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lunes, 13 de junio de 2011

Gritos en silencio (V)

Palabras en el tintero,
jardines de letras insomnes,
perdidas,
deformadas en suertes degeneradas,
palabras,
sólo palabras.
Palabras mudas, 
silenciosas como petardos del infierno
danzando al son de oraciones sin predicado,
la débil fortaleza de la palabra dicha
hundiéndose en las sombras 
                                oscuras 
de un pozo sin fondo
infinito.

Tantas cosas ocultas:

gestos,
abrazos,
sonrisas, 
miradas,
roces,
frío y calor,
ojos descarnados por el fuego de la distancia,
manos desolladas por la fuerza de la impotencia,
pies helados por la soledad de las sábanas ásperas
oídos sordos de gritos en silencio.


Un gran silencio.
¿Y después?
Mi sangre temblando en las venas de otro,
mi espalda agrietada,
mi boca susurrando sinsentidos al vacío,
y el miedo...
Claro.
El miedo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Microcuento del deseo que me consume (III) Pasos de bailes imaginarios

Y ando, y bailo, y bailo, y piso, y ando, y paso atrás, y adelante, y bailo, y hay un roce, una sensación. Me rebozo en piedras afiladas, me hieren la espalda y tus manos la sanan, tus manos atrapan mis hombros y reproducen el vaivén suave de la mar en calma, tu aliento tibio espolea los músculos de mi cuello, me hacen girar la cabeza y mirar, mirar tus ojos de los que sigo sin adivinar el color, mirar tu boca que me lleva al fin, mirar tus mejillas coloradas que recapitulan teorías del color de la vida, tu faz, la cara oculta de la Luna, el éxtasis de escritores sin pluma.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Roce

Un roce,
explosión.
Causa-efecto
al cuadrado.
Contigo
siempre es
así,
sin más;
no hay vez
que exista
y no surja,
que leve sea
y no acelere.
Nada
de fuegos de artificio,
balas,
reales,
que atraviesan
corazones
cuales
hojas
de papel.
Aun resuena
el eco
de aquella
vez,
primera vez,
que explotó
y las siguientes
que se suman,
una
tras otra;
ensordecen
y enmudecen,
porque palabras
ahora
sólo arruinan
momentos
como este
y acallan
sonidos
mejores.