Cultivaba orquídeas.
Y me dan ganas de escribir orquídea con hache. Una hache muda que no se oiga pero se sienta, se padezca, se entrometa por los poros de la piel y cale hasta los huesos de quien se atrevió a romper el hábitat más preciado del mayor amante que tuvo. La miel de sus labios rezumaba intensidad cuando la tenía cerca, salivaba como cualquier perro de Pávlov sólo con imaginar su aroma, temblaba su frágil corazón al pronunciar su nombre y su mirada centelleaba como una noche veraniega cuando encontraba a centímetros la claridad y el osado brillo de los ojos de quien amó en un crudo silencio.
Porque el silencio suele ser crudo. Salvaje.
Jóder, ¿tan difícil es entender que no quería salir? La luz que buscaba no era la del Sol, y sus palabras donde mejor encontraban acomodo era en sus cuadernos y no en los oídos de nadie, pero el engaño y la traición a veces son más poderosos que cualquier otro arma. La violación de una intimidad tan celosa fue el mayor castigo que pudo soportar, y tras segar el tallo de cada una de sus flores, murió con ellas.
Disimuló cada uno de los movimientos de su vida tan sesudamente, que cuando le encontraron, ni siquiera sus piernas danzaban, inertes, bajo su cuello estrujado por la soga que se sintió obligado a utilizar.
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jueves, 18 de agosto de 2011
sábado, 22 de noviembre de 2008
El Lobo Estepario
(...) lo mismo que yo ahora me visto y salgo a la calle, voy a visitar al profesor y cambio con él galanterías, todo ello realmente sin querer, así hacen, viven y actúan un día y otro, a todas horas, la mayor parte de los hombres; a la fuerza y, en realidad, sin quererlo, hacen visitas, sostienen una conversación, están horas enteras sentados en sus negociados y oficinas, todo a la fuerza, mecánicamente, sin apetecerlo: todo podría ser realizado lo mismo por maquinas o dejar de realizarse. Y esta mecánica eternamente ininterrumpida es lo que les impide, igual que a mí, ejercer la crítica sobre la propia vida, reconocer y sentir su estupidez y ligereza, su insignificancia horrorosamente ridícula, su tristeza y su irremediable vanidad. ¡Oh, y tienen razón, infinita razón, los hombres en vivir así, en jugar sus jueguecitos, en afanarse por esas sus cosas importantes, en lugar de defenderse contra la entristecedora mecánica y mirar desesperados en el vacío como hago yo, hombre descarriado! (...)
Este es un pequeño fragmento de una obra demoledora con la deshumanizada sociedad en la que vivimos desde hace mucho tiempo, El Lobo Estepario, de Hermann Hesse. Nos cuenta la historia de un antihéroe que infeliz y solitario, nos muestra una visión de la vida, la muerte, el suicidio, determinadas conductas sociales... Es un libro que aunque corto, es denso como pocos; a mí me da la sensación que enseña y tiene una complejidad brutal, mucho más que la mayoría de libros de 600 o 700 páginas que pueda haber por ahí. En apenas 230 páginas desgrana con una precisión de cirujano multitud de reflexiones y pensamientos, que a pesar de ser escrito en la década de los 20, da la sensación de haber podido ser escrita en esta nuestra época, ya que los temas de los que habla siguen muy frescos.
Muy recomendable, salvo que tengáis pensamientos suicidas en estos días...
Este es un pequeño fragmento de una obra demoledora con la deshumanizada sociedad en la que vivimos desde hace mucho tiempo, El Lobo Estepario, de Hermann Hesse. Nos cuenta la historia de un antihéroe que infeliz y solitario, nos muestra una visión de la vida, la muerte, el suicidio, determinadas conductas sociales... Es un libro que aunque corto, es denso como pocos; a mí me da la sensación que enseña y tiene una complejidad brutal, mucho más que la mayoría de libros de 600 o 700 páginas que pueda haber por ahí. En apenas 230 páginas desgrana con una precisión de cirujano multitud de reflexiones y pensamientos, que a pesar de ser escrito en la década de los 20, da la sensación de haber podido ser escrita en esta nuestra época, ya que los temas de los que habla siguen muy frescos.
Muy recomendable, salvo que tengáis pensamientos suicidas en estos días...
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