Mostrando entradas con la etiqueta perros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perros. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de noviembre de 2008

Niños

¡Jóder! Estaba viendo tranquilamente recostado en mi silla el octavo capítulo de la primera temporada de la serie Los Soprano, y a los 20 minutos se ha cortado y al actualizar la página me dice que el vídeo está temporalmente unavailable... Me cago en tu puta madre servidor. Me tiene un poco enganchado la serie, la empecé a ver un poco en horas libres que tenía y como los capítulos duran 45 o 50 minutos pues me venían bien para ocupar ratos libres en casa, y la verdad, cojonuda serie. Ya le dedicaré un día un comentario más extenso, dejarme que disfrute de la temporada entera al menos y ya me explayaré a gusto...

Y a lo que iba, venía yo este mediodía hacia casa contento, había salido de clase tras grabar un programa que teníamos que realizar como trabajo práctico y que ha salido medianamente bien. Me adelanta una madre a grandes zancadas con un niño corriendo detrás con un amigo suyo. El diálogo que han tenido ha sido más o menos así:

Niño- No corras mamá.
Madre- Si hijo, que el perro se ha cagado.
Niño- jajaja ¿y papá?
Madre- Tu padre me ha llamado corriendo para que fuera rápido a casa, que está todo lleno de cacas.
Niño- jajaja te toca limpiarlo a ti.
Madre- Si, tu padre me ha dicho que se bajaba que no aguantaba el olor.
Niño- jajaja (a su amigo) es que mi perro es como una pizza de casa tarradellas (¡!) de grande, y cuando se pone malo, ufff.
Madre- Y siempre me toca limpiarlo a mi.
Niño- Bueno... ¿Qué hay hoy de comer mami?

He flipado. Ese niño se merece un collejón, pero ese padre... ¡Zas! En toda la boca...

viernes, 14 de noviembre de 2008

Odio (III)

No lo aguanto más, todo me martillea, me siento asfixiado. El agobio se apodera de mí a cada paso, no me puedo controlar, mi cerebro rebota contra las paredes del cráneo, el dolor en mi interior es insufrible. ¿Por qué dejarle vivir? Es repugnante, no vale nada y no lo soporto. Tantos años viviendo con él, tirando mi existencia por la borda.

(20 minutos después, sentado en el sofá, recapitulando)

Lo he pateado, escupido y aporreado. No podía parar, la sangre brotaba y salpicaba los tabiques. El charco rojo se hacía cada vez más grande; realmente, la visión era absolutamente repulsiva, pero jóder, era incapaz de detenerme. Proseguí indefinidamente con la paliza, me sentía liberado, la tensión comenzaba a abandonarme, el agobio empezaba a desaparecer; pero allí seguía, despedazando a golpes el vil cuerpo del inmundo ser con el que había compartido los peores años de mi vida.

Ahora, sentado en el sofá, siento que soy otra persona, me he desahogado, por fin me he librado de la maldita carga que significaba para mi. Las pesadillas ya no me atormentarán, descansaré. La verdad que me asombra lo mugriento que se encuentra ahora mi salón. La sangre decora las paredes, los muebles, el suelo… Algunos pedazos de carne se disponen sin orden alguno por la estancia, es un poco dantesco.

¡Puto perro!