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martes, 20 de marzo de 2012

Bajo todas las estrellas (comentario)

En pleno siglo XXI, en esta era digital, en una época en la que conocemos la captura y asesinato del hombre más buscado del planeta gracias a un tuitero, o donde podemos ver naufragios en riguroso directo gracias a los móviles última generación de los propios náufragos, somos incapaces de sentir la crucial necesidad que puede estar viviendo alguien muy cercano.

La incomunicación es el caballo de Troya que nosotros mismos hemos introducido dentro de nuestras murallas. La hemos alimentado, hecho crecer y desarrollado hasta tal punto que está a punto de fagocitarnos por completo, de destruir lo que siglos y milenios de evolución han logrado; algo que casi se podría dar por innato en el ser humano está pendiendo de un hilo rodeado de cuchillas.

Como buen mal endémico, esta incomunicación se expande imparable por Occidente, como si una epidemia nos afectara y nos la fuéramos pasando unos a otros. Eso si, teniendo muy en cuenta el no comentarlo, no sea que haya que profundizar en conversaciones que requieran ese anticuado vicio del pensamiento y la reflexión.

Podemos conectarnos pero no somos capaces de encontrarnos. 

Bajo todas las estrellas muestra una pequeña, casi mínima, situación de incomunicación llevada al límite más atroz de una manera tranquila, sosegada, aparentemente indolora. El conflicto puede ser nuevo o viejo, pero también puede ser una nube que oscurece cada segundo de una vida, y como tal, afecta a los personajes de esta historia. Una historia de incomunicación, si, pero también de soledad, de recuerdos, de sentimientos encontrados, de maneras opuestas de entender y vivir la vida.

Opuestas y ninguna correcta, opuestas y ninguna errónea.


Bajo todas las estrellas, mi primer cortometraje rodado en España. 
Próximamente.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Escribir

Estoy escribiendo un guión. Es mi primera vez, y me refiero a que no parte de una idea mía que puedo manejar dándole vueltas a mi antojo y pensarla y repensarla. Esta vez un buen amigo me ha pasado una escaleta de una idea suya -bastante buena, por cierto- y me ha encargado la tarea de guionizarla.

Me encanta escribir desde siempre, y no será el primer guión que elabore, aunque luego ninguno haya salido de mi ordenador ni lo haya mostrado por ahí, los tengo y quizá, algún día, intente rodar alguno. Pero el caso es que llevo 10 días trabajando sobre esa escaleta, y joder, que complicado es a veces trasladar las ideas de los demás, y a la vez como engancha. Tomar la idea como propia, intentar entender de cabo a rabo las motivaciones del que ideó la historia, poner todo el empeño en crear psicologías adecuadas a cada personaje, estructurar claramente la historia dándole la fuerza necesaria a cada pasaje. Es un trabajo minucioso y que se ha de revisar incontables veces. Además, he pasado una primera versión al que tuvo la idea, y la verdad que le ha gustado, aunque me he desviado un poquito de su intención, el camino trazado es bueno. Hay que cambiar cosas, mejorar diálogos, cortar por aquí y por allá lo que sobra, pulir situaciones, trabajar y definir aun más cada personaje...

Cualquiera que haya leído algún libro relativo al guión, o se haya puesto un día a escribir uno, sabe que se debe reescribir una y mil veces. Es la tarea más ardua y más exigente a la hora de realizar un guión (ya sea para un cortometraje o un largometraje), y se debe de hacer todas las veces que se necesite, hasta que el guión esté preparado para ser rodado. Aun estoy en una fase incipiente, y de la primera versión que ya tengo hasta la última -si es que llegamos ahí- para ojalá poder rodarlo, queda tiempo y trabajo.

Me hace ilusión
este proyecto la verdad, no porque vaya a ganar nada material con él, salvo quizá un DVD con el corto -¡ojalá!- pero la experiencia y lo que se aprende practicando lo que se ha estudiado o leído, no tiene precio. Ojalá de aquí a unos meses pueda mostrar orgulloso el trabajo realizado, y como belalugosi, colgar el corto en el blog.