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miércoles, 13 de marzo de 2013

Resaca

La fractura temporal que asola la mente cuando se pierde la ilusión es como un macabro juego a la elección de la peor parte de nosotros mismos. Un mordisco que oscurece aun más las sombras y opaca los cristales de la realidad hasta convertirlos en meros muros donde golpear la cabeza una y otra vez, una y otra vez hasta abrir brechas más grandes que las lágrimas derramadas. No queda más que reclamar la llegada de un suspiro que te traslade aun por una décima de segundo al resquicio de tu corazón aun sano, tierno y poderoso como para enviar sangre a ese cerebro que se oxida sin remedio ante la inútil rutina y la inercia más brumosa. Fuimos un cuento breve que leeré mil veces mil, repasaré todas esas palabras que un día fueron el espejo de una realidad que de imposible me desgarró la vida, esa mirada que de penetrarme me inyectó el veneno más dulce y más amargo, esos labios que fueron los más amados y ahora son imanes poderosos que me saben a vacío y a precipicio, repasaré el corazón lastimado por un huracán que llegó revolvió y se marchó dejando un desorden integral que con el tiempo está perdiendo la cordura, apuraré cada vaso vacío que encuentro al despertar entre infames despertares nauseabundos con la cabeza al borde del estallido, buscaré sobre todo un lugar donde la fractura temporal se difumine y desde donde reclamar esa décima de segundo que alivie el sórdido dolor de esta resaca sin fin.

miércoles, 25 de julio de 2012

Miedo a todo

El miedo es libre. De lo poco que queda libre en este mundo a la deriva.


Y hay miedo a la muerte, al cambio, al rechazo, a la soledad, al dolor, a arriesgarse... Y sobretodo hay miedo a vivir con miedo. A vivir temiendo, a vivir asustado, a vivir rehusando doblar la esquina.
La oscuridad, las curvas, mirar detrás de la cortina, jugar con fuego, mirar a los ojos. Miedo miedo y miedo.
El riesgo, la lucha, las puertas abiertas, follar con la luz encendida. Mucho miedo.
Escuchar, abrir la mente, conocer, los besos del amor imposible. 
Puro miedo.

miércoles, 6 de junio de 2012

De madrugada

Lo más oscuro de la noche siempre es justo antes del alba.

Aveces, en la plena oscuridad de esos momentos aun me mantengo despierto, por no decir que no puedo dormirme, y agarro el teléfono, pensando en usarlo para lo que apenas lo uso el resto del día: llamar. Siempre el mismo destino, y según la noche, diferentes palabras con un mismo significado y un mismo sendero a seguir. Un camino oscuro, lleno de miedos pero que ansío cruzar, al que deseo enfrentarme desarmado, con la sola ayuda de mis manos y mis ojos, de mi boca y de mis piernas, de mi cabeza y de mi corazón, de mis pies y de mi yo, despojado de contextos, alrededores y miradas.



En las tinieblas de las madrugadas todo se ve con una clarividencia abstracta, aunque a la vez parezca que con la serenidad que da el silencio la realidad se aprecie transparente. Y en esa transparencia veo lo tremendo de mis sueños, lo poco cabal que pueden ser, entonces sonrío y me creo imparable, invencible, capaz de mostrarme abierto en canal por la verdad de mi búsqueda, con la simple convicción de saber lo que quiero en mi vida. Tan claro que siento que es fácil haber llegado a una de las decisiones más difíciles de nuestra existencia. 


Y es en ese momento de fortaleza en el que la abstracción de las tinieblas se apodera de mi, hace que me tiemble el pulso y que vuelva a recostar mi cabeza en la almohada, pensando en que mejor mañana, que no tiene sentido hacer temblar Madrid en plena noche por las locuras que tengo en la mente por no sé cual enfermedad pasajera, o que al menos dicen que es pasajera. El quererlo todo lucha, entonces, contra el temor a la nada, y supongo que la mochila que supone quererlo todo pesa demasiado para vencer al temor, aunque sea una mochila que quiero cargar, o mejor dicho, una mochila que quiero transportar en mi camino, aun siendo oscuro y lleno de peligros. 


Entretanto, llega el alba... Y mis sueños me embaucan en un largo abrazo.

jueves, 19 de abril de 2012

Sintiendo sueños (y III)

Hay noches en las que intuyo despertar, y sin salir de la cama pienso la de cosas que callé cuando creía sentir que ponía mi corazón abierto en dos mitades delante de tus ojos. Ahora, en la distancia, aprecio las lagunas, los vacíos, los huecos que nunca se llenaron, las palabras cálidas en oídos receptivos que no eran más que palabras, besos puros en forma de semillas que se regaban a borbotones y que sufrían después la peor de las sequías.


