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martes, 17 de febrero de 2009

Solo en casa


Cual Macaulikulkin.

Mis padres están fuera, mi hermano trabajando, y estoy de rodríguez, solito, tranquilo, con toda la casa para mi, y la verdad, que agusto que se está... Que sensación de libertad, de poder hacer lo que me plazca en todo momento. No he hecho la cama esta mañana, pero no está mamá para decírmelo; anoche me acosté a la hora que me apeteció viendo Los Soprano, pero no está papá para decirme que me acueste ya que mañana madrugo; como en mi cuarto mientras escribo este post, pero no está mamá para decirme que fuera de la cocina no se come...

Vale, tengo 21 años y soy el pequeño, quizá es normal que mis padres a veces se pongan como se ponen conmigo porque soy el pequeño, y me intenten proteger más de lo normal, pero a veces estos respiros sientan de maravilla, jajaja. No me puedo quejar de nada realmente, porque como en casa -al menos en mi caso- estoy de puta madre, la verdad. Pero es cierto, que a veces, echo de menos mayor independencia, supongo que a todos con esta edad nos pasa, es un poco la frontera entre la adolescencia que se deja atrás por fin, y esa madurez que empieza a llegar poco a poco.

Me alegro de sentir esa independencia y esa necesidad a veces de estar solo, de convivir contigo mismo, de no existir más que en tu propia casa sin más ruido que el teclear de las teclas que tú provocas, la película que estás viendo, o tu tararear una canción. Quizá se me haya anticipado ese deseo de salir de casa, de abandonar el nido a pesar de lo bien que se está en él, de convertirme en lo que a veces se deja para demasiado adelante. También es probable que me esté anticipando y simplemente esté feliz de pasar un par de días con la casa para mi, pero que no aguantara o no llevara bien el tener mi propia casa -o cuchitril, que no está la cosa para más-, pero la verdad que me tienta mucho esa primera opción.

En ese sentido, envidio a belalugosi, que cuando le apeteció, ahí está, en Granada. Con dos huevos. Por cierto, prometí ir a verle...