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miércoles, 6 de junio de 2012

De madrugada

Lo más oscuro de la noche siempre es justo antes del alba.

Aveces, en la plena oscuridad de esos momentos aun me mantengo despierto, por no decir que no puedo dormirme, y agarro el teléfono, pensando en usarlo para lo que apenas lo uso el resto del día: llamar. Siempre el mismo destino, y según la noche, diferentes palabras con un mismo significado y un mismo sendero a seguir. Un camino oscuro, lleno de miedos pero que ansío cruzar, al que deseo enfrentarme desarmado, con la sola ayuda de mis manos y mis ojos, de mi boca y de mis piernas, de mi cabeza y de mi corazón, de mis pies y de mi yo, despojado de contextos, alrededores y miradas.



En las tinieblas de las madrugadas todo se ve con una clarividencia abstracta, aunque a la vez parezca que con la serenidad que da el silencio la realidad se aprecie transparente. Y en esa transparencia veo lo tremendo de mis sueños, lo poco cabal que pueden ser, entonces sonrío y me creo imparable, invencible, capaz de mostrarme abierto en canal por la verdad de mi búsqueda, con la simple convicción de saber lo que quiero en mi vida. Tan claro que siento que es fácil haber llegado a una de las decisiones más difíciles de nuestra existencia. 


Y es en ese momento de fortaleza en el que la abstracción de las tinieblas se apodera de mi, hace que me tiemble el pulso y que vuelva a recostar mi cabeza en la almohada, pensando en que mejor mañana, que no tiene sentido hacer temblar Madrid en plena noche por las locuras que tengo en la mente por no sé cual enfermedad pasajera, o que al menos dicen que es pasajera. El quererlo todo lucha, entonces, contra el temor a la nada, y supongo que la mochila que supone quererlo todo pesa demasiado para vencer al temor, aunque sea una mochila que quiero cargar, o mejor dicho, una mochila que quiero transportar en mi camino, aun siendo oscuro y lleno de peligros. 


Entretanto, llega el alba... Y mis sueños me embaucan en un largo abrazo.

sábado, 5 de mayo de 2012

Dilatado

Y me chupo el meñique, amargo, con un regusto ácido que me exalta en la noche y me dispara a sensaciones directas, efectivas, excéntricas. Los bombos retumban dentro de mi, y mi piel, erizada y sudada, levita al son de esos graves desaforados, con el ritmo sincopado empotrándose en mi confusa lengua, que danza desinhibida y seca, hinchada, inconsciente.


La euforia, el placer y la empatía con un ambiente al que tampoco hago mucho caso me sobrellevan una decena de centímetros por encima del suelo, me transportan las luces parpadeantes, me da frío por fuera y calor por dentro, sudo y dilato mis pupilas hasta ver que en los rincones más oscuros hay un hueco para mi, para bailar en un ritmo más profundo, más pesado, que me reviente aun más los oídos y me penetre aun más la piel.


Y veo una cara, hay muchas, veo unos ojos, una boca y me acerco, una figura, una forma de moverse, un compás ingenuo y criminal, un perfil definido que me ahuyenta y me atrapa. Transpiro por cada poro como si fuera el único, un olor tibio impone su ley en este espacio de sombras que se mueven a golpe de grave. 

jueves, 5 de abril de 2012

Sintiendo sueños (II)

Llego a casa empapado por la lluvia primaveral que me inunda los ojos perdidos. Desnudo mi cuerpo y mi ser en un cuarto vacío, arrojo las ropas mojadas al baúl de la nada, me acurruco en una esquina en penumbra, escondiéndome de esta noche fría, húmeda y de una soledad que trasciende mis poros estallándome en los huesos, ya resquebrajados por tantas horas de espera. De espera a algo que ni sé, ni realmente espero. Joder.


¿Acaso sigues asomándote a mi ventana? A veces pienso que tienes la llave de esta puerta que un día echaste abajo con una dulce patada, y me dan ganas de marcharme de esta casa abarrotada de recuerdos, imágenes que aun dibujan tiempos en los que yo era yo y nada más. No ahora, que soy yo con trabas, con pasado, con el presente condicionado, con las uñas carcomidas por la avalancha de un futuro que no deseo.


