayer estuve en un rodaje. Me llamaron para ir como cámara para un documental que un grupo de música quiere incluir en su nuevo CD, que saldrá a la venta en unas semanas. La verdad que la experiencia fue bastante divertida y no me importó para nada tener que faltar a clase, y echar todo el día. De 1 del mediodía a 10 de la noche nos llevó la realización de todas las entrevistas, coñas, pruebas...
Había estado en un par de rodajes más: de ayudante de producción en un vídeo corporativo y como técnico de luces y sonido en un videoclip para otro grupo, pero nunca como operador de cámara, así que la verdad que muy positiva la experiencia, que guardo para mi y que bueno, siempre viene bien ir engordando de manera real el currículum oye, que estas cosas nunca están de más.
Hablo de experiencia todo el rato porque, obviamente, no fue pagado. Como los anteriores rodajes a los que había ido, por otro lado. Este mundo de lo audiovisual funciona así, cuando no eres nadie no vas a cobrar ni un duro, tendrás que hacer méritos (a veces ni con esas, pero esa historia no me gusta pensarla) para que si acaso, si le caes bien a alguien o tienes dotes, pues llegue un momento en el que te den algo de pasta. Realmente no sé quien habrá cobrado del equipo y quien no, pero vaya, que yo me tiré allí todo el día (encantado, por otra parte) currando y el que fuera se ahorró un buen puñado de euros conmigo, que oye, en tiempo de crisis no viene mal.
Eso si, se que si en algún momento me vuelve a llamar quien sea para ir a otro rodaje para ser lo que sea, allí estaré. Ayer, la felicidad que tenía yo con mi cámara grabando pues no se iguala yendo a clase y luego echándome en el sofá, así que eso gané. Son gajes del oficio para los jóvenes inexpertos que empezamos. ¡Ayyyyyy!
Había estado en un par de rodajes más: de ayudante de producción en un vídeo corporativo y como técnico de luces y sonido en un videoclip para otro grupo, pero nunca como operador de cámara, así que la verdad que muy positiva la experiencia, que guardo para mi y que bueno, siempre viene bien ir engordando de manera real el currículum oye, que estas cosas nunca están de más.
Hablo de experiencia todo el rato porque, obviamente, no fue pagado. Como los anteriores rodajes a los que había ido, por otro lado. Este mundo de lo audiovisual funciona así, cuando no eres nadie no vas a cobrar ni un duro, tendrás que hacer méritos (a veces ni con esas, pero esa historia no me gusta pensarla) para que si acaso, si le caes bien a alguien o tienes dotes, pues llegue un momento en el que te den algo de pasta. Realmente no sé quien habrá cobrado del equipo y quien no, pero vaya, que yo me tiré allí todo el día (encantado, por otra parte) currando y el que fuera se ahorró un buen puñado de euros conmigo, que oye, en tiempo de crisis no viene mal.
Eso si, se que si en algún momento me vuelve a llamar quien sea para ir a otro rodaje para ser lo que sea, allí estaré. Ayer, la felicidad que tenía yo con mi cámara grabando pues no se iguala yendo a clase y luego echándome en el sofá, así que eso gané. Son gajes del oficio para los jóvenes inexpertos que empezamos. ¡Ayyyyyy!
martes, 9 de diciembre de 2008
La taberna
Contando este finde-puente, llevo tres trabajando en una taberna en el centro de Madrid. Un sitio agradable donde pasar un rato en compañía de amigos o algo más, tomando cañas o vinos, y comiendo ricas tostas. Me he acoplado bien al trabajo de camarero, que nunca había ejercido como tal, y los compañeros son divertidos y saben hacer de sus horas allí un espacio de tiempo más o menos ameno, a pesar de la cantidad de trabajo tan grande que hay.
