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viernes, 18 de marzo de 2011

Diálogos de cine (VII) Departures. Muerte

Daigo entra en la sala. Sasaki sentado


- ¿Comes bastante?
- ¿Eh?
- Tu esposa sigue fuera.
- Si.
- Come. Seguro que cocino mejor que tú. Sírvete.
- ¿Qué es?
- Huevas de pez globo. A la parrilla están buenísimas.


Daigo mira una foto. Sasaki lo percibe. 


- Mi esposa. Murió de repente hace nueve años. Uno de los dos siempre se va primero, pero cuesta ser el que se queda. La dejé muy guapa, y me despedí de ella. Fue la primera. Abrí este negocio después. Incluso ésto (muerde la hueva) es un cadáver. Los vivos se comen a los muertos. Es así, excepto las plantas. 


Sasaki saborea la hueva. 


- Si no quieres morir, has de comer. Y si comes, disfrútalo. 


Daigo prueba la comida.


- ¿Qué tal?
- Muy buenas.
- Tan buenas que me muero.


Departures, de Yojiro Takita.

domingo, 3 de octubre de 2010

Diálogos de cine (VI) La vida es bella

Es de noche, llueve y truena. Guido camina con Dora hacia casa tras la ópera, la intenta cortejar todo el camino.

Dora: Ésta es mi casa.

Guido- He pasado un montón de veces por aquí y siempre he pensado: ¿Quién vivirá aquí? ¿Sabes que pensé
poner la tienda justo aquí delante?
- ¿La librería?
- Si, y así nos veríamos todos los días.
- Entonces, hasta luego. Has sido muy gentil conmigo, ahora voy a tomar un buen baño caliente.
Aaah… me olvidaba decirte que…
- ¡Diga!
- Que tengo unas ganas de hacer el amor contigo que no te puedes imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie,
sobretodo a ti. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.
- ¿A decir qué?
- Que quiero hacer el amor contigo, no una vez solo, sino cientos de veces, pero a ti no te lo diré nunca. Solo si
me volviera loco te diría que haría el amor contigo aquí delante de tu casa toda la vida.

Suena un trueno.

- Corre, te mojarás, va a volver a llover.
- Princesa. (Guido se levanta el sombrero despidiéndose)
- Estás empapado.
- No importa, no, el traje no importa…eh… el sombrero sí, el sombrero mojado es molesto. Si pudiera encontrar
uno seco, pero ¿Dónde encontrar uno?
- ¿Cómo era? Ah, si, es fácil: (mira al cielo, rezando) ¡María, manda alguien para que le ponga un sombrero seco
a este amigo mío!

Aparece el hombre al que Guido había cambiado el sombrero antes sin que se diese cuenta, éste le quita el
sombrero mojado a Guido, y le devuelve el suyo, seco. 

- Bueno, buenas noches, Princesa, hasta pronto.

Guido se marcha canturreando y saltando.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Diálogos de cine (V) My Life Without Me, de Isabel Coixet

(Interior de una caravana. Antes de la cena, todo un poco revuelto. Un hombre, dos mujeres y dos niñas. Ann está tumbada en la cama mientras el resto ponen la mesa, tiene mala cara)

Ann: Ann, es una vergüenza invitar a alguien para que lo haga todo él mismo...
Vecina Ann: No tengo que hacer nada, sólo calentar las gambas...
Don: Todavía no he entendido porqué tuviste que ir a Shrimps'n Prawns, encontrándote así.
Ann: Creí que me encontraba mejor de lo que me encontraba, ya te lo he dicho.
Vecina Ann: Una anemia fuerte no es cosa de tomársela a la ligera, Ann, debes descansar.
Don: Haz caso a la enfermera Ann, Ann.
(Todos ríen)
Penny y Patsy: Ann, Ann, Ann, ¡ANN, ANN, ANNANNANN!
Vecina Ann: Niñas, Don. Lavarse, manos, vamos...
Ann (off): Rezas para que ésta esa tu vida, tu vida sin ti... Para que las niñas quieran a esa mujer que se llama como tú, para que tu marido acabe por quererla, para que vivan en la casa de al lado y las niñas jueguen a muñecas en el remolque recordando apenas a su madre, que dormía de día y las llevaba en canoa... Rezas para que tengan momentos de felicidad tan intensos que cualquier pena a su lado parezca pequeña. Rezas no sabes a qué, ni a quién, pero rezas. Y ni siquiera sientes nostalgia por la vida que no tendrás porque para entonces, habrás muerto y los muertos no sienten nada, ni siquiera nostalgia.

lunes, 18 de enero de 2010

Diálogos de cine (IV) In the Mood for Love. Wong Kar Wai.

