Musas que vuelan,
van
o vienen,
caprichosas portadoras del destino
no escrito
de las vidas propias
y ajenas.
Pequeñas y aladas,
invisibles
al tacto sincero
del sentimiento,
y en su magia
la felicidad,
la sonrisa verdadera
de quien percibe
en su hombro
la vitalidad de una
de esas
musas que vuelan.