Pero -siempre hay uno-, uno de estos días, me amenazaron con ponerme una hoja de reclamaciones, y yo me eché a temblar. Era un grupo de cinco personas y pidieron una tosta para cada uno y además una ración de embutidos. Bien, olvidé pedir una de las tostas y cuando me lo recordaron... El cierre lo habíamos bajado un poquito, estábamos limpiando y las cocineras habían cerrado cocina y estaban a punto de marcharse. Consciente de mi cagada, me acerqué a le mesa y les dije que esa tosta no iba a aparecer, que la cocina estaba out y que lo sentía.
- Entonces, ¿uno de nosotros se queda sin comer? ¿Eso me estás diciendo?
- Ejem... Si, bueno... Lo siento, ha sido culpa mía... Olvidé pasar una tosta a cocina y ya no me la hacen porque ha cerrado cocina, lo siento.
- Pero, es que hemos pedido hace media hora, y ¿me estás diciendo que ahora no vas a poner lo que falta?
- No puedo... esto... hacer más. Lo siento de verdad. Lo más que puedo hacer es que os invito a la bebida y decir que lo siento.
- Pues nos vamos a pensar si ponemos una hoja de reclamaciones. No puede ser esto hombre.
- Lo siento.
Y con una pequeña temblina de piernas me retiro y me acerco a comentarle a mis compañeros el percance. Me noto la cabeza caliente, signo de que me he puesto colorado como el puto culo de un babuino y me tiembla la voz. Mis compañeros se ríen y dicen que no me preocupe, que se habla con ellos y que no es para tanto, que no me preocupe. Realmente me la suda la tosta que falta, pero me pone nervioso el asunto. Voy al almacén a relajarme un segundo, pasando al lado de la mesa con la que tengo el problema, a la que ni se me ocurre ni mirar de reojo. No vaya a ser.
Me siento en un barril de cerveza y me limpio el sudor de la cara. Ya me siento mejor. Respiro hondo un par de veces y miro hacia arriba, viendo encima de las cajas del pan, varios cuchillos bastante grandes. Lo pienso medio segundo y me levanto de un brinco, agarrando el más grande de todos, de unos 25 centímetros de hoja, que es fina y brilla a pesar de la tenue bombilla que ilumina pobremente el cuartucho. Salgo con decisión del almacén y me dirijo a la mesa problemática, sin esconder demasiado el cuchillo. Ninguno se percata del pequeño regalo que les llevo.
- ¿Habéis pensado ya si vais a poner la hoja de reclamaciones?
- Pues...
Y sin esperar a ver que me decía la maldita gorda que no debería comer nunca tostas, al menos durante tres o cuatro meses, la clavo el cuchillo con precisión a través de un agujero de su nariz de cerda, y noto que cuando ha penetrado unos quince centímetros toco algo duro, que me impide terminar de atravesar su cabeza de puerca. Sus ojos se abren sorprendidos mirando fijamente a los míos, y se mantiene quieta durante dos o tres segundos, hasta que empieza a sufrir violentos espasmos que provocan que caiga al suelo -donde sigue bailando al ritmo de sus convulsiones- y me quite el largo cuchillo de la mano. Sus amigos quedan en estado de shock y no dicen nada. Mis compañeros me miran desde la barra, no sabían que había salido hace dos meses tras cumplir condena por la muerte de un compañero y por desfigurar a un profesor con una navaja que le clavé en la mejilla.
Pero -siempre hay uno-, uno de estos días, me amenazaron con ponerme una hoja de reclamaciones, y yo me eché a temblar. Era un grupo de cinco personas y pidieron una tosta para cada uno y además una ración de embutidos. Bien, olvidé pedir una de las tostas y cuando me lo recordaron... El cierre lo habíamos bajado un poquito, estábamos limpiando y las cocineras habían cerrado cocina y estaban a punto de marcharse. Consciente de mi cagada, me acerqué a le mesa y les dije que esa tosta no iba a aparecer, que la cocina estaba out y que lo sentía.
