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jueves, 27 de septiembre de 2012

Raíces y alas

"Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas".


Hodding Carter.


* No soy de citas, pero ésta en particular me ha impresionado. Y más en estos momentos de involución social, represión y vergüenza.


domingo, 6 de marzo de 2011

Pensamientos de madrugada

Cansado de esperar tormentas que me hicieron mirar el cielo buscando las alas de un pájaro fugaz.

Me duermo escuchando Bersuit...

"buscando otro cuerpo,
otra voz,
fui consumiendo infiernos
para salir de vos.
Intoxicado, loco y sin humor..."

Un pacto para vivir - Bersuit Vergarabat.


sábado, 25 de septiembre de 2010

Musas que vuelan

Musas que vuelan,
van
o vienen,
caprichosas portadoras del destino
no escrito
de las vidas propias
y ajenas.
Pequeñas y aladas,
invisibles
al tacto sincero
del sentimiento,
y en su magia
la felicidad,
la sonrisa verdadera
de quien percibe
en su hombro
la vitalidad de una
de esas
musas que vuelan.

sábado, 24 de julio de 2010

Certezas inciertas

En Buenos Aires,
siento
las alas
conmigo,
son tuyas,
lo sé.
Viste
que no olvido,
que mi corazón no voló,
que está allí,
dolorido y estirado
al Sol más hiriente.
Mi cabeza esta acá,
y casi peor,
porque sus imágenes son de allá,
recuerdos imborrables
que vienen y no se van
-por suerte-
y se van a quedar conmigo,
¿por qué?

No sé, hay ciertas certezas vitales que no son explicables con palabras escritas o pronunciadas.

¿Entonces?
Que me encanta sentirme así,
sólo y acompañado,
abrazado por el aire caliente que enfría mi casa,
mi primera casa,
en Buenos Aires,
que sé que lo mejor aun está por venir,
en otro avión.
Sueño.

martes, 4 de mayo de 2010

Cuentos (I) Cuento de hadas...

Campanilla vuela por encima de las cabezas de las ovejas, que caminan presurosas y con los ojos fijos en nada, siguiendo sus caminos marcados. El día es soleado, lo que ha empujado a la pequeña hadita a aletear, lo que, para no variar, ha esparcido sus polvos mágicos por la ciudad de Torun, porque para quien no lo sepa, Campanilla nació aquí, en la ciudad de Copérnico, no en el País de Nunca Jamás o en Disneyland. ¿Quién, sino ella, iba a ayudar al flamante astrólogo a desarrollar sus estudios?

Y así, Campanilla volaba y volaba, mientras el rebaño continuaba su marcha impasible a la magia de sus polvos, sin que la mirada de nadie se posara sobre ella, y no sucedía porque ya no se mira al cielo, nadie sueña despierto. Aun así, Campanilla aletea lo más fuerte que es capaz, lo más vigorosamente que sabe, intentando llamar la atención de cualquiera, pero es en balde.

Un día ocurrió, que un joven corderillo fue consciente de la presencia del hada y sin palabras, señaló al cielo azul de un día primaveral, pero, como es costumbre, cuando el sabio señala la Luna, el tonto mira el dedo...

Pues algo así fue el asunto. Nadie le hizo caso, incluso muchos le tomaron por loco, lo que inundó de pena a Campanilla, pero su alma mágica y alegre hicieron que su mirada traviesa se transformara en una expresión tan tierna que ablandaría la más dura roca. Así, fue a posarse en un cercano árbol a donde el corderillo deambulaba desde entonces, y le envió altas dosis de polvos mágicos, para que se mantuviera bien despierto, para que nunca dejara de soñar.

Ahora, Campanilla lava sus alas en las frescas aguas del imponente río Wisla, en un lugar secreto, en un rincón oculto e imposible de alcanzar para cualquier otro que no posea la vitalidad de su vuelo; y allí purifica su magia, allí piensa en aquel joven corderillo que un día quiso volver a soñar.