Dibuja mil sonrisas imperfectas
con tus pinceles nunca vistos
en la tierra de los que andamos con las manos,
destrúyeme otra vez
con brochazos angustiosos
que pintan corazones despegados del pecho,
hazme escribir palabras irrefrenables
con plumas que destintadas sobre mis ojos
me ciegan en la pura luz de tu presencia,
camina ligera sobre mis labios
con tus dientes que son cuchillos
en la mantequilla de mis recuerdos,
vuela y abre los brazos
aleteando en mi cuerpo herido
aterrizando sobre mis huesos rotos,
revuelve mi pelo mojado
por bañeras de madera ajena
donde el agua dibujo casas de árbol,
dibuja mil sonrisas imperfectas
con tus manos que me rozaron
hechizando sombras moribundas.
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miércoles, 27 de abril de 2011
jueves, 11 de noviembre de 2010
Micropoema del deseo que me consume (II) Piernas
Piernas cruzadas con piernas,
pelos enredados,
mis manos entre tus dedos,
mis ojos entre tus labios,
¿y mis labios?
Mis labios entre tus piernas.
pelos enredados,
mis manos entre tus dedos,
mis ojos entre tus labios,
¿y mis labios?
Mis labios entre tus piernas.
hablo de
manos,
micropoema,
ojos,
pelos,
piernas,
poemilla,
sentimientos,
sexo
jueves, 6 de noviembre de 2008
Día de peluquería
Los jueves salgo a las 11 de clase (eso de haber hecho imagen antes de realización me ha ayudado a quitarme horas este curso xD) y he aprovechado para pasar por la peluquería y echar abajo lo que el tiempo hizo crecer en mi cabeza. Esa mata de pelo rizado que intento -en vano- domesticar y que amenazaba con seguir enrollándose a mi muy incómodamente. Cada dos meses o así me obligo a ir, porque los resultados de dejar crecer eso que sale de mi cráneo puede ser fatal. Y apenas 10 minutos esperando y ¡a la silla! Que gustito que me pasen la máquina y me dejen el pelo corto de nuevo, no tener que peinarlo hasta dentro de algunas semanas y así andar despreocupado de sus ataques de rizamiento.
Las peluquerías son sitios curiosos, allí están siempre 2 o 3 mujeres cotilleando sobre sus vidas, contando cualquier cosa que hayan leído en las revistas del corazón o de sus Manolos respectivos. Hoy, una mujer fue más allá. (Nos) contó que la habían operado hacía 15 días de un tumor en los ovarios, y que le habían extraído una bola del tamaño de una pelota de tenis, o más... La mujer tenía gran expresividad, y hacía muchos gestos, muecas, ademanes y todo tipo de movimientos que apoyaran su historia. Me dijo el médico que el tumor era ¡así! y estiraba sus dedos abriendo casi el palmo entero. Aunque la verdad que la cicatriz que me dejó es pequeña (repetía el gesto pero contrayendo un poco los dedos). Lo peor fue la espera y movía entonces sus brazos hacia arriba como bailando sevillanas y echando un poco la espalda hacia atrás.
Yo, mientras, agachaba la mirada y dejaba hacer a la peluquera, no fuera que me vieran observar y me pidieran opinión. No hubiera sabido qué decir, quizá la mejor idea era asentir sin más, sonreír levemente y darle coba al tema. Pero por si acaso, opté por la opción de pasar desapercibido, dejar que el tema corriera por los derroteros del morbo puro (nadie la preguntó que tal se encontraba), y en cuanto terminó mi poda bimensual...
...corrí como un diablo!
Las peluquerías son sitios curiosos, allí están siempre 2 o 3 mujeres cotilleando sobre sus vidas, contando cualquier cosa que hayan leído en las revistas del corazón o de sus Manolos respectivos. Hoy, una mujer fue más allá. (Nos) contó que la habían operado hacía 15 días de un tumor en los ovarios, y que le habían extraído una bola del tamaño de una pelota de tenis, o más... La mujer tenía gran expresividad, y hacía muchos gestos, muecas, ademanes y todo tipo de movimientos que apoyaran su historia. Me dijo el médico que el tumor era ¡así! y estiraba sus dedos abriendo casi el palmo entero. Aunque la verdad que la cicatriz que me dejó es pequeña (repetía el gesto pero contrayendo un poco los dedos). Lo peor fue la espera y movía entonces sus brazos hacia arriba como bailando sevillanas y echando un poco la espalda hacia atrás.
Yo, mientras, agachaba la mirada y dejaba hacer a la peluquera, no fuera que me vieran observar y me pidieran opinión. No hubiera sabido qué decir, quizá la mejor idea era asentir sin más, sonreír levemente y darle coba al tema. Pero por si acaso, opté por la opción de pasar desapercibido, dejar que el tema corriera por los derroteros del morbo puro (nadie la preguntó que tal se encontraba), y en cuanto terminó mi poda bimensual...
...corrí como un diablo!
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