Pétalos de sangre caídos
rosas secas
espinas clavadas
y tallos negros.
Caminos de azufre
la bruma espesa
silencio.
Palpita el miedo
tiembla el horizonte.
Tú.
Cacería de sueños
violencia
dolor innato
placer inmune,
tormento
y tormenta,
Sol, ¿qué Sol?
Mi cara mojada
la lluvia ácida
amarga.
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martes, 15 de mayo de 2012
domingo, 2 de octubre de 2011
Postales
Ver caer la lluvia por la ventana es una postal típica de melancolía,
y yo lo que quiero es mojarme los pies con el rocío que baña el césped al amanecer.
Abrir la puerta a sonrisas desconocidas,
que las gotas sean de sudor y no de sangre:
que un día pasen y vean:
la felicidad abarrota las cuatro patas de mi cama,
mi colchón ruge cánticos de aliento
mi almohada humedecida saluda al Sol con una mueca.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Pintando
Quisiera ser pintor,
para que las heridas abiertas fueran cicatrices por olvidar,
los miedos valentía
y los silencios no fueran más que nuestros ojos contemplándose.
Sólo pintaría un cuadro,
tonos pálidos y brochazos nocturnos,
respirar la pintura y elevarme,
aspirar hasta que no quedara un hueco de mi cuerpo sin el colorido veneno de tus mejillas,
detener el tiempo un instante
y después abrir mis venas al oxígeno asfixiado,
oxidar mi sangre,
aparcar la prisa en otro camino y tirar el pincel,
soplar hacia dentro de mis poros
y abrazar el lienzo.
Quisiera ser pintor,
para que los obstáculos fueran vencidos por flores,
que el resto del mundo fuera comparsa
y las noches orgías de cuerpos entrelazados.
Sólo pintaría un cuadro,
los disparos de tu mirada,
tus gritos atravesando mi sien,
tu pintalabios en mi lengua
tus dientes en mi piel
tus manos en las mías,
la noche,
el día,
desayunamos mirando por la ventana,
nos miramos,
el cielo estalla
agárrame.
para que las heridas abiertas fueran cicatrices por olvidar,
los miedos valentía
y los silencios no fueran más que nuestros ojos contemplándose.
Sólo pintaría un cuadro,
tonos pálidos y brochazos nocturnos,
respirar la pintura y elevarme,
aspirar hasta que no quedara un hueco de mi cuerpo sin el colorido veneno de tus mejillas,
detener el tiempo un instante
y después abrir mis venas al oxígeno asfixiado,
oxidar mi sangre,
aparcar la prisa en otro camino y tirar el pincel,
soplar hacia dentro de mis poros
y abrazar el lienzo.
Quisiera ser pintor,
para que los obstáculos fueran vencidos por flores,
que el resto del mundo fuera comparsa
y las noches orgías de cuerpos entrelazados.
Sólo pintaría un cuadro,
los disparos de tu mirada,
tus gritos atravesando mi sien,
tu pintalabios en mi lengua
tus dientes en mi piel
tus manos en las mías,
la noche,
el día,
desayunamos mirando por la ventana,
nos miramos,
el cielo estalla
agárrame.
martes, 12 de julio de 2011
Veneno
¿Qué puedo decir si todo lo que dije parece ser que lo dije en un mundo irreal que nadie más conoce?
¿Qué puedo hacer si todo lo que hice parece ser que lo hice en un sueño que nadie más recuerda?
Los seis litros de sangre que corren por mis venas van envenenados,
la negrura se apodera de la luz,
que retrocede,
o quizás sólo se muda de acera,
pero se aleja,
y mi horizonte no es más que un muro de piedras afiladas,
y mi sangre escuece,
vomita recuerdos que inundan mis ojos
y baña mi desasosiego en las astillas negras del olvido,
allí mismo,
donde reposan las palabras dulces que volaron con el viento,
a la derecha de las miradas que encendieron las chispas,
a la izquierda de los besos que sellaron una forma de vida
y encima de dos corazones abrazados y que aun juntos,
fueron arrancados.
