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sábado, 27 de abril de 2013

Cuentos


Un cuento breve,
herida abierta, profunda.
Sonrío mientras saboreo lágrimas dulces,
amargas.
Porque vivirte me ha mezclado los sabores,
y ahora puedo reír llorando.

Ya no tengo manos para acariciar tus sueños,
ya no vuelan mariposas dentro de mis ojos;
mi piel ha dormido el deseo.
Pero pervive el recuerdo,
en esta noche eterna,
esta noche de Sol negro,
invencible.

Un cuento breve,
un cerezo en fugaz flor,
una brizna en un jardín invisible,
un susurro,
un beso robado ayer,
y no hoy.
Fue un cuento breve
viviendo esta noche eterna.

martes, 31 de julio de 2012

Blues de verano

Pasar la última página del cuento de nunca acabar,
beber el último trago de un vaso infinito,
romper la última lanza de una batalla invisible.
Y así van sucediendo los días,
plomo en mi espalda
y piedras en mi cabeza,
frío de tortura
y rescoldos de llamas en el reflejo de mis ojos,
endiablados y enfermos,
miopes
desenfocados,
ajenos a una realidad muerta en combate,
perdidos en un blues de callejón,
borrachos de melancolía malsana.
Días largos y noches eternas,
un cuento que empezó cuento y siguió pesadilla,
camina sinuoso
y obliga. 
Obliga y daña,
muerde,
inconsciencia plena incurable,
un trago largo de veneno que no mata
pero perdura.





lunes, 19 de diciembre de 2011

Cuento de noche

Despertar en plena madrugada
tus piernas enganchadas a las mías, 
sentir una sonrisa tibia,
dormida,
suave.
La noche mece mis sueños,
apenas abro los ojos para ver la oscuridad que envuelve nuestros cuerpos,
los vuelvo a cerrar y susurro palabras invisibles al cálido ambiente bajo las mantas,
caigo en un duermevela dulce,
con el tacto de tu piel aliviándome,
azúcar para mis amargas heridas,
caricias para mis cicatrices con costra.
Zambullo mis mejillas en la madrugada de tu pelo,
respiro tu cuello
y mis pulmones son tú aroma;
estás dentro,
dentro de mi,
dentro de mis entrañas hasta el fondo de mis huesos,
ahí donde tenemos la esencia,
dentro de lo más profundo de nuestro interior más escondido,
ahí donde no llega más,
llegas tú.

Quizá, cuando despierte en la mañana con el Sol perfilado en las rendijas de la persiana haya olvidado hasta donde llegaste, quizá no recuerde las cosquillas en los tuétanos, quizá haya olvidado esa indefinida hora de la madrugada, donde apenas un ligero rastro de conciencia me demostró la deliciosa sensación de lo que es la felicidad.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Cuentos (III) La llave

La ventana se volvió a abrir, si es que alguna vez estuvo cerrada.


Aquella llave, que una vez estuvo atada a una piedra preciosa pintada por tus manos y navegó por los mares del norte desde que partió de los acantilados, volvió a penetrar en la cerradura de mis entrañas. Esa llave que abre ventanas entornadas, que abrió puertas de bosques, que bailó en nuestras manos 


y en nuestras lenguas,


que nos hizo volar a rincones secretos por donde pasaban miles de personas, que nos abrió las murallas de las fortalezas más vigiladas, que activó las llamas de lejanos volcanes. 


Si, esa llave volvió a penetrar en la cerradura de mis entrañas.

lunes, 31 de enero de 2011

Diálogo sobre las páginas de un cuento

- Pues no sé, me siento, me tumbo, cierro los ojos y espero a que se me pasen.
- Qué duro, ¿no?


Se encoge de hombros.


- ¿Probaste alguna manera? 
- Todas.
- Pero...
- Que si, todas. Meses por un lado, por otro, a veces parecía que si, pensé que si, vamos. Obviamente estaba equivocado. 
- Duró mucho tu pelea.
- No fue pelea, ¡qué se yo! Nunca lo vi realmente como una pelea, era... No sé, era lo que me apetecía. 
- ¿Te apetecía?
- Bueno, me apetece.
- Ya.
- ¿Qué quieres que te diga?
- Nada, no sé. Es una pena, tío.
- Y si, pero no tengo más recursos. No sé derribar muros de esos. En su día me creía capaz de todo, al menos de conseguirlo, pero supongo que se puede perder, que a veces mi cabeza no es tan dura como pensaba, que no siempre se logra lo que se quiere.
- A veces pasa, claro.
- A algunos no les cuesta aceptarlo, yo... Pues bueno, tampoco es que lo acepte, ni lo asuma, pero más no puedo hacer, no sé hacer, vaya.
- Olvídate ya, en serio. Has sido valiente pero ya está, no te encierres con este tema.
- No me encierro.
- Te encierras. No quieres ver. Y lo sabes.
- Eso es lo que piensas tú. 
- Mira, que tú pienses que son excusas, cobardía y tal, está bien, es tu pensamiento. Pero tú lo has dicho antes, no sabes derribar esos muros. Déjalo ya, es inútil.
- Si dejado está. No he hecho nada desde hace días. Desaparecido completamente, aquí, con la boca cerrada, comiéndome mis ganas de gritar, de salir corriendo, de...
- Basta tío. Déjalo pero de verdad, no sólo es aislarte o estar desaparecido, déjalo fuera de tu mente también, apártalo, piensa en otras cosas, no sé, pasa página.
- Llevo semanas pasando páginas como de mil libros, pero no encuentro el final...

martes, 29 de junio de 2010

Un día en el parque, entre cajas...