- Entonces, ¿uno de nosotros se queda sin comer? ¿Eso me estás diciendo?
- Ejem... Si, bueno... Lo siento, ha sido culpa mía... Olvidé pasar una tosta a cocina y ya no me la hacen porque ha cerrado cocina, lo siento.
- Pero, es que hemos pedido hace media hora, y ¿me estás diciendo que ahora no vas a poner lo que falta?
- No puedo... esto... hacer más. Lo siento de verdad. Lo más que puedo hacer es que os invito a la bebida y decir que lo siento.
- Pues nos vamos a pensar si ponemos una hoja de reclamaciones. No puede ser esto hombre.
- Lo siento.
Y con una pequeña temblina de piernas me retiro y me acerco a comentarle a mis compañeros el percance. Me noto la cabeza caliente, signo de que me he puesto colorado como el puto culo de un babuino y me tiembla la voz. Mis compañeros se ríen y dicen que no me preocupe, que se habla con ellos y que no es para tanto, que no me preocupe. Realmente me la suda la tosta que falta, pero me pone nervioso el asunto. Voy al almacén a relajarme un segundo, pasando al lado de la mesa con la que tengo el problema, a la que ni se me ocurre ni mirar de reojo. No vaya a ser.
Me siento en un barril de cerveza y me limpio el sudor de la cara. Ya me siento mejor. Respiro hondo un par de veces y miro hacia arriba, viendo encima de las cajas del pan, varios cuchillos bastante grandes. Lo pienso medio segundo y me levanto de un brinco, agarrando el más grande de todos, de unos 25 centímetros de hoja, que es fina y brilla a pesar de la tenue bombilla que ilumina pobremente el cuartucho. Salgo con decisión del almacén y me dirijo a la mesa problemática, sin esconder demasiado el cuchillo. Ninguno se percata del pequeño regalo que les llevo.
- ¿Habéis pensado ya si vais a poner la hoja de reclamaciones?
- Pues...
Y sin esperar a ver que me decía la maldita gorda que no debería comer nunca tostas, al menos durante tres o cuatro meses, la clavo el cuchillo con precisión a través de un agujero de su nariz de cerda, y noto que cuando ha penetrado unos quince centímetros toco algo duro, que me impide terminar de atravesar su cabeza de puerca. Sus ojos se abren sorprendidos mirando fijamente a los míos, y se mantiene quieta durante dos o tres segundos, hasta que empieza a sufrir violentos espasmos que provocan que caiga al suelo -donde sigue bailando al ritmo de sus convulsiones- y me quite el largo cuchillo de la mano. Sus amigos quedan en estado de shock y no dicen nada. Mis compañeros me miran desde la barra, no sabían que había salido hace dos meses tras cumplir condena por la muerte de un compañero y por desfigurar a un profesor con una navaja que le clavé en la mejilla.
viernes, 28 de noviembre de 2008
De estreno
Hoy estrenan películas en las carteleras de los cines, pues yo también estreno.
Estreno cámara fotográfica, y yo considero que para mí, de las buenas. Nikon D40 es el artilugio, y viene con un kit de dos objetivos AF-S, uno DX 18-55 y el otro DX 55-200, además me he comprado una fundita (que me he dado cuenta al probarla que es un poco pequeña...) para proteger los 370€ de inversión, una tarjeta de memoria SDHC con 4GB de memoria, para echar muuuuchas fotos y no pasarlas luego al ordenador, y me han encasquetado un seguro multiriesgo o algo así, para que si se me avería o se me cae o se me rompe o se suicida o no quiere funcionar más, durante 3 años (supuestamente) me garantizan la reparación o la sustitución, además de asegurar la cámara durante 1 año si me la roban (crucemos los dedos).