Y sigo mascullando en esta esquina oscura, susurrando al viento que deje de soplarme en la cara.

sábado, 31 de marzo de 2012

Sintiendo sueños

Despierto sudando en plena noche, con la respiración agitada y un nudo que estrangula mi mirada perdida en la profunda oscuridad. Me levanto de la cama y busco donde agarrarme, nada, donde apoyarme, no encuentro nada; un mareo, vértigo, me aturdo y doy dos pasos, muevo mis manos buscando donde asirme y el vacío que se ha apoderado de mi, de todo. Siento que el aire que respiro es denso, que pesa, que inunda mis pulmones. Hay al final de un no sé donde un ruido, son tambores, tan tan tan, tantaratán, tan tan tan, suenan lejanos, pero bañan mis oídos y penetran en mi cabeza como navajas afiladas, tan tan tan, tan tan tan. Quiero correr y no puedo, mis brazos se agitan buscando las paredes, los muebles, una salida a esta pesadilla en la que creo que huyo de algo, o quizá busco, no lo sé. 


De repente los tambores paran, mi cerebro se libera de las navajas y el silencio se adueña del vacío. Miro a un lado y al otro sin ver, siento algo que me roza y me estremece. Es una mano, ¿dónde está? ¿quién eres? Eran unos dedos finos, parecía una mano delicada, me ha rozado con dulzura, vuelve, vuelve... Noto unos pasos, no los oigo, sólo los noto, los percibo a mi lado, huelo un perfume, huelo algo que ya he olido, un cuello, una piel, estiro los brazos sintiendo el aroma tan cerca... Nada. 


Me paro, dejo de dar pasos. No quiero seguir, no puedo seguir. Me siento, sigo sin ver pero me siento, espero, aguzo los sentidos, quiero volver a oler, a sentir el tacto de esa mano, quiero sentir, quiero sentir y no a este vacío que se burla de mi, quiero luz y poder ver, respirar aire fresco. Ahora siento un sonido, una voz suave, un aliento tibio flotando alrededor de mi, otra vez ese aroma, una caricia en mi mano, un beso en la mejilla, me revuelven el pelo; estiro los brazos al océano de sensaciones que me envuelven...


Despierto sudando en plena noche, con la respiración agitada y un nudo que estrangula mi mirada perdida en la profunda oscuridad.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Cuento de noche

Despertar en plena madrugada
tus piernas enganchadas a las mías, 
sentir una sonrisa tibia,
dormida,
suave.
La noche mece mis sueños,
apenas abro los ojos para ver la oscuridad que envuelve nuestros cuerpos,
los vuelvo a cerrar y susurro palabras invisibles al cálido ambiente bajo las mantas,
caigo en un duermevela dulce,
con el tacto de tu piel aliviándome,
azúcar para mis amargas heridas,
caricias para mis cicatrices con costra.
Zambullo mis mejillas en la madrugada de tu pelo,
respiro tu cuello
y mis pulmones son tú aroma;
estás dentro,
dentro de mi,
dentro de mis entrañas hasta el fondo de mis huesos,
ahí donde tenemos la esencia,
dentro de lo más profundo de nuestro interior más escondido,
ahí donde no llega más,
llegas tú.

Quizá, cuando despierte en la mañana con el Sol perfilado en las rendijas de la persiana haya olvidado hasta donde llegaste, quizá no recuerde las cosquillas en los tuétanos, quizá haya olvidado esa indefinida hora de la madrugada, donde apenas un ligero rastro de conciencia me demostró la deliciosa sensación de lo que es la felicidad.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Una noche gélida

Hay noches frías,
noches húmedas,
noches ventosas.
Noches
en si mismas ciegas,
tenebrosas,
noches que exportan miedos,
que alimentan angustias en veladas insomnes,
la flor y la nata de mis agobios
danzando sin son;
oscuras sombras que agrietan las formas de mi felicidad,
pasado que vuelve en forma de daga
invisible,
afilada la hija de puta,
y yo,
amoratado por el cuchillo gélido de la noche,
respiro.
Me consuelo en la visión de un mañana,
me refugio en pensamientos que me abracen hasta que sean tus brazos quienes lo hagan.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Otoño

Fresca es la noche de otoño,
otoño que no te he vivido,
otoño que no he paseado abrigado a tu lado,
otoño que añoro por desconocido;
desconocido para mi el tacto de tus manos enguantadas,
de tus manos frías,
de tus manos agarrando hojas secas y amarillas;
amarillo mi rostro ajado,
mi rostro transformado en una máscara de acero;
inoxidable pensé hace ya que era mi corazón;
corroído por un verano seco,
seco mi paladar por un verano seco,
seco mi lecho por unos ojos cerrados;
cerrado el bar de la esquina,
el cerrojo de mi puerta,
mi jardín de los recuerdos;
cerrado, todo está cerrado.


