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miércoles, 1 de febrero de 2012

La vida es un ir y venir de girar pomos

Sentí como si comenzara una relación. Como si por ser las dos únicas personas del teatro que respirábamos a la vez estuviéramos dándonos el primer beso, la primera caricia, el primer momento sensual y como si llegásemos a practicar sexo. Y no lo digo por decir, ya que, según iba sintiendo, mi respiración aumentaba y la suya se superponía a la mía.


Antes de poder consumar nada la obra finalizó y los aplausos lo inundaron todo. 


Hubo hasta cinco minutos de aplausos ininterrumpidos. Nuevamente nuestras palmadas iban al unísono. Mi corazón y mi esófago también iban acompasados con los suyos. Aunque quizá todo era mental y todo me lo estaba imaginando. 


El último aplauso acabó súbitamente. El público se levantó al momento. Ella permaneció sentada; yo también.




"Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo", Albert Espinosa.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Lejos

¿Volvería? No.

Pero podía ir en su búsqueda, eso me quedaba como consuelo, al menos. Sabía que no iba a hacerlo, aunque no lo pensaba, simplemente soñaba con que una carrera bastaría para alcanzar de nuevo la recompensa que significaba; pero sólo eran pensamientos vanos, ni siquiera era escasa valentía, sino simple sentido común. La experiencia me detenía el ímpetu.

Y en la tenue oscuridad de mi habitación, sentí en ese instante que no todo estaba perdido. Sólo se había esfumado a otro lugar, había mudado, una huida silenciosa y discreta, como siempre acostumbraba.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Pilas

-Cariño, ve a comprar pilas que no me funciona la radio.
-Ahora mismo, beibi, termino de fregar los cacharros y voy.
-Date prisa, porfa, va a empezar el programa.
-Bueeeeno, luego termino cosita.
-Mejor.

Cierro la puerta y salgo corriendo escaleras abajo. Siempre es igual, no se entera de nada, se cree que estoy para servirla y lo que se le antoje debe ser una obligación para mi concedérselo. Pero ahora, la tortilla ha sido volteada y yo me encargo de que ella crea que maneja la situación, y me maneja a mi, pero no.

En la calle llueve, bastante además. Es una lluvia punzante, fría, pero sólo tengo que avanzar cien metros y cruzar la calle. Ahí está la tienda, me mojo lo menos posible y entro corriendo. Cierro la puerta y dejo el cierre medio bajado.

-Has tardado mucho.
-Es la misma hora de siempre.

Un beso cojonudo, como siempre. Su lengua es fina pero agresiva, pasional. Me lleva a la trastienda rápidamente y en quince minutos disfruto más que en todo el día. Me hace sentir especial, y yo se lo hago sentir también. Es mutuo, como todo debiera ser en una relación entre dos personas, y eso hace feliz a cualquiera. Otro beso fugaz, pero este más acelerado y satisfecho, preceden mi salida corriendo de la tienda.

-Amorcito, llueve mucho, cojo el paraguas.
-¿Pero no has comprado las pilas?
-Esperé un poquito en el portal, a ver si paraba, pero llueve a mares.
-Date prisa joe, que ya habrá empezado.
-No te haré esperar beibi.

Mientras caminaba -esta vez, si- con el paraguas, me metí la mano en el bolsillo, relajado, feliz. Y palpé las dos pilas que había comprado anoche, que estarían casi enteras, tan solo gastadas por ese par de horas de radio, y luego sustituidas por las que compré hace ya muchos meses, en la misma tienda a la que ahora volvía a entrar.

-¿Te quedan pilas?

Risas.