Mirar al miedo a los ojos,
cubrir con la manta la memoria
y chapotear en un fango de recuerdos,
sólo,
sentir como si no pasara nada,
lamerme los labios secos con la lengua hinchada y,
y...
Y esta lágrima no es lágrima es error,
es recuerdo floreciendo envenenado,
el zarpazo de una bestia hambrienta que huye.
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lunes, 11 de junio de 2012
jueves, 26 de abril de 2012
Abrazarte
Quisiera abrazarte
y susurrar en tu oído el estruendo de mi alma,
no obviar el dolor sino compartirlo,
enjaular los sentimientos envenenados
y susurrar un te quiero limpio,
puro.
Susurrar que mis fuerzas son tuyas,
mis manos tu apoyo,
mis ojos la cuerda que te alce de nuevo.
Quisiera abrazarte
y no perderme en palabras absurdas,
mirar tu silencio con mi silencio,
acompañar la triste música de fondo con melodías tenues,
seguir tus lágrimas con la humedad de mis dedos.
Abrazarte
y sentirme solo en el mundo,
no necesitando más.
y susurrar en tu oído el estruendo de mi alma,
no obviar el dolor sino compartirlo,
enjaular los sentimientos envenenados
y susurrar un te quiero limpio,
puro.
Susurrar que mis fuerzas son tuyas,
mis manos tu apoyo,
mis ojos la cuerda que te alce de nuevo.
Quisiera abrazarte
y no perderme en palabras absurdas,
mirar tu silencio con mi silencio,
acompañar la triste música de fondo con melodías tenues,
seguir tus lágrimas con la humedad de mis dedos.
Abrazarte
y sentirme solo en el mundo,
no necesitando más.
lunes, 12 de marzo de 2012
Gritos en silencio (VI)
A veces llegan momentos en los que la energía y la fuerza para tirar no dan para más y dices "pues a tomar por el culo", y así es, a tomar por el culo. Nunca piensas que pueda llegar un día en el que se te quiten las ganas -mentira, no se te quitan las ganas, es que no hay más fuerzas- de seguir luchando por lo que más has luchado nunca, de pelear por lo que te has dejado la piel, de buscar los recovecos que los cuerpos han buscado siempre que se han encontrado, cuando los poderes y los deberes se quedaban al otro lado de la puerta y sólo importaba el querer.
Al final debe ser verdad eso de que los laberintos son imposibles, de que realmente no tienen salida, de que no hay lugar para buscar luces cuando las cosas empiezan bajo tierra y no hay manera de llevarlas a superficie. Supongo que me daré cuenta que la vida a veces tienen caminos marcados, de obligado paso, y desvíos prohibidos, que puedes tomar pero que nadie puede ver que tomas. Pues vaya putada.
Y ahora que sólo me quedan fuerzas para escribir, grito; aúllo en el silencio de un teclado húmedo de lágrimas doloridas por el esfuerzo, desplomo mi impotencia en las teclas insomnes que ponen en pantalla palabras una detrás de otra, expongo mi mierda asomada al cristal roto de la ventana, ventilo mi cuarto abriendo de par en par la puerta de la que tú tenías llave, me rajo los ojos que sólo buscan pasado.
Yo no quiero futuro, quiero presente. Y no tengo energías para buscarlo.
Al final debe ser verdad eso de que los laberintos son imposibles, de que realmente no tienen salida, de que no hay lugar para buscar luces cuando las cosas empiezan bajo tierra y no hay manera de llevarlas a superficie. Supongo que me daré cuenta que la vida a veces tienen caminos marcados, de obligado paso, y desvíos prohibidos, que puedes tomar pero que nadie puede ver que tomas. Pues vaya putada.
Y ahora que sólo me quedan fuerzas para escribir, grito; aúllo en el silencio de un teclado húmedo de lágrimas doloridas por el esfuerzo, desplomo mi impotencia en las teclas insomnes que ponen en pantalla palabras una detrás de otra, expongo mi mierda asomada al cristal roto de la ventana, ventilo mi cuarto abriendo de par en par la puerta de la que tú tenías llave, me rajo los ojos que sólo buscan pasado.
Yo no quiero futuro, quiero presente. Y no tengo energías para buscarlo.
hablo de
energía,
futuro,
grito,
impotencia,
lágrimas,
pasado,
pensamientos,
presente,
sentimientos
martes, 29 de noviembre de 2011
Un mes.
Te mueres viviendo un día a día que no es el tuyo;
olvidas cuando mirabas inocente,
olvidas que no siempre había un velo delante de tus ojos,
olvidas que no siempre se difuminó tanta vida en tan poco tiempo.