Hay noches en las que intuyo despertar, y sin salir de la cama pienso como sería otra vida, otro lecho, un susurro al despertar, una lágrima, una luz traspasando la ventana y dibujando tu contorno en mi piel hambrienta. Ahora, en la distancia, añoro el roce, las caricias, las miradas silenciosas que gritaban haciendo tambalearse los cimientos de nuestros sentimientos, esos que nos llevaron al precipicio sobre el que sólo planean los valientes, ahí donde los cobardes dan un paso atrás. 


Hay noches en las que intuyo dormir, 
y siento sueños.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Una noche gélida

Hay noches frías,
noches húmedas,
noches ventosas.
Noches
en si mismas ciegas,
tenebrosas,
noches que exportan miedos,
que alimentan angustias en veladas insomnes,
la flor y la nata de mis agobios
danzando sin son;
oscuras sombras que agrietan las formas de mi felicidad,
pasado que vuelve en forma de daga
invisible,
afilada la hija de puta,
y yo,
amoratado por el cuchillo gélido de la noche,
respiro.
Me consuelo en la visión de un mañana,
me refugio en pensamientos que me abracen hasta que sean tus brazos quienes lo hagan.

domingo, 16 de octubre de 2011

Inventos paliativos

Te invento porque no puedo besarte,
olerte,
aspirarte,
ni abrazarte.
Te invento porque no puedo sentirte,
mirarte,
acariciarte,
lamerte,
desnudarte,
ni puedo disfrutarte.
Te invento para difuminar un segundo mi impotencia ante no poder respirarte,
acostarte,
tocarte,
morderte,
sonreírte,
jugarte,
follarte.
Te invento para paliar mi insomnio y poder soñarte,
imaginarte,
pensarte,
recrearte,
recordarte.

Ya ves,
sigo con el vicio de extrañarte.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Despierto

Despertando a cada latido,
observando que seguías allí con tu mirada oculta en los sueños,
mientras los míos estaban delante de mis ojos.


Tu pecho desnudo subiendo,
bajando;
mi mano agarrando la tuya,
recorriendo tu brazo inerte y mi boca bebiendo de tu pelo revuelto,
el fragor de la batalla tan solo ya humeando,
pero mis entrañas incendiadas
y yo embebido de ese fuego,
mirando,
contemplando en la penumbra tus rescoldos:
los labios finos, rosados, saciados;
las manos blancas, largas, desgastadas;
los pechos escuetos, serenos, besados.


Tu corazón marcando el paso,
tu cabeza desentendida entregada al sueño 
y tu sexo recuperándolo.
Y yo perdido en ti.

lunes, 13 de junio de 2011

Gritos en silencio (V)

Palabras en el tintero,
jardines de letras insomnes,
perdidas,
deformadas en suertes degeneradas,
palabras,
sólo palabras.
Palabras mudas, 
silenciosas como petardos del infierno
danzando al son de oraciones sin predicado,
la débil fortaleza de la palabra dicha
hundiéndose en las sombras 
                                oscuras 
de un pozo sin fondo
infinito.

Tantas cosas ocultas:

gestos,
abrazos,
sonrisas, 
miradas,
roces,
frío y calor,
ojos descarnados por el fuego de la distancia,
manos desolladas por la fuerza de la impotencia,
pies helados por la soledad de las sábanas ásperas
oídos sordos de gritos en silencio.


Un gran silencio.
¿Y después?
Mi sangre temblando en las venas de otro,
mi espalda agrietada,
mi boca susurrando sinsentidos al vacío,
y el miedo...
Claro.
El miedo.

jueves, 5 de mayo de 2011

Mareos

Es tarde, tardísimo;
y cada vez más lejano
padezco
-en pecho, ojos y manos-
la cruel sensación 
de desequilibrio y mareo 
ante la realidad que irradia el presente.
Insomne y exhausto,
con la mera compañía del teclado que percuto con la ansiedad de un enfermo sin cura,
con ella dentro metida,
abierta mi piel de par en par
y sangrante;
ciego de ver sus ojos,
de admirar el contorno de su figura (mil veces recorrida) vetada,
manco de negar una caricia que me abrasa,
de rozar "accidentalmente" el pelo que ahora se me prohibe revolver.
Negado el gusto recurro al olor,
el mareo aturde y aspiro más fuerte,
convencido,
anestesiando el dolor si te respiro,
cojo aire,
mis venas bombean metralla
a mis pulmones,
invencibles, irreductibles,
mientras yo (mis restos)
reducido a la mínima expresión por las luchas de mi interior,
chapoteo en el inmenso océano de la -imbécil- esperanza.

domingo, 6 de marzo de 2011

Pensamientos de madrugada

Cansado de esperar tormentas que me hicieron mirar el cielo buscando las alas de un pájaro fugaz.

