Embarcado en un proyecto íntimo, personal hasta el dolor, ilusionante y un poco aterrador, también.
Embarcados.
Rembihnútur significa nudo difícil, casi imposible de desatar. Pues eso.
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lunes, 30 de julio de 2012
martes, 4 de mayo de 2010
Cuentos (I) Cuento de hadas...
Campanilla vuela por encima de las cabezas de las ovejas, que caminan presurosas y con los ojos fijos en nada, siguiendo sus caminos marcados. El día es soleado, lo que ha empujado a la pequeña hadita a aletear, lo que, para no variar, ha esparcido sus polvos mágicos por la ciudad de Torun, porque para quien no lo sepa, Campanilla nació aquí, en la ciudad de Copérnico, no en el País de Nunca Jamás o en Disneyland. ¿Quién, sino ella, iba a ayudar al flamante astrólogo a desarrollar sus estudios?
Y así, Campanilla volaba y volaba, mientras el rebaño continuaba su marcha impasible a la magia de sus polvos, sin que la mirada de nadie se posara sobre ella, y no sucedía porque ya no se mira al cielo, nadie sueña despierto. Aun así, Campanilla aletea lo más fuerte que es capaz, lo más vigorosamente que sabe, intentando llamar la atención de cualquiera, pero es en balde.
Un día ocurrió, que un joven corderillo fue consciente de la presencia del hada y sin palabras, señaló al cielo azul de un día primaveral, pero, como es costumbre, cuando el sabio señala la Luna, el tonto mira el dedo...
Pues algo así fue el asunto. Nadie le hizo caso, incluso muchos le tomaron por loco, lo que inundó de pena a Campanilla, pero su alma mágica y alegre hicieron que su mirada traviesa se transformara en una expresión tan tierna que ablandaría la más dura roca. Así, fue a posarse en un cercano árbol a donde el corderillo deambulaba desde entonces, y le envió altas dosis de polvos mágicos, para que se mantuviera bien despierto, para que nunca dejara de soñar.
Ahora, Campanilla lava sus alas en las frescas aguas del imponente río Wisla, en un lugar secreto, en un rincón oculto e imposible de alcanzar para cualquier otro que no posea la vitalidad de su vuelo; y allí purifica su magia, allí piensa en aquel joven corderillo que un día quiso volver a soñar.
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miércoles, 26 de noviembre de 2008
Decía que no quería
Me decía que no aguantaría más tiempo ella sola,
que el rugido del viento que entraba por su ventana
que el rugido del viento que entraba por su ventana
-abierta de par en par-
le olía demasiado a invierno,le rompía en pedazos por dentro,
y pisoteaba su corazón.
No quería acabar mal,
en el fondo de un río,
o en medio de una vía.
Pero que no podría evitar,
que encontraran un día su cuerpo
muerto a fuego lento,
¡malditas pastillas!
O que se le fuera la mano
con la cuchilla en la ducha,
y se fuera a dormir.
Se quejaba que la nieve del tiempo
borraba las huellas de la ilusión.
que ya no veía ni en blanco ni en negro
las lágrimas tapaban el exterior.
que su pecho estaba rajado
y que había vomitado toda razón,
por seguir esta lucha que en vano
estaba pudriendo su corazón.
Se calló.
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