(Restaurante. Decoración aséptica. Hay un ligero humo que impregna la estancia. Suena Aquellos Ojos Verdes, cantada por Nat King Cole. Un hombre y una mujer están sentados frente a frente, se miran fijamente y hablan pausados.)

Él: Le parecerá raro, pero quiero preguntarle algo. El bolso que llevaba esta noche, ¿dónde lo compró?
Ella: ¿Por qué lo pregunta?
Él: Es tan elegante, quiero comprarle uno a mi mujer.
Ella: ¡Es usted tan bueno con su mujer!
Él: No realmente. Mi mujer es muy difícil. Pronto será su cumpleaños, no sé que comprarle.
(Él se enciende un cigarro)
Él: ¿Podría usted comprar uno?
Ella: A lo mejor no le gusta que sea exactamente igual.
Él: Es cierto, no se me había ocurrido. Eso no le gusta a las mujeres.
Ella: Sobretodo si son vecinas.
Él: ¿Los hay de otros colores?
Ella: Se lo preguntaré a mi marido.
Él: ¿Por qué?
Ella: Me lo compró él en el extranjero. Aquí no los hay.
Él: Entonces, dejeló.
(Ella mueve la cucharilla en la taza)
Ella: El caso es que... Yo también quiero preguntarle algo.
Él: ¿El qué?
Ella: ¿Dónde se compró la corbata?
Él: No sé de dónde viene. Me las compra mi mujer.
Ella: ¿De verdad?
Él: Me compró ésta en el extranjero. Aquí no las hay.
Ella: ¡Qué coincidencia!
Él: Si.
Ella: El caso es que... Mi marido tiene una igual. Dijo que era un regalo de su jefe. Se la pone todos los días.
Él: Y mi mujer tiene un bolso igual al de usted.
Ella: Ya lo sé. Lo he visto.
(Se miran aun más fijamente)
Ella: ¿A dónde quiere ir a parar?
(Él fuma pensativo, dubitativo. El humo lo impregna todo aun más)
Ella: Creía que era la única que lo sabía.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Diálogos de cine (III) El Secreto de tus Ojos. Pasión.

El tipo pudo hacer cualquier cosa para ser distinto. Pero hay una cosa que no puede cambiar, ni el ni vos ni yo, ¡nadie!

Mirame a mi, soy un tipo joven, tengo un buen laburo, una mina que me quiere. Y como decís vos, me sigo cagando la vida viniendo a tugurios como este. Más de una vez me dijiste, ¿por qué estás ahí Pablo? ¿Qué haces ahí? Y ¿sabes porque estoy Benjamín? Porque me apasiona, me gusta venir acá. Ponerme en pedo, cagarme a trompadas si alguien me hincha las pelotas, me gusta.

Y vos lo mismo Benjamín, vos no podés… no hay manera de que te puedas sacar de la cabeza a Irene. Y la mina tiene más ganas de casarse que Susanita. Debe tener más de 37, revista de trajes de novia arriba del escritorio, se comprometió con fiesta y todo… Pero vos, seguis esperando el milagro Benjamín, ¿por qué?

(...)

¿Te das cuenta Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión.

El secreto de tus ojos, de Juan José Campanella.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Diálogos de cine (II) Paris, Texas. Peepshow.



(Cabina de un peepshow. Travis y Jane. Una mampara les separa. Él la ve a ella, pero ella a él no.)

Jane - Hola.
Travis - Hola.

(...)

T - ¿Puedo contarte una cosa?
J - Claro, lo que quieras.
T - Es un poco largo.
J - Tengo tiempo de sobra.

(Travis gira su silla para no verla)