Pero la sangre podrida por el aguijón del fabuloso mundo real sigue circulando,
es un veneno que no mata,
ni hiere,
sólo te rodea y te persigue,
siempre ahí,
invisible,
no lo olvides.
¿Qué puedo hacer si todo lo que hice parece ser que lo hice en un sueño que nadie más recuerda?
Los seis litros de sangre que corren por mis venas van envenenados,
la negrura se apodera de la luz,
que retrocede,
o quizás sólo se muda de acera,
pero se aleja,
y mi horizonte no es más que un muro de piedras afiladas,
y mi sangre escuece,
vomita recuerdos que inundan mis ojos
y baña mi desasosiego en las astillas negras del olvido,
allí mismo,
donde reposan las palabras dulces que volaron con el viento,
a la derecha de las miradas que encendieron las chispas,
a la izquierda de los besos que sellaron una forma de vida
y encima de dos corazones abrazados y que aun juntos,
fueron arrancados.
Pero la sangre podrida por el aguijón del fabuloso mundo real sigue circulando,
es un veneno que no mata,
ni hiere,
sólo te rodea y te persigue,
siempre ahí,
invisible,
no lo olvides.
lunes, 13 de junio de 2011
Gritos en silencio (V)
Palabras en el tintero,
jardines de letras insomnes,
perdidas,
deformadas en suertes degeneradas,
palabras,
sólo palabras.
Palabras mudas,
silenciosas como petardos del infierno
danzando al son de oraciones sin predicado,
la débil fortaleza de la palabra dicha
hundiéndose en las sombras
infinito.
Tantas cosas ocultas:
gestos,
abrazos,
sonrisas,
miradas,
roces,
frío y calor,
ojos descarnados por el fuego de la distancia,
manos desolladas por la fuerza de la impotencia,
pies helados por la soledad de las sábanas ásperas
oídos sordos de gritos en silencio.
Un gran silencio.
¿Y después?
Mi sangre temblando en las venas de otro,
mi espalda agrietada,
mi boca susurrando sinsentidos al vacío,
y el miedo...
Claro.
El miedo.
jardines de letras insomnes,
perdidas,
deformadas en suertes degeneradas,
palabras,
sólo palabras.
Palabras mudas,
silenciosas como petardos del infierno
danzando al son de oraciones sin predicado,
la débil fortaleza de la palabra dicha
hundiéndose en las sombras
oscuras
de un pozo sin fondoinfinito.
Tantas cosas ocultas:
gestos,
abrazos,
sonrisas,
miradas,
roces,
frío y calor,
ojos descarnados por el fuego de la distancia,
manos desolladas por la fuerza de la impotencia,
pies helados por la soledad de las sábanas ásperas
oídos sordos de gritos en silencio.
Un gran silencio.
¿Y después?
Mi sangre temblando en las venas de otro,
mi espalda agrietada,
mi boca susurrando sinsentidos al vacío,
y el miedo...
Claro.
El miedo.
jueves, 5 de mayo de 2011
Mareos
Es tarde, tardísimo;
y cada vez más lejano
padezco
-en pecho, ojos y manos-
la cruel sensación
de desequilibrio y mareo
ante la realidad que irradia el presente.
Insomne y exhausto,
con la mera compañía del teclado que percuto con la ansiedad de un enfermo sin cura,
con ella dentro metida,
abierta mi piel de par en par
y sangrante;
ciego de ver sus ojos,
de admirar el contorno de su figura (mil veces recorrida) vetada,
manco de negar una caricia que me abrasa,
de rozar "accidentalmente" el pelo que ahora se me prohibe revolver.
Negado el gusto recurro al olor,
el mareo aturde y aspiro más fuerte,
convencido,
anestesiando el dolor si te respiro,
cojo aire,
mis venas bombean metralla
a mis pulmones,
invencibles, irreductibles,
mientras yo (mis restos)
reducido a la mínima expresión por las luchas de mi interior,
chapoteo en el inmenso océano de la -imbécil- esperanza.
y cada vez más lejano
padezco
-en pecho, ojos y manos-
la cruel sensación
de desequilibrio y mareo
ante la realidad que irradia el presente.
