Paso todos los días por ahí, y joder, es una tontería, pero se echa de menos. Ya no están y no volverán, quizá estén en un vertedero, en un desguace, en una chatarrería, o ni siquiera existan ya en la forma en la que yo recuerdo que eran.
Hace años que ya se vienen cambiando todos los toboganes, y los otros columpios de los que no conozco ni el nombre, pero que me acompañaron en mi crecimiento, en mi infancia, en ese difícil camino a la adolescencia. Donde jugábamos unos y otros, donde podíamos conocer a nuestro mejor amigo de ese día, lo que era muy importante, o donde compartíamos polvo, tierra y hierros con nuestros mejores amigos de otros días, que era aun más importante. Ahora hay unos columpios de plástico, con colorines, y que probablemente ejercen la misma función que los de antaño, incluso tienen un diseño más ¿moderno? y seguro que también son más seguros, los niños ya no podrán arañarse las rodillas, ni rasparse, ni darse un doloroso coscorrón con esos viejos trastos de hierro.
No podrán dañarse un poquito porque ni siquiera hay arena, ya no está. ahora resulta que los parques tienen que ser de asfalto, no sea que los pobres niños se llenen de polvo, o en el peor de los casos, ¡barro! Que luego les gusta y para que queremos más. Pero alguna cabeza pensante llegó a la conclusión de que los niños pueden seguir raspándose las rodillas con el duro asfalto, así que llegó el mejor invento, un "vetetúasaberqué", que ponen en el suelo (sustituyendo a la arena claro) y que no es ni asfalto ni nada, es algo así como un cemento blando, que lo pisas y da hasta gustito. Sólo falta que esté calentito para que sea un dulce hogar. Y ahora si, los niños podrán jugar sin riesgo alguno para sus frágiles rodillas.
Tampoco se pueden ver ya las viejas canastas. Allí quedabas con tus amigos, era el sitio intermedio, o donde si llegabas tarde sabías que acudiendo allí a alguien encontrarías. Eran tan importantes que incluso el parque llevaba su nombre, era el Parque de las Canastas. Ahora que ya no están, no sé como se podrá quedar en ese parque, porque ahora no están ni las canastas ni nada más, es una especie de descampado estéril con tres o cuatro bancos que no se usan demasiado. La esencia de ese ahora descampado eran sus Canastas. ¿Cómo quedarán los niños ahora ahí? Supongo que quedarán en otro parque, porque ese ya no tiene nombre...
Aunque quizá sea yo el que no sé, porque seguramente los niños ya no juegan en los columpios, ni quedan en un Parque de las Canastas, y lo peor de todo, no se raspan las rodillas.