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sábado, 27 de abril de 2013

Cuentos


Un cuento breve,
herida abierta, profunda.
Sonrío mientras saboreo lágrimas dulces,
amargas.
Porque vivirte me ha mezclado los sabores,
y ahora puedo reír llorando.

Ya no tengo manos para acariciar tus sueños,
ya no vuelan mariposas dentro de mis ojos;
mi piel ha dormido el deseo.
Pero pervive el recuerdo,
en esta noche eterna,
esta noche de Sol negro,
invencible.

Un cuento breve,
un cerezo en fugaz flor,
una brizna en un jardín invisible,
un susurro,
un beso robado ayer,
y no hoy.
Fue un cuento breve
viviendo esta noche eterna.

martes, 11 de diciembre de 2012

Frágil II

Una brizna de hierba,
el recuerdo de tus labios,
un suspiro,
un buenos días susurrado,
la piel de tu cuello,
una orquídea en tu pecho,
la suerte esquiva,
una voz dormida,
una fuente congelada,
un resquicio en la puerta.

Todo es frágil.
Frágil...

Como el recuerdo,
como el rocío de la mañana,
como el roce de dos pieles.
Frágil.
Una vela,
unas notas de piano,
un abrazo de madrugada,
o de día;
un abrazo nuestro, 
frágil.

Tú,
y yo también.
Frágiles.

lunes, 11 de junio de 2012

Errores

Mirar al miedo a los ojos,
cubrir con la manta la memoria
y chapotear en un fango de recuerdos,
sólo,
sentir como si no pasara nada,
lamerme los labios secos con la lengua hinchada y,
y...
Y esta lágrima no es lágrima es error,
es recuerdo floreciendo envenenado,
el zarpazo de una bestia hambrienta que huye.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Senderos de niebla

La niebla es confusión de almas perdidas,
mezcla de sinsabores fugaces,
amalgama de fiascos continuos,
sombra de deseos abandonados,
enconados,


y fiebre.


Febriles los ojos que miran la niebla,
un llanto que el cielo silencioso derrama,
febriles también los gestos borrados,
olvidados,
escondidos en rincones tras un manto gris terciopelo que pinta la noche.
La niebla es fiebre que sube,
una jarra que estalla,
una silla que arrastra y una puerta que chirría,
ruidos y más ruidos,
que con solemne calma y enorme silencio
engullen esta velada pringada de soledad.


La niebla es muchas cosas,
es y son verdades y mentiras,
recuerdos y tachones,
miradas,
caminos,
gritos.

martes, 29 de noviembre de 2011

Un mes.
Te mueres viviendo un día a día que no es el tuyo;
olvidas cuando mirabas inocente,
olvidas que no siempre había un velo delante de tus ojos,
olvidas que no siempre se difuminó tanta vida en tan poco tiempo.
Tiempo,
sólo el tiempo borra las heridas que acuchillaron con saña,
olvida el tiempo que él mismo es culpable,
corre cuando quieres parar y se arrastra cuando quieres volar,
el tiempo,
fatal concepto que mide las penas y disuelve alegrías,
que alarga tormentos...
Un mes.
¿Es mucho o es poco?
Es un mes,
sólo tiempo,
tiempo para darse cuenta de la ausencia,
de la ausencia más presente,
la ausencia que levanta ampollas,
la ausencia que lastra una vida que ya no es la tuya sino una prestada,
violada, 
perturbada
y afligida por la suciedad de la añoranza,
de esa añoranza que es horrible y te violenta,
de esa añoranza que te dan ganas de reventar las paredes con tus propias entrañas,
esa añoranza que no palía una foto antigua,
esa añoranza que va tapándote los ojos a lo que era una vida,
la tuya, 
la realidad que ya no es tal,
que es otra,
que es ausencia, que es olvido,
que es recuerdos,
que es lágrimas,
que es impotencia y lamento y basura y cansancio.
Que es un mes, 
y que serán muchos.

domingo, 16 de octubre de 2011

Inventos paliativos

Te invento porque no puedo besarte,
olerte,
aspirarte,
ni abrazarte.
Te invento porque no puedo sentirte,
mirarte,
acariciarte,
lamerte,
desnudarte,
ni puedo disfrutarte.
Te invento para difuminar un segundo mi impotencia ante no poder respirarte,
acostarte,
tocarte,
morderte,
sonreírte,
jugarte,
follarte.
Te invento para paliar mi insomnio y poder soñarte,
imaginarte,
pensarte,
recrearte,
recordarte.

