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domingo, 25 de diciembre de 2011

Besos de viento en los ojos

Me desgarra el viento las pupilas,
mis ojos, ajados
de dibujarte en sueños 
-que no dormido-,
florecen en el reflejo de las llamas de tu sonrisa,
paladeando días y noches,
extasiado
al contorno infinito de tu sombra,
dibujada tantas veces en mil colores vivos.
Y mis ojos, calados
de dulce alivio,
cuando tú
me haces sentir saciado en plena hambruna,
cuando tus besos hacen que cambie hasta la dirección del viento.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Luz en la niebla

Últimamente indago en humo,
escribo sin tinta en máquinas de escribir sin letras,
sin fuerza derribo muros de hojas secas.
Pasto en eriales lejanos,
lejanos como mis ojos derecho e izquierdo,
buscadores de reflejos que les muestren su igual,
su igual: habitante de un rostro mutilado,
despojado de la virtud de conocerse,
atado a una realidad efímera e inconsistente,
ciego de verdades.


A veces hay
una mejilla entre calaveras,
un color entre la niebla,
una flor entre cenizas.


Y tus caricias, la luz me la dan tus caricias.

jueves, 9 de junio de 2011

Inmersión

Estira su cuello para sentir la brisa marina en su pelo empapado, y relajada, percibe las gotas de agua salada resbalando por las sinuosas formas de sus orejas. El Sol luce desde su privilegiada posición, mientras los oblicuos rayos del atardecer caen con tibieza sobre el brillo de los ojos de Ariadna, que aspira una suave bocanada de aire puro para volver a sumergirse en la inmensidad del océano que baña su desnudez madura, fresca.


La dorada luz penetra en el agua, rompiéndose en mil pedazos que toman multitud de direcciones, envolviendo el cuerpo de Ariadna con telas de mil colores, coloreando su piel de rojos, azules, verdes, amarillos, violetas y naranjas infinitos, puros. Ella se deja acariciar por la naturaleza plena que la rodea, saborea la sal que empapa sus labios y abre los ojos para entregarse por completo a su deliciosa sensación.


Diminutos peces cosquillean sus pies y recorren con ella unos metros para desaparecer después, Ariadna los roza con la punta de sus dedos, imbuida como está en el mundo paralelo en el que vive bajo el nivel del mar. Bucea con movimientos morosos, deliberadamente pausados, hallando, de todo lo que la rodea, la reacción que produce en su ser. El pulso se ralentiza y su sangre circula paso a paso, el crepitar de sus pulmones reclamando oxígeno es el único sonido en el vacío de las profundidades, su cerebro permeabiliza cada segundo inmersa en las aguas y ante la imposibilidad de mantener su cuerpo en ausencia del aire que la espera encima de su cabeza, estira su cuello para sentir la brisa marina en su pelo empapado, y relajada, percibe las gotas de agua salada resbalando por las sinuosas formas de sus orejas. 

lunes, 13 de septiembre de 2010

Microcuento del deseo que me consume (III) Pasos de bailes imaginarios

Y ando, y bailo, y bailo, y piso, y ando, y paso atrás, y adelante, y bailo, y hay un roce, una sensación. Me rebozo en piedras afiladas, me hieren la espalda y tus manos la sanan, tus manos atrapan mis hombros y reproducen el vaivén suave de la mar en calma, tu aliento tibio espolea los músculos de mi cuello, me hacen girar la cabeza y mirar, mirar tus ojos de los que sigo sin adivinar el color, mirar tu boca que me lleva al fin, mirar tus mejillas coloradas que recapitulan teorías del color de la vida, tu faz, la cara oculta de la Luna, el éxtasis de escritores sin pluma.

martes, 6 de julio de 2010

Deseos

Mis energías son tuyas,
el roce de tus manos en mi piel
las chispas del fuego infinito
que avivas,
que me quema el alma
espoleando incesante
la llama de lo prohibido;
deseos coincidentes,
dentro de dos caminos lejanos
podemos,
tú no lo sabes,
pero podemos.
Tus ojos confiesan que quieren,
los míos sufren tus ausencias
con luto devorador,
y sienten que su vida es esta,
tu imagen en mi,
reflejada en mi sonrisa,
y no la pena asesina que me aplaca el alma;
tus abrazos son oxígeno,
tu pelo en mi cara alimento,
mi espalda ríe cuando tus manos la recorren
y si te alejas mis piernas tiemblan.


La felicidad no está tan allá, 
sólo dos pasos tras el muro
y ahí esperaré yo,
para subirte a hombros
y ser los seres mágicos
de nuestros cuentos,
pero muy reales,
tanto que lloremos juntos
de alegría,
de esa alegría que sólo he sentido en tus brazos,
en los abrazos puros que me regalas,
en momentos que existen porque existes tú,
en lugares marcados porque los marcas tú.


Hay cosas contra las que no debemos luchar,
los sentimientos,
la mecánica del corazón,
ese tic tac imparable que es el amor,
que nos ha unido brutalmente
hasta el más extremo sufrimiento,
hasta la mayor de las dudas.


