Aúllo al viento que me traiga tu perfume.
Loco me tiene
el dulzor cotidiano de tu piel pálida,
me traslada a escondites inolvidables,
me daña su recuerdo,
porque hay algo que no sabía:
la añoranza hiere más que un latigazo,
y la distancia está en mi carne viva,
desollada,
entregada a una pasión ilimitada,
desarbolada,
por imágenes cada vez más tenues,
que se escapan entre mis dedos
con tu aroma,
que se lo lleva el viento tan rápido como me lo trajo.
Me escuecen las tiras de piel rajada,
cada poro mío que rozaste ahora se pudre,
y cada recuerdo me estremece,
me encoge,
me revuelve el pelo
y me lo arranca.
¿Cuánto más lejos...?
En playas de arena fina
y regadas con agua turquesa,
porque tú me lo contaste y yo no olvido,
ve a fundirte con el inteligente pescador de río revuelto,
yo me quedo en la orilla,
que se me han quitado las ganas de nadar
para que me ahogues,
y la sal abrasa mis heridas de carne viva.
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viernes, 8 de julio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
Inmersión
Estira su cuello para sentir la brisa marina en su pelo empapado, y relajada, percibe las gotas de agua salada resbalando por las sinuosas formas de sus orejas. El Sol luce desde su privilegiada posición, mientras los oblicuos rayos del atardecer caen con tibieza sobre el brillo de los ojos de Ariadna, que aspira una suave bocanada de aire puro para volver a sumergirse en la inmensidad del océano que baña su desnudez madura, fresca.
La dorada luz penetra en el agua, rompiéndose en mil pedazos que toman multitud de direcciones, envolviendo el cuerpo de Ariadna con telas de mil colores, coloreando su piel de rojos, azules, verdes, amarillos, violetas y naranjas infinitos, puros. Ella se deja acariciar por la naturaleza plena que la rodea, saborea la sal que empapa sus labios y abre los ojos para entregarse por completo a su deliciosa sensación.
Diminutos peces cosquillean sus pies y recorren con ella unos metros para desaparecer después, Ariadna los roza con la punta de sus dedos, imbuida como está en el mundo paralelo en el que vive bajo el nivel del mar. Bucea con movimientos morosos, deliberadamente pausados, hallando, de todo lo que la rodea, la reacción que produce en su ser. El pulso se ralentiza y su sangre circula paso a paso, el crepitar de sus pulmones reclamando oxígeno es el único sonido en el vacío de las profundidades, su cerebro permeabiliza cada segundo inmersa en las aguas y ante la imposibilidad de mantener su cuerpo en ausencia del aire que la espera encima de su cabeza, estira su cuello para sentir la brisa marina en su pelo empapado, y relajada, percibe las gotas de agua salada resbalando por las sinuosas formas de sus orejas.
La dorada luz penetra en el agua, rompiéndose en mil pedazos que toman multitud de direcciones, envolviendo el cuerpo de Ariadna con telas de mil colores, coloreando su piel de rojos, azules, verdes, amarillos, violetas y naranjas infinitos, puros. Ella se deja acariciar por la naturaleza plena que la rodea, saborea la sal que empapa sus labios y abre los ojos para entregarse por completo a su deliciosa sensación.
