El silencio es duro como un martillo golpeando un yunque que más que moldear desfigura el hierro candente, lo machaca incansable en estos días donde ecos pasados estallan en mi propia cabeza, mezclándose diabólicos con las mecánicas embestidas del martillo. No existe un rincón que atenúe la brutalidad sonora del silencio golpeando; no puedo huir porque no me persigue, me espera allí donde voy y a la vez, me acompaña en el camino. La opresión fluctuante entre la sien y el pecho, la sequedad mental, la debilidad de mis latidos avasallados por la fuerza descomunal de la peor de las elipsis, y un océano de nada surgiendo majestuosamente terrorífico a mi alrededor, quedando mi cuerpo entregado; una isla deshabitada ya de razones, sobreviviendo por meras sensaciones que obligan a continuar la espiral. Una y otra vez, sube el martillo, baja y golpea, sube el martillo, baja y golpea. La terrible sensación de un silencio despiadado que ataca y perfora la fragilidad de un sentimiento que de puro es endeble.
El silencio es dulce como un baño tibio a la luz de una vela. Dormir mecido en las sábanas suaves con tu cuerpo rozando ligero el mío, ese silencio de tu respiración posándose sobre mi brazo, envolviendo con una tela de armonía la pasión saciada. El cosquilleo de tu aliento en mis labios como un violín afinado, tus ojos cerrados surcando territorios inexplorados, mis ojos abiertos surcando tu piel infinita. Las mejillas rosadas, tu lengua que atravesó mis trincheras hasta lo más profundo de mis entrañas, tus dedos callados que acariciaron mi satisfacción, tus piernas exhaustas que enredaron mi camino hasta dirigirlo sólo a ti. Tu cuerpo dormido en calma, en el delicioso silencio que inunda mis oídos.
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jueves, 8 de septiembre de 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
Aliento
El aliento tibio,
inconfundible,
mana de tu boca
hacia mi sangre,
revuelve en mis recuerdos
y se juntan nuestras narices,
se acarician
y bailan,
en silencio;
mi boca va y viene,
te desea pero tiembla,
te respira y se emociona,
te roza y se desboca.
Deseo agarrarte,
abrazarte más fuerte,
más fuerte,
más fuerte
hasta romperme en mil pedazos contigo,
diluirme en la nada,
viajar al infinito y no volver,
unir mi pecho al tuyo y flotar
en la marisma de tus sonrisas,
de tu incomprensible mirada,
de tu nariz rozando la mía,
de tu boca respirándo y yo tragando el aire;
yo lamiendo tus entrañas,
desbocado,
como estoy,
lamiendo mis heridas,
las mentiras y los daños,
despertando instintos,
pasiones,
deseos;
revocando decisiones,
palabras,
sólo palabras;
motivando acciones,
besos,
miradas;
olvidando vómitos,
lágrimas
noches en vela;
la eterna confianza en el algo,
en lo amado,
en el tiempo,
en las miradas que unen un infinito,
que distancian todo lo demás,
en las miradas que unen un infinito,
que distancian todo lo demás,
repito.
¿Qué vas a construir en un solar en llamas?
viernes, 3 de septiembre de 2010
Macropoema del deseo que me consume (I)
Destellos de placer me atraviesan,
cruje mi espalda
sintiendo tus gemidos,
en mi oído
un susurro,
un flash que me enfila
al abismo
de las caricias infinitas,
de las lenguas enganchadas,
al amanecer,
que no llegue el día,
que no se vaya la noche.
Espasmos incontrolados,
al ritmo
de gritos lanzados por garganas ajadas,
cuerpos derretidos
al son de tus piernas,
de tus ojos,
arriba y abajo,
suave ahora
fuerte después.
Tu sangre bombea pasión,
tensión contenida
en las venas de la locura
más pura,
inherente a tu ser,
borracho de ese río rojo
aprendido de memoria
bajo la oscuridad de nuestros párpados,
cerrados,
prendidos con el fuego
de las llamas celestiales
que me rompen en mil pedazos,
sin dolor.
cruje mi espalda
sintiendo tus gemidos,
en mi oído
un susurro,
un flash que me enfila
al abismo
de las caricias infinitas,
de las lenguas enganchadas,
al amanecer,
que no llegue el día,
que no se vaya la noche.
