Me privo de pocos suspiros,
acelero mi pulso,
acompaso mis labios al sabor de tus sabores,
huyo del mundo exterior para entrar en ti
y perder cada segundo de esta vida,
morder el pan de una sonrisa.
Profundo escarbo en el abismo insondable entre tus piernas,
los ojos cerrados,
el piloto automático en el on de tu cintura,
vaivén tan fresco como caudal de primavera,
tan sereno como fruta madura
a punto de caer.
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jueves, 19 de enero de 2012
miércoles, 24 de agosto de 2011
Despierto
Despertando a cada latido,
observando que seguías allí con tu mirada oculta en los sueños,
mientras los míos estaban delante de mis ojos.
Tu pecho desnudo subiendo,
bajando;
mi mano agarrando la tuya,
recorriendo tu brazo inerte y mi boca bebiendo de tu pelo revuelto,
el fragor de la batalla tan solo ya humeando,
pero mis entrañas incendiadas
y yo embebido de ese fuego,
mirando,
contemplando en la penumbra tus rescoldos:
los labios finos, rosados, saciados;
las manos blancas, largas, desgastadas;
los pechos escuetos, serenos, besados.
Tu corazón marcando el paso,
tu cabeza desentendida entregada al sueño
y tu sexo recuperándolo.
Y yo perdido en ti.
observando que seguías allí con tu mirada oculta en los sueños,
mientras los míos estaban delante de mis ojos.
Tu pecho desnudo subiendo,
bajando;
mi mano agarrando la tuya,
recorriendo tu brazo inerte y mi boca bebiendo de tu pelo revuelto,
el fragor de la batalla tan solo ya humeando,
pero mis entrañas incendiadas
y yo embebido de ese fuego,
mirando,
contemplando en la penumbra tus rescoldos:
los labios finos, rosados, saciados;
las manos blancas, largas, desgastadas;
los pechos escuetos, serenos, besados.
Tu corazón marcando el paso,
tu cabeza desentendida entregada al sueño
y tu sexo recuperándolo.
Y yo perdido en ti.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Micropoema del deseo que me consume (II) Piernas
Piernas cruzadas con piernas,
pelos enredados,
mis manos entre tus dedos,
mis ojos entre tus labios,
¿y mis labios?
Mis labios entre tus piernas.
pelos enredados,
mis manos entre tus dedos,
mis ojos entre tus labios,
¿y mis labios?
Mis labios entre tus piernas.
hablo de
manos,
micropoema,
ojos,
pelos,
piernas,
poemilla,
sentimientos,
sexo
viernes, 3 de septiembre de 2010
Macropoema del deseo que me consume (I)
Destellos de placer me atraviesan,
cruje mi espalda
sintiendo tus gemidos,
en mi oído
un susurro,
un flash que me enfila
al abismo
de las caricias infinitas,
de las lenguas enganchadas,
al amanecer,
que no llegue el día,
que no se vaya la noche.
Espasmos incontrolados,
al ritmo
de gritos lanzados por garganas ajadas,
cuerpos derretidos
al son de tus piernas,
de tus ojos,
arriba y abajo,
suave ahora
fuerte después.
Tu sangre bombea pasión,
tensión contenida
en las venas de la locura
más pura,
inherente a tu ser,
borracho de ese río rojo
aprendido de memoria
bajo la oscuridad de nuestros párpados,
cerrados,
prendidos con el fuego
de las llamas celestiales
que me rompen en mil pedazos,
sin dolor.
cruje mi espalda
sintiendo tus gemidos,
en mi oído
un susurro,
un flash que me enfila
al abismo
de las caricias infinitas,
de las lenguas enganchadas,
al amanecer,
que no llegue el día,
que no se vaya la noche.
Espasmos incontrolados,
al ritmo
de gritos lanzados por garganas ajadas,
cuerpos derretidos
al son de tus piernas,
de tus ojos,
arriba y abajo,
suave ahora
fuerte después.
