La niebla es confusión de almas perdidas,
mezcla de sinsabores fugaces,
amalgama de fiascos continuos,
sombra de deseos abandonados,
enconados,
y fiebre.
Febriles los ojos que miran la niebla,
un llanto que el cielo silencioso derrama,
febriles también los gestos borrados,
olvidados,
escondidos en rincones tras un manto gris terciopelo que pinta la noche.
La niebla es fiebre que sube,
una jarra que estalla,
una silla que arrastra y una puerta que chirría,
ruidos y más ruidos,
que con solemne calma y enorme silencio
engullen esta velada pringada de soledad.
La niebla es muchas cosas,
es y son verdades y mentiras,
recuerdos y tachones,
miradas,
caminos,
gritos.
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sábado, 10 de diciembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
Pintando
Quisiera ser pintor,
para que las heridas abiertas fueran cicatrices por olvidar,
los miedos valentía
y los silencios no fueran más que nuestros ojos contemplándose.
Sólo pintaría un cuadro,
tonos pálidos y brochazos nocturnos,
respirar la pintura y elevarme,
aspirar hasta que no quedara un hueco de mi cuerpo sin el colorido veneno de tus mejillas,
detener el tiempo un instante
y después abrir mis venas al oxígeno asfixiado,
oxidar mi sangre,
aparcar la prisa en otro camino y tirar el pincel,
soplar hacia dentro de mis poros
y abrazar el lienzo.
Quisiera ser pintor,
para que los obstáculos fueran vencidos por flores,
que el resto del mundo fuera comparsa
y las noches orgías de cuerpos entrelazados.
Sólo pintaría un cuadro,
los disparos de tu mirada,
tus gritos atravesando mi sien,
tu pintalabios en mi lengua
tus dientes en mi piel
tus manos en las mías,
la noche,
el día,
desayunamos mirando por la ventana,
nos miramos,
el cielo estalla
agárrame.
para que las heridas abiertas fueran cicatrices por olvidar,
los miedos valentía
y los silencios no fueran más que nuestros ojos contemplándose.
Sólo pintaría un cuadro,
tonos pálidos y brochazos nocturnos,
respirar la pintura y elevarme,
aspirar hasta que no quedara un hueco de mi cuerpo sin el colorido veneno de tus mejillas,
detener el tiempo un instante
y después abrir mis venas al oxígeno asfixiado,
oxidar mi sangre,
aparcar la prisa en otro camino y tirar el pincel,
soplar hacia dentro de mis poros
y abrazar el lienzo.
Quisiera ser pintor,
para que los obstáculos fueran vencidos por flores,
que el resto del mundo fuera comparsa
y las noches orgías de cuerpos entrelazados.
Sólo pintaría un cuadro,
los disparos de tu mirada,
tus gritos atravesando mi sien,
tu pintalabios en mi lengua
tus dientes en mi piel
tus manos en las mías,
la noche,
el día,
desayunamos mirando por la ventana,
nos miramos,
el cielo estalla
agárrame.
jueves, 18 de agosto de 2011
(H)orquídea
Cultivaba orquídeas.
Y me dan ganas de escribir orquídea con hache. Una hache muda que no se oiga pero se sienta, se padezca, se entrometa por los poros de la piel y cale hasta los huesos de quien se atrevió a romper el hábitat más preciado del mayor amante que tuvo. La miel de sus labios rezumaba intensidad cuando la tenía cerca, salivaba como cualquier perro de Pávlov sólo con imaginar su aroma, temblaba su frágil corazón al pronunciar su nombre y su mirada centelleaba como una noche veraniega cuando encontraba a centímetros la claridad y el osado brillo de los ojos de quien amó en un crudo silencio.
Porque el silencio suele ser crudo. Salvaje.