Total, 464 con algo euros. Y la máquina es esta:
Este es mi autoregalo de Navidad, que la verdad, después de un año bastante movido, currando, estudiando, sin tiempo para mucho más, ya tenía ganas de darme un capricho... digamos que... material. Si, material. Todo en lo que había gastado el dinero hasta hoy han sido gastos más o menos volátiles, o que no se ven de cuerpo presente. Tampoco me puedo quejar, ya que la mayoría del dinero se ha escapado a muchos kilómetros, en Granada un par de veces, en Londres, en Lanzarote, en Sevilla... La verdad que ser teleoperador me ha dado de si bastante, he estirado el sueldo para poder salir, beber, el rollo de siempre... He viajado, he disfrutado de una libertad inédita hasta entonces para mi.
En fin, ya os iré contando como me va con la cámara. Espero empezar a colgar fotos muy pronto, pero primero me voy a empapar bien del manual para aprenderme toooodas sus funciones, para poder exprimirla al máximo de sus posibilidades.
¡Estoy emocionado, coño! ¡Buen finde a todos!
Estreno cámara fotográfica, y yo considero que para mí, de las buenas. Nikon D40 es el artilugio, y viene con un kit de dos objetivos AF-S, uno DX 18-55 y el otro DX 55-200, además me he comprado una fundita (que me he dado cuenta al probarla que es un poco pequeña...) para proteger los 370€ de inversión, una tarjeta de memoria SDHC con 4GB de memoria, para echar muuuuchas fotos y no pasarlas luego al ordenador, y me han encasquetado un seguro multiriesgo o algo así, para que si se me avería o se me cae o se me rompe o se suicida o no quiere funcionar más, durante 3 años (supuestamente) me garantizan la reparación o la sustitución, además de asegurar la cámara durante 1 año si me la roban (crucemos los dedos).
Total, 464 con algo euros. Y la máquina es esta:
Este es mi autoregalo de Navidad, que la verdad, después de un año bastante movido, currando, estudiando, sin tiempo para mucho más, ya tenía ganas de darme un capricho... digamos que... material. Si, material. Todo en lo que había gastado el dinero hasta hoy han sido gastos más o menos volátiles, o que no se ven de cuerpo presente. Tampoco me puedo quejar, ya que la mayoría del dinero se ha escapado a muchos kilómetros, en Granada un par de veces, en Londres, en Lanzarote, en Sevilla... La verdad que ser teleoperador me ha dado de si bastante, he estirado el sueldo para poder salir, beber, el rollo de siempre... He viajado, he disfrutado de una libertad inédita hasta entonces para mi.
En fin, ya os iré contando como me va con la cámara. Espero empezar a colgar fotos muy pronto, pero primero me voy a empapar bien del manual para aprenderme toooodas sus funciones, para poder exprimirla al máximo de sus posibilidades.
¡Estoy emocionado, coño! ¡Buen finde a todos!
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trabajo
jueves, 27 de noviembre de 2008
De momento
Ya no tengo trabajo, es decir, ya no soy teleoperador, es decir, soy feliz.
Ya no brego con clientes cabreados.
Ya no peleo contra la crisis.
Ya no tengo que colaborar al endeudamiento de las familias.
Ya no anhelo tener tiempo libre.
Ya no me lamento por no poder ver cine.
Ya no saco tiempo de debajo de las piedras para ver a la gente.
Ya no me pongo nervioso si las clases se alargan un poco y llego tarde a casa.
(de momento)
Desde que soy libre, he aprovechado mucho además:
Me he hecho socio de la biblioteca municipal y he sacado libros y pelis.
He visto en 1 semana más capítulos de Los Soprano que en 1 mes.
Leo más libros y blogs.
Quedo o intento quedar más con gente.
Me tumbo en el sofá.
Pierdo el tiempo.
Escucho más música.
Las cosas van bien, si.
(de momento)
Ya no brego con clientes cabreados.
Ya no peleo contra la crisis.
Ya no tengo que colaborar al endeudamiento de las familias.
Ya no anhelo tener tiempo libre.
Ya no me lamento por no poder ver cine.
