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martes, 17 de marzo de 2009

¿Y después?

Hay gente a la que no le gusta hablar de la muerte. Ni de la de los demás, y mucho menos de la suya, y lo llego a entender, aunque tampoco tanto la verdad. Cierto es, que la muerte es el fin de la vida y bla bla bla, pero a ver, los libros tienen un capítulo final, las películas un último minuto y todas las cosas que nos pasan en la vida, pues también. ¿Por qué la vida iba a ser diferente? Y, ¿por qué debemos temer eso?

A mi me da pena cuando acabo un libro y me ha gustado, cuando siento que esa lectura ha valido de algo y me ha enseñado o mostrado algo, lo que sea, que añade algo a mi vida que ahí quedará. Igual me pasa con una buena película, que siempre quieres que dure más, que no haya una última escena, que no existan esos títulos de créditos, que no funda nunca a negro la última imagen. Pero acaban, también las fallas, los partidos de fútbol e incluso las historias de amor, por lo que, ¿cómo la vida iba a ser diferente? Se acaba, y si, es una pena, lógicamente, pero espero que cuando llegue mi final, pueda sentir que ha valido de algo, que al menos, he sido feliz y he aprovechado el tiempo y me he desarrollado como persona.

¿Y después? Pues sinceramente, no creo que haya nada, me cuesta mucho pensar que sí, y como nadie ha vuelto a vivir para decirlo, pues hasta que no me muera y lo vea -o no vea nada y se acabó- tampoco me importa demasiado. Eso si, si llego espero que me repongan por dentro porque vamos, mis órganos quedan a disposición de quien pueda necesitarlos, no entiendo quien se puede negar a que se salve una vida (o varias) por convicciones religiosas o de cualquier tipo, simplemente por no "ultrajar" un cuerpo muerto, sin vida, que no vale para nada de esa manera, pero que puede valer un trocito de él para alguien que agradecerá de por vida a ese ser anónimo que con su muerte permitió la vida.

Supongo que la incineración me espera, también, no sé muy bien porqué realmente, pero me da mejor onda el convertirme en esa ceniza de la que venimos (metafóricamente, claro) que ser comido por los gusanos. Vale ser solidario con otra persona, pero con esos bichos no quiero nada...