Ya ves,
sigo con el vicio de extrañarte.

lunes, 10 de octubre de 2011

Aparcado

Del amor dicen que lo peor es cuando desaparece.
Pero cuando se queda dentro,
enquistado,
atrapado por las sábanas negras que otrora nos unieron
y ahora no son más que oscuros muros,
¿qué?

Tortura verse en medio de nada;
no es tristeza,
ni siquiera hay llantos con los que desahogar el alma.
Es un coche aparcado en un vacío sin Luna,
un erial inerte,
una sequía voraz agrietando mis recuerdos,
los que por inolvidables intento olvidar,
pero ya no tengo gasolina;
eh,
las fuerzas no son infinitas a pesar de todo.

Ahora no soy más que un escuálido despojo de versos,
miserias líricas en estado de pánico,
páginas y páginas de poesía chillona en el maletero de ese coche bajo un cielo sin Luna.
Supongo,
que del amor al miedo sólo hay un silencio de distancia.

sábado, 20 de agosto de 2011

Besos abruptos

Es que aun recuerdo la noche en la que los besos surgieron abruptos,
y en la calle las palmas soñaban a nuestro alrededor;
yo sordo,
escuchaba sólo nuestras respiraciones entrecortadas por las lenguas hambrientas.

martes, 12 de julio de 2011

Veneno

¿Qué puedo decir si todo lo que dije parece ser que lo dije en un mundo irreal que nadie más conoce?
¿Qué puedo hacer si todo lo que hice parece ser que lo hice en un sueño que nadie más recuerda?


Los seis litros de sangre que corren por mis venas van envenenados,
la negrura se apodera de la luz,
que retrocede,
o quizás sólo se muda de acera,
pero se aleja,
y mi horizonte no es más que un muro de piedras afiladas,
y mi sangre escuece,
vomita recuerdos que inundan mis ojos
y baña mi desasosiego en las astillas negras del olvido,
allí mismo,
donde reposan las  palabras dulces que volaron con el viento, 
a la derecha de las miradas que encendieron las chispas,
a la izquierda de los besos que sellaron una forma de vida
y encima de dos corazones abrazados y que aun juntos,
fueron arrancados.
Pero la sangre podrida por el aguijón del fabuloso mundo real sigue circulando,
es un veneno que no mata,
ni hiere,
sólo te rodea y te persigue,
siempre ahí,
invisible,
no lo olvides.

viernes, 8 de julio de 2011

Piel rajada

Aúllo al viento que me traiga tu perfume.
Loco me tiene
el dulzor cotidiano de tu piel pálida,
me traslada a escondites inolvidables,
me daña su recuerdo,
porque hay algo que no sabía:
la añoranza hiere más que un latigazo,
y la distancia está en mi carne viva, 
desollada,
entregada a una pasión ilimitada,
desarbolada,
por imágenes cada vez más tenues,
que se escapan entre mis dedos
con tu aroma,
que se lo lleva el viento tan rápido como me lo trajo.
Me escuecen las tiras de piel rajada,
cada poro mío que rozaste ahora se pudre,
y cada recuerdo me estremece,
me encoge,
me revuelve el pelo
y me lo arranca.


¿Cuánto más lejos...?
En playas de arena fina
y regadas con agua turquesa,
porque tú me lo contaste y yo no olvido,
ve a fundirte con el inteligente pescador de río revuelto,
yo me quedo en la orilla,
que se me han quitado las ganas de nadar
para que me ahogues,
y la sal abrasa mis heridas de carne viva.

