Nacionalismos patrios, periféricos, locales... Todos claman por su tierra, que es suya, y de nadie más. Que sólo decidan los que pisan esa tierra cada día, los asuntos que a esa tierra corresponden -o eso dicen-. Quien no sea de esta tierra que se quede en su tierra que para eso es suya y la de aquí es de los de aquí.
Vivimos en un mundo incoherente. Cada día se rompen barreras nuevas, televisión de cualquier país a la distancia de un botón del mando a distancia, Internet -y toooooodo lo que supone-, los vuelos baratos que nos permiten estar de manera rápida y económica en otro país, abandonando la tierra que es nuestra y sentimos tan dentro, para caminar por la tierra de otro que luego miraremos mal cuando sea él quien abandone su tierra que es suya pero que nosotros pisamos cuando venga a pisar nuestra tierra.
Cualquier nacionalismo es egoísta, y de alguna manera injusto. Mirar para el propio ombligo, sin pensar en que todos necesitan a todos para sobrevivir. Queremos todo lo que podamos para nuestra tierra, pero gritaremos amargamente y nos manifestaremos cuando otra tierra que no es la nuestra pero que es de otra gente como nosotros que también reclama todo lo que puede para su tierra gritando amargamente se lleve una parte del pastel. Qué ignorancia, en el mundo en el que estamos, luchar por levantar altos muros que nos separen y que nos diferencien del vecino. Es incomprensible defender lo propio cuando quizá lo que hay por ahí puede ser mejor, pero es más fácil ser un nacionalista cerril, a intentar mejorar.
Y no hablo de España sólo, hablo en general. Y tampoco es política. Es todo.