Insomne y exhausto,
con la mera compañía del teclado que percuto con la ansiedad de un enfermo sin cura,
con ella dentro metida,
abierta mi piel de par en par
y sangrante;
ciego de ver sus ojos,
de admirar el contorno de su figura (mil veces recorrida) vetada,
manco de negar una caricia que me abrasa,
de rozar "accidentalmente" el pelo que ahora se me prohibe revolver.
Negado el gusto recurro al olor,
el mareo aturde y aspiro más fuerte,
convencido,
anestesiando el dolor si te respiro,
cojo aire,
mis venas bombean metralla
a mis pulmones,
invencibles, irreductibles,
mientras yo (mis restos)
reducido a la mínima expresión por las luchas de mi interior,
chapoteo en el inmenso océano de la -imbécil- esperanza.
sábado, 26 de marzo de 2011
Aliento
El aliento tibio,
inconfundible,
mana de tu boca
hacia mi sangre,
revuelve en mis recuerdos
y se juntan nuestras narices,
se acarician
y bailan,
en silencio;
mi boca va y viene,
te desea pero tiembla,
te respira y se emociona,
te roza y se desboca.
Deseo agarrarte,
abrazarte más fuerte,
más fuerte,
más fuerte
hasta romperme en mil pedazos contigo,
diluirme en la nada,
viajar al infinito y no volver,
unir mi pecho al tuyo y flotar
en la marisma de tus sonrisas,
de tu incomprensible mirada,
de tu nariz rozando la mía,
de tu boca respirándo y yo tragando el aire;
yo lamiendo tus entrañas,
desbocado,
como estoy,
lamiendo mis heridas,
las mentiras y los daños,
despertando instintos,
pasiones,
deseos;
revocando decisiones,
palabras,
sólo palabras;
motivando acciones,
besos,
miradas;
olvidando vómitos,
lágrimas
noches en vela;
la eterna confianza en el algo,
en lo amado,
en el tiempo,
en las miradas que unen un infinito,
que distancian todo lo demás,
en las miradas que unen un infinito,
que distancian todo lo demás,
repito.
¿Qué vas a construir en un solar en llamas?
miércoles, 16 de marzo de 2011
Tan cerca y tan lejos
Lejos:
imágenes invisibles,
sueños,
risas,
besos,
abrazos.
Cerca:
silencio.
El silencio dañino,
que me deja sordo,
que taladra
mi cabeza, hastiada
e indefensa;
podrida,
de la magnitud de los infiernos
que surco en la palidez
de la nada absoluta,
en la pureza
del indigno sentimiento
rechazado.
Una espada de Damocles ya caída,
sangre seca,
ropa sucia;
el óxido de su filo que corroe
el blanco de mis ojos,
se adueña de mi el hedor de un tiempo pasado,
muerto,
cabizbajo,
ese que estuvo tan cerca y ahora...
Ahora no está.
Tan cerca el silencio perverso,
tan lejos tú.
imágenes invisibles,
sueños,
risas,
besos,
abrazos.
Cerca:
silencio.
El silencio dañino,
que me deja sordo,
que taladra
mi cabeza, hastiada
e indefensa;
podrida,
de la magnitud de los infiernos
que surco en la palidez
de la nada absoluta,
en la pureza
del indigno sentimiento
rechazado.
Una espada de Damocles ya caída,
sangre seca,
ropa sucia;
el óxido de su filo que corroe
el blanco de mis ojos,
se adueña de mi el hedor de un tiempo pasado,
muerto,
cabizbajo,
ese que estuvo tan cerca y ahora...
Ahora no está.
Tan cerca el silencio perverso,
tan lejos tú.
lunes, 6 de septiembre de 2010
All I Need - Radiohead
All I Need...
You are All I Need...
Incluso menos.
Cúmulo de sensaciones
vivas
me desollan hasta el hueso.