Tiempo,
sólo el tiempo borra las heridas que acuchillaron con saña,
olvida el tiempo que él mismo es culpable,
corre cuando quieres parar y se arrastra cuando quieres volar,
el tiempo,
fatal concepto que mide las penas y disuelve alegrías,
que alarga tormentos...
Un mes.
¿Es mucho o es poco?
Es un mes,
sólo tiempo,
tiempo para darse cuenta de la ausencia,
de la ausencia más presente,
la ausencia que levanta ampollas,
la ausencia que lastra una vida que ya no es la tuya sino una prestada,
violada,
perturbada
y afligida por la suciedad de la añoranza,
de esa añoranza que es horrible y te violenta,
de esa añoranza que te dan ganas de reventar las paredes con tus propias entrañas,
esa añoranza que no palía una foto antigua,
esa añoranza que va tapándote los ojos a lo que era una vida,
la tuya,
la realidad que ya no es tal,
que es otra,
que es ausencia, que es olvido,
que es recuerdos,
que es lágrimas,
que es impotencia y lamento y basura y cansancio.
Que es un mes,
y que serán muchos.
Te mueres viviendo un día a día que no es el tuyo;
olvidas cuando mirabas inocente,
olvidas que no siempre había un velo delante de tus ojos,
olvidas que no siempre se difuminó tanta vida en tan poco tiempo.
Tiempo,
sólo el tiempo borra las heridas que acuchillaron con saña,
olvida el tiempo que él mismo es culpable,
corre cuando quieres parar y se arrastra cuando quieres volar,
el tiempo,
fatal concepto que mide las penas y disuelve alegrías,
que alarga tormentos...
Un mes.
¿Es mucho o es poco?
Es un mes,
sólo tiempo,
tiempo para darse cuenta de la ausencia,
de la ausencia más presente,
la ausencia que levanta ampollas,
la ausencia que lastra una vida que ya no es la tuya sino una prestada,
violada,
perturbada
y afligida por la suciedad de la añoranza,
de esa añoranza que es horrible y te violenta,
de esa añoranza que te dan ganas de reventar las paredes con tus propias entrañas,
esa añoranza que no palía una foto antigua,
esa añoranza que va tapándote los ojos a lo que era una vida,
la tuya,
la realidad que ya no es tal,
que es otra,
que es ausencia, que es olvido,
que es recuerdos,
que es lágrimas,
que es impotencia y lamento y basura y cansancio.
Que es un mes,
y que serán muchos.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Lágrimas
Las lágrimas caen a plomo del cielo,
zarpazo a zarpazo en mi mejilla
gastada, violada,
devoran mi espacio espeluznantes,
me aturdo desorientado,
impasible;
vacilo en mis pasos torpes,
perdidos.
Fiero el zarpazo del otro lado,
limpio y definitivo.
Definitivo es una palabra horrible,
brutal,
definitiva.
Y así me aterra,
me consume el sueño mordido,
perdido y afligido;
estúpido ingenuo pensando en la eternidad de lo perecedero.
La Luna llora desconsuelo en mi piel,
lágrimas tenues,
invisibles gotas de alma resbalando calmas,
tibias,
solemnes en su silencio pleno,
abrumador y decadente.
zarpazo a zarpazo en mi mejilla
gastada, violada,
devoran mi espacio espeluznantes,
me aturdo desorientado,
impasible;
vacilo en mis pasos torpes,
perdidos.
Fiero el zarpazo del otro lado,
limpio y definitivo.
Definitivo es una palabra horrible,
brutal,
definitiva.
Y así me aterra,
me consume el sueño mordido,
perdido y afligido;
estúpido ingenuo pensando en la eternidad de lo perecedero.
La Luna llora desconsuelo en mi piel,
lágrimas tenues,
invisibles gotas de alma resbalando calmas,
tibias,
solemnes en su silencio pleno,
abrumador y decadente.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Adiós duende
Dame muerte,
afila tus garras de gata crecida en ambientes displicentes,
perfora mi ansiedad crecida entre sueños inconscientes
y róbame la sonrisa que sembraste.
Primaveras pasadas siempre fueron mejores,
carretera, manta y muchas flores
que llenaron de semillas los caminos imposibles
que estuvimos dispuestos a caminar,
correr,
atravesar
y a devorar con mordiscos infinitos,
llenándonos de vida el corazón
y de espesa hierba las manos con las que nos recorríamos enfermos,
de día o de noche,
al abrigo de paredes discretas
o al raso cielo del este.
