Pétalos de sangre caídos
rosas secas
espinas clavadas
y tallos negros.
Caminos de azufre
la bruma espesa
silencio.
Palpita el miedo
tiembla el horizonte.
Tú.
Cacería de sueños
violencia
dolor innato
placer inmune,
tormento
y tormenta,
Sol, ¿qué Sol?
Mi cara mojada
la lluvia ácida
amarga.
Mostrando entradas con la etiqueta lluvia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lluvia. Mostrar todas las entradas
martes, 15 de mayo de 2012
jueves, 5 de abril de 2012
Sintiendo sueños (II)
Llego a casa empapado por la lluvia primaveral que me inunda los ojos perdidos. Desnudo mi cuerpo y mi ser en un cuarto vacío, arrojo las ropas mojadas al baúl de la nada, me acurruco en una esquina en penumbra, escondiéndome de esta noche fría, húmeda y de una soledad que trasciende mis poros estallándome en los huesos, ya resquebrajados por tantas horas de espera. De espera a algo que ni sé, ni realmente espero. Joder.
¿Acaso sigues asomándote a mi ventana? A veces pienso que tienes la llave de esta puerta que un día echaste abajo con una dulce patada, y me dan ganas de marcharme de esta casa abarrotada de recuerdos, imágenes que aun dibujan tiempos en los que yo era yo y nada más. No ahora, que soy yo con trabas, con pasado, con el presente condicionado, con las uñas carcomidas por la avalancha de un futuro que no deseo.
Y sigo mascullando en esta esquina oscura, susurrando al viento que deje de soplarme en la cara.
¿Acaso sigues asomándote a mi ventana? A veces pienso que tienes la llave de esta puerta que un día echaste abajo con una dulce patada, y me dan ganas de marcharme de esta casa abarrotada de recuerdos, imágenes que aun dibujan tiempos en los que yo era yo y nada más. No ahora, que soy yo con trabas, con pasado, con el presente condicionado, con las uñas carcomidas por la avalancha de un futuro que no deseo.
Y sigo mascullando en esta esquina oscura, susurrando al viento que deje de soplarme en la cara.
hablo de
filosofía barata,
futuro,
llave,
lluvia,
noche,
pasado,
presente,
relatos,
sentimientos,
ventana
domingo, 2 de octubre de 2011
Postales
Ver caer la lluvia por la ventana es una postal típica de melancolía,
y yo lo que quiero es mojarme los pies con el rocío que baña el césped al amanecer.
Abrir la puerta a sonrisas desconocidas,
que las gotas sean de sudor y no de sangre:
que un día pasen y vean:
la felicidad abarrota las cuatro patas de mi cama,
mi colchón ruge cánticos de aliento
mi almohada humedecida saluda al Sol con una mueca.
sábado, 31 de julio de 2010
Paquetes
¿Y qué más da si llueve en mi nueva ciudad, si yo sonrío?
Hay paquetes que vuelan, que pasan de mano en mano desde su origen hasta su destino, y todas esas manos que no saben que transportan se pierden muchas octavas maravillas del mundo. Muchas palabras que viajan en busca de ojos que las devoren, significados deseosos de ser descubiertos, imágenes impacientes de ser contempladas en toda su belleza, y una infinita sucesión de elementos que hacen que la distancia se achique y las sonrisas se aúnen, los ojos se reúnan de nuevo en espacios etéreos e inmunes, y las manos se enlacen invisibles al mundo exterior.
Puede llover, tronar y aullar el viento, lo miraré feliz por la ventana.
Hay paquetes que vuelan, que pasan de mano en mano desde su origen hasta su destino, y todas esas manos que no saben que transportan se pierden muchas octavas maravillas del mundo. Muchas palabras que viajan en busca de ojos que las devoren, significados deseosos de ser descubiertos, imágenes impacientes de ser contempladas en toda su belleza, y una infinita sucesión de elementos que hacen que la distancia se achique y las sonrisas se aúnen, los ojos se reúnan de nuevo en espacios etéreos e inmunes, y las manos se enlacen invisibles al mundo exterior.
