Hablaba yo el otro día sobre la muerte digna, y hoy, leyendo el periódico, leo que hay una joven británica, que concursó hace algunos años en Gran Hermano y fue bastante polémica, a parte de grosera y hortera, según leo. Se convirtió en toda una celebridad en Inglaterra, y fue pasto de la prensa rosa, que la devoró como suele hacer, con alevosía y dejando apenas unas migajas. A lo que iba, leo que ahora, esta mujer de 27 años, Jade Goody se llama, padece un cáncer terminal que acabará con su vida en poco tiempo, y para evitar penurias para sus hijos en un futuro, ha decidido vender su muerte.
Y cuando digo muerte, no digo su historia: un par de exclusivas, alguna entrevista de dudoso gusto en un Salsa Rosa a lo británico, y así ingresar algunas libras, nada de eso. Digo vender su muerte, y es literal. Ha decidido que por 1 millón de libras, contará y desgranará todos los detalles de la agonía que le provocará su enfermedad, además de mostrar de cara al público su estado terminal, en sus últimos días y hasta el último momento.
El problema no es ella, no voy a juzgar a alguien que está al borde de la muerte por las decisiones que tome, no soy capaz de hacerlo. Pero por favor, esa prensa, esas revistas o televisiones que van a colaborar para que esta vergüenza para la humanidad, para cualquier sociedad civilizada, para cualquier ser humano con dos dedos de frente, se lleve a cabo, ¿en qué piensan? Supongo que en los grandes beneficios que obtendrán, en la cantidad de audiencia, que como gilipollas inhumanos, seguro conseguirán, pero, ¿esa gente podrá dormir tranquila por las noches?
Es una muestra de la grandiosa decadencia que estamos viviendo en las sociedades de occidente, de la pérdida de valores y de principios básicos, alcanzando unas cotas de frivolidad con temas que son absolutamente serios y con los que se juegan a diario. Este caso es uno más, quizá el más exagerado de esta indigna espiral, pero el sangrante caso del profesor Neira, que defendió a una mujer maltratada ante su verdugo, y la cual, luego fue de plató en plató contando sus miserias, mientras Neira luchaba contra la muerte, o tantos casos que en cada Diario de suputamadre, en La Noria o en programuchos de esta calaña cada día se burlan de cualquier atisbo de civilización, son verdaderamente vergonzantes.
¿Dónde llegará esta carrera hacia la inmundicia mediática? Yo no quiero verlo, de verdad.