Ha sido una noche inolvidable
como todas las que pasan en un parque.
¿No serás tú? ¿No serás tú?
Quizás no importa el sitio y eso está de más.

Si de todos mis delirios y mis cuentos
sólo el tuyo ha mejorado el argumento,
¿no serás tú?, ¿no serás tú?
Quizás no importa el tema y eso está de más.
*



Y cargo cajas llenas de ansiedad, de miedos terribles que me acechan cada noche, de lágrimas que escondo para verter a solas, de la brutalidad de sentimientos puros y brillantes luchando contra paredes de acero, de tantas cosas que a veces el peso es imposible, me vence.


Pero ahí estás tú, tus manos, esas que me han acariciado hasta dormirme, esas que me han rodeado hasta sentir que el resto de cosas no importan, esas que me han reventado de placer, esas manos que agarro incluso cuando no están cerca, esas manos levantan las cajas negras de mis hombros, y me elevan después muy por encima, me envuelven en pañuelos de la seda más suave y me hacen surcar vientos lejanos, mares frescos y lagos tibios, me llevan a Cracovia, a Berlín y al pueblo más recóndito, me posan en las faldas del Monte Fuji, en los corales de Los Roques o en las finas arenas de las calas más apartadas.


Y si, suena a cuento, pero la realidad es demasiado difícil de ficcionar. Es real como sólo lo puede ser la vida, tan brutal como sólo sabe serlo la vida.




* Un día en el parque - Love of Lesbian

jueves, 17 de junio de 2010

Cuentos (II) El abrazo

- Mamá, ¿existe El Abrazo?
- Si, claro hijo, existe el abrazo que te da tu padre por las mañanas, el que te doy yo por las noches, el de los yayos...
- Ya, mami, pero no digo esos abrazos.
- ¿Cuáles, entonces, hijo mío?
- Pues no sé, El Abrazo. Ese.


La madre suspira.


- ¿Y qué abrazo es ese?
- Es que... No sé explicarlo, mami.
- Ya... Y ¿por qué me lo preguntas?
- Porque he visto El Abrazo.
- ¿Cómo que has visto El Abrazo?
- Si, es verdad, lo he visto.
- ¿Dónde ha sido eso?
- No sé, en la calle, ayer por la noche, cuando venía con papi a casa.
- Y ¿quiénes eran?
- No sé.
- Y ¿se abrazaban?
- Si, era El Abrazo. 
- Pero, ¿por qué?
- Haces muchas preguntas, mamá. Pues porque nunca había visto a nadie Abrazarse así. 
- Pero... ¿Qué hacían? Quiero decir, ¿qué tenía de especial?
- Se abrazaban tan fuerte que parecía que se iban a romper, los dos tenían sus cabezas hundidas en el otro, y él susurraba cosas al oído de ella, con la voz un poco rota, como si se hubiera hecho pupa o algo.


La madre sonríe.


- Eso es bonito, hijo, viste un abrazo bonito.
- Si, era bonito, pero parecían tener pena.
- Bueno...
- Mami, a mí nunca me dan pena los abrazos.
- Pero porque tú eres pequeño.
- La chica del abrazo también era pequeña.
- Pero seguro que no tanto como tú.
- No, no tanto. 


- Pero, entonces ¿por qué tenían pena?
- Quizá se estaban despidiendo, a veces pasa. 
- Pero... Si se quieren tanto que se abrazan hasta casi romperse, ¿por qué se separan?
- Ahora eres tú el que haces muchas preguntas, cariño.
- Pero es que no lo entiendo.
- No sé hijo, quizá se despidieran para mucho tiempo.
- Pobrecitos, ella encajaba en el hueco de los brazos de él.
- ¿Te leo un cuento?
- Y él en los de ella...

martes, 4 de mayo de 2010

Cuentos (I) Cuento de hadas...

Campanilla vuela por encima de las cabezas de las ovejas, que caminan presurosas y con los ojos fijos en nada, siguiendo sus caminos marcados. El día es soleado, lo que ha empujado a la pequeña hadita a aletear, lo que, para no variar, ha esparcido sus polvos mágicos por la ciudad de Torun, porque para quien no lo sepa, Campanilla nació aquí, en la ciudad de Copérnico, no en el País de Nunca Jamás o en Disneyland. ¿Quién, sino ella, iba a ayudar al flamante astrólogo a desarrollar sus estudios?

Y así, Campanilla volaba y volaba, mientras el rebaño continuaba su marcha impasible a la magia de sus polvos, sin que la mirada de nadie se posara sobre ella, y no sucedía porque ya no se mira al cielo, nadie sueña despierto. Aun así, Campanilla aletea lo más fuerte que es capaz, lo más vigorosamente que sabe, intentando llamar la atención de cualquiera, pero es en balde.

Un día ocurrió, que un joven corderillo fue consciente de la presencia del hada y sin palabras, señaló al cielo azul de un día primaveral, pero, como es costumbre, cuando el sabio señala la Luna, el tonto mira el dedo...

Pues algo así fue el asunto. Nadie le hizo caso, incluso muchos le tomaron por loco, lo que inundó de pena a Campanilla, pero su alma mágica y alegre hicieron que su mirada traviesa se transformara en una expresión tan tierna que ablandaría la más dura roca. Así, fue a posarse en un cercano árbol a donde el corderillo deambulaba desde entonces, y le envió altas dosis de polvos mágicos, para que se mantuviera bien despierto, para que nunca dejara de soñar.

Ahora, Campanilla lava sus alas en las frescas aguas del imponente río Wisla, en un lugar secreto, en un rincón oculto e imposible de alcanzar para cualquier otro que no posea la vitalidad de su vuelo; y allí purifica su magia, allí piensa en aquel joven corderillo que un día quiso volver a soñar.