Y me chupo el meñique, amargo, con un regusto ácido que me exalta en la noche y me dispara a sensaciones directas, efectivas, excéntricas. Los bombos retumban dentro de mi, y mi piel, erizada y sudada, levita al son de esos graves desaforados, con el ritmo sincopado empotrándose en mi confusa lengua, que danza desinhibida y seca, hinchada, inconsciente.
La euforia, el placer y la empatía con un ambiente al que tampoco hago mucho caso me sobrellevan una decena de centímetros por encima del suelo, me transportan las luces parpadeantes, me da frío por fuera y calor por dentro, sudo y dilato mis pupilas hasta ver que en los rincones más oscuros hay un hueco para mi, para bailar en un ritmo más profundo, más pesado, que me reviente aun más los oídos y me penetre aun más la piel.
Y veo una cara, hay muchas, veo unos ojos, una boca y me acerco, una figura, una forma de moverse, un compás ingenuo y criminal, un perfil definido que me ahuyenta y me atrapa. Transpiro por cada poro como si fuera el único, un olor tibio impone su ley en este espacio de sombras que se mueven a golpe de grave.
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sábado, 5 de mayo de 2012
lunes, 22 de agosto de 2011
Pura droga sin cortar
Puro deseo.
Y como si fuera droga,
tan puro es, que mata.
Atraviesas mi respiración con el aguijón que es tu lengua,
me quitas el aire,
traspasas mis pulmones y recortas mi corazón con la forma de tus ojos,
siempre tus ojos.
Me desmayo en tus labios
mientras muros de papel caen y se esfuman,
nosotros volamos en una espiral huracanada,
se me nubla la vista y me ciega tu silueta,
me vuelvo a desmayar en tus labios con la sensación de que no quiero recuperar la consciencia,
y de que quiero lo que nunca dejé de querer.
Es puro deseo,
pura droga sin cortar.
Y como si fuera droga,
tan puro es, que mata.
Atraviesas mi respiración con el aguijón que es tu lengua,
me quitas el aire,
traspasas mis pulmones y recortas mi corazón con la forma de tus ojos,
siempre tus ojos.
Me desmayo en tus labios
mientras muros de papel caen y se esfuman,
nosotros volamos en una espiral huracanada,
se me nubla la vista y me ciega tu silueta,
me vuelvo a desmayar en tus labios con la sensación de que no quiero recuperar la consciencia,
y de que quiero lo que nunca dejé de querer.
Es puro deseo,
pura droga sin cortar.
sábado, 31 de enero de 2009
Viaje astral
Sigue los pasos...
Pon el vídeo en modo de pantalla completa, y mira lo más fijamente que puedas al centro de la pantalla. Sólo llevará un par de minutos el asunto...
Ahora, mira a tu alrededor, y ¡date un viaje! Esto es como una droga, o algo así... jajaja. Y de esta podéis abusar, buen sábado...
Pon el vídeo en modo de pantalla completa, y mira lo más fijamente que puedas al centro de la pantalla. Sólo llevará un par de minutos el asunto...
Ahora, mira a tu alrededor, y ¡date un viaje! Esto es como una droga, o algo así... jajaja. Y de esta podéis abusar, buen sábado...
lunes, 6 de octubre de 2008
Viajan conmigo
O yo viajo con ellos.
No sé cuántas noches he cogido el tren de las 23:30 en Embajadores con dirección Móstoles-El Soto.
Martes, domingo, jueves, lunes. Decenas, cientos de días.
Y no falla, siempre uno o dos yonkis por trayecto. A casi todos les llevo viendo un tiempo medianamente largo por allí, recorriendo los vagones del tren uno por uno, cada uno contando su historia, mendigando unos céntimos, buscando alcanzar un objetivo: el precio del chute. Siempre con educación, dando numerosas veces las gracias, despidiéndose; algunos pasan deprisa y sin mirar demasiado, otros se detienen e incomodan a los viajeros, que normalmente rehuyen su mirada y se aferran a sus bolsos y pertenencias, aunque jamás he visto a ningún yonki robar a nadie en el tren. Jamás.