Espasmos incontrolados,
al ritmo
de gritos lanzados por garganas ajadas,
cuerpos derretidos
al son de tus piernas,
de tus ojos,
arriba y abajo,
suave ahora
fuerte después.
Tu sangre bombea pasión,
tensión contenida
en las venas de la locura
más pura,
inherente a tu ser,
borracho de ese río rojo
aprendido de memoria
bajo la oscuridad de nuestros párpados,
cerrados,
prendidos con el fuego
de las llamas celestiales
que me rompen en mil pedazos,
sin dolor.
viernes, 20 de agosto de 2010
Microcuento del deseo que me consume (II)
Que me revuelvas el pelo mientras agarro tu rostro, flaco y suave, que tus yemas activen mis besos en tu rostro, dejar llevar mi instinto hasta el punto más extremo de la pasión. Lamerte la sal del océano en cada poro de tu piel, emborracharme hasta que me olvide de olvidarte, darte los buenos días con resaca de ti en mi cabeza, besarte a la mañana hasta evaporar tus legañas, quitarte la ropa de nuevo y que tú me la quites a mi, emborracharme de nuevo en dos minutos, beber de ti, de tu fuente de la vida, de esa vida que me sonríe a la vez que tú.
miércoles, 4 de agosto de 2010
En la noche
Y las palabras retumbaban en su cabeza como un martillo en el yunque, vigorosas y constantes; le absorbían cualquier otro pensamiento y le sumían en un estado de desesperación. Su ansía voraz de expresar los sentimientos que habían anidado en su interior era mayor a ninguna otra cosa; le obsesionaba que supiera, que entendiera el porqué actuaba así, la mera idea de perderla le resultaba insoportable, pero no quería tener que arrepentirse de no haber entregado hasta la última gota de aliento.
Andaba en la noche, meditabundo, cabizbajo, ni un alma en las oscuras calles de su nuevo barrio. Sentía que esas calles eran suyas, pero él quería su boca, sus ojos posados sobre los suyos, sus manos, no soledad y oscuridad sobre el asfalto. De continuo imaginaba lo que podía ser y no era, suspiraba y buscaba su delicada silueta en cada esquina, soñaba el encuentro prohibido, el abrazo infinito, la brutalidad de sus lenguas engarzándose en una espiral que los enfilara hacia el abismo más profundo de la pasión, donde sus cuerpos pelearan entre sábanas revueltas y gemidos desgarrados por la felicidad.
Y lo peor de todo es que sabía que casi todos los elementos jugaban en su contra.
Andaba en la noche, meditabundo, cabizbajo, ni un alma en las oscuras calles de su nuevo barrio. Sentía que esas calles eran suyas, pero él quería su boca, sus ojos posados sobre los suyos, sus manos, no soledad y oscuridad sobre el asfalto. De continuo imaginaba lo que podía ser y no era, suspiraba y buscaba su delicada silueta en cada esquina, soñaba el encuentro prohibido, el abrazo infinito, la brutalidad de sus lenguas engarzándose en una espiral que los enfilara hacia el abismo más profundo de la pasión, donde sus cuerpos pelearan entre sábanas revueltas y gemidos desgarrados por la felicidad.
Y lo peor de todo es que sabía que casi todos los elementos jugaban en su contra.
jueves, 20 de mayo de 2010
Ecos
Una banda de 50.000 gargantas, a coro, exprimiendo las últimas gotas de energía, extenuados, derrotados tras 90 minutos apasionantes y con la sensación de haber merecido algo más, cantando sin cesar hasta apagar los gritos de los vencedores en un estadio mítico, coreando los nombres de los jugadores que lo dieron todo, llorando por la tensión y la emoción de estar viviendo un momento grande, agitando las bufandas rojiblancas sin pausa, gritando a los cuatro vientos una pasión, un sentimiento, una forma de vida...