Jóder, ¿tan difícil es entender que no quería salir? La luz que buscaba no era la del Sol, y sus palabras donde mejor encontraban acomodo era en sus cuadernos y no en los oídos de nadie, pero el engaño y la traición a veces son más poderosos que cualquier otro arma. La violación de una intimidad tan celosa fue el mayor castigo que pudo soportar, y tras segar el tallo de cada una de sus flores, murió con ellas.
Disimuló cada uno de los movimientos de su vida tan sesudamente, que cuando le encontraron, ni siquiera sus piernas danzaban, inertes, bajo su cuello estrujado por la soga que se sintió obligado a utilizar.
Y me dan ganas de escribir orquídea con hache. Una hache muda que no se oiga pero se sienta, se padezca, se entrometa por los poros de la piel y cale hasta los huesos de quien se atrevió a romper el hábitat más preciado del mayor amante que tuvo. La miel de sus labios rezumaba intensidad cuando la tenía cerca, salivaba como cualquier perro de Pávlov sólo con imaginar su aroma, temblaba su frágil corazón al pronunciar su nombre y su mirada centelleaba como una noche veraniega cuando encontraba a centímetros la claridad y el osado brillo de los ojos de quien amó en un crudo silencio.
Porque el silencio suele ser crudo. Salvaje.
Jóder, ¿tan difícil es entender que no quería salir? La luz que buscaba no era la del Sol, y sus palabras donde mejor encontraban acomodo era en sus cuadernos y no en los oídos de nadie, pero el engaño y la traición a veces son más poderosos que cualquier otro arma. La violación de una intimidad tan celosa fue el mayor castigo que pudo soportar, y tras segar el tallo de cada una de sus flores, murió con ellas.
Disimuló cada uno de los movimientos de su vida tan sesudamente, que cuando le encontraron, ni siquiera sus piernas danzaban, inertes, bajo su cuello estrujado por la soga que se sintió obligado a utilizar.
martes, 12 de julio de 2011
Veneno
¿Qué puedo decir si todo lo que dije parece ser que lo dije en un mundo irreal que nadie más conoce?
¿Qué puedo hacer si todo lo que hice parece ser que lo hice en un sueño que nadie más recuerda?
Los seis litros de sangre que corren por mis venas van envenenados,
la negrura se apodera de la luz,
que retrocede,
o quizás sólo se muda de acera,
pero se aleja,
y mi horizonte no es más que un muro de piedras afiladas,
y mi sangre escuece,
vomita recuerdos que inundan mis ojos
y baña mi desasosiego en las astillas negras del olvido,
allí mismo,
donde reposan las palabras dulces que volaron con el viento,
a la derecha de las miradas que encendieron las chispas,
a la izquierda de los besos que sellaron una forma de vida
y encima de dos corazones abrazados y que aun juntos,
fueron arrancados.
Pero la sangre podrida por el aguijón del fabuloso mundo real sigue circulando,
es un veneno que no mata,
ni hiere,
sólo te rodea y te persigue,
siempre ahí,
invisible,
no lo olvides.
¿Qué puedo hacer si todo lo que hice parece ser que lo hice en un sueño que nadie más recuerda?
Los seis litros de sangre que corren por mis venas van envenenados,
la negrura se apodera de la luz,
que retrocede,
o quizás sólo se muda de acera,
pero se aleja,
y mi horizonte no es más que un muro de piedras afiladas,
y mi sangre escuece,
vomita recuerdos que inundan mis ojos
y baña mi desasosiego en las astillas negras del olvido,
allí mismo,
donde reposan las palabras dulces que volaron con el viento,
a la derecha de las miradas que encendieron las chispas,
a la izquierda de los besos que sellaron una forma de vida
y encima de dos corazones abrazados y que aun juntos,
fueron arrancados.
