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domingo, 25 de diciembre de 2011

Besos de viento en los ojos

Me desgarra el viento las pupilas,
mis ojos, ajados
de dibujarte en sueños 
-que no dormido-,
florecen en el reflejo de las llamas de tu sonrisa,
paladeando días y noches,
extasiado
al contorno infinito de tu sombra,
dibujada tantas veces en mil colores vivos.
Y mis ojos, calados
de dulce alivio,
cuando tú
me haces sentir saciado en plena hambruna,
cuando tus besos hacen que cambie hasta la dirección del viento.

viernes, 8 de julio de 2011

Piel rajada

Aúllo al viento que me traiga tu perfume.
Loco me tiene
el dulzor cotidiano de tu piel pálida,
me traslada a escondites inolvidables,
me daña su recuerdo,
porque hay algo que no sabía:
la añoranza hiere más que un latigazo,
y la distancia está en mi carne viva, 
desollada,
entregada a una pasión ilimitada,
desarbolada,
por imágenes cada vez más tenues,
que se escapan entre mis dedos
con tu aroma,
que se lo lleva el viento tan rápido como me lo trajo.
Me escuecen las tiras de piel rajada,
cada poro mío que rozaste ahora se pudre,
y cada recuerdo me estremece,
me encoge,
me revuelve el pelo
y me lo arranca.


¿Cuánto más lejos...?
En playas de arena fina
y regadas con agua turquesa,
porque tú me lo contaste y yo no olvido,
ve a fundirte con el inteligente pescador de río revuelto,
yo me quedo en la orilla,
que se me han quitado las ganas de nadar
para que me ahogues,
y la sal abrasa mis heridas de carne viva.

domingo, 15 de agosto de 2010

¿Qué?

Qué más quisiera que olvidarte,
qué más,
qué mas que poder aislar tu imagen en mi mente,
qué más que olvidar tus besos,
y tus ojos...
Qué más que no rabiar por no verte,
que no duela el pensamiento,
que no haya sentimiento,
que no más buenas noches al viento,
y tus ojos...
Qué más que no visites mis ausencias,
que mis sonrisas no busquen tu espejo,
que tu voz no resuene con eco,
y tus ojos...
Que no olvido,
que no quiero más allá de tu cuerpo,
que no puedo más que sentirte,
en el vacío de la soledad mas ardiente,
te veo.

sábado, 31 de julio de 2010

Paquetes

¿Y qué más da si llueve en mi nueva ciudad, si yo sonrío?

Hay paquetes que vuelan, que pasan de mano en mano desde su origen hasta su destino, y todas esas manos que no saben que transportan se pierden muchas octavas maravillas del mundo. Muchas palabras que viajan en busca de ojos que las devoren, significados deseosos de ser descubiertos, imágenes impacientes de ser contempladas en toda su belleza, y una infinita sucesión de elementos que hacen que la distancia se achique y las sonrisas se aúnen, los ojos se reúnan de nuevo en espacios etéreos e inmunes, y las manos se enlacen invisibles al mundo exterior.

Puede llover, tronar y aullar el viento, lo miraré feliz por la ventana.

viernes, 27 de febrero de 2009

Huracán

No sé si es tormenta o si mi manera de ver las cosas en el duermevela en que paso las noches me engaña. Oigo el agua caer constante sobre el tejado, los truenos resonar en el cielo encapotado y el viento golpeando las ventanas. O eso creo. Mi realidad nocturna es tan voluble como una esponja y aunque siempre he temido noches como esta, poco me importan ahora mismo todos los relámpagos que puedan caer y todo el vendaval que pueda arreciar.

Ya no está y eso es peor que cualquier huracán que venga.

Flota en el ambiente una mezcla de humo y desazón, lo respiro silencioso, mientras me dejo llevar por el paso de los minutos. Mente en blanco, hay que dejarlo correr. Pero, ¿qué coño? Si realmente lo dejara correr saldría de aquí, de esta cama que me devora hasta los tuétanos, estaría observando por la ventana aterrado los destellos del cielo y rezando para que terminasen pronto. Pero me consumo postrado entre mantas y adormecido por el sopor. El sopor que me tomo en pequeñas cápsulas.

Ya no está y deseo que el huracán se lo lleve todo.

Después de la tormenta siempre llega la calma, y ahora el silencio se apodera de la noche. Huele a mojado, a húmedo. Un poco más, sólo un rato más y nada hubiera soportado la fuerza de la naturaleza. Un poco más y todo habría acabado. Sufrimiento, sopor, insomnio, dolor. Se lo hubiera llevado el viento y lo hubiera empapado la lluvia, dejándolo inservible, humillado, dándome una oportunidad. Pero ha parado, y el sopor se evapora por momentos, vuelve el dolor, con él el llanto, y con el llanto me atrinchero aun más debajo de las tres mantas, y entonces vuelvo a tomar las cápsulas que me llevan al sopor.

Vuelve, huracán, ya no estás tú tampoco.