Yo estuve allí, y siempre se dice que nadie se acuerda de quien pierde una final, pero esta vez será diferente, porque nunca se escuchó más a la grada derrotada, porque jamás se dio una situación tan espectacular, porque lo de menos fue el partido, sino la ilusión recuperada y la demostración de amor a unos colores que marcan la vida a quien los siente.
En Barcelona aun resuenen los ecos...
¡Yo me voy al Manzanares,
al estadio Vicente Calderón,
donde acuden a millares,
los que gustan de un fútbol de emoción,
porque luchan como hermanos,
defendiendo sus colores,
por un juego noble y sano,
derrochando coraje y corazón,
lalala lalala lalala
¡ATLETI! ¡ATLETI!
¡ATLÉTICO DE MADRID!
¡ATLETI! ¡ATLETI!
¡ATLÉTICO DE MADRID!
Jugando, ganando,
peleas como el mejor,
porque siempre tu afición
se estremece con pasión,
cuando quedas entre todos campeón,
y se ve frente al balón,
a un equipo de verdad,
que esta tarde también peleará.
¡ATLETI!
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atlético de madrid,
Barcelona,
deporte,
eco,
fútbol,
himno,
pasión,
sentimientos
viernes, 30 de abril de 2010
Pura pasión
Pura pasión, incontrolable, puto fútbol. Me he comido las uñas hasta los nudillos, he sufrido lo indecible, no he sido capaz de vivir sentado en la silla la prórroga, he desesperado pero he esperado ilusionado el momento, sin saber si llegaría...
Me he emocionado al pitido final tanto que casi me dan ganas de llorar; no he podido controlar la tensión y he tenido que soltar un grito cercano al alarido y salir del bar unos metros de la tensión acumulada. Tantos años sufriendo, un sentimiento eterno con esto tan insano como es mi Atleti, que los éxitos se valoran mucho más. Muchos no lo entenderán, y se que es absurdo, que sólo es fútbol, pero bueno...
Gracias a este gol hoy me voy a la cama radiante, no sé si dormiré bien con tanta excitación en mi cuerpo... (pinchar en el icono amarillo para escuchar)
¡Força Atleti!
Me he emocionado al pitido final tanto que casi me dan ganas de llorar; no he podido controlar la tensión y he tenido que soltar un grito cercano al alarido y salir del bar unos metros de la tensión acumulada. Tantos años sufriendo, un sentimiento eterno con esto tan insano como es mi Atleti, que los éxitos se valoran mucho más. Muchos no lo entenderán, y se que es absurdo, que sólo es fútbol, pero bueno...
Gracias a este gol hoy me voy a la cama radiante, no sé si dormiré bien con tanta excitación en mi cuerpo... (pinchar en el icono amarillo para escuchar)
Aleluyah, el Atlético de Madrid vuelve a disputar una final europea (Añado una bonita mezcla con los mejores momentos del partido con el tema musical Aleluyah)
¡Força Atleti!
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sábado, 26 de diciembre de 2009
Diálogos de cine (III) El Secreto de tus Ojos. Pasión.
El tipo pudo hacer cualquier cosa para ser distinto. Pero hay una cosa que no puede cambiar, ni el ni vos ni yo, ¡nadie!
Mirame a mi, soy un tipo joven, tengo un buen laburo, una mina que me quiere. Y como decís vos, me sigo cagando la vida viniendo a tugurios como este. Más de una vez me dijiste, ¿por qué estás ahí Pablo? ¿Qué haces ahí? Y ¿sabes porque estoy Benjamín? Porque me apasiona, me gusta venir acá. Ponerme en pedo, cagarme a trompadas si alguien me hincha las pelotas, me gusta.
Y vos lo mismo Benjamín, vos no podés… no hay manera de que te puedas sacar de la cabeza a Irene. Y la mina tiene más ganas de casarse que Susanita. Debe tener más de 37, revista de trajes de novia arriba del escritorio, se comprometió con fiesta y todo… Pero vos, seguis esperando el milagro Benjamín, ¿por qué?
(...)
¿Te das cuenta Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión.
El secreto de tus ojos, de Juan José Campanella.
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