Pero la sangre podrida por el aguijón del fabuloso mundo real sigue circulando,
es un veneno que no mata,
ni hiere,
sólo te rodea y te persigue,
siempre ahí,
invisible,
no lo olvides.
sábado, 26 de marzo de 2011
Aliento
El aliento tibio,
inconfundible,
mana de tu boca
hacia mi sangre,
revuelve en mis recuerdos
y se juntan nuestras narices,
se acarician
y bailan,
en silencio;
mi boca va y viene,
te desea pero tiembla,
te respira y se emociona,
te roza y se desboca.
Deseo agarrarte,
abrazarte más fuerte,
más fuerte,
más fuerte
hasta romperme en mil pedazos contigo,
diluirme en la nada,
viajar al infinito y no volver,
unir mi pecho al tuyo y flotar
en la marisma de tus sonrisas,
de tu incomprensible mirada,
de tu nariz rozando la mía,
de tu boca respirándo y yo tragando el aire;
yo lamiendo tus entrañas,
desbocado,
como estoy,
lamiendo mis heridas,
las mentiras y los daños,
despertando instintos,
pasiones,
deseos;
revocando decisiones,
palabras,
sólo palabras;
motivando acciones,
besos,
miradas;
olvidando vómitos,
lágrimas
noches en vela;
la eterna confianza en el algo,
en lo amado,
en el tiempo,
en las miradas que unen un infinito,
que distancian todo lo demás,
en las miradas que unen un infinito,
que distancian todo lo demás,
repito.
¿Qué vas a construir en un solar en llamas?
lunes, 28 de febrero de 2011
Vomitando
Las excusas arañan la soledad de mi cama vacía.
Mis brazos languidecen
al ritmo de pianos desafinados,
con cuerdas de acero cual cabellos lacios
percutidas por un martillo huidizo.
El sonido odioso,
la caja de resonancia oxidada,
mi armonía rota en mil pedazos
y cada pedazo en cienmil más.
El sentir vacío de mi pecho extraviado,
un sentimiento inerte al son de un reloj parado,
una mirada perdida al horizonte,
los ojos del color desconocido.
Y hablar ya no hablo,
y ver no veo,
y escuchar ni quiero.
Pero escribir vomito.
Mis brazos languidecen
al ritmo de pianos desafinados,
con cuerdas de acero cual cabellos lacios
percutidas por un martillo huidizo.
El sonido odioso,
la caja de resonancia oxidada,
mi armonía rota en mil pedazos
y cada pedazo en cienmil más.
El sentir vacío de mi pecho extraviado,
un sentimiento inerte al son de un reloj parado,
una mirada perdida al horizonte,
los ojos del color desconocido.
Y hablar ya no hablo,
y ver no veo,
y escuchar ni quiero.
Pero escribir vomito.
La piel se cae a tiras en noches así.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Microcuento del deseo que me consume (III) Pasos de bailes imaginarios
Y ando, y bailo, y bailo, y piso, y ando, y paso atrás, y adelante, y bailo, y hay un roce, una sensación. Me rebozo en piedras afiladas, me hieren la espalda y tus manos la sanan, tus manos atrapan mis hombros y reproducen el vaivén suave de la mar en calma, tu aliento tibio espolea los músculos de mi cuello, me hacen girar la cabeza y mirar, mirar tus ojos de los que sigo sin adivinar el color, mirar tu boca que me lleva al fin, mirar tus mejillas coloradas que recapitulan teorías del color de la vida, tu faz, la cara oculta de la Luna, el éxtasis de escritores sin pluma.
domingo, 6 de junio de 2010
Revoltijo de pensamientos...
Robando besos al tiempo,
abrazándome a posibilidades remotas,
posibles,
esperanzadoras.
En tus manos está,
esas manos que acaricio con mi rostro,
que con mi pelo juego en ellas,
que las agarro,
cierro los ojos y vuelo
lejos,
tan lejos que no tenga que mirar a los lados,
tanto que deje de robar tus besos al tiempo,
tanto que el tiempo deje de robarme tus besos.
Doy un paso adelante,
confieso,
lo que jamás debí decir,
palabras vedadas,
tabú
(como nosotros).