Diminutos peces cosquillean sus pies y recorren con ella unos metros para desaparecer después, Ariadna los roza con la punta de sus dedos, imbuida como está en el mundo paralelo en el que vive bajo el nivel del mar. Bucea con movimientos morosos, deliberadamente pausados, hallando, de todo lo que la rodea, la reacción que produce en su ser. El pulso se ralentiza y su sangre circula paso a paso, el crepitar de sus pulmones reclamando oxígeno es el único sonido en el vacío de las profundidades, su cerebro permeabiliza cada segundo inmersa en las aguas y ante la imposibilidad de mantener su cuerpo en ausencia del aire que la espera encima de su cabeza, estira su cuello para sentir la brisa marina en su pelo empapado, y relajada, percibe las gotas de agua salada resbalando por las sinuosas formas de sus orejas.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Microcuento del deseo que me consume (III) Pasos de bailes imaginarios
Y ando, y bailo, y bailo, y piso, y ando, y paso atrás, y adelante, y bailo, y hay un roce, una sensación. Me rebozo en piedras afiladas, me hieren la espalda y tus manos la sanan, tus manos atrapan mis hombros y reproducen el vaivén suave de la mar en calma, tu aliento tibio espolea los músculos de mi cuello, me hacen girar la cabeza y mirar, mirar tus ojos de los que sigo sin adivinar el color, mirar tu boca que me lleva al fin, mirar tus mejillas coloradas que recapitulan teorías del color de la vida, tu faz, la cara oculta de la Luna, el éxtasis de escritores sin pluma.
viernes, 11 de junio de 2010
Gritos en silencio (II)
Un día lo tienes todo,
y durante tres no tienes nada.
Tres inmensos días,
con tres noches
infinitas,
la eternidad te engulle
y te devora,
el mar que antes te recogía de sus brazos
ahora te golpea,
envía sus olas poderosas
y te hunde,
la luz se difumina
ante tus ojos llorosos,
y los susurros que antes lamían tu oído
se han borrado en la violencia
de los segundos que pasan,
míseros,
de uno en uno,
acuchillando ilusiones
y a la vez,
corriendo deprisa
porque sientes que se acaba tu tiempo,
que se esfuma la posibilidad;
esa que anoche veías real
y que hoy...
Hoy lo ves todo mentira,
hoy padeces la traición
de los sentimientos
más puros,
las verdades se demuestran falsas,
los actos no acompañan las miradas,
las bocas,
ahora están solas.
Cuestión de matices,
vida normal aparentas,
y así,
con normalidad,
consigues normalidad,
nada más.
Las palabras más bonitas has dejado,
pero hoy tampoco dormirás aquí,
no besarás al amanecer
ni reirás abrazada a este cuerpo
deseoso,
de ti,
lo harás en otro lado,
y eso hiere,
mata lentamente a un corazón,
el saberte en otra cama,
en otra boca,
en otro cuerpo.
Y yo,
cansado de hablar en segunda persona,
me retrotraigo en mi interior,
cierro puertas y ventanas,
yo,
aguardo que salga el Sol de nuevo,
absorbo mis lágrimas en silencio,
en el silencio de mis gritos
y en el recuerdo de tus besos.
y durante tres no tienes nada.
Tres inmensos días,
con tres noches
infinitas,
la eternidad te engulle
y te devora,
el mar que antes te recogía de sus brazos
ahora te golpea,
envía sus olas poderosas
y te hunde,
la luz se difumina
ante tus ojos llorosos,
y los susurros que antes lamían tu oído
se han borrado en la violencia
de los segundos que pasan,
míseros,
de uno en uno,
acuchillando ilusiones
y a la vez,
corriendo deprisa
porque sientes que se acaba tu tiempo,
que se esfuma la posibilidad;
esa que anoche veías real
y que hoy...
Hoy lo ves todo mentira,
hoy padeces la traición
de los sentimientos
más puros,
las verdades se demuestran falsas,
los actos no acompañan las miradas,
las bocas,
ahora están solas.
Cuestión de matices,
vida normal aparentas,
y así,
con normalidad,
consigues normalidad,
nada más.
Las palabras más bonitas has dejado,
pero hoy tampoco dormirás aquí,
no besarás al amanecer
ni reirás abrazada a este cuerpo
deseoso,
de ti,
lo harás en otro lado,
y eso hiere,
mata lentamente a un corazón,
el saberte en otra cama,
en otra boca,
en otro cuerpo.
Y yo,
cansado de hablar en segunda persona,
me retrotraigo en mi interior,
cierro puertas y ventanas,
yo,
aguardo que salga el Sol de nuevo,
absorbo mis lágrimas en silencio,
en el silencio de mis gritos
y en el recuerdo de tus besos.
viernes, 21 de mayo de 2010
Susurros que abrazan

Desde el fondo del mar surge un suspiro, un susurro inaudible, imperceptible.