T - Conocí a unas personas.
J - ¿Qué personas?
T - Una pareja. Estaban muy enamorados. La chica era muy guapa, unos 17 o 18 años. Él era bastante mayor, un poco salvaje y rebelde. Ella era muy guapa, ¿sabes?
J - Si.
T - Y juntos convirtieron todo en una aventura. A ella le gustaba, incluso ir al supermercado se convertía en una aventura. Siempre reían por tonterías. A él le encantaba hacerla reír, y no se preocupaban por lo demás, porque lo único que querían era estar juntos. Siempre estaban juntos.
J - Parece que eran muy felices.
T - Si, lo eran. Eran muy felices, y él la quería más de lo que creía posible. No soportaba estar lejos de ella durante todo el día cuando iba a trabajar. Dejaba los trabajos por estar con ella en casa, y buscaba otro trabajo cuando se terminaba el dinero, y lo volvía a dejar. Al poco tiempo, ella empezó a preocuparse.
J - ¿Por qué?
T - Por el dinero, supongo. Por no tener suficiente, por no saber cuando llegaría el próximo ingreso.
J - Ya, conozco esa sensación.
T - Él empezó a destrozarse por dentro.
J - ¿Qué quieres decir?
T - Pues tenía que trabajar para mantenerla, pero no soportaba estar separado de ella.
J - Comprendo.
T - Cuanto más tiempo estaba lejos de ella, más loco se volvía. Pero después empeoró, se volvió loco de verdad. Empezó a imaginar cosas extrañas.
J - ¿Cómo qué?
T - Pensó que veía a otros hombres cuando él no estaba. Cuando volvía a casa, la acusaba de pasar el día con otro. Gritaba y rompía cosas en la caravana.
J - ¿La caravana?
T - Si, vivían en una caravana.
J - Perdona, ¿estuviste aquí el otro día? No quiero ser pesada...
T - No.
J - Por un momento, creí reconocer tu voz.
T - No, no era yo.
J - Sigue por favor.
T - Después, empezó a beber, y a llegar tarde para ponerla a prueba.
J - ¿Qué quiere decir ponerla a prueba?
T - Ver si se ponía celosa.
J - ¡Jaja!
T - Él quería que se pusiera celosa y no lo conseguía. Se preocupaba por él y eso le desesperaba.
J - ¿Por qué?
T - Porque pensaba que si ella nunca se ponía celosa era porque realmente no le importaba. Entonces, una noche le dijo que estaba embarazada. Estaba de 3 o 4 meses y él ni siquiera lo sabía. Todo cambió de repente, dejó de beber y consiguió un trabajo fijo. Estaba convencido de que sí le amaba, porque llevaba un hijo suyo. Él pensaba dedicarse a formar un hogar para ella. Pero empezó a ocurrir algo raro.
J - ¿Qué pasó?
T - Ni siquiera lo notó al principio, pero ella empezó a cambiar. Desde que nació el niño se irritaba con todo lo que la rodeaba, se enfadaba por todo. Incluso el niño le parecía una injusticia. Él seguía intentando que todo fuera bien para ella; la compraba cosas, la sacaba a cenar una vez por semana, pero nada parecía satisfacerla. Durante 2 años, luchó por volver a estar unidos como al principio. Pero, al fin, supo que eso no resultaría. Así que volvió a la bebida, pero esta vez en serio. Cuando llegaba tarde a casa ella ya no estaba ni preocupada ni celosa, sólo enfurecida. Le acusaba de tenerla atada por haberle hecho un hijo. Le dijo que soñaba con escaparse.

Sólo soñaba con una cosa: escapar.

Ella se veía a si misma corriendo por la noche desnuda por una carretera atravesando campos y cauces de río, siempre corriendo. Y siempre justo cuando estaba a punto de conseguirlo, él aparecía y siempre la atrapaba. Aparecía justo para atraparla.

Y cuando le contó esos sueños, él los creyó.

Sabía que tenía que atraparla o le dejaría para siempre. Así que ató una campanilla a su tobillo para poder oírla por la noche si se levantaba de la cama. Pero ella aprendió a silenciarla con un calcetín. Poco a poco consiguió escurrirse de la cama y salir al exterior. Una noche la descubrió cuando se cayó el calcetín, y la oyó intentar correr hacia la carretera. La cogió y la arrastró a la caravana, la ató a la cocina con su cinturón, la dejó allí y volvió a la cama. Se tumbó a oírla gritar. Entonces, oyó gritar a su hijo, sorprendiéndose porque no sentía nada. Todo lo que quería era dormir.

Y por primera vez, deseó estar lejos de allí.

Deseó estar perdido en un vasto país donde nadie le conociera, algún sitio sin gente, ni calles. Soñó con ese sitio sin conocer su nombre, y cuando despertó, estaba ardiendo. Había llamas azules quemando sus sábanas. Corrió a través de las llamas hacia las únicas personas que amaba.

Pero se habían ido.

Sus brazos estaban ardiendo, se lanzó fuera y rodó sobre el suelo mojado. Luego corrió. Nunca miró atrás hacia el fuego. Sólo corrió. Corrió hasta que el Sol salió, y no pudo correr más. Cuando el Sol se ocultó, corrió otra vez. Durante 5 días corrió así, hasta que todo signo humano desapareció.

