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lunes, 12 de abril de 2010

Polska trip

Gdansk, Torun, Varsovia, Wroclaw y Cracovia me esperan. Desde dentro de unas horas hasta el lunes que viene, estaré entre raíles, recorriendo Polonia de norte a sur, añadiendo muescas a mi pistola de lugares descubiertos.

¡Nos vemos!

miércoles, 23 de septiembre de 2009

No stop

Sentado en un andén,
-cualquiera-
bajo un frío Sol de verano,
no aguanto la luz,
daña mis ojos cerrados.
Despojado de ánimo
escaso de voluntad,
aquí,
espero un tren sin paradas
que debe llegar,
puntual,
y con las ventanas tapiadas.
No tendrá puerta,
más que de entrada,
y en mi bolsillo están,
todos los billetes;
nadie más me acompañará
en este viaje,
sin principio
parto
y sin final
presiento.

Ardo por irme lejos,
más allá de la distancia
que alcanza mi -sin-razón,
que busca y no encuentra,
ni por aquí ni por allá,
el vivir,
de forma acorde y concorde
a mi pálpito interior.
No es latir lo de mi corazón,
es que tiembla,
por marchar.
Pondré kilómetros de escudo,
dejaré todo detrás,
en este lugar caliente,
que deja frío mi interior,
frío que hiela,
que abrasa
dejándome vacío,
sólo esqueleto, armazón.

Eso acarreo en mi viaje,
en este tren,
que dicen no para,
que espero no pare,
que pita y se acerca,
que llega
que llega
que llega
...

viernes, 13 de marzo de 2009

En silencio

El tren se aleja de la ciudad, y cierro los ojos. Mejor no ver, aunque no se cumple el dicho, mi corazón siente y padece casi más que antes de partir. Las lágrimas se colapsan en mis ojos y hago un esfuerzo por mantenerlas dentro de mi, las agarro y las suplico, pero son rebeldes y quieren salir a la luz, cumplir su objetivo y morir en mis mejillas, que es la meta que buscan desde su origen.

El traqueteo del tren a toda velocidad resuena en mi interior, acompasado al ritmo de mi corazón, que late furioso de rabia. Trabaja sin descanso bombeando la sangre malherida, agriada por el dolor, a los entumecidos miembros de mi cuerpo: unos pies que arden deseosos de correr hacia la ciudad, de nuevo, y unas manos que se sienten vacías, carentes de piel que acariciar.

Pienso, y no dejan de venir imágenes dolorosas a mi recuerdo. Ahí están, intactas, como si acabaran de ocurrir. Se muestran con todo el esplendor del que gozaron pero que han perdido, dejan ver todo lo que alegraron pero ahora sólo producen una dañina sensación de soledad. Que terribles momentos de felicidad son los que pueden acabar produciendo una tormenta de desilusión.

Escapar es lo más fácil, aunque es lo más complicado que he hecho jamás.