Tuétanos resbalando
por las tiras de mi piel,
imaginándote.
Sonrisas pintadas en la pared
me acechan,
me dejo abrazar por ellas
y me abruman,
penetran en mis venas
y en la sangre bañan mi mar,
caliente.
Imborrables huellas
se descubren,
y eso
es All I Need.
You are All I Need...
Incluso menos.
Cúmulo de sensaciones
vivas
me desollan hasta el hueso.
Tuétanos resbalando
por las tiras de mi piel,
imaginándote.
Sonrisas pintadas en la pared
me acechan,
me dejo abrazar por ellas
y me abruman,
penetran en mis venas
y en la sangre bañan mi mar,
caliente.
Imborrables huellas
se descubren,
y eso
es All I Need.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Macropoema del deseo que me consume (I)
Destellos de placer me atraviesan,
cruje mi espalda
sintiendo tus gemidos,
en mi oído
un susurro,
un flash que me enfila
al abismo
de las caricias infinitas,
de las lenguas enganchadas,
al amanecer,
que no llegue el día,
que no se vaya la noche.
Espasmos incontrolados,
al ritmo
de gritos lanzados por garganas ajadas,
cuerpos derretidos
al son de tus piernas,
de tus ojos,
arriba y abajo,
suave ahora
fuerte después.
Tu sangre bombea pasión,
tensión contenida
en las venas de la locura
más pura,
inherente a tu ser,
borracho de ese río rojo
aprendido de memoria
bajo la oscuridad de nuestros párpados,
cerrados,
prendidos con el fuego
de las llamas celestiales
que me rompen en mil pedazos,
sin dolor.
cruje mi espalda
sintiendo tus gemidos,
en mi oído
un susurro,
un flash que me enfila
al abismo
de las caricias infinitas,
de las lenguas enganchadas,
al amanecer,
que no llegue el día,
que no se vaya la noche.
Espasmos incontrolados,
al ritmo
de gritos lanzados por garganas ajadas,
cuerpos derretidos
al son de tus piernas,
de tus ojos,
arriba y abajo,
suave ahora
fuerte después.
Tu sangre bombea pasión,
tensión contenida
en las venas de la locura
más pura,
inherente a tu ser,
borracho de ese río rojo
aprendido de memoria
bajo la oscuridad de nuestros párpados,
cerrados,
prendidos con el fuego
de las llamas celestiales
que me rompen en mil pedazos,
sin dolor.
miércoles, 23 de junio de 2010
Píntame
Mi sangre nace
de pálpitos brutales,
se fusiona con el viento
más allá del infinito alcanzado
a tu lado,
ahí donde toda pieza encaja,
donde mi cuerpo ha descubierto un lecho
en el que fundirse cada noche.
Un lecho soñado,
pero posible
de verdad,
posible.
Ahora píntame,
pinta esta piel que tiembla a tus roces,
reviéntala a brochazos de pasión;
con el color de tus ojos
inúndame hasta desbordarme
más aun,
más que la última vez,
tan brutalmente que mis imágenes sean borrosas,
que se empañen con la agilidad de tus gemidos,
ensordéceme hasta el fin,
envuelve mi memoria con un velo
inmune al tiempo
que aborrezco,
maldito,
difumínalo con tus caricias
y deténlo cuando alcancemos el borde de la locura,
ese éxtasis que me enloquece(s),
hazlo infinito mi amor,
susúrrame que olvide al tiempo,
que te tengo,
que me tienes,
y que guarde el paraguas
pues no lloverá más,
vamos a sonreír al Sol,
agarrarnos la mano y correr
locos los dos,
embriagados por el todo,
por la vida,
nuestra vida.
martes, 11 de mayo de 2010
Gritos en silencio
Rompería todos los moldes,
porque no me vale ninguno.
Un grito ahogado,
estancado,
yace en mi garganta.
Seco,
mi grito es mudo,
y aterrorizado
y bloqueado está,
no sale,
me acuchilla
el interior.