Exhala energía y pasión, una pasión desgarradora e ilimitada, como ella, con sus largos brazos que hacen temblar los cimientos de mi interior, que recorren un camino desproporcionado e infinito, que me agarran suavemente y de los que no quiero soltarme. El tibio aliento que desprende me ruboriza, siento su respiración en mis ojos y me altera su aroma, que me invoca mundos lejanos, donde aun existen princesas y duendes, hadas y elfos, príncipes a caballo luchando por causas justas y dragones que protegen castillos.
La rugosidad de las rocas en las plantas de mis pies, el ruido del mar a cientos de metros por debajo, las nubes expectantes por encima, las gaviotas con sus cantos a mi alrededor. Me arrojo al vacío.
Con los ojos cerrados noto el aire recorrer mi rostro con vigor, percibo el aroma a sal acercarse, casi siento las cosquillas que los delfines me provocan en la tripa. En mi caída algo me envuelve, algo tan suave como su piel, con un tacto delicioso que me recoge y me acaricia, me remueve el pelo y después me deposita en el agua.
Mi vértigo desaparece, el miedo se esfuma y mi corazón se derrite como el lacre, gota a gota va impregnando mi alrededor, siento el calor de la sangre embaucarme junto al frescor marítimo en un sueño del que no veo final, me rindo al poder de las olas, buceo, nado y me fundo con los susurros, con sus susurros...
hablo de
abrazo,
agua,
Donosti,
fotografía,
mar,
relatos,
sentimientos,
susurros
jueves, 25 de marzo de 2010
Tiempo, caminos y lista de la compra
El tiempo se acaba.
No sé lo que queda, ni tampoco lo quiero saber. Me obsesiona, es cierto, pero contar hacia atrás... No, por favor, no lo hagas. Todo es demasiado bueno para hacer el cangrejo, para pensar en futuros próximos pero aun borrosos, hay que caminar hacia adelante porque el camino se crea andando, pisando el cesped virgen del trozo de vida que nos quede juntos, aprovechando cada recoveco para disfrutar.
Perderse en mares azules llenos de olas que acaricien nuestros cuerpos, en primaverales bosques repletos de flores que empapen de aromas nuestras pieles, volar con esas alas prestadas por encima de las montañas más altas, alejados de ojos escrutadores y donde nuestros cuerpos no pesen, sólo sientan.
Buscar el color de tus ojos, seguir el delgado sendero de tus labios, redondear tus orejas y bucear en tu pelo, es la lista de la compra que redacto cada mañana, y aunque no pueda ser, pienso en ello, agarrado a tu mano, con la que aprendo a volar en mis sueños, y en los tuyos.
hablo de
bosque,
listas,
mar,
obsesión,
pensamientos,
sentimientos,
sueño,
tiempo,
tiempo presente,
vida
lunes, 21 de septiembre de 2009
martes, 1 de septiembre de 2009
Recuerda el mar
Tantas capas
en tu piel.
No llores,
se alejó
la cebolla,
huyó tan lejos...
No pienses dónde,
no lo nombres,
ni en francés
ni parecido.
Piensa
-mejor-
en cuando lograste
que el mar,
en supuesta calma,
agitase tu pelo,
revoltoso,
cálido,
creando remolinos de la nada
para ti,
y por ti.
De eso eres capaz,
y más,
no hace falta
pensar,
a veces
con poco basta,
sólo mostrar
tus capas,
infinitas
en la búsqueda de sueños,
en la ambición de alegría.
No hace falta gritar
para ver;
hablando suave,
bajito
y sin molestar,
se entiende todo.
En tu corazón:
llagas.
Pido perdón.
El rumor de las olas
me nubló
y me deslumbró,
si,
tanto (ni yo se)
que no acerté a seguir
el camino
que habías abierto,
hablando bajito,
hasta tu interior.
jueves, 7 de mayo de 2009
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