martes, 17 de mayo de 2011

Soledad sin recuerdos

Siento envidia de mis propios recuerdos, 
miro con resentimiento a mi interior,
a la subconsciencia más profunda de mi ser
que mantiene frescas las imágenes que mis ojos empiezan a olvidar.
El efecto de difuminado,
dañino,
corrosivo con un corazón que vomita su verdad
en las largas noches de un verano frustrado,
inquieto 
y padeciendo la terrible realidad del paso del tiempo,
la degradación de la viva imagen de la propia historia,
esa que no se escribe en libros,
sólo en arrítmicos y enfermos versos
para nadie más que la soledad.
Desgastada mente que empuja hacia abajo las sonrisas,
yacen bajo las vísceras quemadas del subconsciente impenetrable,
se esconde lo que me quedaba,
intangible, si,
pero lo que me quedaba.
La soledad no es soledad mientras no se escondan de uno hasta los recuerdos,
y desespera.
En las noches, esa soledad, 
desespera.

sábado, 16 de abril de 2011

Versos manchados

Mis pensamientos se agrietan,
las cenizas de tus incendios se enquistan
en mis heridas abiertas
y me despierto sudando en la noche,
imaginándote;
terribles imágenes que pelan mi corazón a machetazos,
se empequeñece mi sonrisa
al recordar...
Al recordarlo todo.
Mil preguntas y mil silencios punzantes,
me remuevo el pelo
y escarbo en mi cráneo,
araño los deseos que me percuten,
esos que no se van 
y me están quebrando,
araño la música que suena 
y que me entrega a la desesperación
de mis manos vacías,
araño mis recuerdos 
hermosos,
queriendo cambiar el rumbo,
pero ¿dónde está el timón?
Me despierto sudando en la noche,
mirando
las sábanas negras,
y no son mis brazos quienes te envuelven,
ni mis piernas quienes se enredan,
ni mi boca la que se pierde por tus rincones
profundos,
deliciosos recuerdos los que poseo,
crío cuervos con ellos.

sábado, 26 de marzo de 2011

Aliento

El aliento tibio,
inconfundible,
mana de tu boca
hacia mi sangre,
revuelve en mis recuerdos
y se juntan nuestras narices,
se acarician 
y bailan,
en silencio;
mi boca va y viene,
te desea pero tiembla,
te respira y se emociona,
te roza y se desboca.
Deseo agarrarte, 
abrazarte más fuerte,
más fuerte,
más fuerte
hasta romperme en mil pedazos contigo,
diluirme en la nada,
viajar al infinito y no volver,
unir mi pecho al tuyo y flotar
en la marisma de tus sonrisas,
de tu incomprensible mirada,
de tu nariz rozando la mía,
de tu boca respirándo y yo tragando el aire;
yo lamiendo tus entrañas,
desbocado,
como estoy,
lamiendo mis heridas, 
las mentiras y los daños,
despertando instintos,
pasiones,
deseos;
revocando decisiones,
palabras, 
sólo palabras;
motivando acciones, 
besos,
miradas;
olvidando vómitos, 
lágrimas 
noches en vela;
la eterna confianza en el algo,
en lo amado,
en el tiempo,
en las miradas que unen un infinito,
que distancian todo lo demás,
en las miradas que unen un infinito,
que distancian todo lo demás,
repito.
¿Qué vas a construir en un solar en llamas?

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Gritos en silencio (III)

Cómo hablar de mi vida sino tengo ganas.


El vacío más atroz:
el de los gritos en silencio.


Lléname de voces,
aprieta tus cuerdas vocales contra mis venas,
delgadas como alambres,
retorcidas,
asfixiadas en la soledad
de tu elixir
puro,
brillante,
hermoso.
Tus palabras retumban en mi cabeza,
inaudibles, ininteligibles.
Recuerdos borrosos 
que necesito mojar, 
inundar mi cerebro de ti,
proyectar tu luz en mi oscuridad,
reflejar tu sonrisa en mis miedos,
que amanezcan tus brazos en mi espalda,
que mis silencios no se oigan con tus risas.


Aflojar el nudo
que mi garganta ajada reclama,
y que tu lengua sea 
quien traspase mi yugular.
Grita en mi oído
y acalla
los silencios,
disipa las nubes oscuras,
echa a volar,
y yo te sigo.

domingo, 6 de junio de 2010

Revoltijo de pensamientos...

Robando besos al tiempo,
abrazándome a posibilidades remotas,
posibles,
esperanzadoras.
En tus manos está,
esas manos que acaricio con mi rostro,
que con mi pelo juego en ellas,
que las agarro,
cierro los ojos y vuelo
lejos,
tan lejos que no tenga que mirar a los lados,
tanto que deje de robar tus besos al tiempo,
tanto que el tiempo deje de robarme tus besos.