Me duermo escuchando Bersuit...

"buscando otro cuerpo,
otra voz,
fui consumiendo infiernos
para salir de vos.
Intoxicado, loco y sin humor..."

Un pacto para vivir - Bersuit Vergarabat.


jueves, 7 de octubre de 2010

Camino al fin del mundo

No puedo dormir, son cerca de las 2 de la mañana en Buenos Aires y en apenas 4 mi despertador empezará a sonar... A las 8:45 un avión de LAN me llevará de Capital a El Calafate, y tras una breve escala, otro más pequeño me transportará en 1 hora a Ushuaia. El fin del mundo, el puerto más austral del planeta. El lugar desde donde parten la mayoría de las expediciones a la Antártida, que se encuentra a poco más de 1000 kilómetros...


Tierra del Fuego, Torres del Paine (Chile), glaciar Perito Moreno, El Chaltén, Villa la Angostura, Puerto Madryn, Bariloche... Muchos lugares hermosos en el camino, no sé si habrá tiempo para todo, pero desde luego la experiencia me huele a inolvidable. 

martes, 3 de agosto de 2010

Microcuento del deseo que me consume (I)

Y frotaría su piel hasta enrojecerla.

Sin esponja, serían mis manos las que abusarían de la suavidad de esa crisálida que envuelve la fuente de mis insomnios. Las burbujas irían y vendrían surcando senderos abiertos por mi lengua, ardiente del sabor dulce de su ser, infinito.

lunes, 26 de octubre de 2009

Insomnio (II)

Duermo.

Y observo sus párpados cerrados, y acaricio con mi mirada sus facciones, cada poro de su piel es una aventura, un deseo, un placer. Ardo, su boca, abierta una rendija, expulsa un aire cálido, tibio, respiro su ser. Sus manos, sobre las sábanas revueltas, cansadas. Mi recorrido es ilimitado, va y viene, da mil giros y hace piruetas, así es, no puedo parar, suspiro por no actuar. Me trago el deseo, intento frenar mi corazón, latiendo a la velocidad de la luz, esa que entra por la ventana e ilumina tu cuerpo dorado y lo hace resplandecer, o quizá sea al revés.

No duermo.

Y sus ojos atraviesan la ventana, y se posan allá, en la infinita lejanía de la nada. Su palidez se intensifica con la tenue luz de la luna que llega hasta su cama, una luz blanquecina, triste, apenas un mal reflejo del pasado. Su cuerpo, desnudo y solitario, espera y espera, quien lo valore, lo sepa cuidar y lo ahogue en una noche de desmedida pasión y lujuria, y sabe quién es, y dónde está, y las lágrimas brotan, una vez más.


Y me muevo en mi cama, una y otra vez, una y otra vez... Intento dormir, quiero dormir, volver a ver sus párpados cerrados...

viernes, 9 de octubre de 2009

Insomnio (I)

5:00 am.

Tumbado en mi cama, con los ojos en el techo, comiéndomelo. Y no, no he tomado cocaína, al menos hoy no. Me siento hipersensible esta noche, todo lo percibo y todo me alcanza, no me deja dormir. A mi alrededor hay oscuridad y silencio, pero cada objeto desprende una luz que sólo yo veo y unos gritos que sólo yo oigo, me atacan la corteza de mi cerebro, punzándola, manteniéndome en un vilo irritante, insoportable. Siento ganas de morder, de golpear, de encauzar mi ira hacia lo que me pueda permitir caer inconsciente unas horas. Morfeo no me acoge y ni siquiera me deja quedarme en las puertas de su reino, bajo su influencia, no; me arroja a patadas, lejos, fuera.


5:15 am.

La calle está desierta, ni siquiera hay gente todavía que vaya hacia su trabajo. Las farolas iluminan con ese amarillo tibio que ni es luz ni hostias, y yo aprovecho la soledad para mear entre dos coches. Los semáforos pasan de rojo a verde, y de éste a ámbar para volver a rojo sin que nadie se guíe por sus indicaciones, por lo que me siento tan libre que camino por el medio de la calzada, arrastrando los pies uno tras otro, sin rumbo. Sin mirar a más de 3 metros por delante.


5:25 am.

Cruzo un puente saliendo de mi barrio, y veo el primer tren de cercanías detenerse en la Estación Central, recogiendo a una docena de don nadies que debieron esquivar mi camino, porque no les había visto. El convoy siguió su camino rompiendo el silencio de la noche bajo mis pasos. Malditos, se creerán desafortunados por despertarse tan temprano...

Ya quisiera yo despertarme.