¿Cómo explicar lo que mueve un corazón?
Esa mecánica
que me explicaste con literatura,
un cuco que va y viene,
canturrea en los pechos
e impregna la mente de sensaciones,
deseos prohibidos,
todo eso y mucho más:
imanes que unen miradas,
ojos que se enredan fugaces,
bocas que se besan eléctricas,
pieles que...
¿Cómo explicar tu piel?
Tu piel me ha robado al sentido común;
la he tenido conmigo,
y ahora es un mero sueño,
un deseo infinito,
que me azuza cada día,
brutal,
me posee el deseo,
tu piel...
Tiemblo por tenerla,
tiemblo hasta el tuétano,
tiemblo como aquel día,
aquel día...
¿Cómo explicar lo que nos unió aquel día?
Cócteles, tabaco de liar, calle La Palma,
¿algo así, quizá?
Los recuerdos surgen revoltosos,
mi cabeza es un vendaval,
escribo ahora sobre mil cosas,
diferentes,
pero iguales a la vez,
tú lo sabes,
tú me entiendes,
cada palabra es para ti,
y tiemblo
-otra vez-,
pero no tengo miedo a nada,
porque nada me importa,
y recalco que,
sobretodo,
nadie me importa,
ya lo sabes,
ya me entiendes.
Quiero gritar
hasta que me rompa la garganta.
jueves, 3 de junio de 2010
Con la fuerza que me dan tus ojos
Molinos de viento frente a mí,
y desarmado yo,
lucho,
lucho
con la fuerza que me dan tus ojos;
la rabia me enloquece,
y embisto
muros invisibles;
golpeo los barrotes que me rodean,
irrompibles,
y lucho,
impotente,
desquiciado,
decepcionado;
pero lucho,
contra nada,
una nada que crece ante mi,
poderosa,
y yo contra ella
lucho,
lucho
con la fuerza que me dan tus ojos,
asesto golpes inservibles,
¿me ves?,
siento que me rompo,
pero mis últimas gotas de sangre
caerán,
frente a ese muro invisible,
porque no tengo toalla que tirar,
lucho
porque quiero luchar,
lucho
con la fuerza que me dan tus ojos;
insistiré,
en este combate
donde la victoria no me espera,
pero yo la busco,
la buscaré,
mientras tanto
lucho,
lucho
con la fuerza que me dan tus ojos.
martes, 23 de marzo de 2010
Diálogos sobre algo
Matar y dar la vida.
Pero... ¿Eso se puede?
Joder, ya ves.
No te creo.
En serio, que si.
¿Cómo? Es que no... que no.
Que si, y las dos cosas a la vez.
Venga... Ve... Venga.
No me creas.
Claro que no.
...
Y ¿cómo lo hace?
Su mirada.
¿Qué dices?
Que si tío. Su mirada.
Joder.
Y su boca.
¿También?
Ya ves.
Pero, ¿qué tiene?
No lo sé.
Algo tendrá...
Algo.
¿El qué?
Algo.
Pero ¿qué algo, coño?
No sé, algo. Algo. Nada más, ¿te parece poco?
Ni poco ni mucho sino me dices qué es.
Algo inexplicable, etéreo, abstracto, algo que punza y que sale de sus ojos, de sus labios, de su nariz, de su rostro delicado... Algo, eso es algo.
Ahhh.
miércoles, 13 de enero de 2010
Incomprensión
El rocio de la mañana empapa mi pelo,
tirado en el jardín
de los sueños rotos,
contemplo,
absorto,
el runrún de la vida,
que pasa
sin detenerse
ante mis ojos,
cristalinos
y vidriosos,
se empaña el mundo
un ligero vaho difumina
lo que veo
de lo que creo,
tan lejos todo.
No comprendo.
¿Fue ayer?
Nada más que eso,
soledad y bullicio,
o todo lo contrario.