Aun siento enormes brazos alrededor,
antes me envolvían tibios,
deliciosos,
ahora me asfixian,
aprietan,
el aire no se atreve a pasar a mis pulmones desollados;
y el duende ha huido a Arán,
a ese valle que dio origen a las ensoñaciones más hermosas,
ese lugar donde iríamos a plantar nuestro árbol de fantasía,
donde un manto de sonrisas nos envolvería al límite de la felicidad más rebosante,
donde los brazos que me envolverían serían mágicos
y flotaría un aire que lamería nuestras pieles.
La sonrisa sembrada se hubiera convertido en una eternidad
y las garras serían dulces dedos que acariciarían las mejillas,
que ahora,
agrietadas,
son erosionadas por las lágrimas más amargas
que jamás imaginé caer.
El duende desapareció,
Campanilla vuela en otras latitudes
y su polvo se esparce en reinos lejanos
y aquí,
aquí la más seca de las tierras regada con la más agria de las realidades.
Y mucho frío.
afila tus garras de gata crecida en ambientes displicentes,
perfora mi ansiedad crecida entre sueños inconscientes
y róbame la sonrisa que sembraste.
Primaveras pasadas siempre fueron mejores,
carretera, manta y muchas flores
que llenaron de semillas los caminos imposibles
que estuvimos dispuestos a caminar,
correr,
atravesar
y a devorar con mordiscos infinitos,
llenándonos de vida el corazón
y de espesa hierba las manos con las que nos recorríamos enfermos,
de día o de noche,
al abrigo de paredes discretas
o al raso cielo del este.
Aun siento enormes brazos alrededor,
antes me envolvían tibios,
deliciosos,
ahora me asfixian,
aprietan,
el aire no se atreve a pasar a mis pulmones desollados;
y el duende ha huido a Arán,
a ese valle que dio origen a las ensoñaciones más hermosas,
ese lugar donde iríamos a plantar nuestro árbol de fantasía,
donde un manto de sonrisas nos envolvería al límite de la felicidad más rebosante,
donde los brazos que me envolverían serían mágicos
y flotaría un aire que lamería nuestras pieles.
La sonrisa sembrada se hubiera convertido en una eternidad
y las garras serían dulces dedos que acariciarían las mejillas,
que ahora,
agrietadas,
son erosionadas por las lágrimas más amargas
que jamás imaginé caer.
El duende desapareció,
Campanilla vuela en otras latitudes
y su polvo se esparce en reinos lejanos
y aquí,
aquí la más seca de las tierras regada con la más agria de las realidades.
Y mucho frío.
hablo de
amor,
caminos,
Campanilla,
corazón,
duende,
felicidad,
frío,
lágrimas,
muerte,
poemilla,
primavera,
sentimientos,
sueño,
Valle de Arán
sábado, 18 de septiembre de 2010
La noche de los lápices
Ve ese fuego en los ojos de su hijo, y que tan bien conoce. No ha olvidado después de más de 30 años la lucha, el fulgor de los pechos embravecidos, que, movidos por principios firmes, protestan sin miedo a la represión.
Diferentes generaciones unidas por una forma de actuar.
El orgullo a flor de piel, las lágrimas aflorando emocionantes por los ojos, la mujer que mira fijamente su creación, éste que grita, protesta, prosigue su pelea por lo que cree puede ser un mundo mejor.
Porque no se puede dejar que las cosas pasen porque sí.
Son diferentes los motivos, han cambiado las consignas, los lemas, las pancartas, los medios, han variado muchas cosas. Pero la combatividad debe continuar. Por eso siente ella que luchó, por el derecho a opinar, a protestar, por eso se siente orgullosa de su hijo, por no conformarse, por afrontar la búsqueda de soluciones a los problemas, por reclamar que sus derechos no sean aplastados por las ruedas del molino. Porque el espíritu rebelde no se pierda en la comodidad de los tiempos.
La lucha en la calle.
Desde la vereda observa, apartada, sin querer mostrarse demasiado, manteniendo las cautelas del miedo que aun invade su cuerpo en las manifestaciones, por las cargas policiales que vendrán cuando la masa avance, y que recuerda con toda crudeza, en su mente y en su piel. Una fina línea discurre entre los ojos de ella y él, pero en una sola dirección, él está ocupado en lo suyo, militando, ella está ocupada en él.
Porque los lápices deben seguir escribiendo.
Dedicado a los desaparecidos y supervivientes, todos ellos secuestrados, en la Noche de los Lápices.
Diferentes generaciones unidas por una forma de actuar.
El orgullo a flor de piel, las lágrimas aflorando emocionantes por los ojos, la mujer que mira fijamente su creación, éste que grita, protesta, prosigue su pelea por lo que cree puede ser un mundo mejor.