Puede llover, tronar y aullar el viento, lo miraré feliz por la ventana.
viernes, 27 de febrero de 2009
Huracán
No sé si es tormenta o si mi manera de ver las cosas en el duermevela en que paso las noches me engaña. Oigo el agua caer constante sobre el tejado, los truenos resonar en el cielo encapotado y el viento golpeando las ventanas. O eso creo. Mi realidad nocturna es tan voluble como una esponja y aunque siempre he temido noches como esta, poco me importan ahora mismo todos los relámpagos que puedan caer y todo el vendaval que pueda arreciar.
Ya no está y eso es peor que cualquier huracán que venga.
Flota en el ambiente una mezcla de humo y desazón, lo respiro silencioso, mientras me dejo llevar por el paso de los minutos. Mente en blanco, hay que dejarlo correr. Pero, ¿qué coño? Si realmente lo dejara correr saldría de aquí, de esta cama que me devora hasta los tuétanos, estaría observando por la ventana aterrado los destellos del cielo y rezando para que terminasen pronto. Pero me consumo postrado entre mantas y adormecido por el sopor. El sopor que me tomo en pequeñas cápsulas.
Ya no está y deseo que el huracán se lo lleve todo.
Después de la tormenta siempre llega la calma, y ahora el silencio se apodera de la noche. Huele a mojado, a húmedo. Un poco más, sólo un rato más y nada hubiera soportado la fuerza de la naturaleza. Un poco más y todo habría acabado. Sufrimiento, sopor, insomnio, dolor. Se lo hubiera llevado el viento y lo hubiera empapado la lluvia, dejándolo inservible, humillado, dándome una oportunidad. Pero ha parado, y el sopor se evapora por momentos, vuelve el dolor, con él el llanto, y con el llanto me atrinchero aun más debajo de las tres mantas, y entonces vuelvo a tomar las cápsulas que me llevan al sopor.
Vuelve, huracán, ya no estás tú tampoco.
Ya no está y eso es peor que cualquier huracán que venga.
Flota en el ambiente una mezcla de humo y desazón, lo respiro silencioso, mientras me dejo llevar por el paso de los minutos. Mente en blanco, hay que dejarlo correr. Pero, ¿qué coño? Si realmente lo dejara correr saldría de aquí, de esta cama que me devora hasta los tuétanos, estaría observando por la ventana aterrado los destellos del cielo y rezando para que terminasen pronto. Pero me consumo postrado entre mantas y adormecido por el sopor. El sopor que me tomo en pequeñas cápsulas.
Ya no está y deseo que el huracán se lo lleve todo.
Después de la tormenta siempre llega la calma, y ahora el silencio se apodera de la noche. Huele a mojado, a húmedo. Un poco más, sólo un rato más y nada hubiera soportado la fuerza de la naturaleza. Un poco más y todo habría acabado. Sufrimiento, sopor, insomnio, dolor. Se lo hubiera llevado el viento y lo hubiera empapado la lluvia, dejándolo inservible, humillado, dándome una oportunidad. Pero ha parado, y el sopor se evapora por momentos, vuelve el dolor, con él el llanto, y con el llanto me atrinchero aun más debajo de las tres mantas, y entonces vuelvo a tomar las cápsulas que me llevan al sopor.
Vuelve, huracán, ya no estás tú tampoco.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Pilas
-Cariño, ve a comprar pilas que no me funciona la radio.
-Ahora mismo, beibi, termino de fregar los cacharros y voy.
-Date prisa, porfa, va a empezar el programa.
-Bueeeeno, luego termino cosita.
-Mejor.
Cierro la puerta y salgo corriendo escaleras abajo. Siempre es igual, no se entera de nada, se cree que estoy para servirla y lo que se le antoje debe ser una obligación para mi concedérselo. Pero ahora, la tortilla ha sido volteada y yo me encargo de que ella crea que maneja la situación, y me maneja a mi, pero no.