Fresca es la noche de otoño,
otoño que rabio en su inicio,
otoño que impotente me expone,
otoño que es luz que agoniza,
que es noche brumosa,
otoño que precede al invierno;
un invierno diviso a lo lejos,
lejos no veo más que al invierno,
el invierno se cierne en mi pecho,
en mi pecho sólo el invierno;
invierno de manta y estufa,
estufa en mi cráneo desierto,
desierta la noche en invierno;
invierno que viene,
invierno que viene solo,
invierno que viene frío.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Pintando

Quisiera ser pintor,
para que las heridas abiertas fueran cicatrices por olvidar,
los miedos valentía
y los silencios no fueran más que nuestros ojos contemplándose.


Sólo pintaría un cuadro,
tonos pálidos y brochazos nocturnos,
respirar la pintura y elevarme,
aspirar hasta que no quedara un hueco de mi cuerpo sin el colorido veneno de tus mejillas,
detener el tiempo un instante
y después abrir mis venas al oxígeno asfixiado,
oxidar mi sangre,
aparcar la prisa en otro camino y tirar el pincel,
soplar hacia dentro de mis poros
y abrazar el lienzo.


Quisiera ser pintor,
para que los obstáculos fueran vencidos por flores,
que el resto del mundo fuera comparsa
y las noches orgías de cuerpos entrelazados.


Sólo pintaría un cuadro,
los disparos de tu mirada,
tus gritos atravesando mi sien,
tu pintalabios en mi lengua
tus dientes en mi piel
tus manos en las mías,
la noche, 
el día,
desayunamos mirando por la ventana,
nos miramos,
el cielo estalla
agárrame.

domingo, 31 de julio de 2011

Noches de verano

Inolvidable concierto de Ludovico Einaudi anoche en Madrid.


Mis besos se ahogaron en las notas del piano,
yo me ahogué en un abrazo cargado de dudas.
Y es que son preciosas las noches del verano.

Inmejorable final. 
Estremecedor. 




Si hubiera sonado lo que tú deseabas y yo ansiaba pero temía... 
No creo que hubiera podido sujetar cada pedazo de mi cuerpo.

martes, 17 de mayo de 2011

Soledad sin recuerdos

Siento envidia de mis propios recuerdos, 
miro con resentimiento a mi interior,
a la subconsciencia más profunda de mi ser
que mantiene frescas las imágenes que mis ojos empiezan a olvidar.
El efecto de difuminado,
dañino,
corrosivo con un corazón que vomita su verdad
en las largas noches de un verano frustrado,
inquieto 
y padeciendo la terrible realidad del paso del tiempo,
la degradación de la viva imagen de la propia historia,
esa que no se escribe en libros,
sólo en arrítmicos y enfermos versos
para nadie más que la soledad.
Desgastada mente que empuja hacia abajo las sonrisas,
yacen bajo las vísceras quemadas del subconsciente impenetrable,
se esconde lo que me quedaba,
intangible, si,
pero lo que me quedaba.
La soledad no es soledad mientras no se escondan de uno hasta los recuerdos,
y desespera.
En las noches, esa soledad, 
desespera.

martes, 26 de abril de 2011

Mal

Hiela la noche las aceras de la oscura ciudad.


Siniestros pasos se deslizan en silencio, malignos, perversos, con la maldad dejando un halo blanquecino y cegador flotando sobre la crujiente escarcha, que solidifica un rocío aterido e impotente. 


Esta historia no es una historia feliz, ni siquiera es historia. No tiene inicio, no tiene fin. 


La música urbana es tan lamentable como acostumbra: un fondo de neumáticos abrasando caucho en el asfalto, sirenas, el viento colándose por las rendijas de los cubos de basura, que acogen tantos gatos salvajes como perros callejeros y humanos desarraigados. 


El pecho del mal no late, un corazón de alambres grises y rodeado de despojos nauseabundos, que fabrica estertores de la muerte, habita el tórax de un inhumano ser humano, el cual pasea entre las sombras, se asoma a puentes invisibles, deambula por callejones con salida y recorre el laberíntico mapa de la ciudad hundida en la fría niebla.


