Ve ese fuego en los ojos de su hijo, y que tan bien conoce. No ha olvidado después de más de 30 años la lucha, el fulgor de los pechos embravecidos, que, movidos por principios firmes, protestan sin miedo a la represión.
Diferentes generaciones unidas por una forma de actuar.
El orgullo a flor de piel, las lágrimas aflorando emocionantes por los ojos, la mujer que mira fijamente su creación, éste que grita, protesta, prosigue su pelea por lo que cree puede ser un mundo mejor.
Porque no se puede dejar que las cosas pasen porque sí.
Son diferentes los motivos, han cambiado las consignas, los lemas, las pancartas, los medios, han variado muchas cosas. Pero la combatividad debe continuar. Por eso siente ella que luchó, por el derecho a opinar, a protestar, por eso se siente orgullosa de su hijo, por no conformarse, por afrontar la búsqueda de soluciones a los problemas, por reclamar que sus derechos no sean aplastados por las ruedas del molino. Porque el espíritu rebelde no se pierda en la comodidad de los tiempos.
La lucha en la calle.
Desde la vereda observa, apartada, sin querer mostrarse demasiado, manteniendo las cautelas del miedo que aun invade su cuerpo en las manifestaciones, por las cargas policiales que vendrán cuando la masa avance, y que recuerda con toda crudeza, en su mente y en su piel. Una fina línea discurre entre los ojos de ella y él, pero en una sola dirección, él está ocupado en lo suyo, militando, ella está ocupada en él.
Porque los lápices deben seguir escribiendo.
Dedicado a los desaparecidos y supervivientes, todos ellos secuestrados, en la Noche de los Lápices.
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sábado, 18 de septiembre de 2010
jueves, 17 de junio de 2010
Cuentos (II) El abrazo
- Mamá, ¿existe El Abrazo?
- Si, claro hijo, existe el abrazo que te da tu padre por las mañanas, el que te doy yo por las noches, el de los yayos...
- Ya, mami, pero no digo esos abrazos.
- ¿Cuáles, entonces, hijo mío?
- Pues no sé, El Abrazo. Ese.
La madre suspira.
- ¿Y qué abrazo es ese?
- Es que... No sé explicarlo, mami.
- Ya... Y ¿por qué me lo preguntas?
- Porque he visto El Abrazo.
- ¿Cómo que has visto El Abrazo?
- Si, es verdad, lo he visto.
- ¿Dónde ha sido eso?
- No sé, en la calle, ayer por la noche, cuando venía con papi a casa.
- Y ¿quiénes eran?
- No sé.
- Y ¿se abrazaban?
- Si, era El Abrazo.
- Pero, ¿por qué?
- Haces muchas preguntas, mamá. Pues porque nunca había visto a nadie Abrazarse así.
- Pero... ¿Qué hacían? Quiero decir, ¿qué tenía de especial?
- Se abrazaban tan fuerte que parecía que se iban a romper, los dos tenían sus cabezas hundidas en el otro, y él susurraba cosas al oído de ella, con la voz un poco rota, como si se hubiera hecho pupa o algo.
La madre sonríe.
- Eso es bonito, hijo, viste un abrazo bonito.
- Si, era bonito, pero parecían tener pena.
- Bueno...
- Mami, a mí nunca me dan pena los abrazos.
- Pero porque tú eres pequeño.
- La chica del abrazo también era pequeña.
- Pero seguro que no tanto como tú.
- No, no tanto.
- Pero, entonces ¿por qué tenían pena?
- Quizá se estaban despidiendo, a veces pasa.
- Pero... Si se quieren tanto que se abrazan hasta casi romperse, ¿por qué se separan?
- Ahora eres tú el que haces muchas preguntas, cariño.
- Pero es que no lo entiendo.
- No sé hijo, quizá se despidieran para mucho tiempo.
- Pobrecitos, ella encajaba en el hueco de los brazos de él.
- ¿Te leo un cuento?
- Y él en los de ella...
- Si, claro hijo, existe el abrazo que te da tu padre por las mañanas, el que te doy yo por las noches, el de los yayos...
- Ya, mami, pero no digo esos abrazos.
- ¿Cuáles, entonces, hijo mío?
- Pues no sé, El Abrazo. Ese.
La madre suspira.
- ¿Y qué abrazo es ese?
- Es que... No sé explicarlo, mami.
- Ya... Y ¿por qué me lo preguntas?
- Porque he visto El Abrazo.
- ¿Cómo que has visto El Abrazo?
- Si, es verdad, lo he visto.
- ¿Dónde ha sido eso?
- No sé, en la calle, ayer por la noche, cuando venía con papi a casa.
- Y ¿quiénes eran?
- No sé.
- Y ¿se abrazaban?
- Si, era El Abrazo.
- Pero, ¿por qué?
- Haces muchas preguntas, mamá. Pues porque nunca había visto a nadie Abrazarse así.
- Pero... ¿Qué hacían? Quiero decir, ¿qué tenía de especial?