Doy un paso adelante,
confieso,
lo que jamás debí decir,
palabras vedadas,
tabú
(como nosotros).
¿Cómo explicar lo que mueve un corazón?
Esa mecánica
que me explicaste con literatura,
un cuco que va y viene,
canturrea en los pechos
e impregna la mente de sensaciones,
deseos prohibidos,
todo eso y mucho más:
imanes que unen miradas,
ojos que se enredan fugaces,
bocas que se besan eléctricas,
pieles que...
¿Cómo explicar tu piel?

Tu piel me ha robado al sentido común;
la he tenido conmigo,
y ahora es un mero sueño,
un deseo infinito,
que me azuza cada día,
brutal,
me posee el deseo,
tu piel...
Tiemblo por tenerla,
tiemblo hasta el tuétano,
tiemblo como aquel día,
aquel día...
¿Cómo explicar lo que nos unió aquel día?
Cócteles, tabaco de liar, calle La Palma,
¿algo así, quizá?

Los recuerdos surgen revoltosos,
mi cabeza es un vendaval,
escribo ahora sobre mil cosas,
diferentes,
pero iguales a la vez,
tú lo sabes,
tú me entiendes,
cada palabra es para ti,
y tiemblo
-otra vez-,
pero no tengo miedo a nada,
porque nada me importa,
y recalco que,
sobretodo,
nadie me importa,
ya lo sabes,
ya me entiendes.

Quiero gritar
hasta que me rompa la garganta.

viernes, 13 de marzo de 2009

En silencio

El tren se aleja de la ciudad, y cierro los ojos. Mejor no ver, aunque no se cumple el dicho, mi corazón siente y padece casi más que antes de partir. Las lágrimas se colapsan en mis ojos y hago un esfuerzo por mantenerlas dentro de mi, las agarro y las suplico, pero son rebeldes y quieren salir a la luz, cumplir su objetivo y morir en mis mejillas, que es la meta que buscan desde su origen.

El traqueteo del tren a toda velocidad resuena en mi interior, acompasado al ritmo de mi corazón, que late furioso de rabia. Trabaja sin descanso bombeando la sangre malherida, agriada por el dolor, a los entumecidos miembros de mi cuerpo: unos pies que arden deseosos de correr hacia la ciudad, de nuevo, y unas manos que se sienten vacías, carentes de piel que acariciar.

Pienso, y no dejan de venir imágenes dolorosas a mi recuerdo. Ahí están, intactas, como si acabaran de ocurrir. Se muestran con todo el esplendor del que gozaron pero que han perdido, dejan ver todo lo que alegraron pero ahora sólo producen una dañina sensación de soledad. Que terribles momentos de felicidad son los que pueden acabar produciendo una tormenta de desilusión.

Escapar es lo más fácil, aunque es lo más complicado que he hecho jamás.

jueves, 19 de febrero de 2009

Sin nombre (y VIII)

En capítulos anteriores...
I, II, III, IV, V, (VI) y (VII)

Vuelvo a verlo.

El único lugar donde me he sentido persona alguna vez, donde he sido uno más, que reía o lloraba, que quería y era querido, allí donde me peleaba pero donde me divertía. Hace tanto de eso que ni me acuerdo. Tengo ganas de llorar, de llorar hasta que me seque por dentro, hasta que mi corazón no aguante más las lágrimas y explote, hasta que mi sufrimiento vea su fin. Pero no puedo hacerlo, no puedo irme sin más, no me se rendir de esa manera. Tampoco me atrevo.

Esa casa, esa puerta, esas ventanas... Conozco cada astilla, cada recoveco. Yo mismo pinté las paredes en varias ocasiones, y cambié las cortinas, y arreglé el grifo de la cocina cuando se taponó y casi se inunda todo. He dormido en esa cama tantas noches, he vivido tantas tormentas asomado a la ventana, tantos días de Sol dejando pasar el aire dentro. Hace tanto, realmente, que ya ni me acuerdo.

Si sigo pensando en todo esto voy a reventar. Noto un leve mareo, pero no reparo demasiado en ello. Doy los pocos pasos que me separan de la puerta, y me detengo cuando la tengo al alcance. Me tiemblan las piernas, me sudan las manos, tengo cada pelo de mi cuerpo erizado en este instante. El reloj se para y ni siquiera se respirar.