Sangre en mi paladar,
regusto amargo,
mis ojos captan
décimas de segundo
que asimilo en horas
y el grito es mudo,
ahí está,
desintegrándose en un limbo
de cuerdas vocales
que susurraron una vez,
y ahora el grito es mudo,
y la sangre se mezcla con el terror
y aplastan mi corazón
contra las costillas,
hacia abajo,
lejos del cielo
que una vez surqué,
y ahora el grito es mudo,
y me ahogo en mi propia sangre,
y los segundos parecen días,
siento mi propio final,
el regusto amargo,
el grito ahogado,
ya no más,
ya no más,
y el grito es mudo,
creo que voy a empezar a romperme,
astillas en mi piel,
la sangre me recorre,
soy amargo,
y el grito es mudo,
ya no más,
voy a cerrar los ojos,
a intentar respirar,
mi sangre en mis pulmones,
ahogo,
grito mudo,
no más
...
...
...
martes, 6 de octubre de 2009
Piedras
Partido en dos,
desahuciado,
intento recomponerme
pero no encuentro
mis pedazos
por el suelo.
Lamentable estado de nervios,
desquiciado,
intento recuperarme
pero no consigo
una cama
donde tenderme.
Penosas agujetas del corazón,
desangrado,
no intento nada,
no sé hacer nada,
quiero amarte y besarte,
quiero y quiero
pero no puedo,
no llego,
un océano me lo impide,
no de agua salada,
sino de piedras amargas,
ya no estás tú,
ya no te veo
no te siento.
¿Dónde estás?
Quiero saber,
la necesidad aprieta,
mi pecho es estrecho
y no me llega
no puedo respirar,
me asfixio, me ahogo,
arranco las piedras
pero son infinitas,
no hay lugar
que me calme.
Desahuciado, desquiciado y desangrado.
Aquí sigo,
entre piedras.
martes, 2 de diciembre de 2008
La clase
El profesor está dando la clase rodeado del barullo habitual. Resignado y deprimido, ya no tiene fuerzas ni ganas de mandarnos callar, y se limita a soltar su temario como un loro. Llega, nos cuenta y se marcha. Así es día tras día. La verdad que debe ser desagradable estar en su pellejo pero bueno, tampoco puedo hacer nada, no me voy a enfrentar a toda la clase para escucharle, me lo paso bien viendo como los gamberros de mis compañeros boicotean cada clase.
Hoy habla de las conexiones de los equipos de sonido, y los respectivos cables, conectores y clavijas que se deben usar para que todo funcione correctamente. La verdad que hoy estoy intentando tomar algunos apuntes, se acerca la fecha del examen y tampoco quiero sacar un rosco, y quizá levante la mano si suspende mucha gente, como seguro será. La verdad que tengo un poco de hambre, huelo el bocata que tengo en la mochila y poco a poco voy perdiendo el hilo de la explicación, que ya de por sí es difícil de seguir por desganada y a veces estúpida.
Acabo dejando el boli encima del cuaderno, y pasando por completo del idiota del profesor. Fede se levanta a tirar algo a la papelera y amaga con subir el tono del boicoteo ante la mirada de odio del profesor. Me recuesto en la silla y me alejo de allí. Me siento volar entre los cables y los bafles, que flotan a decenas a mi alrededor, mientras suena una música de fondo que me relaja y me acaricia con dulzura.
Repentinamente, noto un golpe en mis piernas y se emborrona mi ensoñación. Fede ha tropezado con mis piernas estiradas y cae. Le veo en la última parte de su vuelo, mientras intenta agarrarse a algo que impida que se clave el pico de la mesa en la frente. No lo consigue. Queda boca abajo en el suelo ante el brutal silencio que cae sobre al aula. El profesor reacciona por fin y corre hacia él, mientras me mira furioso.
-Sois unos gamberros, sinverguenzas. Siempre haciendo el animal -me espeta, fuera de sí. -¡Estúpidos! Os creéis que podéis hacer todo lo que os plazca sin castigo...