Ya no saco tiempo de debajo de las piedras para ver a la gente.
Ya no me pongo nervioso si las clases se alargan un poco y llego tarde a casa.
(de momento)
Desde que soy libre, he aprovechado mucho además:
Me he hecho socio de la biblioteca municipal y he sacado libros y pelis.
He visto en 1 semana más capítulos de Los Soprano que en 1 mes.
Leo más libros y blogs.
Quedo o intento quedar más con gente.
Me tumbo en el sofá.
Pierdo el tiempo.
Escucho más música.
Las cosas van bien, si.
(de momento)
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Odio (II)
Con los ojos absortos en la pantalla del ordenador -tenía que entregar el informe a primera hora de la mañana- no me percaté que García había sido llamado al despacho del jefe. No tendría porqué tener mayor importancia, sino fuera porque cuando esto sucede algo grave ha ocurrido. Además, las cortinas del despacho del jefe estaban corridas, lo cual daba un aviso de que lo que se cocía era peor de lo que pudiéramos imaginar. Algunos compañeros miraban la puerta del despacho, queriendo ver a través de ella y poder enterarse de qué estaba pasando. La espera fue larga y tensa.
García salió al rato impasible, ni con buena ni con mala cara. Nos devolvió la mirada y sin hacer ni un gesto se encerró en su despacho. Cerró la puerta y corrió las cortinas, lo que desató los murmullos en la oficina. Nadie sabia nada, pero todos hablaban. Yo seguí con mi informe, sin preocuparme demasiado de nada más, por muy grave que fuera el asunto, la alta jerarquía de la empresa me daba exactamente igual.
Al poco, García abrió la puerta de su despacho. Todo el mundo calló y le miró.
-Hernández, pase a mi despacho, por favor. - dijo con una seriedad abrumadora.
Pasaron unos pocos minutos y García, de nuevo, salió.
-Fernández, adelante, por favor.
Al cabo de unos instantes, se repitió la escena.
-Ramírez, si es tan amable de pasar.
Pérez y González fueron los siguientes, y el último al que mandó pasar, fui yo: Rodríguez.
Entré titubeante en el despacho de García, y no vi a mis compañeros. Mi cara era un poema y los nervios me comían por momentos. No entendía nada. García rompió el hielo.
-Bien Rodríguez, tengo lo que sé, será una muy buena noticia para usted. -me miró con una sonrisa que me aterró- Me han despedido. No me mire así, Rodríguez. Se que usted lo deseaba desde hacía mucho tiempo, al igual que sus compañeros. Siempre han boicoteado mi trabajo, siempre se han aprovechado de cualquier error mío para minar la confianza del jefe en mi, no han perdido la oportunidad de levantar falsos rumores sobre mi persona y mis hábitos fuera de la empresa. No soy gilipollas, Rodríguez.
-Yo... no... no he hecho nada.
-¡Cállese! No soy policía, no pretendo hacerle confesar, ni pretendo declararle culpable en un tribunal. Sólo pretendo que conozcan quien soy yo.
-Pero...
-Abra ese armario, Rodríguez.
La seguridad con la que hablaba era aplastante, y ni pensé. Me dirigí al armario y coloqué mi mano en el tirador. Dudé.
-Ábralo, Rodríguez.
Ahogué un grito poco antes de que García me agarrara del cuello y tirara de mi hacia atrás. Me amordazó entero al igual que a Hernández, Fernández, Ramírez, Pérez y González, y me lanzó al suelo.
-Bien, no sé quien ha hecho más labor para que me hayan despedido, pero me da igual. Sois seis hijos de puta, y os mataré a los seis. Y para que esto sea muy divertido para todos, he inventado un juego. Este.
García mostró un folio en el que había dibujado una especie de tablero con seis casillas.
