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martes, 26 de octubre de 2010

Viaje austral (II) Perito Moreno



La inmensa profundidad de las montañas, la nieve virgen que baña el paisaje, el agua, calma y gélida, acompañada de un silencio tenso, y que aguarda al hielo resquebrajarse para desprenderse furioso y de forma ensordecedora.



Los inicios de la primavera permiten que no haya una horda de turistas, sino que apenas unas decenas deambulemos extasiados por los varios kilómetros de vistas al mágico Perito Moreno.

El día es perfecto. Un Sol rotundo hace brillar el hielo, la nieve y el majestuoso Lago Argentino. Sólo alguna nube pasajera adorna el intenso cielo azul, y difumina las montañas de las que surge el glaciar.

Y es raro, el cerebro se ralentiza al máximo, se detiene a saborear la violencia de la naturaleza, una sensación no definible con palabras se adueña de uno y sólo algún destello alumbra la mente. Pocos.

sábado, 28 de febrero de 2009

Tres Colores (Azul, Blanco y Rojo) de Krzysztof Kieslowski

Azul, blanco y rojo: los tres colores de la bandera francesa. Representan la libertad, la igualdad y la fraternidad. Tres valores que Kieslowski utilizó para realizar una de las mejores trilogías cinematográficas que se puedan ver.

Azul, Blanco y Rojo, las tres películas que en 1992, 1993 y 1994 pusieron al director polaco en la vanguardia del cine europeo contemporáneo, situándole donde ya merecía estar tras su Decálogo (10 episodios de una serie sobre los Diez Mandamientos) y otras obras como No Matarás o La doble vida de Verónica. Se valió, además, de tres parejas de actores que rindieron al mejor nivel de sus carreras: Juliette Binoche y Benoît Regent en Azul, Zbigniew Zamachowski y Julie Delpy en Blanco y Jean-Louis Trintignant con Irène Jacob en Rojo. Y como no mencionarlo, una música memorable compuesta por Zbigniew Preisner, que saltó a la fama con estas bandas sonoras que son de lo mejor que se ha escuchado en el cine europeo también (lo que suena en el blog es el tema principal de Azul).

Azul es un bello y lento film, un poema -cinematográfico- recitado por una bellísima Juliette Binoche, que pone rostro, carácter y fuerza a un personaje que acaba de perder a su familia y rompe con lo que le queda de su vida anterior, para liberarse de todas las ataduras y empezar de nuevo. Con una técnica finísima, y unos planos siempre buenos, Kieslowski nos desgrana el dolor y las sensaciones del personaje de una manera triste y la vez esperanzadora, todo ello unido a una fotografía y un manejo de los colores y la luz brutal, donde el azul lo inunda todo y donde los silencios dominan un clima plagado de detalles, intimista, donde la percepción debe agudizarse para encontrar todo lo que la película nos ofrece.

Blanco es la más suave y fácil de ver, ya que es la más "cómica" de las tres, si es que por cómico se puede entender el humor negro y casi cruel que destila. Tiene varios puntos de enlace con Azul, bastante bien engarzados por cierto, y representa el blanco de la igualdad, aunque en este caso un blanco negro, ya que habla de la igualdad mal entendida, de la igualdad para ejercer el mal sobre el otro. Un curioso personaje impotente que enamorado de su mujer, esta le abandona por sus problemas, y él ha de volver a su país natal para renacer, a la vez que prepara un maquiavélico plan de venganza. Filmada con una sobriedad y una capacidad técnica envidiable, contiene escenas para recordar, pero es la más flojita de las tres, aunque aun así es digna de ver.

Rojo, un final de trilogía gigante, a un nivel que ralla a una altura inalcanzable, de las mejores películas europeas de los 90. Fue el testamento que nos dejó Kieslowski, fallecido poco tiempo después, en el clímax de su carrera, en el punto máximo de la profesión. Una joven estudiante y modelo atropella al perro de un juez jubilado un tanto peculiar, a partir de ahí se crea una relación aun más peculiar si cabe. Pequeños detalles que se dejan inacabados en las otras dos entregas, se cierran en este magnífico colofón (esa ancianita que recicla... ¡Dios!), se incorporan en ligeras dosis a los personajes de las otras dos películas, un toque de esperanza, una pincelada de ilusión para la vida. El rojo impregna carteles publicitarios, ropas y bares en esta entrega purificadora, con unos personajes que hacen que te enamores de ellos, con una sensibilidad en cada frase que pronuncian que te obligan a escucharles atontado, con un final que te hará sonreír con lágrimas en los ojos.

Gracias Krzysztof Kieslowski, por dejar esta herencia.