Nadie busca a nadie
en el jardín,
intuyo
más miradas perdidas
pero sólo las creo,
no las veo,
fantasmas de vapor
empañados
por la irrealidad
de los sueños rotos.
No entiendo.
hablo de
jardín de los sueños rotos,
miradas,
poemilla,
sentimientos
lunes, 26 de octubre de 2009
Insomnio (II)
Duermo.
Y observo sus párpados cerrados, y acaricio con mi mirada sus facciones, cada poro de su piel es una aventura, un deseo, un placer. Ardo, su boca, abierta una rendija, expulsa un aire cálido, tibio, respiro su ser. Sus manos, sobre las sábanas revueltas, cansadas. Mi recorrido es ilimitado, va y viene, da mil giros y hace piruetas, así es, no puedo parar, suspiro por no actuar. Me trago el deseo, intento frenar mi corazón, latiendo a la velocidad de la luz, esa que entra por la ventana e ilumina tu cuerpo dorado y lo hace resplandecer, o quizá sea al revés.
No duermo.
Y sus ojos atraviesan la ventana, y se posan allá, en la infinita lejanía de la nada. Su palidez se intensifica con la tenue luz de la luna que llega hasta su cama, una luz blanquecina, triste, apenas un mal reflejo del pasado. Su cuerpo, desnudo y solitario, espera y espera, quien lo valore, lo sepa cuidar y lo ahogue en una noche de desmedida pasión y lujuria, y sabe quién es, y dónde está, y las lágrimas brotan, una vez más.
Y me muevo en mi cama, una y otra vez, una y otra vez... Intento dormir, quiero dormir, volver a ver sus párpados cerrados...
jueves, 13 de agosto de 2009
Diálogo
- ¿Quieres que te abra la cabeza? ¡Joder! ¡Vamos!
- Espera...
- Ni espera ni hostias, ¿acaso me ves con ganas de quedarme aquí contigo?
- Voy...
- Me impacientas, tonto de las pelotas, no ves esto, ¿cuántos centímetros le ves de hoja? Pues imagínatelos cuando te los meta por el puto culo que tienes, te doy medio minuto.
- Imposible, imposible...
- ¡Me cago en Dios y en San Pedro!
- Si seguimos así, no continúo.
(silencio)
- La madre que me ha parido, la madre que me ha parido... ¿Por qué me pasa esto a mi? ¿Por qué? Es que... ¿tengo mala cara? ¿o cara de tonto?
- No, para nada...
- ¡Calla de una puta vez! No me tomes por imbécil porque te enchufo el cuchillo, ¡te lo enchufo!
- Yo bajo presión no puedo, es que no puedo, no lo digo más.
(silencio)
(silencio)
- Me corto las venas, ¡me las arranco de cuajo! Tú... Tu me quieres volver loco, ¿verdad?
- Nada más lejos...
- ¡Que te calles!
- Pero...
- ¡La virgen! Coño, que cierres la boca, que te metas la lengua debajo de los calcetines, que no hables más porque porque porque... Es que no respondo, ¿eh?
- No sigo.
(silencio)
(miradas)
- Si, no sigo. Haz lo que quieras conmigo, pero yo no sigo, aquí te dejo todo esto.
- Es una broma, si, no puede ser otra cosa, ¡¿pero me estás tomando por tonto o qué cojones te pasa a ti?!
- No me pasa nada, pero es que...
- ¡Es que te mato! Te lo juro, te mato, te atravieso con el cuchillo y te hago trocitos, no me tientes que no me corto, como dejes eso ahí... que no... no lo dejes... que...
(silencio)
- Lo has dejado...
- Ya lo ves.
- Lo has dejado, ahí... Así, sin más.
- Ajam.
- Lo has dejado.
(miradas)
- Lo has dejado... ahí... lo has dejado.
(miradas silenciosas)
- Tú... ¿tu no tienes miedo?
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