Es de noche, llueve y truena. Guido camina con Dora hacia casa tras la ópera, la intenta cortejar todo el camino.
Dora: Ésta es mi casa.
Guido- He pasado un montón de veces por aquí y siempre he pensado: ¿Quién vivirá aquí? ¿Sabes que pensé
poner la tienda justo aquí delante?
- ¿La librería?
- Si, y así nos veríamos todos los días.
- Entonces, hasta luego. Has sido muy gentil conmigo, ahora voy a tomar un buen baño caliente.
- Aaah… me olvidaba decirte que…
- ¡Diga!
- Que tengo unas ganas de hacer el amor contigo que no te puedes imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie,
sobretodo a ti. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.
- ¿A decir qué?
- Que quiero hacer el amor contigo, no una vez solo, sino cientos de veces, pero a ti no te lo diré nunca. Solo si
me volviera loco te diría que haría el amor contigo aquí delante de tu casa toda la vida.
Suena un trueno.
- Corre, te mojarás, va a volver a llover.
- Princesa. (Guido se levanta el sombrero despidiéndose)
- Estás empapado.
- No importa, no, el traje no importa…eh… el sombrero sí, el sombrero mojado es molesto. Si pudiera encontrar
uno seco, pero ¿Dónde encontrar uno?
- ¿Cómo era? Ah, si, es fácil: (mira al cielo, rezando) ¡María, manda alguien para que le ponga un sombrero seco
a este amigo mío!
Aparece el hombre al que Guido había cambiado el sombrero antes sin que se diese cuenta, éste le quita el
sombrero mojado a Guido, y le devuelve el suyo, seco.
- Bueno, buenas noches, Princesa, hasta pronto.
Guido se marcha canturreando y saltando.