Porque no se puede dejar que las cosas pasen porque sí.
Son diferentes los motivos, han cambiado las consignas, los lemas, las pancartas, los medios, han variado muchas cosas. Pero la combatividad debe continuar. Por eso siente ella que luchó, por el derecho a opinar, a protestar, por eso se siente orgullosa de su hijo, por no conformarse, por afrontar la búsqueda de soluciones a los problemas, por reclamar que sus derechos no sean aplastados por las ruedas del molino. Porque el espíritu rebelde no se pierda en la comodidad de los tiempos.
La lucha en la calle.
Desde la vereda observa, apartada, sin querer mostrarse demasiado, manteniendo las cautelas del miedo que aun invade su cuerpo en las manifestaciones, por las cargas policiales que vendrán cuando la masa avance, y que recuerda con toda crudeza, en su mente y en su piel. Una fina línea discurre entre los ojos de ella y él, pero en una sola dirección, él está ocupado en lo suyo, militando, ella está ocupada en él.
Porque los lápices deben seguir escribiendo.
Dedicado a los desaparecidos y supervivientes, todos ellos secuestrados, en la Noche de los Lápices.
hablo de
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Argentina,
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lágrimas,
lucha,
madre,
manifestación,
Noche de los Lápices,
policía,
relatos,
represión,
secuestro
viernes, 13 de marzo de 2009
En silencio
El tren se aleja de la ciudad, y cierro los ojos. Mejor no ver, aunque no se cumple el dicho, mi corazón siente y padece casi más que antes de partir. Las lágrimas se colapsan en mis ojos y hago un esfuerzo por mantenerlas dentro de mi, las agarro y las suplico, pero son rebeldes y quieren salir a la luz, cumplir su objetivo y morir en mis mejillas, que es la meta que buscan desde su origen.
El traqueteo del tren a toda velocidad resuena en mi interior, acompasado al ritmo de mi corazón, que late furioso de rabia. Trabaja sin descanso bombeando la sangre malherida, agriada por el dolor, a los entumecidos miembros de mi cuerpo: unos pies que arden deseosos de correr hacia la ciudad, de nuevo, y unas manos que se sienten vacías, carentes de piel que acariciar.
Pienso, y no dejan de venir imágenes dolorosas a mi recuerdo. Ahí están, intactas, como si acabaran de ocurrir. Se muestran con todo el esplendor del que gozaron pero que han perdido, dejan ver todo lo que alegraron pero ahora sólo producen una dañina sensación de soledad. Que terribles momentos de felicidad son los que pueden acabar produciendo una tormenta de desilusión.
Escapar es lo más fácil, aunque es lo más complicado que he hecho jamás.
El traqueteo del tren a toda velocidad resuena en mi interior, acompasado al ritmo de mi corazón, que late furioso de rabia. Trabaja sin descanso bombeando la sangre malherida, agriada por el dolor, a los entumecidos miembros de mi cuerpo: unos pies que arden deseosos de correr hacia la ciudad, de nuevo, y unas manos que se sienten vacías, carentes de piel que acariciar.
Pienso, y no dejan de venir imágenes dolorosas a mi recuerdo. Ahí están, intactas, como si acabaran de ocurrir. Se muestran con todo el esplendor del que gozaron pero que han perdido, dejan ver todo lo que alegraron pero ahora sólo producen una dañina sensación de soledad. Que terribles momentos de felicidad son los que pueden acabar produciendo una tormenta de desilusión.
Escapar es lo más fácil, aunque es lo más complicado que he hecho jamás.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Decía que no quería
Me decía que no aguantaría más tiempo ella sola,
que el rugido del viento que entraba por su ventana
que el rugido del viento que entraba por su ventana
-abierta de par en par-
le olía demasiado a invierno,le rompía en pedazos por dentro,
y pisoteaba su corazón.
No quería acabar mal,
en el fondo de un río,
o en medio de una vía.
Pero que no podría evitar,
que encontraran un día su cuerpo
muerto a fuego lento,
¡malditas pastillas!
O que se le fuera la mano
con la cuchilla en la ducha,
y se fuera a dormir.
Se quejaba que la nieve del tiempo
borraba las huellas de la ilusión.
que ya no veía ni en blanco ni en negro
las lágrimas tapaban el exterior.
que su pecho estaba rajado
y que había vomitado toda razón,
por seguir esta lucha que en vano
estaba pudriendo su corazón.
Se calló.
hablo de
blanco y negro,
ilusión,
invierno,
lágrimas,
muerte,
poemilla,
sentimientos,
vida
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