En la calle llueve, bastante además. Es una lluvia punzante, fría, pero sólo tengo que avanzar cien metros y cruzar la calle. Ahí está la tienda, me mojo lo menos posible y entro corriendo. Cierro la puerta y dejo el cierre medio bajado.
-Has tardado mucho.
-Es la misma hora de siempre.
Un beso cojonudo, como siempre. Su lengua es fina pero agresiva, pasional. Me lleva a la trastienda rápidamente y en quince minutos disfruto más que en todo el día. Me hace sentir especial, y yo se lo hago sentir también. Es mutuo, como todo debiera ser en una relación entre dos personas, y eso hace feliz a cualquiera. Otro beso fugaz, pero este más acelerado y satisfecho, preceden mi salida corriendo de la tienda.
-Amorcito, llueve mucho, cojo el paraguas.
-¿Pero no has comprado las pilas?
-Esperé un poquito en el portal, a ver si paraba, pero llueve a mares.
-Date prisa joe, que ya habrá empezado.
-No te haré esperar beibi.
Mientras caminaba -esta vez, si- con el paraguas, me metí la mano en el bolsillo, relajado, feliz. Y palpé las dos pilas que había comprado anoche, que estarían casi enteras, tan solo gastadas por ese par de horas de radio, y luego sustituidas por las que compré hace ya muchos meses, en la misma tienda a la que ahora volvía a entrar.
-¿Te quedan pilas?
Risas.
-Ahora mismo, beibi, termino de fregar los cacharros y voy.
-Date prisa, porfa, va a empezar el programa.
-Bueeeeno, luego termino cosita.
-Mejor.
Cierro la puerta y salgo corriendo escaleras abajo. Siempre es igual, no se entera de nada, se cree que estoy para servirla y lo que se le antoje debe ser una obligación para mi concedérselo. Pero ahora, la tortilla ha sido volteada y yo me encargo de que ella crea que maneja la situación, y me maneja a mi, pero no.
En la calle llueve, bastante además. Es una lluvia punzante, fría, pero sólo tengo que avanzar cien metros y cruzar la calle. Ahí está la tienda, me mojo lo menos posible y entro corriendo. Cierro la puerta y dejo el cierre medio bajado.
-Has tardado mucho.
-Es la misma hora de siempre.
Un beso cojonudo, como siempre. Su lengua es fina pero agresiva, pasional. Me lleva a la trastienda rápidamente y en quince minutos disfruto más que en todo el día. Me hace sentir especial, y yo se lo hago sentir también. Es mutuo, como todo debiera ser en una relación entre dos personas, y eso hace feliz a cualquiera. Otro beso fugaz, pero este más acelerado y satisfecho, preceden mi salida corriendo de la tienda.
-Amorcito, llueve mucho, cojo el paraguas.
-¿Pero no has comprado las pilas?
-Esperé un poquito en el portal, a ver si paraba, pero llueve a mares.
-Date prisa joe, que ya habrá empezado.
-No te haré esperar beibi.
Mientras caminaba -esta vez, si- con el paraguas, me metí la mano en el bolsillo, relajado, feliz. Y palpé las dos pilas que había comprado anoche, que estarían casi enteras, tan solo gastadas por ese par de horas de radio, y luego sustituidas por las que compré hace ya muchos meses, en la misma tienda a la que ahora volvía a entrar.
-¿Te quedan pilas?
Risas.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Sin nombre (II)
Sin nombre (I)
El frío me hiela las pestañas y el viento me corta las mejillas, pero camino despacio. Solo, claro. Las manos en los bolsillos, la mirada al frente, perdida, mis pasos, largos y firmes, mienten marcando un camino inexistente. He llamado a la oficina, he dicho que me sentía mal y que no iría, después he arrojado el móvil a una papelera. No me he duchado esta mañana y mientras respiro el aire contaminado, recuerdo que no he dejado abierta la ventana de casa. Otro día será.