- Se abrazaban tan fuerte que parecía que se iban a romper, los dos tenían sus cabezas hundidas en el otro, y él susurraba cosas al oído de ella, con la voz un poco rota, como si se hubiera hecho pupa o algo.
La madre sonríe.
- Eso es bonito, hijo, viste un abrazo bonito.
- Si, era bonito, pero parecían tener pena.
- Bueno...
- Mami, a mí nunca me dan pena los abrazos.
- Pero porque tú eres pequeño.
- La chica del abrazo también era pequeña.
- Pero seguro que no tanto como tú.
- No, no tanto.
- Pero, entonces ¿por qué tenían pena?
- Quizá se estaban despidiendo, a veces pasa.
- Pero... Si se quieren tanto que se abrazan hasta casi romperse, ¿por qué se separan?
- Ahora eres tú el que haces muchas preguntas, cariño.
- Pero es que no lo entiendo.
- No sé hijo, quizá se despidieran para mucho tiempo.
- Pobrecitos, ella encajaba en el hueco de los brazos de él.
- ¿Te leo un cuento?
- Y él en los de ella...
sábado, 9 de enero de 2010
Madre e hija. Escena I.
La madre de espaldas a la hija, haciendo la comida. La hija, de espaldas a la madre mirando la televisión.
- Espera, que voy a llamar a Marta un segundo.
- Y yo a tu padre, no tardo nada.
...
- Cariño...
- ¡Marta! ¿Qué tal guapa? Esta noche, ¿qué? Vamos a... ya sabes, ¿no? He hablado con Fran y ellos también quieren, así que... si, bueno, es que está mi madre aquí, ya sabes.
La madre se ha girado mientras la niña hablaba y ésta se gira cuando termina la frase, de un respingo.
- Bueno, oye espera un momento Marta. (a su madre, en voz baja) No tardo.
- Date prisa hija, que me tiene que traer perejil para la comida, si es que no iba a tardar nada...
- Lo que te decía Marta, que están los dos como locos por ir, así que nos ponemos guapas y ¡ay ay ay! Que ganas que tengo... (la voz se va acallando según se aleja de la cocina, dejando a su madre plantada en el centro)
10 minutos después.
La madre entra en el dormitorio de su hija, y ve que sigue al teléfono mientras revuelve el armario.
- Pero...
- Marta, creo que he encontrado lo mejor de mi armario, el vestido negro palabra de honor, cómo triunfamos esa nochevieja, ¿eh? Edu me acuerdo que se volvía loco con...
- ¡Carla!
Carla pega un brinco asustada y se le cae el teléfono al suelo.
- ¡Te he dicho que tenía que llamar a tu padre!
- ¿Eres tonta o qué? Ya iba a terminar de hablar con Marta.
Intenta recuperar el teléfono.
- ¿Hola? ¿Marta? ¡Joder!
- ¡Trae!
La madre le arranca el inalámbrico de la mano con un brusco gesto, volviéndose a caer y, esta vez, rompiéndose. Las dos miran el teléfono escacharrado.
lunes, 4 de mayo de 2009
Orígenes
Este bicho era yo.Y mis padres me cuidaban, o al menos intentaban que mi integridad física no se viera en peligro, puesto que era un cabronazo de toda confianza, o eso me han dicho, porque realmente yo no me acuerdo.
Me alegro de haber crecido donde he crecido, y mucho más por como lo he hecho, por este ambiente familiar del que no puedo tener queja, salvo la sobreprotección con la que a veces nos quieren controlar los padres, pero que siempre va enfocada por nuestro bien. Soy enormemente feliz por lo que me han dado y por lo que han hecho conmigo, por todo lo que me han enseñado y por el camino que me han guiado para en el punto en el que he tenido que elegir la manera de continuar, más o menos haya tirado hacia adelante con relativo éxito.
Muchos podemos decir esto mismo, pero como soy yo el que siente por mi y no por los demás, lo digo de mis padres, de lo que he visto y vivido durante estos 21 años (que van a dejar de serlo este mismo mes... ñañañ) y que me han hecho ser la PERSONA que soy ahora mismo.
Esto pretendía convertirlo en algo así como una felicitación del Día de la Madre -tardía-, pero bueno, lo uso como día de los padres, que vale igual.
hablo de
Día de la Madre,
madre,
padre,
padres,
sentimientos,
vida
martes, 25 de noviembre de 2008
Sufrimiento
Hugo se percató del cruce de miradas, y le tembló el pulso. Se fue a la cama cabizbajo, a sabiendas de que esa noche no podría dormir, como otras tantas noches que se repiten con cada vez más frecuencia. Se arropo hasta los ojos y esperó.
Esperó hasta que oyó caer un cubierto al suelo y entonces se asustó.
Se acurrucó lo más que pudo y apretó fuertemente la manta contra su rostro. Miraba fijamente la puerta de su habitación, que no veía en la oscuridad, y le invadió el frío. No se acostumbraba.
Oyó romperse un vaso, y empezó a sentir como le temblaban las manos.
Una lágrima recorrió su mejilla, pero Hugo no se movío. El temblor tomó posesión de su cuerpo. La tensión le atenazaba por completo y el miedo le tenía paralizado. Nunca se acostumbraría.