Tu sangre bombea pasión,
tensión contenida
en las venas de la locura
más pura,
inherente a tu ser,
borracho de ese río rojo
aprendido de memoria
bajo la oscuridad de nuestros párpados,
cerrados,
prendidos con el fuego
de las llamas celestiales
que me rompen en mil pedazos,
sin dolor.
viernes, 20 de agosto de 2010
Microcuento del deseo que me consume (II)
Que me revuelvas el pelo mientras agarro tu rostro, flaco y suave, que tus yemas activen mis besos en tu rostro, dejar llevar mi instinto hasta el punto más extremo de la pasión. Lamerte la sal del océano en cada poro de tu piel, emborracharme hasta que me olvide de olvidarte, darte los buenos días con resaca de ti en mi cabeza, besarte a la mañana hasta evaporar tus legañas, quitarte la ropa de nuevo y que tú me la quites a mi, emborracharme de nuevo en dos minutos, beber de ti, de tu fuente de la vida, de esa vida que me sonríe a la vez que tú.
miércoles, 4 de agosto de 2010
En la noche
Y las palabras retumbaban en su cabeza como un martillo en el yunque, vigorosas y constantes; le absorbían cualquier otro pensamiento y le sumían en un estado de desesperación. Su ansía voraz de expresar los sentimientos que habían anidado en su interior era mayor a ninguna otra cosa; le obsesionaba que supiera, que entendiera el porqué actuaba así, la mera idea de perderla le resultaba insoportable, pero no quería tener que arrepentirse de no haber entregado hasta la última gota de aliento.
Andaba en la noche, meditabundo, cabizbajo, ni un alma en las oscuras calles de su nuevo barrio. Sentía que esas calles eran suyas, pero él quería su boca, sus ojos posados sobre los suyos, sus manos, no soledad y oscuridad sobre el asfalto. De continuo imaginaba lo que podía ser y no era, suspiraba y buscaba su delicada silueta en cada esquina, soñaba el encuentro prohibido, el abrazo infinito, la brutalidad de sus lenguas engarzándose en una espiral que los enfilara hacia el abismo más profundo de la pasión, donde sus cuerpos pelearan entre sábanas revueltas y gemidos desgarrados por la felicidad.
Y lo peor de todo es que sabía que casi todos los elementos jugaban en su contra.
Andaba en la noche, meditabundo, cabizbajo, ni un alma en las oscuras calles de su nuevo barrio. Sentía que esas calles eran suyas, pero él quería su boca, sus ojos posados sobre los suyos, sus manos, no soledad y oscuridad sobre el asfalto. De continuo imaginaba lo que podía ser y no era, suspiraba y buscaba su delicada silueta en cada esquina, soñaba el encuentro prohibido, el abrazo infinito, la brutalidad de sus lenguas engarzándose en una espiral que los enfilara hacia el abismo más profundo de la pasión, donde sus cuerpos pelearan entre sábanas revueltas y gemidos desgarrados por la felicidad.
Y lo peor de todo es que sabía que casi todos los elementos jugaban en su contra.
sábado, 14 de febrero de 2009
Teoría del amor
Aviso que no es original y que alguno también piensa esto, no soy tan listo.
Todos follamos, nadie hace el amor.
Así es, en pocas palabras. Creo, sinceramente, que quien diga lo contrario, miente. Descaradamente, con alevosía y mucha jeta.
Follar suena mal, correcto. Hacer el amor suena bien, es bonito, como en las pelis de Hugh Grant y que son exitazos de taquilla, pero la vida real no son pelis de Hugh Grant (menos mal) y es más... ¿Cómo decirlo? Es más sucia, más asalvajada, más mejor.
Siendo breve y conciso, si pudiéramos hacer el amor, no se sudaría, no se harían ruidos guturales ni se cansaría nadie, no se desharía la cama, no olería la habitación después, no nos dejaríamos llevar por pasiones casi irracionales y por comportamientos más propios de los animales, tampoco dolería a veces, y además todo el mundo querría verlo para halagar la belleza y el amor que una persona traspasa a la otra, y esta otra a la una.
¡Pero seamos sinceros! Se suda, se hacen ruidos y se jadea, nos cansamos, la cama acaba como si hubiera pasado una manada de ñus a toda prisa, huele a sexo entre esas cuatro paredes, nos desbordan los impulsos más básicos, puede llegar a doler, y la verdad, nadie (o pocos) quiere ver como una persona traspasa fluidos a la otra y la otra a la una.