-Por si no lo veis muy bien, os lo explicaré. La casilla primera, significa que uno recibirá dos cuchilladas en cada uno de sus ojos. La segunda, que a otro le cortaré cada uno de sus dedos de los pies y manos. La tercera, que el siguiente verá cortadas su lengua y sus orejas. La cuarta casilla corresponde a cuatro puñaladas en el estómago. La quinta, servirá para que a otro le rajé las piernas de arriba a abajo. Y la sexta, y no por ser poco original, significa que le cortaré las pelotas.
Todos temblábamos de terror y mirábamos atónitos y llorosos a García, que estaba fuera de sí.
-Os habéis dado cuenta que os odio, a los seis. Pero bueno, no quiere elegir ni ser cruel, así que la suerte decidirá. Tengo un dado por aquí. -buscó en un cajón- ¡Aquí!
Nos miró de manera macabra, levantando una ceja.
-¿Quién es el primero en probar suerte?
García salió al rato impasible, ni con buena ni con mala cara. Nos devolvió la mirada y sin hacer ni un gesto se encerró en su despacho. Cerró la puerta y corrió las cortinas, lo que desató los murmullos en la oficina. Nadie sabia nada, pero todos hablaban. Yo seguí con mi informe, sin preocuparme demasiado de nada más, por muy grave que fuera el asunto, la alta jerarquía de la empresa me daba exactamente igual.
Al poco, García abrió la puerta de su despacho. Todo el mundo calló y le miró.
-Hernández, pase a mi despacho, por favor. - dijo con una seriedad abrumadora.
Pasaron unos pocos minutos y García, de nuevo, salió.
-Fernández, adelante, por favor.
Al cabo de unos instantes, se repitió la escena.
-Ramírez, si es tan amable de pasar.
Pérez y González fueron los siguientes, y el último al que mandó pasar, fui yo: Rodríguez.
Entré titubeante en el despacho de García, y no vi a mis compañeros. Mi cara era un poema y los nervios me comían por momentos. No entendía nada. García rompió el hielo.
-Bien Rodríguez, tengo lo que sé, será una muy buena noticia para usted. -me miró con una sonrisa que me aterró- Me han despedido. No me mire así, Rodríguez. Se que usted lo deseaba desde hacía mucho tiempo, al igual que sus compañeros. Siempre han boicoteado mi trabajo, siempre se han aprovechado de cualquier error mío para minar la confianza del jefe en mi, no han perdido la oportunidad de levantar falsos rumores sobre mi persona y mis hábitos fuera de la empresa. No soy gilipollas, Rodríguez.
-Yo... no... no he hecho nada.
-¡Cállese! No soy policía, no pretendo hacerle confesar, ni pretendo declararle culpable en un tribunal. Sólo pretendo que conozcan quien soy yo.
-Pero...
-Abra ese armario, Rodríguez.
La seguridad con la que hablaba era aplastante, y ni pensé. Me dirigí al armario y coloqué mi mano en el tirador. Dudé.
-Ábralo, Rodríguez.
Ahogué un grito poco antes de que García me agarrara del cuello y tirara de mi hacia atrás. Me amordazó entero al igual que a Hernández, Fernández, Ramírez, Pérez y González, y me lanzó al suelo.
-Bien, no sé quien ha hecho más labor para que me hayan despedido, pero me da igual. Sois seis hijos de puta, y os mataré a los seis. Y para que esto sea muy divertido para todos, he inventado un juego. Este.
García mostró un folio en el que había dibujado una especie de tablero con seis casillas.
-Por si no lo veis muy bien, os lo explicaré. La casilla primera, significa que uno recibirá dos cuchilladas en cada uno de sus ojos. La segunda, que a otro le cortaré cada uno de sus dedos de los pies y manos. La tercera, que el siguiente verá cortadas su lengua y sus orejas. La cuarta casilla corresponde a cuatro puñaladas en el estómago. La quinta, servirá para que a otro le rajé las piernas de arriba a abajo. Y la sexta, y no por ser poco original, significa que le cortaré las pelotas.