Da la vuelta al cuerpo inerte de Fede y deja al descubierto una horrible herida en la frente, que sangra abundantemente y tiene desfigurada media cara de nuestro compañero. La clase al unísono ahoga un grito de terror, y alguna compañera hasta se desmaya debido a la impresión. Yo me quedo petrificado en mi sitio, mirando la asquerosa herida, de la que brota sangre a borbotones sin que nadie sepa qué hacer.
-Llamar al director, ¡a una ambulancia! -grita el profesor- y a la policía -mirándome a mi.
Chema atiende la petición y corre hacia la puerta de la clase. Yo salgo escopetado hacia él y le detengo agarrándole del brazo.
-Aquí no va nadie a ninguna parte, Chema.
-¿Qué dices tío? Venga coño, déjame joder no estamos para juegos.
Le agarro el mentón y le miro fijamente a los ojos.
-Como des un paso más te saco los ojos con un sacacorchos y te rajo la tripa de arriba a abajo, maricón. -digo con total seguridad, sacando del bolsillo de mi chaqueta una navaja de 7 centímetros de hoja que siempre llevo conmigo. Chema abre la boca pero no emite sonido alguno, se aparta de mi y de la puerta.
-¡Qué haces Israel! ¿Eres gilipollas? -grita mi profesor, desbordado.
-No soy gilipollas -respondo, mostrándole la navaja- y tú ven aquí.
El silencio embarga el aula y mis compañeros me miran atónitos y el profesor aterrado.
-¡Qué vengas he dicho!
El miserable profesor de dos pasos hacia mí titubeantes y se detiene, con una expresión de pánico en su rostro que sólo me produce ganas de vomitar. Le miro fijamente a los ojos y él esquiva mi mirada, agachando la cabeza como un cobarde.
-Eres una persona vergonzosa para la humanidad, y para toda la naturaleza. Tu miedo me asquea y ver esa cara que tienes de mono subnormal me da náuseas.
-Has... Has perdido... La cabeza...
Entonces lanzó rápidamente mi brazo armado contra su cara y clavo mi cuchillo en su mejilla izquierda, dejándole confuso y con los ojos como platos. Giro la navaja dentro de su rostro, y el cuerpo del profesor se contrae y cae al suelo. Grita. Mi adorable arma blanca chorrea sangre y la limpio con mi camiseta, dejando un bonito dibujo que espero sea motivo de otras camisetas que se vendan cuando se conozca esta historia. Ídolo.
Miro a mis compañeros con serenidad, seguro de mí mismo y con una media sonrisa de satisfacción. Fede sigue en el suelo boca arriba, la herida parece que no sangra mucho más, bastante grande es el charco que ha dejado ya, y yace muerto sin que nadie le presete ya ninguna atención. El profesor se retuerce en el suelo entre sollozos agarrándose la cara que le cuelga también teñida de rojo. Y mis compañeros me miran acongojados. Doy dos pasos hacia ellos, que se echan hacia atrás temblorosos, llorosos y algunos hasta cagados y meados en los pantalones. Coloco mi cuerpo en posición de lucha, dispuesto a lanzarme a ellos.
Algunos gritan, otros quedan bloqueados, alguno intenta escapar por las ventanas. Nadie planta cara, cobardes cabrones.
Hoy habla de las conexiones de los equipos de sonido, y los respectivos cables, conectores y clavijas que se deben usar para que todo funcione correctamente. La verdad que hoy estoy intentando tomar algunos apuntes, se acerca la fecha del examen y tampoco quiero sacar un rosco, y quizá levante la mano si suspende mucha gente, como seguro será. La verdad que tengo un poco de hambre, huelo el bocata que tengo en la mochila y poco a poco voy perdiendo el hilo de la explicación, que ya de por sí es difícil de seguir por desganada y a veces estúpida.
Acabo dejando el boli encima del cuaderno, y pasando por completo del idiota del profesor. Fede se levanta a tirar algo a la papelera y amaga con subir el tono del boicoteo ante la mirada de odio del profesor. Me recuesto en la silla y me alejo de allí. Me siento volar entre los cables y los bafles, que flotan a decenas a mi alrededor, mientras suena una música de fondo que me relaja y me acaricia con dulzura.
