Mostrando entradas con la etiqueta pesadilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pesadilla. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de marzo de 2012

Sintiendo sueños

Despierto sudando en plena noche, con la respiración agitada y un nudo que estrangula mi mirada perdida en la profunda oscuridad. Me levanto de la cama y busco donde agarrarme, nada, donde apoyarme, no encuentro nada; un mareo, vértigo, me aturdo y doy dos pasos, muevo mis manos buscando donde asirme y el vacío que se ha apoderado de mi, de todo. Siento que el aire que respiro es denso, que pesa, que inunda mis pulmones. Hay al final de un no sé donde un ruido, son tambores, tan tan tan, tantaratán, tan tan tan, suenan lejanos, pero bañan mis oídos y penetran en mi cabeza como navajas afiladas, tan tan tan, tan tan tan. Quiero correr y no puedo, mis brazos se agitan buscando las paredes, los muebles, una salida a esta pesadilla en la que creo que huyo de algo, o quizá busco, no lo sé. 


De repente los tambores paran, mi cerebro se libera de las navajas y el silencio se adueña del vacío. Miro a un lado y al otro sin ver, siento algo que me roza y me estremece. Es una mano, ¿dónde está? ¿quién eres? Eran unos dedos finos, parecía una mano delicada, me ha rozado con dulzura, vuelve, vuelve... Noto unos pasos, no los oigo, sólo los noto, los percibo a mi lado, huelo un perfume, huelo algo que ya he olido, un cuello, una piel, estiro los brazos sintiendo el aroma tan cerca... Nada. 


Me paro, dejo de dar pasos. No quiero seguir, no puedo seguir. Me siento, sigo sin ver pero me siento, espero, aguzo los sentidos, quiero volver a oler, a sentir el tacto de esa mano, quiero sentir, quiero sentir y no a este vacío que se burla de mi, quiero luz y poder ver, respirar aire fresco. Ahora siento un sonido, una voz suave, un aliento tibio flotando alrededor de mi, otra vez ese aroma, una caricia en mi mano, un beso en la mejilla, me revuelven el pelo; estiro los brazos al océano de sensaciones que me envuelven...


Despierto sudando en plena noche, con la respiración agitada y un nudo que estrangula mi mirada perdida en la profunda oscuridad.

lunes, 14 de junio de 2010

Jaulas y sueños

- Si quiero llamarte, ¿qué hago?
- Nada, ya lo sabes.
- Ya...
- Lo siento.
- No lo sientas.
- Si, si lo siento. Es... Tan complicado.
- Bueno, contactaré por telepatía.


Alivio.


- Y, ¿cuántos días tendré que estar aguantándome las ganas?
- No sé, no sé hasta el último momento...
- ¿Cuánto es eso?
- Toda la vida, a lo mejor.
- Pero eso es mucho tiempo.


Miedo.


- No puedo estar así, necesito... No sé el qué, pero algo más. 
- No puedo...
- Puedes, puedes. Es una impotencia brutal el andar con todo esto.
- No hay libertad.
- ¡Ninguna! Es una puta jaula, es... Es un sueño rodeado por una enorme pesadilla.
- ¿Un sueño?
- Si, M... Es un sueño, sino no estaría aquí ahora.


Dulzura.


- Es lo que no entiendo.
- ¿El qué?
- Que sigas aquí, que no corras. Hay mil motivos, ves esto, imagínate en unos años.
- Idiota... Me encanta, y me encantas.
- No lo sabía.
- ¿No te lo había dicho nunca?


Silencio.


- No.
- Necesito un abrazo.
- No puedo...
- Lo sé, pero también necesitaba decirlo.
- Te estoy jodiendo.
- Me estás haciendo feliz, y eso a veces jode, que es diferente.
- Estás cegado, estás ciego, ¡en serio! 
- ¿Qué diferencia hay? Lo que siento no es ficción.
- Lo que yo siento tampoco.
- ¿Y qué sientes?


Chispas.


- No dices nada.
- ¿Qué voy a decir?
- Lo que sientes.


Beso.
Abrazo.
Fusión.


- Nos están viendo todos.
- No me importa, ya no me importa...
- Deseaba oír eso hace meses, mi amor...
- Cállate.
- Eso también.


Beso.
Abrazo.
Despierto.


- Te echo tanto de menos esta noche, otra vez...