Oyó varios gritos y golpes, y las lágrimas afloraron en tromba, silenciosas.
El pánico que sentía creció, y no aguantó más en la cama y saltó hacia la puerta. Quedó pegado a ella, escuchando aterrado y echó un manojo de nervios lloroso, hasta que pararon gritos y golpes.
Oyo el silencio, y se sorprendió.
Quedó inmóvil de nuevo, petrificado junto a la puerta de su cuarto. Se acercaban unos pasos y corrió de nuevo a la cama. Se abrió la puerta y entró una sombra a trompicones. Llorando, se acercó a Hugo y le abrazó. Tenía las manos llenas de sangre.
-Hijo, no podía más- afirmó entre lloros la sombra.
-Te quiero, mamá.
Esperó hasta que oyó caer un cubierto al suelo y entonces se asustó.
Se acurrucó lo más que pudo y apretó fuertemente la manta contra su rostro. Miraba fijamente la puerta de su habitación, que no veía en la oscuridad, y le invadió el frío. No se acostumbraba.
Oyó romperse un vaso, y empezó a sentir como le temblaban las manos.
Una lágrima recorrió su mejilla, pero Hugo no se movío. El temblor tomó posesión de su cuerpo. La tensión le atenazaba por completo y el miedo le tenía paralizado. Nunca se acostumbraría.
Oyó varios gritos y golpes, y las lágrimas afloraron en tromba, silenciosas.
El pánico que sentía creció, y no aguantó más en la cama y saltó hacia la puerta. Quedó pegado a ella, escuchando aterrado y echó un manojo de nervios lloroso, hasta que pararon gritos y golpes.
Oyo el silencio, y se sorprendió.
Quedó inmóvil de nuevo, petrificado junto a la puerta de su cuarto. Se acercaban unos pasos y corrió de nuevo a la cama. Se abrió la puerta y entró una sombra a trompicones. Llorando, se acercó a Hugo y le abrazó. Tenía las manos llenas de sangre.
-Hijo, no podía más- afirmó entre lloros la sombra.
-Te quiero, mamá.
martes, 18 de noviembre de 2008
Niños
¡Jóder! Estaba viendo tranquilamente recostado en mi silla el octavo capítulo de la primera temporada de la serie Los Soprano, y a los 20 minutos se ha cortado y al actualizar la página me dice que el vídeo está temporalmente unavailable... Me cago en tu puta madre servidor. Me tiene un poco enganchado la serie, la empecé a ver un poco en horas libres que tenía y como los capítulos duran 45 o 50 minutos pues me venían bien para ocupar ratos libres en casa, y la verdad, cojonuda serie. Ya le dedicaré un día un comentario más extenso, dejarme que disfrute de la temporada entera al menos y ya me explayaré a gusto...
Y a lo que iba, venía yo este mediodía hacia casa contento, había salido de clase tras grabar un programa que teníamos que realizar como trabajo práctico y que ha salido medianamente bien. Me adelanta una madre a grandes zancadas con un niño corriendo detrás con un amigo suyo. El diálogo que han tenido ha sido más o menos así:
Niño- No corras mamá.
Madre- Si hijo, que el perro se ha cagado.
Niño- jajaja ¿y papá?
Madre- Tu padre me ha llamado corriendo para que fuera rápido a casa, que está todo lleno de cacas.
Niño- jajaja te toca limpiarlo a ti.
Madre- Si, tu padre me ha dicho que se bajaba que no aguantaba el olor.
Niño- jajaja (a su amigo) es que mi perro es como una pizza de casa tarradellas (¡!) de grande, y cuando se pone malo, ufff.
Madre- Y siempre me toca limpiarlo a mi.
Niño- Bueno... ¿Qué hay hoy de comer mami?
He flipado. Ese niño se merece un collejón, pero ese padre... ¡Zas! En toda la boca...
Y a lo que iba, venía yo este mediodía hacia casa contento, había salido de clase tras grabar un programa que teníamos que realizar como trabajo práctico y que ha salido medianamente bien. Me adelanta una madre a grandes zancadas con un niño corriendo detrás con un amigo suyo. El diálogo que han tenido ha sido más o menos así:
Niño- No corras mamá.
Madre- Si hijo, que el perro se ha cagado.
Niño- jajaja ¿y papá?
Madre- Tu padre me ha llamado corriendo para que fuera rápido a casa, que está todo lleno de cacas.
Niño- jajaja te toca limpiarlo a ti.
Madre- Si, tu padre me ha dicho que se bajaba que no aguantaba el olor.
Niño- jajaja (a su amigo) es que mi perro es como una pizza de casa tarradellas (¡!) de grande, y cuando se pone malo, ufff.
Madre- Y siempre me toca limpiarlo a mi.
Niño- Bueno... ¿Qué hay hoy de comer mami?
He flipado. Ese niño se merece un collejón, pero ese padre... ¡Zas! En toda la boca...
hablo de
cosas que no me gustan,
Los Soprano,
madre,
niños,
perros
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