J - Travis...
(Travis gira de nuevo su silla, esta vez para ponerse cara a cara con ella. Él la ve, pero ella sigue sin verle)
T - Si apagas la luz ahí dentro, ¿podrás verme?
J - No lo sé, nunca lo he probado.
(ella apaga, se ven ambos)
T - ¿Puedes verme?
J - Si.
T - ¿Me reconoces?
J - Oh, Travis.
T - He traído a Hunter conmigo. ¿Quieres verle?
J - Si... (ella está muy emocionada) Deseaba tanto verle que incluso no me atrevía a imaginármelo. Anne siguió mandándome fotos suyas, hasta que le pedí que no lo hiciera. No podía soportar el dolor de verle crecer y echarle de menos.
T - ¿Por qué no se quedó contigo, Jane?
J - No podía, Travis. No tenía lo que él necesitaba. No quería utilizarle para llenar mi vacío.
T - Te necesita, Jane. Y además, quiere verte.
J - ¿De verdad?
T - Si, te está esperando.
J - ¿Dónde?
T - En la ciudad, en un hotel. El Meridian. Habitación 1520. Mil quinientos veinte. (Travis va a colgar y marcharse)
J - No te irás, ¿verdad? (Jane golpea la ventana desesperada)
T - No puedo quedarme, Jane.
J - No te vayas. No te vayas... (Jane es la que se gira ahora, dando la espalda a Travis) Después de que te fuiste solía soltarte unos discursos muy largos. Solía hablarte a todas horas, aunque estuviera sola. Durante unos meses estuve hablándote. Ahora no sé qué decir. Era muy fácil cuando sólo te imaginaba, incluso imaginaba que me contestabas. Teníamos largas conversaciones. Los dos. Era casi como si estuvieras allí.

Podía oírte, verte, olerte. Podía oír tu voz.

A veces, tu voz me despertaba. Me despertaba en medio de la noche como si estuvieras en la habitación conmigo. Después, eso se desvaneció. Ya no pude imaginarte nunca más. Intenté hablar contigo en alto como solía hacerlo, pero no había nada.

No podía oírte.

Entonces, me di por vencida, todo se paró. Tú... desapareciste. Ahora trabajo aquí... Y oigo tu voz todo el tiempo. Todos los hombres tienen tu voz.

T - Le diré a Hunter que irás a verle.
J - Travis...
T - ¿Si?
J - Estaré allí.
T - Bien...
J - Hotel Meridian.
T - Si. Habitación 1520. (Travis cuelga y se va. Jane llora)

Paris, Texas de Wim Wenders.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Diálogos de cine (I) Eva al desnudo. Teatro.

- Así que se va a Hollywood.

- ¿Por qué?

- Sólo me lo preguntaba.

- ¿Te preguntabas qué?

- ¿Por qué?

- ¿Por qué, qué?

- ¿Por qué tiene que irse allí?

- No es que deba, es que quiero.

- ¿Es por el dinero?

- El 80% se me irá en impuestos.

- Entonces, ¿por qué? Cuando es el director joven con más éxito del teatro.

- El teatro, ¡el teatro! ¿Dónde pone que el teatro exista sólo en unos feos edificios apiñados en dos kilómetros cuadrados de Nueva York? ¿O de Londres, París o Viena? Escucha, jovencita, y aprende. ¿Quieres saber que es el teatro? Un circo de pulgas. También es ópera y rodeos, carnavales, ballets, danzas tribales, guiñol, un hombre orquesta: todo es teatro. Donde haya magia, fantasía y público, hay teatro. El Pato Donald, Ibsen y el Llanero Solitario. Sarah Bernhardt y Poodles Hanneford, Lunt y Fontanne, Betty Grable. Rex el caballo salvaje, Eleonora Duse: todo es teatro. No los entiendes a todos. No te gustan todos. ¿Por qué iba a ser así? El teatro es para cualquiera, incluida tú, pero no en exclusiva. Así que no lo apruebes ni desapruebes. Quizá no sea tu tipo de teatro, pero , en algún sitio, para alguien lo es.

- Sólo he hecho una sencilla pregunta.

- Y yo me he disparado. Nada personal, jovencita. Es sólo que hay tanta tontería en este camerino de marfil al que llaman teatro que a veces se me atraganta.

- Pero Hollywood… No debe quedarse allí.

- No es más que una película.

- Muy pocos vuelven.

- …

- Leo a George Jean Nathan todas las semanas.

- También a Addison Hewitt.

- Todos los días.

- No hacía falta que me lo dijeras.


Eva al desnudo, de Robert Mankiewicz