¿Es así, o no?
Ale, a pasar buen San Valentín folladores.
Todos follamos, nadie hace el amor.
Así es, en pocas palabras. Creo, sinceramente, que quien diga lo contrario, miente. Descaradamente, con alevosía y mucha jeta.
Follar suena mal, correcto. Hacer el amor suena bien, es bonito, como en las pelis de Hugh Grant y que son exitazos de taquilla, pero la vida real no son pelis de Hugh Grant (menos mal) y es más... ¿Cómo decirlo? Es más sucia, más asalvajada, más mejor.
Siendo breve y conciso, si pudiéramos hacer el amor, no se sudaría, no se harían ruidos guturales ni se cansaría nadie, no se desharía la cama, no olería la habitación después, no nos dejaríamos llevar por pasiones casi irracionales y por comportamientos más propios de los animales, tampoco dolería a veces, y además todo el mundo querría verlo para halagar la belleza y el amor que una persona traspasa a la otra, y esta otra a la una.
¡Pero seamos sinceros! Se suda, se hacen ruidos y se jadea, nos cansamos, la cama acaba como si hubiera pasado una manada de ñus a toda prisa, huele a sexo entre esas cuatro paredes, nos desbordan los impulsos más básicos, puede llegar a doler, y la verdad, nadie (o pocos) quiere ver como una persona traspasa fluidos a la otra y la otra a la una.
¿Es así, o no?
Ale, a pasar buen San Valentín folladores.
hablo de
follar,
Hugh Grant,
pensamientos,
San Valentín,
sexo,
teoría del amor
jueves, 8 de enero de 2009
Sin nombre (V)
En capítulos anteriores...
Sin nombre (I)
Sin nombre (II)
Sin nombre (III)
Sin nombre (IV)
- No sé porqué me suceden cosas así, pero suceden. Todo es repentino, sin más. Me da miedo porque en cualquier momento... ¡pum! Y me da. Cuando me da fuerte, soy capaz de cualquier cosa: de correr toda la noche por la ciudad, de reventar las lunas de los coches que se me crucen, de abofetear a cualquier persona que me encuentre en mi camino, o de encerrarme en casa tapando cualquier resquicio a la luz, como la última vez. Nunca se cuando será la próxima, si en 5 minutos, en 3 días o en un mes, puede ser en cualquier momento. Ni siquiera noto nada, simplemente pasa, ya está.
-Ya.
Un silencio incómodo se ha formado entre ella y yo, me he vaciado y no tengo mucho más que decir.
-¿Quieres que te la chupe otra vez, me marcho, o vas a seguir contándome tu vida?
-Márchate.
-¡Ejem! -forzada.
-El dinero está en el mueble de la entrada.
-Gracias.
Asiento con la cabeza. La miro marcharse.
-La próxima vez, ya sabes donde encontrarme.
Supongo que eso se lo dirá a todos. A mi, no me ha servido de mucho, desde luego.
Sin nombre (I)
Sin nombre (II)
Sin nombre (III)
Sin nombre (IV)
- No sé porqué me suceden cosas así, pero suceden. Todo es repentino, sin más. Me da miedo porque en cualquier momento... ¡pum! Y me da. Cuando me da fuerte, soy capaz de cualquier cosa: de correr toda la noche por la ciudad, de reventar las lunas de los coches que se me crucen, de abofetear a cualquier persona que me encuentre en mi camino, o de encerrarme en casa tapando cualquier resquicio a la luz, como la última vez. Nunca se cuando será la próxima, si en 5 minutos, en 3 días o en un mes, puede ser en cualquier momento. Ni siquiera noto nada, simplemente pasa, ya está.
-Ya.
Un silencio incómodo se ha formado entre ella y yo, me he vaciado y no tengo mucho más que decir.
-¿Quieres que te la chupe otra vez, me marcho, o vas a seguir contándome tu vida?
-Márchate.
-¡Ejem! -forzada.
-El dinero está en el mueble de la entrada.
-Gracias.
Asiento con la cabeza. La miro marcharse.
-La próxima vez, ya sabes donde encontrarme.
Supongo que eso se lo dirá a todos. A mi, no me ha servido de mucho, desde luego.
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