Y los perversos pasos no se detienen en nada nuevo, es una mera repetición cada vez que se pone el Sol, que cada oscura noche la frialdad de lo maligno se apodere de las calles. Ya dije que no había historia, que no había inicio ni fin.

sábado, 16 de abril de 2011

Versos manchados

Mis pensamientos se agrietan,
las cenizas de tus incendios se enquistan
en mis heridas abiertas
y me despierto sudando en la noche,
imaginándote;
terribles imágenes que pelan mi corazón a machetazos,
se empequeñece mi sonrisa
al recordar...
Al recordarlo todo.
Mil preguntas y mil silencios punzantes,
me remuevo el pelo
y escarbo en mi cráneo,
araño los deseos que me percuten,
esos que no se van 
y me están quebrando,
araño la música que suena 
y que me entrega a la desesperación
de mis manos vacías,
araño mis recuerdos 
hermosos,
queriendo cambiar el rumbo,
pero ¿dónde está el timón?
Me despierto sudando en la noche,
mirando
las sábanas negras,
y no son mis brazos quienes te envuelven,
ni mis piernas quienes se enredan,
ni mi boca la que se pierde por tus rincones
profundos,
deliciosos recuerdos los que poseo,
crío cuervos con ellos.

lunes, 28 de febrero de 2011

Vomitando

Las excusas arañan la soledad de mi cama vacía.


Mis brazos languidecen 
al ritmo de pianos desafinados,
con cuerdas de acero cual cabellos lacios
percutidas por un martillo huidizo.


El sonido odioso,
la caja de resonancia oxidada,
mi armonía rota en mil pedazos
y cada pedazo en cienmil más.


El sentir vacío de mi pecho extraviado,
un sentimiento inerte al son de un reloj parado,
una mirada perdida al horizonte,
los ojos del color desconocido.


Y hablar ya no hablo,
y ver no veo,
y escuchar ni quiero.
Pero escribir vomito.



La piel se cae a tiras en noches así.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Macropoema del deseo que me consume (I)

Destellos de placer me atraviesan,
cruje mi espalda
sintiendo tus gemidos,
en mi oído
un susurro,
un flash que me enfila
al abismo
de las caricias infinitas,
de las lenguas enganchadas,
al amanecer,
que no llegue el día,
que no se vaya la noche.
Espasmos incontrolados,
al ritmo
de gritos lanzados por garganas ajadas,
cuerpos derretidos
al son de tus piernas,
de tus ojos,
arriba y abajo,
suave ahora
fuerte después.
Tu sangre bombea pasión,
tensión contenida
en las venas de la locura
más pura,
inherente a tu ser,
borracho de ese río rojo
aprendido de memoria
bajo la oscuridad de nuestros párpados,
cerrados,
prendidos con el fuego
de las llamas celestiales
que me rompen en mil pedazos,
sin dolor.

domingo, 11 de julio de 2010

Hueco

Estoy hasta los cojones de oír que lo que veo con mis ojos es imposible.


Y escucho Look What You've Done to Me para que me consuma la rabia, mejor eso a que el silencio de la soledad me suma en la más basta de las agonías. Como ahora.


Mi boca aun sabe a ti, mis ojos te ven en esta noche calurosamente fría, mis brazos abrazan vacío, mi pelo despeinado llora la falta de caricias. 


Lo que tú también ves que sucede, en serio, no puede ser imposible.

viernes, 2 de julio de 2010

Ardo

“El que ama, arde.
Y el que arde vuela a la velocidad de la luz"

                                 José Val del Omar



A mi me arde el pecho, 
la cabeza de pensar en ti,
las manos de frotarlas
en tu pelo,
la imaginación de imaginarlo,
los ojos de verte.
Porque en la espesura de la noche
te veo,
mis oídos te oyen
y mi nariz respira tu aroma
de mujer,
mujer que te siento,
en cada uno de mis huesos 
huele a ti,
miles de fotos tuyas en las paredes 
de mi cuerpo, ardiendo,
prendiendo la mecha que me devora
en tu ausencia,
corta pero eterna.

miércoles, 2 de junio de 2010

Creo que voy a empezar a romperme...

Si pudiera transformar nuestras noches
en un ciclo sin final.


Podría ser tan fácil, sería espectacular,
si fueran reversibles aquellas noches de incendio.

lunes, 26 de octubre de 2009

Insomnio (II)

Duermo.

Y observo sus párpados cerrados, y acaricio con mi mirada sus facciones, cada poro de su piel es una aventura, un deseo, un placer. Ardo, su boca, abierta una rendija, expulsa un aire cálido, tibio, respiro su ser. Sus manos, sobre las sábanas revueltas, cansadas. Mi recorrido es ilimitado, va y viene, da mil giros y hace piruetas, así es, no puedo parar, suspiro por no actuar. Me trago el deseo, intento frenar mi corazón, latiendo a la velocidad de la luz, esa que entra por la ventana e ilumina tu cuerpo dorado y lo hace resplandecer, o quizá sea al revés.