Quiéreme, 
déjate llevar,
escucha por fin tu corazón,
ese que me golpea cuando me tomas,
ese que me susurra los deseos de tu interior.





Mi fuerza la creas tú,
tus miradas sinceras,
lo que no dices con palabras,
lo que muestra el ardor guerrero de tus mejillas,
coloreadas,
del rojo de la pasión inexplicable,
de la más brutal de las uniones,
ésta,
que nos junta y nos separa
invitándonos a sufrir,
a disfrutar;
la dualidad perenne del amor más exacto,
imperfección depurada
creada para sonreír llorando. 

miércoles, 23 de junio de 2010

Píntame

Mi sangre nace 
de pálpitos brutales,
se fusiona con el viento
más allá del infinito alcanzado
a tu lado,
ahí donde toda pieza encaja,
donde mi cuerpo ha descubierto un lecho
en el que fundirse cada noche.
Un lecho soñado,
pero posible
de verdad,
posible.

Ahora píntame,
pinta esta piel que tiembla a tus roces,
reviéntala a brochazos de pasión;
con el color de tus ojos
inúndame hasta desbordarme
más aun,
más que la última vez,
tan brutalmente que mis imágenes sean borrosas,
que se empañen con la agilidad de tus gemidos,
ensordéceme hasta el fin,
envuelve mi memoria con un velo
inmune al tiempo
que aborrezco,
maldito,
difumínalo con tus caricias
y deténlo cuando alcancemos el borde de la locura,
ese éxtasis que me enloquece(s),
hazlo infinito mi amor,
susúrrame que olvide al tiempo,
que te tengo,
que me tienes,
y que guarde el paraguas
pues no lloverá más,
vamos a sonreír al Sol,
agarrarnos la mano y correr
locos los dos,
embriagados por el todo,
por la vida,
nuestra vida.

sábado, 28 de febrero de 2009

Tres Colores (Azul, Blanco y Rojo) de Krzysztof Kieslowski

Azul, blanco y rojo: los tres colores de la bandera francesa. Representan la libertad, la igualdad y la fraternidad. Tres valores que Kieslowski utilizó para realizar una de las mejores trilogías cinematográficas que se puedan ver.

Azul, Blanco y Rojo, las tres películas que en 1992, 1993 y 1994 pusieron al director polaco en la vanguardia del cine europeo contemporáneo, situándole donde ya merecía estar tras su Decálogo (10 episodios de una serie sobre los Diez Mandamientos) y otras obras como No Matarás o La doble vida de Verónica. Se valió, además, de tres parejas de actores que rindieron al mejor nivel de sus carreras: Juliette Binoche y Benoît Regent en Azul, Zbigniew Zamachowski y Julie Delpy en Blanco y Jean-Louis Trintignant con Irène Jacob en Rojo. Y como no mencionarlo, una música memorable compuesta por Zbigniew Preisner, que saltó a la fama con estas bandas sonoras que son de lo mejor que se ha escuchado en el cine europeo también (lo que suena en el blog es el tema principal de Azul).

Azul es un bello y lento film, un poema -cinematográfico- recitado por una bellísima Juliette Binoche, que pone rostro, carácter y fuerza a un personaje que acaba de perder a su familia y rompe con lo que le queda de su vida anterior, para liberarse de todas las ataduras y empezar de nuevo. Con una técnica finísima, y unos planos siempre buenos, Kieslowski nos desgrana el dolor y las sensaciones del personaje de una manera triste y la vez esperanzadora, todo ello unido a una fotografía y un manejo de los colores y la luz brutal, donde el azul lo inunda todo y donde los silencios dominan un clima plagado de detalles, intimista, donde la percepción debe agudizarse para encontrar todo lo que la película nos ofrece.

Blanco es la más suave y fácil de ver, ya que es la más "cómica" de las tres, si es que por cómico se puede entender el humor negro y casi cruel que destila. Tiene varios puntos de enlace con Azul, bastante bien engarzados por cierto, y representa el blanco de la igualdad, aunque en este caso un blanco negro, ya que habla de la igualdad mal entendida, de la igualdad para ejercer el mal sobre el otro. Un curioso personaje impotente que enamorado de su mujer, esta le abandona por sus problemas, y él ha de volver a su país natal para renacer, a la vez que prepara un maquiavélico plan de venganza. Filmada con una sobriedad y una capacidad técnica envidiable, contiene escenas para recordar, pero es la más flojita de las tres, aunque aun así es digna de ver.

Rojo, un final de trilogía gigante, a un nivel que ralla a una altura inalcanzable, de las mejores películas europeas de los 90. Fue el testamento que nos dejó Kieslowski, fallecido poco tiempo después, en el clímax de su carrera, en el punto máximo de la profesión. Una joven estudiante y modelo atropella al perro de un juez jubilado un tanto peculiar, a partir de ahí se crea una relación aun más peculiar si cabe. Pequeños detalles que se dejan inacabados en las otras dos entregas, se cierran en este magnífico colofón (esa ancianita que recicla... ¡Dios!), se incorporan en ligeras dosis a los personajes de las otras dos películas, un toque de esperanza, una pincelada de ilusión para la vida. El rojo impregna carteles publicitarios, ropas y bares en esta entrega purificadora, con unos personajes que hacen que te enamores de ellos, con una sensibilidad en cada frase que pronuncian que te obligan a escucharles atontado, con un final que te hará sonreír con lágrimas en los ojos.

