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viernes, 12 de marzo de 2010

Se mueren los buenos. Hasta siempre, Miguel.

"Lo dicho"; "Salud para encomendarle a Dios". Después de todo hizo bien en mandar a Bertrán a la cocina. Un bedel no debe estar nunca donde estén los catedráticos. Y luego, la escena. Antonio había pasado un mal trago por su culpa. ¿Por qué asistirían los sordos a estas cosas? Antonio tan sólo dijo: "Se mueren los buenos y quedamos los malos", y, en realidad, no lo dijo; lo musitó, pero Bertrán dijo: "¿Cómo dice?", y Antonio lo repitió otra vez, quedamente, mirando antes, suspicazmente, a los lados, y Bertrán levantó los hombros y la voz y dijo: "si no le entiendo" y ponía por testigos a la concurrencia y Antonio miraba al cadáver y, luego, al acompañamiento, pero lo dijo otra vez y otra, alzando progresivamente la voz, mientras en los grupos se iba haciendo el silencio, de tal forma que cuando chilló, "¡que quedamos los malos y se mueren los buenos!" y Bertrán respondió: "¡Ah, no le entendía, perdone!", todo el mundo se dio por enterado.


Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.

miércoles, 28 de enero de 2009

Solo

El beso
que siempre
acompaña
la despedida,
entraña
un mar
de irracionales
iras.
Me siento
cual Mona Lisa
en su lienzo,
solo
-amargamente solo-
con esa media
que ni llega a una
sonrisa,
recordando
los días
en que deseaba
que llegaran
las noches.
Y no,
ahora
en cada larga
y dura
noche,
aborrezco
en cada instante
los días
que pasan
y dejan atrás,
momentos
de una vida
que
me llevan
a suspirar.
Que largo,
que sucio
se ve al mirar atrás
el sinuoso camino
que solo
-amargamente solo-
hube de andar.