No duermo.

Y sus ojos atraviesan la ventana, y se posan allá, en la infinita lejanía de la nada. Su palidez se intensifica con la tenue luz de la luna que llega hasta su cama, una luz blanquecina, triste, apenas un mal reflejo del pasado. Su cuerpo, desnudo y solitario, espera y espera, quien lo valore, lo sepa cuidar y lo ahogue en una noche de desmedida pasión y lujuria, y sabe quién es, y dónde está, y las lágrimas brotan, una vez más.


Y me muevo en mi cama, una y otra vez, una y otra vez... Intento dormir, quiero dormir, volver a ver sus párpados cerrados...

viernes, 9 de octubre de 2009

Insomnio (I)

5:00 am.

Tumbado en mi cama, con los ojos en el techo, comiéndomelo. Y no, no he tomado cocaína, al menos hoy no. Me siento hipersensible esta noche, todo lo percibo y todo me alcanza, no me deja dormir. A mi alrededor hay oscuridad y silencio, pero cada objeto desprende una luz que sólo yo veo y unos gritos que sólo yo oigo, me atacan la corteza de mi cerebro, punzándola, manteniéndome en un vilo irritante, insoportable. Siento ganas de morder, de golpear, de encauzar mi ira hacia lo que me pueda permitir caer inconsciente unas horas. Morfeo no me acoge y ni siquiera me deja quedarme en las puertas de su reino, bajo su influencia, no; me arroja a patadas, lejos, fuera.


5:15 am.

La calle está desierta, ni siquiera hay gente todavía que vaya hacia su trabajo. Las farolas iluminan con ese amarillo tibio que ni es luz ni hostias, y yo aprovecho la soledad para mear entre dos coches. Los semáforos pasan de rojo a verde, y de éste a ámbar para volver a rojo sin que nadie se guíe por sus indicaciones, por lo que me siento tan libre que camino por el medio de la calzada, arrastrando los pies uno tras otro, sin rumbo. Sin mirar a más de 3 metros por delante.


5:25 am.

Cruzo un puente saliendo de mi barrio, y veo el primer tren de cercanías detenerse en la Estación Central, recogiendo a una docena de don nadies que debieron esquivar mi camino, porque no les había visto. El convoy siguió su camino rompiendo el silencio de la noche bajo mis pasos. Malditos, se creerán desafortunados por despertarse tan temprano...

Ya quisiera yo despertarme.

viernes, 27 de febrero de 2009

Huracán

No sé si es tormenta o si mi manera de ver las cosas en el duermevela en que paso las noches me engaña. Oigo el agua caer constante sobre el tejado, los truenos resonar en el cielo encapotado y el viento golpeando las ventanas. O eso creo. Mi realidad nocturna es tan voluble como una esponja y aunque siempre he temido noches como esta, poco me importan ahora mismo todos los relámpagos que puedan caer y todo el vendaval que pueda arreciar.

Ya no está y eso es peor que cualquier huracán que venga.

Flota en el ambiente una mezcla de humo y desazón, lo respiro silencioso, mientras me dejo llevar por el paso de los minutos. Mente en blanco, hay que dejarlo correr. Pero, ¿qué coño? Si realmente lo dejara correr saldría de aquí, de esta cama que me devora hasta los tuétanos, estaría observando por la ventana aterrado los destellos del cielo y rezando para que terminasen pronto. Pero me consumo postrado entre mantas y adormecido por el sopor. El sopor que me tomo en pequeñas cápsulas.

Ya no está y deseo que el huracán se lo lleve todo.

Después de la tormenta siempre llega la calma, y ahora el silencio se apodera de la noche. Huele a mojado, a húmedo. Un poco más, sólo un rato más y nada hubiera soportado la fuerza de la naturaleza. Un poco más y todo habría acabado. Sufrimiento, sopor, insomnio, dolor. Se lo hubiera llevado el viento y lo hubiera empapado la lluvia, dejándolo inservible, humillado, dándome una oportunidad. Pero ha parado, y el sopor se evapora por momentos, vuelve el dolor, con él el llanto, y con el llanto me atrinchero aun más debajo de las tres mantas, y entonces vuelvo a tomar las cápsulas que me llevan al sopor.

Vuelve, huracán, ya no estás tú tampoco.