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domingo, 26 de octubre de 2008

Tatuajes

Hace muchos años que quiero tatuarme. Desde bien pequeño me ha atraído el poder imprimir algo en mi piel, hacerlo permanente, para toda la vida. En este mundo en el que vivimos, en lo que todo vuela, todo pasa rápido, y cuanto más mejor, donde lo fugaz se ha apoderado de las amistades, del amor, de las relaciones, donde hay que ir a un ritmo desenfrenado para poder seguir en la onda, me gusta ese significado que tiene lo permanente, lo que es para siempre, las cosas que hacemos con un sentido y un fin irrevocable.

Llevo mucho tiempo pensando qué significado le quiero dar al tatuaje que me haga, qué dibujo será, el tamaño, el color, dónde me lo haré... Muchas elementos que hay que valorar porque joder, ¡es para siempre! Tampoco me he atrevido realmente a ir a un tatuador y decirle, oye mira quiero algo así así y así, he sido más de mirar por mi cuenta cosas por Internet, o en reportajes de alguna revista, o fijándome si veía un tatuaje por ahí, nada en plan serio. Y ese es el problema, que no me pongo un día y digo, venga, me lo hago. Antes, porque era pequeño, porque era caro, porque bla bla bla... Ahora, que si en verano sudas y se puede estropear, que si busca un tatuador del que te hayan hablado bien y sea de confianza, y ¡coño! lo más importante, ¿qué me voy a hacer?

Bueno, esta vez más o menos lo tengo decidido, y espero que antes de fin de año tenga conmigo ese símbolo de lo que perdurará en mi cuerpo hasta mi descomposición o incineración.

Veremos.

viernes, 17 de octubre de 2008

No siempre

Perder, o ganar.
Pero siempre perder.
Siempre es igual,
siempre está mal.

Llorar, o reír.
Pero siempre llorar.
Siempre es así,
siempre es sufrir.

Caer, o subir.
Pero siempre caer.
Siempre hacia abajo,
siempre hacia el fin.

Morir, o vivir.
Tú siempre morir.
Hoy,
yo elijo vivir,
aunque signifique morir.

jueves, 9 de octubre de 2008

Decisiones

Siempre me ha costado tomar decisiones, pocas cosas he tenido claras a lo largo de mi vida. Y con el tiempo, peor. Cada vez, todo lo que ocurría era más importante que lo anterior y las decisiones iban en consonancia a los hechos, con lo que me resultaba complicado desenvolverme con soltura en numerosos ámbitos de mi vida cotidiana.

En mi infancia, por ejemplo, nunca supe si quería más a mamá o a papá, si era del Madrid o del Barça, si sería de ciencias o de letras, y más y más cosas que convirtieron este problema en una bola enorme que era imposible de parar.

A los 19 años, me dejó una novia que tuve porque no supe responderla jamás cuando me propuso marcharnos a vivir la vida lejos de nuestras familias, lanzarnos a la aventura. Me echaron de un buen trabajo que me consiguió mi padre porque no me atrevía nunca a decidir en los proyectos que se realizaban. He tenido que simplificar constantemente mi vida para que todas las decisiones pasaran por delante mía sin tener que tomar partido. Incluso este hecho de simplificar las cosas no fue decisión mía, sino del psicólogo al que me obligaron a ir mis padres, conscientes de los problemas graves que todo esto me acarreaba.

Pero, todo mejoró cuando conocí a Clara. Me comprendía, me entendía, y lo más importante de todo es que me ayudaba. Tomaba todas las decisiones necesarias: me dijo que nos iríamos a vivir juntos y se encargó de todo, asíque adelante. Un buen día me dijo que estaba embarazada, y que si era niño se llamaría Raúl, como yo, y que si fuera niña sería Adela, como su abuela materna. Yo era completamente feliz.

Me buscó un trabajo en el supermercado donde trabajaba su hermano, y allí estaba. Era un trabajo acorde a mis necesidades y donde me sentía la mar de cómodo: reponedor. Todo me lo daban hecho, cada producto tenía su lugar allí, y no tenía que modificar nada. Clavaba mis funciones día a día, sin equivocarme ni una sola vez.

Hoy, he terminado mi jornada como cualquier otro día. Pero esta vez, algo ha cambiado.

He llegado a casa, donde esperaba encontrar sólo a Clara, ya que la pequeña Adela estaría en la guardería. Y así era, estaba en la guardería. Y Clara también estaba, pero no estaba sola; un hombre que yo no conocía estaba deshaciendo mi cama, revolcándose en mis sábanas y follándose a mi mujer.

Hoy, he tomado mi primera decisión importante en la vida.

Sin interrumpirles, he cogido papel y boli, me he sentado en la cocina y he escrito lo que estás leyendo. Ahora, cuando termine, agarraré un cuchillo que está al lado del jamón, iré a la habitación y mataré a ese cerdo que está encima de mi mujer, y después la daré las gracias a Clara por ayudarme tanto con mi problema, "siempre supe que gracias a ti tomaría mi primera decisión" la diré, y la degollaré también a ella. Después, me arrojaré por el balcón.

Y la decisión está tomada.