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martes, 20 de marzo de 2012

Bajo todas las estrellas (comentario)

En pleno siglo XXI, en esta era digital, en una época en la que conocemos la captura y asesinato del hombre más buscado del planeta gracias a un tuitero, o donde podemos ver naufragios en riguroso directo gracias a los móviles última generación de los propios náufragos, somos incapaces de sentir la crucial necesidad que puede estar viviendo alguien muy cercano.

La incomunicación es el caballo de Troya que nosotros mismos hemos introducido dentro de nuestras murallas. La hemos alimentado, hecho crecer y desarrollado hasta tal punto que está a punto de fagocitarnos por completo, de destruir lo que siglos y milenios de evolución han logrado; algo que casi se podría dar por innato en el ser humano está pendiendo de un hilo rodeado de cuchillas.

Como buen mal endémico, esta incomunicación se expande imparable por Occidente, como si una epidemia nos afectara y nos la fuéramos pasando unos a otros. Eso si, teniendo muy en cuenta el no comentarlo, no sea que haya que profundizar en conversaciones que requieran ese anticuado vicio del pensamiento y la reflexión.

Podemos conectarnos pero no somos capaces de encontrarnos. 

Bajo todas las estrellas muestra una pequeña, casi mínima, situación de incomunicación llevada al límite más atroz de una manera tranquila, sosegada, aparentemente indolora. El conflicto puede ser nuevo o viejo, pero también puede ser una nube que oscurece cada segundo de una vida, y como tal, afecta a los personajes de esta historia. Una historia de incomunicación, si, pero también de soledad, de recuerdos, de sentimientos encontrados, de maneras opuestas de entender y vivir la vida.

Opuestas y ninguna correcta, opuestas y ninguna errónea.


Bajo todas las estrellas, mi primer cortometraje rodado en España. 
Próximamente.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Senderos de niebla

La niebla es confusión de almas perdidas,
mezcla de sinsabores fugaces,
amalgama de fiascos continuos,
sombra de deseos abandonados,
enconados,


y fiebre.


Febriles los ojos que miran la niebla,
un llanto que el cielo silencioso derrama,
febriles también los gestos borrados,
olvidados,
escondidos en rincones tras un manto gris terciopelo que pinta la noche.
La niebla es fiebre que sube,
una jarra que estalla,
una silla que arrastra y una puerta que chirría,
ruidos y más ruidos,
que con solemne calma y enorme silencio
engullen esta velada pringada de soledad.


La niebla es muchas cosas,
es y son verdades y mentiras,
recuerdos y tachones,
miradas,
caminos,
gritos.

martes, 6 de septiembre de 2011

Camino. Tropiezo.

Camino,
tropiezo.
Y tropiezo.


Hay piedras que cuanto menos se ven más daño hacen,
afiladas y con aristas,
ocultas.
La arboleda me alcanza tras la caricia de las flores,
flores con pinchos,
agujas que no se sienten hasta que la soledad del bosque camufla el cielo,
y la oscuridad cae a plomo,
violenta, imprevista.


Pero me levanto,
camino,
tropiezo.
Y tropiezo.


Busco el Sol y bajo él las flores,
el sendero,
¿dónde está el sendero?
No sé volver atrás,
así que avanzo,
camino,
busco flores,
busco el Sol que me devuelva la sonrisa,
supongo que cuando quieres algo el tropezar es otro paso más.


Camino,
camino.
Y camino.

martes, 17 de mayo de 2011

Soledad sin recuerdos

Siento envidia de mis propios recuerdos, 
miro con resentimiento a mi interior,
a la subconsciencia más profunda de mi ser
que mantiene frescas las imágenes que mis ojos empiezan a olvidar.
El efecto de difuminado,
dañino,
corrosivo con un corazón que vomita su verdad
en las largas noches de un verano frustrado,
inquieto 
y padeciendo la terrible realidad del paso del tiempo,
la degradación de la viva imagen de la propia historia,
esa que no se escribe en libros,
sólo en arrítmicos y enfermos versos
para nadie más que la soledad.
Desgastada mente que empuja hacia abajo las sonrisas,
yacen bajo las vísceras quemadas del subconsciente impenetrable,
se esconde lo que me quedaba,
intangible, si,
pero lo que me quedaba.
La soledad no es soledad mientras no se escondan de uno hasta los recuerdos,
y desespera.
En las noches, esa soledad, 
desespera.

lunes, 28 de febrero de 2011

Vomitando

Las excusas arañan la soledad de mi cama vacía.


