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jueves, 7 de octubre de 2010

Camino al fin del mundo

No puedo dormir, son cerca de las 2 de la mañana en Buenos Aires y en apenas 4 mi despertador empezará a sonar... A las 8:45 un avión de LAN me llevará de Capital a El Calafate, y tras una breve escala, otro más pequeño me transportará en 1 hora a Ushuaia. El fin del mundo, el puerto más austral del planeta. El lugar desde donde parten la mayoría de las expediciones a la Antártida, que se encuentra a poco más de 1000 kilómetros...


Tierra del Fuego, Torres del Paine (Chile), glaciar Perito Moreno, El Chaltén, Villa la Angostura, Puerto Madryn, Bariloche... Muchos lugares hermosos en el camino, no sé si habrá tiempo para todo, pero desde luego la experiencia me huele a inolvidable. 

martes, 30 de marzo de 2010

Viaje al infinito

La música la desboca, el pie pisa con fuerza el acelerador y las rayas de la carretera parecen una sola. Suena Space Monkey, ella grita la letra echada hacia delante en el asiento, comiéndose el asfalto con los ojos, soñando que es una autopista hacia lo infinito, hacia un lugar donde nadie la vea caminar a mi lado, donde pueda dar rienda suelta a sus instintos. A veces me mira de reojo, se sabe deseada y se muerde el labio, ese labio que se aparece cada noche en mis sueños, como una constante que me mortifica cuando no lo poseo y que me eleva a los altares cuando puedo acariciarlo.

Huimos, nos fugamos a ninguna parte. Nos alejamos de no sabemos quién, que nos persigue y nos roba la tranquilidad, nos hace desconfiar, y nos alienta a correr juntos, más aun. Me agarro al asiento, noto la velocidad en mis venas, en mi pecho; percibo la adrenalina a chorro sobre mi, sobre ella. Padezco por no poder agarrarla en este mismo instante, y besarla mientras avanzamos hasta el final de esta carretera perdida, infinita, un bucle absurdo y agobiante que me instala en la mayor de las desazones, hasta que vuelve a mirarme de reojo, y vuelve a morderse el labio, y vuelvo a soñar.

Kilómetros por delante y por detrás. Vemos el horizonte y el Sol caer, la Luna está en nuestro retrovisor y nos observa pausada, masticando su victoria, sabiendo que iluminará una noche ardiente, que pondrá la luz a unos corazones huecos sedientos de piel, y que laten al son de sus carencias, buscando recompensas abstractas e inmateriales, con las que regar de nuevo su ritmo vital.

No aparto mis ojos de su rostro, lo va a hacer, cuento hasta diez, esperando. Sabe que la aguardo y su boca ahora es una mueca de satisfacción. Un frenazo brusco me expulsa de mis ensoñaciones y pierdo mi mirada en la carretera que se me hace borrosa. Al segundo vuelvo mi cara hacia ella, que se muerde el labio, traviesa, y yo la tapo los ojos con mi mano, y me acerco a la perdición de su abismo...

domingo, 2 de noviembre de 2008

Into the Wild, de Sean Penn

Into the Wild (Hacia la Naturaleza) no es una película al uso, no cuenta una historia más, ni siquiera se ubica en lugares comunes, ni tampoco transmite sensaciones corrientes en el cine de hoy día. Quien haya visto la película, y conociendo la historia, puede acusar a Christopher McCandless (o Alexander Supertramp) de egoísta, irresponsable, suicida y de otras muchas cosas, pero no se le puede dejar de reconocer que hizo lo que todos deberíamos reconocer con un aplauso enorme, el vivir su vida como quiso él.

Era SU vida y la vivió como ÉL deseó. ¿Qué hay de malo?

Dejó su familia, donó su dinero, abandonó su coche, se libró de toda carga y posesión, y se entregó a la naturaleza, a su propia razón de ser, a la vida que quería y logró disfrutar, hasta las últimas consecuencias. Viajó lo que quiso, y a donde quiso, hizo de su viaje su vida y su ilusión por seguir adelante era realizarlo.

Peliculón de Sean Penn, que marca de manera fabulosa los tiempos, nos deleita con imágenes absolutamente impresionantes, nos narra una historia fabulosa y llena de humanidad con soltura y carácter, nos muestra unos personajes que aportan, que añaden al conjunto final un granito para construir una montaña, nos enseña a un protagonista lleno de vitalidad, de idealismo y nos involucra en un relato que en todo momento parece real e imaginario a la vez.

Mención a parte guardo para la banda sonora memorable creada especialmente para la película por un genio, Eddie Vedder, cantante de Pearl Jam, que saca su lado más sensible ideológicamente hablando para montar unas canciones muy especiales, que suenan verdaderamente bien y que añaden muchos matices a las imágenes de la película. De esta banda sonora, precisamente, es la canción que dejo hoy en el reproductor. Si os gusta, buscar la banda sonora completa.


En fin, quizá la mejor película estrenada en 2007 para mí, junto con No Country for Old Men (No es país para viejos) y Le Scaphandre et le papillon (La escafandra y la mariposa).

No cuento mucho del argumento, verla.