Toco la puerta dos veces. Toc. Toc.

No sé que hago en este mismo instante, no sé si estoy aquí o me he ido ya. No soy dueño de mi ser, lo he perdido, se me ha escapado. Oigo un repicar en la puerta: la mirilla. Atisbo un mínimo rayo de luz hasta que su ojo impide que siga atravesando el agujerito.

Silencio absoluto.

Oigo un pequeño repicar de nuevo al otro lado de la puerta. Siento una presencia contra la puerta. Noto los pensamientos, los sentimientos que afloran. Quizá, lágrimas también.

Nada.

Recupero mi ser, aunque tan solo una pequeña parte, la justa para entender. Me doy la vuelta, me alejo. Me alejo para no volver nunca más. Me difumino en el horizonte.

Adiós.

viernes, 6 de febrero de 2009

Sin nombre (VII)

En capítulos anteriores...
I, II, III, IV, V y (VI)

El Sol de la mañana se empieza a entrometer entre yo y mi sueño, con un fulgor que no recuerdo apunta a mis ojos cerrados, legañosos, cansados. Me doy la vuelta costosamente, los bancos de la calle son especialmente estrechos, nunca lo había pensado hasta ahora, pero lo son, y mucho. Apenas llevo aquí tres jodidas horas, y ya amanece, ya no puedo seguir durmiendo hasta la tarde, dejando pasar horas inútiles para mi desde hace muchos años. No tengo claro a donde dirigirme ahora, nunca había pasado la noche a la intemperie, ni siquiera había pensado que pudiera hacerlo, pero la vida es así de puta conmigo.

Me incorporo pesadamente, me siento agarrotado por el frío y mi espalda cruje dolorida, nunca había tenido en tan buena estima a mi ya antiguo colchón hasta este mismo momento, que lo echaba de menos como a un padre. El cielo está raso, ni una nube ensucia el panorama anaranjado que deja el alba, no me puedo creer estar aquí ahora mismo. Me subo la cochambrosa manta y me tapo la cara, echo hacia atrás el cuello...

Abro los ojos, no sé cuanto más he dormitado, dos o tres horas quizá, y para mal, porque me duele el cuerpo más que nunca en mi vida, me siento descompuesto, sollozo, no me salen lágrimas. Algo blando golpea mi pierna, y asomo la cabeza rápidamente, temeroso. Veo un niño de unos 6 o 7 años correr hacia mi, pero se detiene a un par de metros, me mira muy atento. Le miro, no entiendo. Señala mis pies.

-Señor, ¿me puede dar el balón? Por favor.

Me encojo hacia delante -con todo el crujir de mi tronco acompañándome- siguiendo el camino del pequeño dedo y veo un balón de color rojo a mis pies. El objeto blando, vaya. Recuerdo que yo tenía uno parecido cuando era de la edad del chaval que tenía delante, pensé entonces en mi hermano, con el que cada mañana de verano salía a darle patadas a la pelota junto con los vecinos, y pienso en mi padre, que nos miraba desde la ventana, sonriente, animoso. Recuerdo a mi madre, cuando llegaba hasta las orejas de polvo o de barro, regañarme y hacerme dar un baño. Recuerdo...

-Señor, es mi pelota.

Levanto bruscamente la mirada, lo que provoca que mi cuello se queje. Intento sonreír al muchacho, aunque sólo me sale una mueca.

-Claro.

La agarro, y se la pongo al alcance de las manos. El niño desconfía un poco, pero enseguida estira sus bracitos y coge el balón. Se da la vuelta y sale corriendo de nuevo, le miro, y me veo en él.

lunes, 6 de octubre de 2008

Abrazando el aire

Y me acosté.
Pero mi almohada olía a ti.
No pude dormir.

Tu rostro,
tus manos,
tu pelo,
tu piel.

Al acostarme
seguía todo allí,
tu esencia, tu aroma.

El tictac del reloj
ayer no sonaba,
no lo oía, no molestaba.
Hoy me martiriza,
me grita al oído
que tú no estás,
que hay vacío,
que hay olor,
que está en mi almohada,
y que faltas tú.