Gracias Krzysztof Kieslowski, por dejar esta herencia.

martes, 4 de noviembre de 2008

Jan Saudek

Éste hombre es uno de mis fotógrafos preferidos, conocí sus fotos hace varios años, cuando nos mandaron realizar un trabajo para una asignatura de 1º de Imagen, y elegí su nombre sin saber mucho de él. Ahora, la verdad que puedo decir que es un excepcional fotógrafo, con unas fotos poderosas y visualmente fuertes y llenas de mensajes.

Usa mucho contraste, sea en color o en b/n, para dar aun mayor énfasis a la imagen, y juega con los contrarios, con el color, con la insinuación o directamente con la cruda muestra de una historia. Saudek siempre cuenta historias en sus fotografías, casi siempre duras, difíciles, sórdidas, historias que se ambientan en lúgubres habitaciones, lugares siempre cerrados. Desnudos, relación hombre-mujer y contraposición entre juventud y vejez son constantes en su trabajo, que roza en muchas ocasiones lo obsceno y grotesco. Además, suele colorear a menudo sus fotografías, lo que le da un aspecto muy colorido a situaciones extremas.

Aquí os dejo algunas de las fotografías que más me gustan y un enlace.


Life - 1966


Portrait of Woman and Man - 1984


The Deep Devotion of Veronica - 1989


The Morning - 1990


Portrait of an Innocent Girl - 1997

miércoles, 29 de octubre de 2008

Serpentinas

Al abrir el tarro, un sinfín de serpentinas saltaron por todos lados. Cada una era más larga que la anterior, y dibujaban un mar de colores que crecía sin pausa. Rojos, verdes, dorados y púrpuras se extendían raudos, también azules, turquesas, rosas y amarillos surgían sin cesar.

Tal orgía colorista no tardó en ocupar por completo toda la habitación. Abrieron (si, abrieron) la puerta y comenzaron a expandirse también por la casa. No era capaz de entender lo que estaba sucediendo, sólo veía colores que dejaban un rastro que rápidamente era borrado por otro color, y éste por otro, y así continuamente. Era maravilloso. El agobio inicial se había transformado en alegría y felicidad, ya que las serpentinas además, no me ahogaron, a pesar de que lo llenaban todo, ni me hacían daño, aunque rodeaban todo mi cuerpo.

Una sensación inexplicable me recorría de arriba a abajo, sentía un suave calor febril, y notaba como si cada rincón de mi cuerpo estuviera acomodado sobre mullidos cojines de terciopelo. Las serpentinas de colores me acariciaban a su paso, fugaces, deliciosas, de inigualable belleza.

Poco a poco, entre el océano colorista que se había formado, se comenzaron a distinguir algunos grises. Tenues al principio, poco a poco se fueron tornando más y más oscuros. El calor fue en aumento y junto con el cambio del tono grisáceo de las serpentinas, el ambiente comenzó a ser desagradable, y la sensación de bienestar fue desapareciendo. También avisté algunas serpentinas negras que se precipitaban contra el suelo, casi deshechas.

Ya no notaba los mullidos cojines, sino el áspero contacto de cada serpentina ennegrecida. El agobio era mayor a pesar de la menor densidad de serpentinas, y los tonos grises y negros se adueñaron de aquel mar. Miré hacia abajo, y un escalofrío me recorrió la espalda; miles de serpentinas yacían a mis pies, negras, muchas de ellas hechas cenizas, alguna coleaba aun, mientras terminaba de perder la pizca de color que le quedaba, hasta quedar inerte, convertida casi en polvo.

Llegó un momento en el que ya no pude ver más serpentinas de colores por ninguna parte, sólo un espero manto negro que ocupaba todo el suelo, y me llegaba por las rodillas, despidiendo además un pestilente olor a muerte que lo impregnaba todo.

No podría explicar cómo ocurrió todo aquello, ni su inicio ni su final, pero las serpentinas empezaron a ennegrecerse y a morir cuando abrieron la puerta de la calle y el aire de fuera entró, ya que la mayor concentración de cenizas se encontraba a la puerta, abierta, apenas un paso fuera.

martes, 21 de octubre de 2008

Color

Tu luz
que brilla furiosa,
en este mundo
impasible,
del color gris
de la nada;
rotando,
ignorando.

Y tú,
coloreándolo,
dándole vida,
fuerza,
luchando contra el temor.

Pintas sonrisas
encima de las lágrimas;
dibujas miradas
contra la indiferencia;
diseñas alegrías
entre las guerras.

Tu luz,
que invoca otra vida,
otro mundo
rojo y azul,
verde y morado,
que rote al revés,
implicado,
preparado.

Esa luz,
que a mí
me ha pintado la cara,
ha endulzado mi mirada,
me ha inundado de sonrisas,
me has dado el color.

Nunca te apagues,
amor.