Todos temblábamos de terror y mirábamos atónitos y llorosos a García, que estaba fuera de sí.
-Os habéis dado cuenta que os odio, a los seis. Pero bueno, no quiere elegir ni ser cruel, así que la suerte decidirá. Tengo un dado por aquí. -buscó en un cajón- ¡Aquí!
Nos miró de manera macabra, levantando una ceja.
-¿Quién es el primero en probar suerte?
sábado, 11 de octubre de 2008
Soy vejado y denigrado
Vaya, vaya... Resulta que estaba siendo denigrado y vejado y no me había dado cuenta. Menos mal que ha venido Ruiz Gallardón a salvarme de la depresión y ¡me va a librar de tener que realizar un trabajo tan horrible!
Si, no lo había dicho, pero también reparto propaganda. Los sábados por la mañana, un par de horas, por el centro de Madrid, y así durante 9 meses ya. Pero, la verdad, no había caído en que era un curro tan fatídico, ahora resulta que si, que lo van a prohibir, asíque van a quitarme ese pequeño sustento que me hacía disponer de un poquito más de liquidez los fines de semana. Pero bueno, todo sea por la no vejación del trabajador, ¡tiene huevos la cosa!
Yo al empezar lo hice porque no tenía un duro, y ahora sigo porque no me pagan mal y un de horas un sábado por la mañana no es gran esfuerzo, es más, me lo paso hasta bien y todo. Con mi música en las orejas, con algún conocido ya de verle todos los sábados, con los guiris que te preguntan esta u otra calle, las abuelitas que siempre te cogen el folleto y te saludan, los de carga y descarga... Prefiero repartir publicidad a ser teleoperador, vaya. Pero ahora lo prohíbe el ayuntamiento (Gallardón asegura que la idea es suya y todo) y se acabará la manera que tiendas, mercadillos callejeros en plazas no tan concurridas, bares o discotecas tienen de darse a conocer, y de que la gente acuda.
Es decir, acaban con la manera de que esos comercios puedan vender.
Y encima, esto lo hacen con la que está cayendo... Que si crisis, que si paro, que si hostias en vinagre. Yo porque es un pequeño apoyo semanal de dinerillo, pero quienes reparten propaganda todos los días, quienes portan carteles publicitando tiendas de tatuaje o compra-venta de oro durante 6 o 7 horas cada día, quienes se dedican a tiempo completo a esta actividad, ¿qué van a hacer?
¿No será más denigrante no comer, Sr. Alcalde?
Si, no lo había dicho, pero también reparto propaganda. Los sábados por la mañana, un par de horas, por el centro de Madrid, y así durante 9 meses ya. Pero, la verdad, no había caído en que era un curro tan fatídico, ahora resulta que si, que lo van a prohibir, asíque van a quitarme ese pequeño sustento que me hacía disponer de un poquito más de liquidez los fines de semana. Pero bueno, todo sea por la no vejación del trabajador, ¡tiene huevos la cosa!
Yo al empezar lo hice porque no tenía un duro, y ahora sigo porque no me pagan mal y un de horas un sábado por la mañana no es gran esfuerzo, es más, me lo paso hasta bien y todo. Con mi música en las orejas, con algún conocido ya de verle todos los sábados, con los guiris que te preguntan esta u otra calle, las abuelitas que siempre te cogen el folleto y te saludan, los de carga y descarga... Prefiero repartir publicidad a ser teleoperador, vaya. Pero ahora lo prohíbe el ayuntamiento (Gallardón asegura que la idea es suya y todo) y se acabará la manera que tiendas, mercadillos callejeros en plazas no tan concurridas, bares o discotecas tienen de darse a conocer, y de que la gente acuda.
Es decir, acaban con la manera de que esos comercios puedan vender.