Mis brazos languidecen 
al ritmo de pianos desafinados,
con cuerdas de acero cual cabellos lacios
percutidas por un martillo huidizo.


El sonido odioso,
la caja de resonancia oxidada,
mi armonía rota en mil pedazos
y cada pedazo en cienmil más.


El sentir vacío de mi pecho extraviado,
un sentimiento inerte al son de un reloj parado,
una mirada perdida al horizonte,
los ojos del color desconocido.


Y hablar ya no hablo,
y ver no veo,
y escuchar ni quiero.
Pero escribir vomito.



La piel se cae a tiras en noches así.

viernes, 29 de octubre de 2010

Se

¿Y qué es?
Yo qué se.
Tengo 23 años,
no debo saber nada aun.
Pero te siento,
-porque no te veo-
y se me eriza la piel,
me tiembla la mirada,
mis manos surcan tu rostro
suave,
mis ojos recorren los tuyos.
Estás aquí,
duermo solo
y contigo;
tierna,
bella sensación,
una nube dulce
me acaricia la frente,
¿dónde hay muros?
Quiero estrellarme, 
saciarme de verdad,
de esta verdad,
del imposible que jurabas
transformado en realidad.


¿Y qué es?
Qué se yo,
sé que tengo una cita,
una X marcada,
que miro 
-re-
y cuento,
cuentatrás.

domingo, 15 de agosto de 2010

¿Qué?

Qué más quisiera que olvidarte,
qué más,
qué mas que poder aislar tu imagen en mi mente,
qué más que olvidar tus besos,
y tus ojos...
Qué más que no rabiar por no verte,
que no duela el pensamiento,
que no haya sentimiento,
que no más buenas noches al viento,
y tus ojos...
Qué más que no visites mis ausencias,
que mis sonrisas no busquen tu espejo,
que tu voz no resuene con eco,
y tus ojos...
Que no olvido,
que no quiero más allá de tu cuerpo,
que no puedo más que sentirte,
en el vacío de la soledad mas ardiente,
te veo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

En la noche

Y las palabras retumbaban en su cabeza como un martillo en el yunque, vigorosas y constantes; le absorbían cualquier otro pensamiento y le sumían en un estado de desesperación. Su ansía voraz de expresar los sentimientos que habían anidado en su interior era mayor a ninguna otra cosa; le obsesionaba que supiera, que entendiera el porqué actuaba así, la mera idea de perderla le resultaba insoportable, pero no quería tener que arrepentirse de no haber entregado hasta la última gota de aliento.


Andaba en la noche, meditabundo, cabizbajo, ni un alma en las oscuras calles de su nuevo barrio. Sentía que esas calles eran suyas, pero él quería su boca, sus ojos posados sobre los suyos, sus manos, no soledad y oscuridad sobre el asfalto. De continuo imaginaba lo que podía ser y no era, suspiraba y buscaba su delicada silueta en cada esquina, soñaba el encuentro prohibido, el abrazo infinito, la brutalidad de sus lenguas engarzándose en una espiral que los enfilara hacia el abismo más profundo de la pasión, donde sus cuerpos pelearan entre sábanas revueltas y gemidos desgarrados por la felicidad.

Y lo peor de todo es que sabía que casi todos los elementos jugaban en su contra.

domingo, 11 de julio de 2010

Hueco

Estoy hasta los cojones de oír que lo que veo con mis ojos es imposible.


Y escucho Look What You've Done to Me para que me consuma la rabia, mejor eso a que el silencio de la soledad me suma en la más basta de las agonías. Como ahora.


Mi boca aun sabe a ti, mis ojos te ven en esta noche calurosamente fría, mis brazos abrazan vacío, mi pelo despeinado llora la falta de caricias. 


