Quisiera abrazarte
y susurrar en tu oído el estruendo de mi alma,
no obviar el dolor sino compartirlo,
enjaular los sentimientos envenenados
y susurrar un te quiero limpio,
puro.
Susurrar que mis fuerzas son tuyas,
mis manos tu apoyo,
mis ojos la cuerda que te alce de nuevo.
Quisiera abrazarte
y no perderme en palabras absurdas,
mirar tu silencio con mi silencio,
acompañar la triste música de fondo con melodías tenues,
seguir tus lágrimas con la humedad de mis dedos.
Abrazarte
y sentirme solo en el mundo,
no necesitando más.
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jueves, 26 de abril de 2012
martes, 9 de noviembre de 2010
Microcuento del deseo que me consume (IV) Micro
Microdetalles.
Microsensaciones.
Microdeseos.
Microsensaciones.
Microsonrisas.
Microdetalles.
Microsensaciones.
Microsueños.
Microsonrisas.
Microsuspiros.
Microsusurros.
Microcuentos del deseo que me consume, cuarta entrega. Y no quiero que me consuma más.
Microsensaciones.
Microdeseos.
Microsensaciones.
Microsonrisas.
Microdetalles.
Microsensaciones.
Microsueños.
Microsonrisas.
Microsuspiros.
Microsusurros.
Microcuentos del deseo que me consume, cuarta entrega. Y no quiero que me consuma más.
viernes, 21 de mayo de 2010
Susurros que abrazan

Desde el fondo del mar surge un suspiro, un susurro inaudible, imperceptible.
Exhala energía y pasión, una pasión desgarradora e ilimitada, como ella, con sus largos brazos que hacen temblar los cimientos de mi interior, que recorren un camino desproporcionado e infinito, que me agarran suavemente y de los que no quiero soltarme. El tibio aliento que desprende me ruboriza, siento su respiración en mis ojos y me altera su aroma, que me invoca mundos lejanos, donde aun existen princesas y duendes, hadas y elfos, príncipes a caballo luchando por causas justas y dragones que protegen castillos.
La rugosidad de las rocas en las plantas de mis pies, el ruido del mar a cientos de metros por debajo, las nubes expectantes por encima, las gaviotas con sus cantos a mi alrededor. Me arrojo al vacío.
Con los ojos cerrados noto el aire recorrer mi rostro con vigor, percibo el aroma a sal acercarse, casi siento las cosquillas que los delfines me provocan en la tripa. En mi caída algo me envuelve, algo tan suave como su piel, con un tacto delicioso que me recoge y me acaricia, me remueve el pelo y después me deposita en el agua.
Mi vértigo desaparece, el miedo se esfuma y mi corazón se derrite como el lacre, gota a gota va impregnando mi alrededor, siento el calor de la sangre embaucarme junto al frescor marítimo en un sueño del que no veo final, me rindo al poder de las olas, buceo, nado y me fundo con los susurros, con sus susurros...
hablo de
abrazo,
agua,
Donosti,
fotografía,
mar,
relatos,
sentimientos,
susurros
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