Repentinamente, noto un golpe en mis piernas y se emborrona mi ensoñación. Fede ha tropezado con mis piernas estiradas y cae. Le veo en la última parte de su vuelo, mientras intenta agarrarse a algo que impida que se clave el pico de la mesa en la frente. No lo consigue. Queda boca abajo en el suelo ante el brutal silencio que cae sobre al aula. El profesor reacciona por fin y corre hacia él, mientras me mira furioso.
-Sois unos gamberros, sinverguenzas. Siempre haciendo el animal -me espeta, fuera de sí. -¡Estúpidos! Os creéis que podéis hacer todo lo que os plazca sin castigo...
Da la vuelta al cuerpo inerte de Fede y deja al descubierto una horrible herida en la frente, que sangra abundantemente y tiene desfigurada media cara de nuestro compañero. La clase al unísono ahoga un grito de terror, y alguna compañera hasta se desmaya debido a la impresión. Yo me quedo petrificado en mi sitio, mirando la asquerosa herida, de la que brota sangre a borbotones sin que nadie sepa qué hacer.
-Llamar al director, ¡a una ambulancia! -grita el profesor- y a la policía -mirándome a mi.
Chema atiende la petición y corre hacia la puerta de la clase. Yo salgo escopetado hacia él y le detengo agarrándole del brazo.
-Aquí no va nadie a ninguna parte, Chema.
-¿Qué dices tío? Venga coño, déjame joder no estamos para juegos.
Le agarro el mentón y le miro fijamente a los ojos.
-Como des un paso más te saco los ojos con un sacacorchos y te rajo la tripa de arriba a abajo, maricón. -digo con total seguridad, sacando del bolsillo de mi chaqueta una navaja de 7 centímetros de hoja que siempre llevo conmigo. Chema abre la boca pero no emite sonido alguno, se aparta de mi y de la puerta.
-¡Qué haces Israel! ¿Eres gilipollas? -grita mi profesor, desbordado.
-No soy gilipollas -respondo, mostrándole la navaja- y tú ven aquí.
El silencio embarga el aula y mis compañeros me miran atónitos y el profesor aterrado.
-¡Qué vengas he dicho!
El miserable profesor de dos pasos hacia mí titubeantes y se detiene, con una expresión de pánico en su rostro que sólo me produce ganas de vomitar. Le miro fijamente a los ojos y él esquiva mi mirada, agachando la cabeza como un cobarde.
-Eres una persona vergonzosa para la humanidad, y para toda la naturaleza. Tu miedo me asquea y ver esa cara que tienes de mono subnormal me da náuseas.
-Has... Has perdido... La cabeza...
Entonces lanzó rápidamente mi brazo armado contra su cara y clavo mi cuchillo en su mejilla izquierda, dejándole confuso y con los ojos como platos. Giro la navaja dentro de su rostro, y el cuerpo del profesor se contrae y cae al suelo. Grita. Mi adorable arma blanca chorrea sangre y la limpio con mi camiseta, dejando un bonito dibujo que espero sea motivo de otras camisetas que se vendan cuando se conozca esta historia. Ídolo.
Miro a mis compañeros con serenidad, seguro de mí mismo y con una media sonrisa de satisfacción. Fede sigue en el suelo boca arriba, la herida parece que no sangra mucho más, bastante grande es el charco que ha dejado ya, y yace muerto sin que nadie le presete ya ninguna atención. El profesor se retuerce en el suelo entre sollozos agarrándose la cara que le cuelga también teñida de rojo. Y mis compañeros me miran acongojados. Doy dos pasos hacia ellos, que se echan hacia atrás temblorosos, llorosos y algunos hasta cagados y meados en los pantalones. Coloco mi cuerpo en posición de lucha, dispuesto a lanzarme a ellos.
Algunos gritan, otros quedan bloqueados, alguno intenta escapar por las ventanas. Nadie planta cara, cobardes cabrones.
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