Me cruzo con la gente, que no me ve, que corre de un sitio a otro, y yo si les veo. Hoy lo veo todo. Corren al trabajo, a la compra, al médico, a casa desde el trabajo, desde la compra, desde el médico. Algunos esperan el autobús, o bajan de uno. Me detengo delante de una tienda de animales, y en el escaparate veo varias jaulas de cristal transparentes, que contienen en su interior a varios cachorros cada una, gatos y perros, que juguetean ajenos al resto. Encerrados, condenados a llevar un chip en su cuello, pero felices de tener un plato de comida y uno de agua, y tiempo para jugar, sea en esa jaula o en su futuro hogar, donde les prohibirán cagar o mear, y donde un ladrido a deshoras provocará una paliza. En el fondo les envidio.
El cielo torna de gris a negro y empieza a llover. La gente corre más deprisa aun. Algunos me pegan con sus paraguas, y en la décima de segundo que me miran a los ojos dicen que lo sienten. Que humanidad. Pienso en que las noticias de la televisión hablarán de las inundaciones que ha provocado la tromba de agua, lo que me lleva a recordar que tenía que comprar pilas. Me meto en la primera tienda de chinos que veo y compro un paquete de cuatro. El chino me intenta colocar un paraguas, a lo que respondo con una mueca de aceptación, mientras miro a la calle. Pago y guardo las pilas en el bolsillo de mi gabardina, agarro el paraguas y salgo. Las calles están casi vacías por la gran lluvia que sigue cayendo, pero yo sigo caminando, mirada al frente, perdida, mis pasos, largos y firmes, que mienten marcando un camino inexistente, y una mano en el bolsillo, la otra, sujeta a un paraguas cerrado. Me apetece un pitillo.
El frío me hiela las pestañas y el viento me corta las mejillas, pero camino despacio. Solo, claro. Las manos en los bolsillos, la mirada al frente, perdida, mis pasos, largos y firmes, mienten marcando un camino inexistente. He llamado a la oficina, he dicho que me sentía mal y que no iría, después he arrojado el móvil a una papelera. No me he duchado esta mañana y mientras respiro el aire contaminado, recuerdo que no he dejado abierta la ventana de casa. Otro día será.
Me cruzo con la gente, que no me ve, que corre de un sitio a otro, y yo si les veo. Hoy lo veo todo. Corren al trabajo, a la compra, al médico, a casa desde el trabajo, desde la compra, desde el médico. Algunos esperan el autobús, o bajan de uno. Me detengo delante de una tienda de animales, y en el escaparate veo varias jaulas de cristal transparentes, que contienen en su interior a varios cachorros cada una, gatos y perros, que juguetean ajenos al resto. Encerrados, condenados a llevar un chip en su cuello, pero felices de tener un plato de comida y uno de agua, y tiempo para jugar, sea en esa jaula o en su futuro hogar, donde les prohibirán cagar o mear, y donde un ladrido a deshoras provocará una paliza. En el fondo les envidio.
El cielo torna de gris a negro y empieza a llover. La gente corre más deprisa aun. Algunos me pegan con sus paraguas, y en la décima de segundo que me miran a los ojos dicen que lo sienten. Que humanidad. Pienso en que las noticias de la televisión hablarán de las inundaciones que ha provocado la tromba de agua, lo que me lleva a recordar que tenía que comprar pilas. Me meto en la primera tienda de chinos que veo y compro un paquete de cuatro. El chino me intenta colocar un paraguas, a lo que respondo con una mueca de aceptación, mientras miro a la calle. Pago y guardo las pilas en el bolsillo de mi gabardina, agarro el paraguas y salgo. Las calles están casi vacías por la gran lluvia que sigue cayendo, pero yo sigo caminando, mirada al frente, perdida, mis pasos, largos y firmes, que mienten marcando un camino inexistente, y una mano en el bolsillo, la otra, sujeta a un paraguas cerrado. Me apetece un pitillo.
martes, 28 de octubre de 2008
Necesito otro paraguas
En días como hoy, mejor haberme quedado tranquilito, arropado en mi cama, roncando como un oso, sin asomarme ni a la ventana. Pero no, el despertador sonó a las 7:20, bueno, sonaron los 4 despertadores del móvil que necesito para despertarme, redespertarme, empezar a enterarme, y ser medio consciente, así, por ese orden y cada 3 minutos. Luego a las 7:31 suena el reloj de la mesilla, con su estridente chillido madrugador, que ya me hace levantarme de la cama y enviarme con mala cara al servicio.