Lo que tú también ves que sucede, en serio, no puede ser imposible.

viernes, 2 de julio de 2010

Ardo

“El que ama, arde.
Y el que arde vuela a la velocidad de la luz"

                                 José Val del Omar



A mi me arde el pecho, 
la cabeza de pensar en ti,
las manos de frotarlas
en tu pelo,
la imaginación de imaginarlo,
los ojos de verte.
Porque en la espesura de la noche
te veo,
mis oídos te oyen
y mi nariz respira tu aroma
de mujer,
mujer que te siento,
en cada uno de mis huesos 
huele a ti,
miles de fotos tuyas en las paredes 
de mi cuerpo, ardiendo,
prendiendo la mecha que me devora
en tu ausencia,
corta pero eterna.

sábado, 26 de junio de 2010

Espera, larga, inmensa

Y te vas.


Y te espero.


Que pase ya, que pase ya, sólo pienso en los segundos que corren -despacio-, en los minutos que se restan a las horas que faltan.


La impaciencia me consume, la impotencia me golpea, la imaginación me derrumba.


Tú allí. No estás sola y a la vez te siento aquí, conmigo, que estoy solo. Cuanta incongruencia, los deseos de mi corazón vuelan a la par que los tuyos, lo sé, lo sabes, vuelan, volamos.


No cojo el hilo hoy, no escribo pensando, tormenta en el papel, en mi cabeza, en mis ojos.

sábado, 1 de mayo de 2010

La montaña

Un infinito manto de nieve. Brutal, despiadado, dulce a la vez.

Solo, allí estás solo. Sin ayuda y sin posibilidad de sobrevivir. Recuerdas a tu familia, a tus amigos, lo que te ha llevado hasta allí, los momentos felices y los tristes también, ¿por qué no? Sientes tu vida apagarse de manera humilde, sin estridencias, se marcha sin gritar, poco a poco, saboreando el trágico momento y otorgándole un velo de ternura, algo mágico, cercano a la mística.

La montaña es cruel, celosa de si misma y de quienes la quieren ver por debajo de sus ojos, por eso posee esa atracción por la que tantos han perdido la vida. Otros muchos, simplemente, han entregado cada ápice de energía y de fuerza en conquistar una cumbre más alta, más complicada, que ese lazo que une al montañero y a la madre naturaleza en forma de cordillera se fuera fortaleciendo hasta límites imposibles de entender para quienes vemos esto desde fuera, desde una óptica tan alejada como se puede sentir cualquier persona que, a más de 8.000 metros de altura, mire el mundo a sus pies. Una sensación de armonía, de paz consigo mismo, de satisfacción por el objetivo logrado, una vivencia que pocos pueden contar y que les honra.

Esta vez fue Tolo Calafat quien se fue en el peligroso Annapurna, donde también quedó Iñaki Ochoa, hace 2 años. Pero la lista es larga, desde Félix Iñurrategi en el Gasherburn II, que descendía tras hacer cumbre junto a su hermano, hasta los 5 montañeros navarros y guipuzcoanos que perecieron en Nepal arrastrados por un alud en 2001, y llegando al famoso caso de Óscar Pérez, que falleció el pasado año en el Latok II pakistaní, tras una larga agonía física y mental esperando un rescate que fue dado por imposible, debido a la extrema dureza de las condiciones climatológicas, y que obligaron a dejar que su cuerpo, sin vida, pasara a ser propiedad de la montaña.

Y la lista seguirá creciendo al mismo ritmo que el sentimiento de atracción que produce la montaña.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Lejos

¿Volvería? No.

Pero podía ir en su búsqueda, eso me quedaba como consuelo, al menos. Sabía que no iba a hacerlo, aunque no lo pensaba, simplemente soñaba con que una carrera bastaría para alcanzar de nuevo la recompensa que significaba; pero sólo eran pensamientos vanos, ni siquiera era escasa valentía, sino simple sentido común. La experiencia me detenía el ímpetu.

Y en la tenue oscuridad de mi habitación, sentí en ese instante que no todo estaba perdido. Sólo se había esfumado a otro lugar, había mudado, una huida silenciosa y discreta, como siempre acostumbraba.

viernes, 22 de enero de 2010

Viernes

Solo.
Fuerzas justas,
e injustas formas de pensar,
no sé,
quizá...
Volar sea una opción,
no huir,
tan sólo ir,
eso,
sólo ir,
solo.

Desangrado,
por dentro
un pensamiento,
sin más,
sólo uno.

Coge y vete,
es el día,
ya lo ves,
solo estás,
y solo irás.

miércoles, 15 de julio de 2009