Y encima, esto lo hacen con la que está cayendo... Que si crisis, que si paro, que si hostias en vinagre. Yo porque es un pequeño apoyo semanal de dinerillo, pero quienes reparten propaganda todos los días, quienes portan carteles publicitando tiendas de tatuaje o compra-venta de oro durante 6 o 7 horas cada día, quienes se dedican a tiempo completo a esta actividad, ¿qué van a hacer?
¿No será más denigrante no comer, Sr. Alcalde?
martes, 7 de octubre de 2008
Teleoperador
Hasta los huevos.
De entrar a las 16:30, de salir a las 21:30, de llamar unas 50 veces a la hora, de que la base de datos se consuma y empiecen a entrar los que cancelaron su cuenta, los que han tenido problemas, los que han sido estafados (me lo creo), los que ya les hemos llamado hace un par de días, los que les hemos llamada hace 1 semana, los que les llamamos todas las semanas, los que han reclamado cualquier cosa y no se les ha llamado para darles explicación al problema...
Es un trabajo tremeeeeeendamente aburrido y desquiciante, más de lo que podía imaginar hace casi 9 meses (¡!), cuando empecé a trabajar en esa empresa. Desde entonces vendo el mismo producto, un préstamo bancario que en la mayoría de los casos, es con un interés exagerado y humillante, me da verguenza decirlo -ahora ya menos, cosas de la costumbre- cuando me lo preguntan. Pero no me acostumbro del todo, porque por imprudente que pudiera parecer, muchos clientes que lo aceptan ni siquiera preguntan el interés, o si hay que firmar algo, o donde se les ingresa, o miles de cosas que creo que si yo decidiera solicitar un crédito vía telefónica, me aseguraría antes de despedirme del aburrido interlocutor que rellena algunos datos y me lee textos legales que deberían ser ilegales de largos e incomprensibles muchas veces.
Pero bueno, hay mucho inconsciente que luego se llevará la hostia. Cuando empiece a pagar, y de repente se le encienda la bombillita y calcule...
"A ver, si he solicitado 7000 euros, y pago una cuota de 213 durante 72 meses, no está mal la cuota. veamos, pago... pago... pago..." Y se desmayará, se le pondrán los ojos en blanco, o directamente llorará.
Entonces, se cagará en mi puta vida.
De entrar a las 16:30, de salir a las 21:30, de llamar unas 50 veces a la hora, de que la base de datos se consuma y empiecen a entrar los que cancelaron su cuenta, los que han tenido problemas, los que han sido estafados (me lo creo), los que ya les hemos llamado hace un par de días, los que les hemos llamada hace 1 semana, los que les llamamos todas las semanas, los que han reclamado cualquier cosa y no se les ha llamado para darles explicación al problema...
Es un trabajo tremeeeeeendamente aburrido y desquiciante, más de lo que podía imaginar hace casi 9 meses (¡!), cuando empecé a trabajar en esa empresa. Desde entonces vendo el mismo producto, un préstamo bancario que en la mayoría de los casos, es con un interés exagerado y humillante, me da verguenza decirlo -ahora ya menos, cosas de la costumbre- cuando me lo preguntan. Pero no me acostumbro del todo, porque por imprudente que pudiera parecer, muchos clientes que lo aceptan ni siquiera preguntan el interés, o si hay que firmar algo, o donde se les ingresa, o miles de cosas que creo que si yo decidiera solicitar un crédito vía telefónica, me aseguraría antes de despedirme del aburrido interlocutor que rellena algunos datos y me lee textos legales que deberían ser ilegales de largos e incomprensibles muchas veces.
Pero bueno, hay mucho inconsciente que luego se llevará la hostia. Cuando empiece a pagar, y de repente se le encienda la bombillita y calcule...
"A ver, si he solicitado 7000 euros, y pago una cuota de 213 durante 72 meses, no está mal la cuota. veamos, pago... pago... pago..." Y se desmayará, se le pondrán los ojos en blanco, o directamente llorará.
Entonces, se cagará en mi puta vida.
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