Con el paso del tiempo vas viendo su decadencia, como hace unos meses eran más fuertes, andaban decentemente, no tenían una pinta demasiado sucia, su voz era perfectamente entendible. Con el paso de los días y meses se convierten en seres demacrados, que andan a trompicones, con la mirada ida en muchos casos, con el habla trastocada, con la ropa roída y con una delgadez galopante. A muchos sólo con oírles cuando vienen por mi espalda ya les pongo cara, y me sorprende la degradación a la que ellos mismos se están sometiendo. Es un espanto lo que el ser humano es capaz de hacerse a sí mismo, es un caso extremo de la frase de Hobbes "El hombre es un lobo para el hombre".
Me hace sentirme mal ver como se produce esa auto destrucción, porque supongo que yo también puedo caer en un momento dado en una situación así. No creo que ellos hayan caído por propia voluntad en ese mundo de poblados, drogas, mendicidad, y todo lo que no sabemos y que debe ser aun más espantoso todavía. Lógicamente la culpa es de cada uno, pero, ¿qué circunstancias mueven a uno a meterse en toda esa mierda? Muchos vendrán de familias complicadas, con problemas, pero estoy convencido de que otros muchos habrán sido niños completamente normales, que por no sé qué movidas han acabado así, sin familias, deambulando como zombis de tren en tren todo el día, sin otro objetivo en sus vidas que alcanzar el dinero que les de para fumarse una china que les quite el mono.
Y quizá, peor que verlos a menudo por los trenes, y comprobar su progresiva degradación humana, es pensar que muchos de los que veía hace varios meses, han ido desapareciendo.
No sé cuántas noches he cogido el tren de las 23:30 en Embajadores con dirección Móstoles-El Soto.
Martes, domingo, jueves, lunes. Decenas, cientos de días.
Y no falla, siempre uno o dos yonkis por trayecto. A casi todos les llevo viendo un tiempo medianamente largo por allí, recorriendo los vagones del tren uno por uno, cada uno contando su historia, mendigando unos céntimos, buscando alcanzar un objetivo: el precio del chute. Siempre con educación, dando numerosas veces las gracias, despidiéndose; algunos pasan deprisa y sin mirar demasiado, otros se detienen e incomodan a los viajeros, que normalmente rehuyen su mirada y se aferran a sus bolsos y pertenencias, aunque jamás he visto a ningún yonki robar a nadie en el tren. Jamás.
Con el paso del tiempo vas viendo su decadencia, como hace unos meses eran más fuertes, andaban decentemente, no tenían una pinta demasiado sucia, su voz era perfectamente entendible. Con el paso de los días y meses se convierten en seres demacrados, que andan a trompicones, con la mirada ida en muchos casos, con el habla trastocada, con la ropa roída y con una delgadez galopante. A muchos sólo con oírles cuando vienen por mi espalda ya les pongo cara, y me sorprende la degradación a la que ellos mismos se están sometiendo. Es un espanto lo que el ser humano es capaz de hacerse a sí mismo, es un caso extremo de la frase de Hobbes "El hombre es un lobo para el hombre".
Me hace sentirme mal ver como se produce esa auto destrucción, porque supongo que yo también puedo caer en un momento dado en una situación así. No creo que ellos hayan caído por propia voluntad en ese mundo de poblados, drogas, mendicidad, y todo lo que no sabemos y que debe ser aun más espantoso todavía. Lógicamente la culpa es de cada uno, pero, ¿qué circunstancias mueven a uno a meterse en toda esa mierda? Muchos vendrán de familias complicadas, con problemas, pero estoy convencido de que otros muchos habrán sido niños completamente normales, que por no sé qué movidas han acabado así, sin familias, deambulando como zombis de tren en tren todo el día, sin otro objetivo en sus vidas que alcanzar el dinero que les de para fumarse una china que les quite el mono.
Y quizá, peor que verlos a menudo por los trenes, y comprobar su progresiva degradación humana, es pensar que muchos de los que veía hace varios meses, han ido desapareciendo.
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