Tras la rutina diaria (meada-aseado-vestido-desayunado) he salido a la calle, y ¡oh!, he debido de dormir un par de meses porque hace un frío que pela y llueve, ayer hacía solecito y casi ganas de quedarse en bañador. Abro el paraguas y otra sorpresa, es una mierda y una varilla está rota. Lo sujeto como puedo y me dirigo bajo el agua y el viento a la estación. Allí compruebo que no, que he dormido tan poco como siempre, la fecha del periódico gratuito es la misma de ayer +1. Llego a clase y allí lo de siempre y poco más.
Al salir, sigue lloviendo, sigue haciendo frío y hace más viento que antes. Me subo la cremallera del abrigo del todo, abro el paraguas, mochila a la espalda y a la estación. Ya la veo, está cerca, no me estoy mojando mucho a pesar del viento, no queda nada, ya está, 2 minutos y me resguardaré de la lluvia. ¡Ostia! Veo venir el tren, me cago en todo, 10 minutos esperando al siguiente tren. Tengo hambre, pero bueno, tampoco es para tanto. Espero. Cojo el tren que pasa después. Me bajo, llueve y sigue el viento.
Apenas salgo de la estación y he abierto el paraguas, toma ráfaga de aire que me da un meneo y le da la vuelta al paraguas, lo coloco en su posición natural, pero ni 2 segundos dura, otro golpe de viento, se parte en dos. Me quedo con el mango en la mano, y veo las varillas descuajaringadas en el suelo. Lo cojo, lo miro y nada, camino a casa mojándome. Mi madre al llegar yo, se ríe, ¿te has mojado?
Encima, este finde me iba a Donosti un par de días, y viendo el tiempo que nos espera, lo tengo que cancelar hasta mediados de mes. ¡Jóder!
Tras la rutina diaria (meada-aseado-vestido-desayunado) he salido a la calle, y ¡oh!, he debido de dormir un par de meses porque hace un frío que pela y llueve, ayer hacía solecito y casi ganas de quedarse en bañador. Abro el paraguas y otra sorpresa, es una mierda y una varilla está rota. Lo sujeto como puedo y me dirigo bajo el agua y el viento a la estación. Allí compruebo que no, que he dormido tan poco como siempre, la fecha del periódico gratuito es la misma de ayer +1. Llego a clase y allí lo de siempre y poco más.
Al salir, sigue lloviendo, sigue haciendo frío y hace más viento que antes. Me subo la cremallera del abrigo del todo, abro el paraguas, mochila a la espalda y a la estación. Ya la veo, está cerca, no me estoy mojando mucho a pesar del viento, no queda nada, ya está, 2 minutos y me resguardaré de la lluvia. ¡Ostia! Veo venir el tren, me cago en todo, 10 minutos esperando al siguiente tren. Tengo hambre, pero bueno, tampoco es para tanto. Espero. Cojo el tren que pasa después. Me bajo, llueve y sigue el viento.
Apenas salgo de la estación y he abierto el paraguas, toma ráfaga de aire que me da un meneo y le da la vuelta al paraguas, lo coloco en su posición natural, pero ni 2 segundos dura, otro golpe de viento, se parte en dos. Me quedo con el mango en la mano, y veo las varillas descuajaringadas en el suelo. Lo cojo, lo miro y nada, camino a casa mojándome. Mi madre al llegar yo, se ríe, ¿te has mojado?
Encima, este finde me iba a Donosti un par de días, y viendo el tiempo que nos espera, lo tengo que cancelar hasta mediados de mes. ¡Jóder!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)